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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 capitulo 36 No molestes a un mago
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35: capitulo 36: No molestes a un mago 35: capitulo 36: No molestes a un mago —La próxima vez, no seré tan amable.

Zain se dio la vuelta, dando por terminada la confrontación.

Su mente ya estaba en el pueblo, en el incendio, en Elysia.

Había demostrado su punto.

La amenaza había sido neutralizada y reubicada.

Era hora de volver a los problemas reales.

Pero Cassian no había terminado.

Su mente, rota por la humillación y el terror, no podía aceptar la derrota.

Ver a Zain, al objeto de su odio, simplemente dándose la vuelta y marchándose, fue el insulto final.

La desesperación se convirtió en una furia ciega.

¡Chirr-chirr-CHIRP!

En el hombro de Zain, Pepe lanzó un agudo chirrido de advertencia.

El instinto de Zain, perfeccionado por años de experimentos fallidos y explosiones repentinas, reaccionó antes de que su mente consciente pudiera procesar la amenaza.

Sin dudarlo, dio un poderoso salto hacia un lado, lanzándose al suelo y rodando.

¡VZZZZZT-BOOM!

Un rayo de energía ámbar y crepitante pasó exactamente por donde él había estado de pie un segundo antes.

El rayo golpeó el suelo, levantando un trozo de tierra y hierba en una pequeña explosión.

Zain, desde el suelo, se giró para ver a Cassian, de pie, con el rostro contraído en una mueca de odio puro.

Apuntaba con el guantelete arcano, cuyo cristal volvía a brillar ahora que estaba fuera del taller.

—¿Amable?

—gritó Cassian, su voz quebrada por la rabia—.

¡Te enseñaré lo que es la amabilidad!

Comenzó a cargar el guantelete de nuevo, el cristal brillando con una luz cada vez más intensa.

Zain se puso de pie lentamente, sacudiéndose el polvo.

Se quedó mirando a Cassian.

Y su rostro…

cambió.

La máscara del académico curioso, del sanador profesional, del bicho raro del pueblo…

todo se desvaneció.

Lo que quedó fue algo antiguo.

Algo frío.

Y algo terriblemente peligroso.

La atmósfera a su alrededor pareció caer varios grados.

—Cassian —dijo Zain, y su voz ya no era la suya.

Era baja, resonante y completamente desprovista de cualquier emoción.

Era la voz de un poder que rara vez se despertaba—.

Te di una oportunidad de irte.

Levantó una mano.

No hubo palabras.

No hubo runas.

Simplemente, el suelo debajo de los pies de Cassian se convirtió en lodo.

Cassian gritó de sorpresa cuando sus elegantes botas se hundieron hasta los tobillos en el barro espeso y pegajoso, tropezando y perdiendo el equilibrio.

El guantelete se disparó hacia el cielo, lanzando su rayo inofensivamente hacia las nubes.

—Nunca —continuó Zain, dando un paso hacia él, su mirada roja ahora brillando con una luz propia—, nunca juegues con un mago.

Con un simple gesto de la muñeca de Zain, el lodo se endureció, convirtiéndose en piedra sólida, atrapando a Cassian en el sitio.

—Especialmente —añadió Zain, deteniéndose a solo unos metros de él—, con uno que está de mal humor.

Se quedó allí, una silueta tranquila contra el cielo abierto, mientras Cassian luchaba inútilmente, atrapado como un insecto en ámbar.

El pánico se apoderó de Cassian mientras luchaba inútilmente, sus piernas atrapadas en la piedra que momentos antes había sido tierra.

Estaba inmovilizado, a merced del hombre al que había intentado destruir.

Pero Cassian aún no había terminado.

La desesperación era un arma poderosa.

Con un gruñido de rabia, metió la mano en un bolsillo oculto de su chaqueta y sacó un pequeño frasco de cristal.

Dentro, tres pequeños insectos de un inquietante color violeta zumbaban furiosamente.

Eran diferentes a los insectos de control, más pequeños, más…

venenosos.

—Mi socio me dio esto…

—siseó, sus ojos brillando con locura—.

Para emergencias.

Dijo que era…

persuasión del siguiente nivel.

Antes de que Zain pudiera reaccionar, Cassian apretó el puño y rompió el frasco.

