Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 capitulo 31 Miedo y obsesión
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30: capitulo 31: Miedo y obsesión 30: capitulo 31: Miedo y obsesión El aire de la noche era fresco y llevaba el aroma a pan enfriándose de la panadería de su padre.
Lina caminaba a un ritmo constante, tarareando una melodía suave, su mente todavía procesando los extraños acontecimientos del día.
Para ahorrar tiempo, tomó un atajo por una calle poco transitada, un estrecho pasaje entre la parte trasera de la tienda de telas y el almacén del molinero.
Fue entonces cuando lo sintió.
Una presencia a sus espaldas.
Unos pasos que intentaban ser silenciosos pero que eran demasiado pesados, demasiado erráticos.
No se asustó, no al principio.
Pensó que podría ser Mael o uno de los aventureros.
Pero cuando se volteó, la figura que vio recortada bajo la luz de la única farola del callejón hizo que su corazón se detuviera por un instante.
Era Cassian.
Pero no era el Cassian que ella conocía.
No era el hombre guapo y excéntrico que le traía flores con una sonrisa deslumbrante.
Este hombre estaba desaliñado, su camisa de lino arrugada y manchada, su cabello dorado revuelto.
Estaba agitado, su respiración era superficial, y sus ojos…
sus ojos la miraban con una intensidad que ya no era de adoración, sino de algo mucho más oscuro.
Era una mezcla de miedo y una obsesión febril.
—Lina —dijo, su voz ronca, muy diferente a su habitual tono cantarino.
Dio un paso hacia ella.
Instintivamente, Lina retrocedió un paso.
—Cassian, ¿qué estás haciendo aquí?
Me asustaste.
—¡Protegerte!
—respondió él, dando otro paso, acortando la distancia.
Su voz era un susurro urgente y paranoico—.
¡Tienes que escucharme!
¡Estás en peligro!
—¿Peligro?
¿De qué estás hablando?
—¡De ellos!
—exclamó, sus ojos moviéndose de un lado a otro, como si esperara que alguien los estuviera escuchando—.
¡De tus supuestos “amigos”!
¡El mago y su matona!
Lina frunció el ceño, su miedo comenzando a ser reemplazado por confusión e irritación.
—No son matones, Cassian.
Son…
—¡No sabes lo que son!
—la interrumpió él, su voz subiendo de tono—.
Vi…
¡vi lo que esa mujer hizo!
¡No es humana!
¡Y el mago!
¡Es un mentiroso, un embaucador que la trajo aquí para…
para algún propósito oscuro!
Se acercó tanto que Lina podía oler el miedo en su aliento.
Agarró su brazo, su agarre sorprendentemente fuerte.
—¡Tienes que alejarte de ellos, Lina!
—le advirtió, sus ojos fijos en los de ella, llenos de una convicción enloquecida—.
Son peligrosos.
Te harán daño.
¡Yo soy el único que puede protegerte!
¡El único que realmente te ve!
Lina intentó soltarse, el miedo volviendo con toda su fuerza.
Este no era el Cassian molesto y persistente.
Este era un hombre desquiciado, su mente torcida por la humillación y el miedo hasta el punto de la paranoia.
Y en ese callejón oscuro y vacío, se dio cuenta de que la verdadera amenaza en Villaclara no era la caballero de otro mundo ni el mago secreto.
Era el hombre que afirmaba amarla.
Su agarre se apretó, sus dedos hundiéndose en el brazo de Lina, y ella soltó un pequeño grito de dolor.
En ese momento, justo cuando el miedo de Lina estaba a punto de convertirse en pánico, una voz fría y tranquila cortó la tensión del callejón.
—Suéltala.
Cassian se giró bruscamente, sus ojos enloquecidos buscando la fuente de la voz.
Una figura emergió de las sombras al final del pasaje.
Era Mael.
Su rostro ya no mostraba la incertidumbre de un joven líder; ahora era una máscara de determinación gélida.
En su mano, sostenía su estoque, no de forma amenazante, sino con la calma de un duelista experimentado.
Con un movimiento fluido, dio un paso adelante y la punta afilada de su estoque se posó suavemente bajo la barbilla de Cassian.
No había presión, pero la promesa de acero era inconfundible.
