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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 43 Capitulo 44 Fragmento de lo divino 2
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43: Capitulo 44: Fragmento de lo divino (2) 43: Capitulo 44: Fragmento de lo divino (2) El recuerdo de las palabras del juramento de Elysia trajo consigo otro, uno mucho más personal y aterrador.

Ella recordó el momento en el que la muerte había estado a su lado.

Recordó la fiebre ardiente, el dolor que le robaba el aliento, la sensación de que su propio cuerpo se rendía.

Recordó las caras tristes de sus padres, los susurros desesperanzados de los sanadores.

Todos se habían rendido con ella.

Y ella, en el silencio de sus largas noches de sufrimiento, sin que nadie más lo supiera, también estaba dispuesta a aceptar su final.

Había dejado de luchar.

Estaba cansada.

Estaba lista para el descanso que la muerte prometía.

Hasta que Zain apareció en su vida.

Una explosión de caos, sarcasmo y una terquedad inquebrantable que se negó a dejarla ir.

Él la había arrastrado de vuelta del borde del abismo.

Estaba tan perdida en ese recuerdo, en la sensación de esa paz resignada, que no se dio cuenta de que el mundo a su alrededor estaba cambiando.

Fue entonces que, cuando abrió los ojos, Lina ya no estaba frente a las tumbas de sus abuelos.

El pequeño y humilde cementerio había desaparecido.

Ahora estaba sentada bajo las ramas de un árbol.

Pero no era un árbol normal.

Era inmenso, sus ramas se extendían hacia un cielo nocturno lleno de estrellas plateadas y nebulosas púrpuras.

Las hojas no eran verdes, sino de un plateado pálido que brillaba suavemente, y de sus ramas colgaban pequeñas luces que parecían luciérnagas, emitiendo una luz tranquila y pacífica.

El aire estaba completamente en calma.

No sintió miedo.

Se sentía…

en paz.

Más en paz de lo que se había sentido en toda su vida.

Y entonces, una voz habló.

No resonó en su mente como la de la diosa a Mael.

Sonó como el susurro de las hojas, como el murmullo de un arroyo tranquilo.

Era una voz que era a la vez anciana y joven, masculina y femenina, pero sobre todo, era una voz tranquila y pacífica.

“Sigue.” Lina se giró.

Apoyado contra el tronco infinito del árbol, había una figura.

Estaba envuelta en túnicas de un gris oscuro, casi del color del crepúsculo.

No podía distinguir un rostro, solo sombras suaves.

No había una calidez abrumadora, solo una profunda, inquebrantable y reconfortante calma.

“Estabas contando una historia,” dijo la voz tranquila.

“Por favor, sigue contando más.” —————————————————— La voz, que sonaba como mil campanas doradas, resonó directamente en la mente de Mael.

“Pequeño.

¿Por qué lloras en la oscuridad cuando anhelas la luz?” Mael parpadeó.

Luego parpadeó muchas veces, muy rápido, como si intentara limpiar una mota de polvo de sus ojos.

Pero el santuario de mármol y luz no se desvaneció.

—No…

no puede ser —murmuró.

Convencido de que debía de haberse quedado dormido por el agotamiento, o de que finalmente se había vuelto loco, se frotó los ojos muy fuerte con los nudillos de sus manos.

Cuando los apartó, la figura de luz seguía allí, su calidez envolviéndolo.

A continuación, recurrió a una medida más drástica.

Con una expresión de concentración, se pellizcó la mejilla.

Y lo hizo con fuerza.

—¡Ay!

—exclamó, el dolor agudo y muy real.

Esto se ganó una pequeña y melodiosa risa de la entidad que tenía delante.

La risa no sonó burlona, sino divertida, como la de un padre que observa las travesuras de su hijo.

“Esto es real, hijo de hombre,” dijo la voz en su mente, su tono teñido de diversión.

“Tan real como el valor que hay en tu corazón y la duda que nubla tu mente.” Mael bajó la mano de su mejilla ahora enrojecida, su rostro una mezcla de asombro y absoluta estupefacción.

Estaba hablando con…

¿un dios?

¿La diosa?

—¿Quién…

qué eres?

—tartamudeó.

La figura de luz extendió una mano, no para tocarlo, sino en un gesto de bienvenida.

“Soy la que da la vida.

Soy el calor del primer sol y la promesa de un nuevo amanecer,”.

explicó la voz.

“Soy a quien la caballero de la armadura rota llama en tiempos de desesperación.

Y soy quien ha escuchado la súplica de tu corazón.” Mael se quedó boquiabierto.

Era ella.

La Diosa de la Luz.

“Me pides fuerza,” continuó la diosa, su tono volviéndose un poco más serio.

“Pero la fuerza no se da, pequeño.

Se forja.

Dime, ¿qué estás dispuesto a sacrificar para proteger a los que amas?” La pregunta no era una prueba.

Era una oferta.

Y Mael, arrodillado en el corazón de lo divino, se dio cuenta de que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.

La pregunta de la diosa resonó en el santuario silencioso.

¿Qué estás dispuesto a sacrificar?

Mael intentó hablar, formular una respuesta digna, una promesa heroica.

