Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - 33 Capitulo 34 Trampa 1
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33: Capitulo 34: Trampa (1) 33: Capitulo 34: Trampa (1) La primera luz de la mañana apenas se filtraba por las rendijas de las contraventanas del taller.
El silencio era profundo, roto solo por la respiración tranquila de Zain desde la cama y el ocasional chirrido de Pepe el grillo.
Pero esa paz fue hecha añicos.
¡¡¡FWOOOM!!!
Un sonido sordo, una explosión ahogada por la distancia, sacudió el aire.
La primera en reaccionar fue Elysia.
Sus ojos se abrieron de golpe.
Había estado durmiendo en un catre improvisado en el suelo, pero en un instante, estaba de pie, alerta, su cuerpo tenso como la cuerda de un arco.
Su primer pensamiento, por costumbre, fue Zain.
¿Había intentado algún experimento nocturno?
Pero su mirada pasó por la ventana del taller y lo que vio le hizo estar más alerta.
Una columna de humo negro y espeso se elevaba hacia el cielo matutino, no desde su chimenea, sino desde el corazón del pueblo.
No muy lejos.
No había tiempo para preguntas.
No había tiempo para dudar.
El instinto, forjado en una vida de guerra, tomó el control.
Sin perder un segundo, se dirigió a su armadura.
Las piezas de metal negro parecían saltar a sus manos mientras se las ajustaba con una velocidad y una eficiencia que desafiaban la lógica.
El chasquido de las hebillas y el sonido del acero encajando eran los únicos ruidos en la habitación.
Finalmente, tomó su espada renacida, su brillo azul pulsando suavemente en la penumbra.
Con la armadura puesta y el arma en la mano, era la Caballero Negro una vez más.
Se dirigió a la puerta, lista para correr hacia el peligro.
Todo esto fue observado por un Zain que recién despertaba.
El sonido de la explosión lo había sacado de un sueño profundo.
Se sentó en la cama, todavía aturdido, justo a tiempo para ver la transformación.
Vio a la mujer con la que había jugado al ajedrez la noche anterior desaparecer, reemplazada por una máquina de guerra.
Observó la increíble velocidad con la que se armó, cada movimiento preciso, rápido y experto.
Antes de que él pudiera siquiera formular una pregunta, ella ya estaba en la puerta.
Salió disparada hacia la calle, una sombra de acero negro corriendo hacia el humo y el caos.
Zain se quedó allí, sentado en su cama, con el eco de la explosión todavía zumbando en sus oídos.
—————————————— Elysia corrió por las calles empedradas de Villaclara.
El olor a humo se hizo más denso, más fuerte.
La gente del pueblo comenzaba a salir de sus casas, sus rostros una mezcla de sueño y pánico.
Sus miradas de sospecha de ayer habían sido reemplazadas por la confusión.
Elysia, sus instintos la guiaron sin error hacia el corazón del caos.
La herrería de Gunter estaba siendo consumida por las llamas.
El fuego rugía, lamiendo las vigas de madera del techo y arrojando chispas anaranjadas hacia el cielo del amanecer.
Un humo negro y espeso salía a borbotones de las ventanas, y el calor era tan intenso que se podía sentir desde el otro lado de la calle.
Era un infierno en el centro del pacífico pueblo.
Una pequeña multitud de aldeanos se había reunido a una distancia segura, algunos con cubos de agua que eran inútiles contra un fuego de tal magnitud, otros simplemente mirando con horror.
—¡Es la fragua!
¡Debió de sobrecalentarse!
—gritaba alguien.
—¡Gunter!
¿Alguien ha visto a Gunter?
—preguntaba otro.
Elysia se detuvo, evaluando la escena con la fría calma de un comandante en el campo de batalla.
La estructura era inestable.
El techo podría colapsar en cualquier momento.
Entrar era un suicidio.
—¡Elysia!
Una voz le gritó desde un lado.
Se giró y vio a Lina corriendo hacia ella, su rostro pálido y manchado de hollín, sus ojos muy abiertos por el pánico.
Llevaba un vestido de noche, claramente había salido corriendo de su casa.
—¡Lina!
¿Qué ha pasado?
—preguntó Elysia, su voz metálica y resonante.
—¡No lo sé!
¡Nos despertó la explosión!
—dijo Lina, sin aliento, señalando frenéticamente hacia el edificio en llamas—.
¡Gunter!
¡Alguien dijo que volvió a entrar!
¡Creo que su martillo favorito o algo así estaba dentro!
¡No ha salido!
La noticia golpeó a Elysia como un golpe físico.
Gunter.
El maestro herrero que la había ayudado.
El hombre que había renacido su espada.
Estaba atrapado dentro.
Elysia miró el infierno rugiente.
El calor deformaba el aire.
Oía el crujido de la madera a punto de ceder.
Los aldeanos gritaban que era demasiado tarde, que nadie podría sobrevivir a eso.
Pero ella no era “nadie”.
Tomó una decisión.
En su mundo, los caballeros protegían a los artesanos que forjaban sus armas.
El deber era el deber, sin importar el mundo.
Se volvió hacia Lina.
—Aléjate —le ordenó, su voz no dejaba lugar a la discusión.
Y sin dudarlo un segundo más, la Caballero Negro corrió directamente hacia la entrada en llamas de la herrería.
—————————————— El calor era un muro sólido, un aliento de dragón que prometía consumir todo lo que tocara.
Pero Elysia no se detuvo.
Atravesó el umbral en llamas, una sombra de acero negro desapareciendo en el corazón del infierno.
La multitud gritó, convencida de que acababan de presenciar un suicidio.
Pero no todos estaban en la calle.
En la terraza de una de las casas más altas, que ofrecía una vista perfecta de la plaza y de la herrería, una persona observaba el caos que se había generado abajo.
Era el espía.
Con su rostro oculto por la capucha, observaba con una calma desapasionada cómo la caballero de la armadura negra entraba directamente en las llamas.
No había sorpresa en su postura, ni pánico.
Solo la tranquila satisfacción de un plan que se desarrollaba según lo previsto.
A su lado, sobre la barandilla de madera, la mariposa de alas parpadeantes batía sus alas en silencio, retransmitiendo la escena a un cliente impaciente.
El espía sabía que la explosión no había sido un accidente.
La noche anterior, después de su humillante retirada, había recibido nuevas órdenes de Cassian.
Órdenes que eran a la vez vengativas y desesperadas.
El espía tenía un plan.
Uno que requería un pequeño sacrificio para lograr un objetivo mayor.
La herrería no era el objetivo principal.
Gunter no era el objetivo principal.
Eran el cebo.
El plan era simple en su cruel lógica.
La explosión atraería a los “héroes”.
La noticia de que Gunter estaba atrapado dentro forzaría a la caballero a actuar.
¿Y qué haría una guerrera para rescatar a un hombre de un edificio en llamas?
Se centraría en el rescate.
Bajaría la guardia.
Gastaría su energía luchando contra el fuego y los escombros.
Y mientras ella estaba dentro, atrapada, distraída, vulnerable…
era el momento perfecto para atacar el verdadero objetivo.
El espía observó cómo una viga principal del techo, debilitada por el fuego, comenzaba a ceder.
El edificio iba a colapsar.
La trampa estaba a punto de cerrarse.
Levantó la mano y la mariposa se posó en su dedo enguantado.
—La caballero ha entrado en la estructura —susurró, su voz una transmisión fría y sin emociones—.
Está atrapada.
Es tu oportunidad.
Procede ahora.
El objetivo principal no era Elysia.
El objetivo era un mago solitario que ella había dejado atrás, solo e indefenso en su taller.
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