—Te he dicho —repitió Mael, su voz baja y peligrosamente tranquila— que la sueltes.
Ahora.
Cassian miró la punta de la espada, luego al rostro de Mael, y una risa burlona escapó de sus labios.
—¿Tú?
¿Crees que puedes asustarme?
Estoy protegido por…
No terminó la frase.
Porque en ese instante, otras dos figuras emergieron de las sombras detrás de él, bloqueando su ruta de escape.
Borin, el corpulento guerrero, estaba de pie con los brazos cruzados, su maza colgando de su cinturón de una manera que la hacía parecer muy accesible.
A su lado, Lyra, la exploradora, sostenía su arco, no tensado, pero con una flecha ya colocada en la cuerda, su mirada afilada fija en el corazón de Cassian.
Mael no estaba solo.
Sus compañeros habían rodeado a Cassian, sus posturas no dejaban lugar a dudas.
—Te equivocas si piensas que esto es por la caballero —dijo Borin, su voz un retumbo que pareció hacer vibrar el suelo—.
Esto es por Lina.
Ella nos ayudó.
Es amiga nuestra.
—Y no nos gusta que los matones acorralen a nuestros amigos en los callejones —añadió Lyra, su voz silenciosa pero cortante.
Cassian se dio cuenta de su error.
Estaba atrapado.
Su influencia social, su dinero, su estatus…
no significaban nada en este callejón oscuro frente a cuatro aventureros experimentados que ahora tenían una lealtad clara.
Sintiendo la fría punta del estoque de Mael, lentamente, a regañadientes, soltó el brazo de Lina.
Ella retrocedió de inmediato, frotándose la marca roja que él había dejado.
—Lárgate —le advirtió Mael, sin mover la espada—.
Y no te acerques a ella otra vez.
La próxima advertencia no será tan educada.
Derrotado, humillado una vez más y ahora completamente superado, Cassian solo pudo lanzar una mirada de puro odio a Mael antes de darse la vuelta y escabullirse por el único hueco que le dejaron.
Una vez que desapareció, Mael envainó su estoque y se giró hacia Lina, su rostro suavizándose al instante.
—¿Estás bien?
¿Te hizo daño?
Lina asintió, todavía un poco temblorosa, pero con una inmensa gratitud en sus ojos.
—Estoy bien —dijo—.
Gracias.
A todos por la ayuda.
Los aventureros, que habían sido salvados, ahora se habían convertido en salvadores.
Y en ese callejón, bajo la solitaria farola, se forjó una nueva y sólida alianza, nacida no de la admiración a un poder legendario, sino de un simple acto de amistad y protección.
—————————— El grupo decidió, sin necesidad de decirlo en voz alta, acompañar a Lina hasta su casa.
Mael y Borin caminaban a sus flancos, actuando como una guardia de honor improvisada, mientras que Lyra los seguía unos pasos por detrás, sus ojos todavía escudriñando las sombras.
El ambiente era tenso, la alegre caminata de antes completamente olvidada.
Recorrieron el resto del camino en silencio.
Solo cuando la cálida luz y el aroma a pan de la panadería estuvieron a la vista, Elora, la joven maga, que había estado callada y pensativa todo el tiempo, finalmente habló.
No se dirigió a Lina con lástima ni con preguntas sobre su estado.
Su mente analítica había estado trabajando, conectando los puntos.
—Lina —dijo, su voz tranquila pero incisiva—.
Toda esa locura de Cassian…
su obsesión…
¿es por el mago?
¿Es por Zain?
La pregunta fue tan directa que hizo que Lina se detuviera.
Mael y Borin también se giraron, mirando a Elora y luego a Lina, curiosos por la respuesta.
Lina bajó la mirada a sus manos, jugueteando con el borde de la cesta vacía.
No podía mentirles.
No después de lo que acababan de hacer por ella.
—Sí —admitió en voz baja—.
Supongo que sí.
Levantó la vista, sus ojos encontrando los de Elora.
—Cassian…
siempre ha estado celoso de Zain —explicó—.
No lo entiende.
No entiende por qué paso tiempo con él, por qué me preocupo.
Para Cassian, Zain es solo un bicho raro, un rival indigno.
Y ahora, con la llegada de Elysia y todo lo que ha pasado…
creo que su mente simplemente…
se ha roto un poco.