Pero no encontró las palabras.

Su mente, que minutos antes había estado llena de dudas y autodesprecio, ahora estaba simplemente vacía por el asombro.

La diosa pareció entender.

Su risa melodiosa volvió a sonar en su mente, más suave esta vez.

“No necesitas palabras, pequeño guerrero.

Puedo ver tu corazón.

Y es un corazón bueno y valiente, aunque esté lleno de grietas.” La figura de luz se acercó un paso.

“Pero no puedo darte el poder que buscas.

No como un herrero le da una espada a un soldado,” le confesó la diosa, su tono ahora serio y directo.

Sin nada que ocultar, le explicó la verdad.

“El poder que buscas no se puede entregar así sin más.

Es una llama, no una piedra.

Para que arda en ti, primero debes hacer algo por mí.” Mael la escuchaba, absorto.

“Yo no pertenezco a este mundo,” continuó la diosa.

“La plegaria de la caballero, tan llena de fe y desesperación, creó un eco que atravesó las barreras entre nuestras realidades.

Y tu propio lamento, tan lleno de un anhelo sincero, me atrajo.

Pero lo que ves aquí no soy yo en mi totalidad.

Soy solo un fragmento.

Una chispa de mi ser que llegó por curiosidad y por la llamada de dos corazones necesitados.” La revelación fue abrumadora.

Estaba hablando con una fracción de un dios, si así era solo un parte de ella, no podía imaginar ni imaginar la con todo su poder.

“No tengo el poder para cambiar este mundo por mi cuenta.

Mi influencia aquí es…

débil.

Como una vela en medio de una tormenta,” explicó la diosa.

“Pero puedo encender otras velas.

Si quieres mi fuerza, si quieres mi luz…

entonces debes convertirte en mi faro.

Debes mostrar la luz a los demás.” La oferta final quedó suspendida en el aire, brillante y pesada.

“No te pido que construyas templos ni que escribas escrituras.

Te pido algo más simple y mucho más difícil.

Sé un ejemplo.

Protege a los débiles.

Consuela a los desesperados.

Lucha con honor, no por la gloria.

Con cada acto de verdadera bondad y valor, mi luz en este mundo se hará más fuerte.

Y a medida que mi luz crezca, también lo hará la tuya en tu interior.” “Conviértete en mi nuevo guerrero de la luz, Mael.

No por juramento, sino por tus acciones.

Y a cambio, te daré la fuerza que necesitas para que nunca más te sientas impotente.” Un pacto.

Un camino.

Una oportunidad no solo de recibir poder, sino de ganárselo.

——————————————————— Lina se quedó sin palabras.

Se había olvidado por completo de su propia historia, perdida en la presencia tranquila y pacífica de la figura bajo el árbol infinito.

No sabía qué hacer ni qué decir.

La entidad, sintiendo su confusión, se movió.

Caminó con un paso tranquilo y silencioso, pasando junto a ella para luego detenerse en el borde de la colina imaginaria, admirando el paisaje de estrellas y nebulosas.

Y fue entonces que habló, su voz como el viento tranquilo de la noche, lleno de calma y eternidad.

“Vi tu muerte,” dijo la figura, sin mirarla.

“Hace pocos años.

La fiebre, el dolor, el lento desvanecimiento.

Vi cómo tu alma se preparaba para el viaje.

Sentí cómo tu cuerpo se rendía.” Lina contuvo la respiración, el recuerdo vívido y aterrador.

“En el orden natural de las cosas,” continuó la entidad, “yo debería haber estado allí.

Mi propósito es estar al lado de los que parten, ofrecerles consuelo y guiarlos en paz hacia el gran silencio.

Pero no…

no estuve ahí.” Se giró lentamente, y aunque su rostro seguía siendo un borrón de sombras, Lina sintió una profunda y abrumadora empatía emanando de él.

“Tu alma fue arrancada de los brazos de la muerte de este mundo.

Vi tus recuerdos.

Vi tu dolor.

Y sentí…

pena.

E impotencia.

Por no haber estado allí para darte calma en tus últimos momentos.” La figura sombría pareció sonreír, un gesto sutil en la oscuridad.

“Y por eso,” dijo, y en su voz había un matiz de algo que sonaba como un genuino aprecio, “le doy las gracias al mago caótico que te salvó.” Se acercó a ella, su presencia no era fría, sino increíblemente reconfortante.

“La caballero me trajo aquí con su juramento, pero tu recuerdo me hizo quedarme.

Has estado en el umbral de mi dominio.

Has mirado al vacío sin miedo.

Y por eso, tienes una afinidad conmigo que pocos vivos poseen.” Extendió una mano, no para tocarla, sino en una oferta silenciosa.

“No te ofreceré poder para luchar, niña del pan.

Te ofreceré algo diferente.

Te ofreceré mi calma.

La capacidad de aliviar el dolor, de traer paz a los que sufren, de escuchar los susurros de los que se han ido.

Te ofrezco la oportunidad de convertirte en un refugio para las almas cansadas.” “No tienes que aceptarlo.

Pero el camino está abierto para ti, si decides caminarlo.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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