Los fragmentos de cristal cayeron al suelo.

Los tres insectos violetas salieron volando, moviéndose con una velocidad antinatural.

Dos de ellos se dirigieron directamente a los Hermanos del Dolor, que se habían quedado paralizados de miedo.

Los insectos se lanzaron sobre ellos, uno en el cuello de Grol y el otro en el de Burk, y los picaron.

Los dos gigantes gritaron, un sonido agudo de dolor, y sus cuerpos comenzaron a convulsionar.

Sus músculos se hincharon, las venas de sus cuellos y brazos se volvieron de un color púrpura oscuro, y un gruñido animal reemplazó sus gritos.

El tercer insecto voló directamente hacia la cara de Cassian.

Sin dudarlo, abrió la boca y el insecto se introdujo en ella.

Cassian se atragantó, sus ojos se abrieron de par en par.

Su cuerpo comenzó a temblar violentamente, la piedra que aprisionaba sus piernas resquebrajándose bajo la tensión.

Sus músculos se contrajeron, y un poder antinatural, crudo y salvaje, comenzó a irradiar de él.

Zain observó la transformación con una expresión de horror y fascinación científica.

—Drogas de combate alquímicas…

—murmuró—.

Basadas en la feromona de una Manticora.

Inestable.

Peligroso.

¡Era un Idiota!

Los ojos de Cassian, antes llenos de miedo, ahora estaban inyectados en sangre y ardiendo con una furia irracional.

Con un rugido que ya no era del todo humano, hizo pedazos la prisión de piedra que lo rodeaba, liberándose.

Se puso de pie, su cuerpo vibrando con un poder que claramente no podía controlar.

A su lado, los Hermanos del Dolor, ahora convertidos en bestias babeantes, se levantaron también.

—Ahora, mago…

—gruñó Cassian, su voz distorsionada, gutural—.

Ahora veremos quién es el que está de mal humor.

La clemencia de Zain había sido respondida con una locura inducida por la alquimia.

La lección estaba a punto de volverse mucho más brutal.

La transformación fue grotesca y, para Zain, científicamente fascinante.

Se quedó en calma, su mente analizando la situación a buscando una solución a esta increíble muestra de estupidez, mientras los tres monstruos enloquecidos se preparaban para atacar.

Observó a los Hermanos del Dolor.

Eran pura rabia animal.

Sus movimientos eran espasmos de fuerza bruta, sus ojos, completamente vacíos de razón.

Eran peligrosos, sí, pero predecibles.

Un problema de física, no de estrategia.

Pero Cassian…

Cassian era diferente.

Su cuerpo vibraba con el mismo poder incontrolado, pero sus ojos, aunque inyectados en sangre, todavía conservaban una chispa de malicia, de intención.

La droga alquímica debería haberlo abrumado por completo, convirtiéndolo en una bestia sin sentido como los otros.

¿Por qué no lo había hecho?

Y entonces, Zain lo vio.

El guantelete.

El cristal ámbar que antes había estado amortiguando la magia ambiental, ahora brillaba débilmente, pulsando en sincronía con los latidos del corazón de Cassian.

No estaba proyectando un campo hacia afuera, sino hacia adentro.

Estaba actuando como un regulador, un supresor que impedía que la droga quemara por completo la mente de Cassian, permitiéndole conservar una fracción de su conciencia mientras usaba su poder animal.

Ingenioso…

y estúpido, pensó Zain.

Al parecer su socio le proporcionó tanto las armas como las contramedidas.

Está usando un poder que no comprende, controlado por una tecnología que no podría ni empezar a explicar.

Cassian y sus bestias se prepararon para cargar.

La amenaza era real.

Eran más fuertes, más rápidos y no sentían dolor.

Un enfrentamiento directo sería…

complicado.

Zain sonrió, una sonrisa delgada y peligrosa que no llegó a sus ojos.

Había sido clemente una vez.

No cometería ese error de nuevo.

Mientras el primer rugido inhumano de Cassian rasgaba el aire, la mente de Zain se desvió por una fracción de segundo.

Me pregunto…

pensó con una extraña y desapasionada curiosidad.

…qué estará haciendo ahora mismo mi heroína de otro mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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