Elora asintió lentamente, como si una pieza de un gran rompecabezas acabara de encajar en su sitio.
—Entonces, no es solo por ti —concluyó la maga, su mirada volviéndose distante y teórica—.
Eres el catalizador, pero la reacción principal es entre él y Zain.
Ve a Zain como la fuente de su humillación.
Y a Elysia como el arma de Zain.
—Pobre tonto celoso —gruñó Borin—.
Va a conseguir que lo maten.
Llegaron a la puerta de la panadería.
Las luces del interior parecían un refugio seguro.
—Gracias de nuevo —dijo Lina, su gratitud genuina—.
De verdad.
—No tienes que darnos las gracias —respondió Mael, hablando por todo el grupo—.
Después de salvarnos, todos le debemos mucho a Zain.
Y a la Señora Elysia.
Cuidar de ti es lo mínimo que podemos hacer.
Lina les dio una última sonrisa, esta vez un poco triste, y entró en su casa.
Mientras los aventureros se alejaban, una nueva comprensión se asentó entre ellos.
La situación en Villaclara era mucho más complicada de lo que parecía.
No se trataba solo de un monstruo en el bosque.
Había una red de celos, secretos y poder oculto justo debajo de la superficie de este pueblo aparentemente pacífico.
Y ellos, sin quererlo, ahora estaban justo en el medio.
——————————— Una vez que la puerta de la panadería se cerró, dejando a Lina a salvo en su hogar, el grupo de aventureros se dispuso a regresar a la taberna.
La tensión del encuentro con Cassian había disminuido, dejando tras de sí un silencio pensativo.
Caminaban por las calles ahora tranquilas y poco iluminadas de Villaclara.
Mael iba al frente, su mente todavía procesando los acontecimientos del día.
Borin murmuraba para sí sobre la estupidez de los nobles arrogantes.
Entonces, un rápido y seco ¡zas!
rompió el silencio.
Lyra, la exploradora, le había dado un golpecito no tan suave en la nuca a Elora.
—¡Ay!
—se quejó la joven maga, frotándose el cuello—.
¿Por fue eso?
Lyra, cuya capucha todavía ocultaba la mayor parte de su rostro, la miró con una expresión que, incluso en la penumbra, era claramente de desaprobación.
—Por tu falta de sutileza —la regañó Lyra, su voz un susurro afilado—.
La chica acaba de ser acosada y amenazada en un callejón, y tú decides que es el momento perfecto para un interrogatorio psicológico.
Elora se cruzó de brazos, ofendida.
—¿Interrogatorio?
¡Fue una pregunta lógica!
¡Era pertinente para entender la situación!
¡El comportamiento de Cassian es una variable que debemos analizar!
—Es una persona, Elora, no una variable en una de tus ecuaciones mágicas —replicó Lyra, su tono volviéndose más severo—.
Estaba asustada.
Lo que necesitaba era consuelo, no un análisis de sus relaciones.
—¡Pero la información es poder!
—protestó Elora—.
¡Saber que los celos hacia Zain son la raíz del problema nos ayuda a predecir los futuros movimientos de Cassian!
—Y a veces —intervino Mael, girándose para mirar a sus dos compañeras—, el tacto es más importante que la táctica.
Lyra tiene razón, Elora.
Estuvo fuera de lugar.
Borin asintió con un gruñido de aprobación.
Elara se quedó en silencio, una expresión de frustración en su rostro.
No lo entendía.
Para ella, entender un problema era la forma más rápida de solucionarlo.
Las emociones, los “sentimientos”, solo eran datos confusos que entorpecían el proceso.
En eso, se parecía un poco a cierto mago que ahora dormía en su taller.
—Bien —dijo finalmente, aunque su tono dejaba claro que no estaba convencida—.
Lo tendré en cuenta la próxima vez.
Lyra simplemente negó con la cabeza y siguió caminando en silencio.
La pequeña discusión reveló una verdad sobre su grupo: aunque luchaban juntos, todavía tenían mucho que aprender sobre cómo cuidarse los unos a los otros.
Y mientras entraban de nuevo en el cálido resplandor de “El Jabalí Risueño”, se dieron cuenta de que los monstruos del bosque eran, en cierto modo, mucho más fáciles de manejar que las complejidades del corazón humano.
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