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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 48

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48: Capitulo 49: Dos Nuevas piezas 48: Capitulo 49: Dos Nuevas piezas La puerta se cerró detrás de Nyx, dejando un silencio cargado en el camarote.

Los miembros de la Unidad Cero procesaron la nueva información y a su nueva contacto.

Fue Silas, quien finalmente rompió el silencio, su voz un susurro apreciativo y completamente fuera de lugar.

—Es muy sexy…

para ser una Vestigio.

La frase quedó suspendida en el aire.

Petra soltó una carcajada, un sonido grave y estruendoso.

Elia, que se había quitado el velo ahora que la extraña se había ido, ladeó la cabeza con genuina confusión.

—¿Qué es un Vestigio?

—preguntó, su voz suave y curiosa.

Antes de que Graves pudiera dar la respuesta oficial y diplomática, Marcus, el Erudito, resopló con desdén desde detrás de su libro.

—Solo son bestias —dijo, su tono cargado con el prejuicio casual de un académico imperial—.

Descendientes de humanos que se mezclaron con…

influencias menores durante La Fractura.

Tienen ciertos talentos animales, sí, pero carecen de la pureza y la disciplina del linaje humano.

Son un callejón sin salida evolutivo.

Interesantes, desde un punto de vista puramente biológico, de la misma forma que lo es un moho raro.

Petra se rió de nuevo, esta vez golpeando la pared con el puño.

—¡”Callejón sin salida evolutivo”!

¡Esa es buena, viejo!

¡Apuesto a que esa “bestia” podría cortarte el cuello antes de que terminaras de pronunciar la primera sílaba!

Elia pareció encogerse ante la dureza de las palabras de Marcus, sintiendo la hostilidad latente.

Graves suspiró, el sonido apenas audible de un hombre al que le pagan por dirigir a un grupo de genios increíblemente problemáticos.

—Nyx es la mejor guía de la costa oeste.

Su “linaje”, como tú lo llamas, Marcus, la convierte en una superviviente excepcional —dijo, su voz cortante poniendo fin a la discusión—.

Y ahora mismo, es nuestra aliada más importante.

Tratadla con respeto.

O yo mismo os enseñaré el significado de “callejón sin salida”.

——————————————————— En otro lugar.

Mientras la Unidad Cero lidiaba con sus propias tensiones internas en las aguas costeras, otro barco, un velero rápido y elegante con las insignias de un poderoso Gremio de Mercaderes de la Federación, ya estaba atracando en el bullicioso muelle principal.

El barco no transportaba mercancías, sino pasajeros.

Y mientras la pasarela bajaba con un golpe sordo sobre la madera del muelle, dos personas descendieron de él.

Inmediatamente, atrajeron las miradas de todos los que estaban cerca.

La primera, era una joven de cabello de un sorprendente color azul marino, cortado en un estilo corto y afilado que enmarcaba un rostro lleno de una confianza ardiente.

Sus ojos, de un intenso color violeta, observaban el bullicio del puerto con una mezcla de impaciencia y superioridad.

Llevaba una túnica de mago de alta calidad, bordada con runas de poder, y un bastón de cristal oscuro en la mano.

Ella era Viviana, la Maestra de la Destrucción.

Una maga de Destrucción de Nivel 5, y, como le gustaba recordarle a todo el mundo, en rápido ascenso hacia el Nivel 4.

El segundo era su polo opuesto.

Era un chico alto, de complexión delgada pero musculosa, con cabello de un rojo fuego despeinado.

Tenía una lanza larga y sencilla atada a la espalda, pero su postura era completamente relajada, casi desgarbada.

Bostezó ruidosamente mientras bajaba por la pasarela, sus ojos verdes medio cerrados por el aburrimiento.

El era Jax, el Genio Perezoso.

Un maestro lancero cuya reputación en los círculos de mercenarios era legendaria, aunque la mayoría de las historias terminaban con él quedándose dormido antes de que comenzara la verdadera batalla.

Viviana se giró hacia su compañero con el ceño fruncido.

—¿Puedes al menos fingir que estás despierto, Jax?

—dijo, su voz crepitando con energía—.

Estamos en una misión importante para el Gremio.

Jax bostezó de nuevo, estirándose como un gato.

—Solo es importante si pagan bien.

Y solo es una misión si requiere que me mueva —respondió, su voz arrastrando las palabras—.

¿Hemos llegado ya al punto en el que puedo echarme una siesta?

Este sol es agotador.

Viviana puso los ojos en blanco.

—Tenemos que encontrar al contacto del Gremio y dirigirnos a un pueblo olvidado llamado Villaclara —dijo—.

Se rumorea que hay una nueva “curiosidad” en el tablero.

Una guerrera de un poder considerable.

El Gremio quiere saber si es una amenaza o un activo potencial.

Jax finalmente mostró una pizca de interés, abriendo un ojo.

—¿Poder considerable, dices?

—preguntó—.

Espero que al menos sea lo suficientemente fuerte como para que la pelea sea corta.

Odio las peleas largas.

Viviana simplemente negó con la cabeza y comenzó a caminar, abriéndose paso entre la multitud del puerto.

Dos de las facciones más poderosas del continente acababan de enviar a sus agentes.

El Imperio, con su escalpelo de espías.

La Federación, con su martillo de hechicera y su lanza reacia.

Y todos se dirigían, sin saberlo los unos de los otros, al mismo y pequeño punto en el mapa.

Villaclara estaba a punto de convertirse en el lugar más concurrido y peligroso de todo Theronis.

——————————————————— El interior de la sede del Gremio de Mercaderes “La Caracola Dorada” era un oasis de calma y riqueza en medio del caótico puerto.

Alfombras exóticas cubrían los suelos de mármol, y el aire olía a especias caras y a dinero.

Mientras Viviana y Jax llegaban a las puertas, fueron recibidos con una hospitalidad inmediata y obsequiosa por el propio Maestro del Gremio, un hombre bajo y corpulento con más anillos de oro en los dedos que dientes en la boca.

—¡Maestra Viviana!

¡Maestro Jax!

¡Qué honor!

—dijo, haciendo una reverencia—.

Vuestra llegada ha sido muy esperada.

Hemos preparado vuestros suministros para el viaje.

Pero primero, el contacto.

Los guio a una oficina privada, lujosamente decorada.

Sobre un escritorio de madera pulida, descansaba una pequeña caja de laca.

El Maestro del Gremio la abrió, revelando algo muy curioso.

Dentro, sobre un lecho de seda, había un escarabajo.

Era del tamaño de un pulgar, con un caparazón iridiscente que brillaba con los colores del arcoíris.

—Vuestro comunicador —anunció el Maestro del Gremio con orgullo.

Viviana miró el objeto.

Parecía una joya.

Pero entonces, las pequeñas antenas del escarabajo se movieron.

Era un escarabajo vivo.

Un escalofrío de repulsión recorrió a Viviana.

—¿Se supone que debo…

hablar con un bicho?

—¡La última tecnología de bio-arcania de la Federación!

—explicó el hombre con entusiasmo—.

Completamente orgánico, indetectable para los hechizos de adivinación estándar y se alimenta de la humedad del aire.

¡Una maravilla!

Simplemente susurren la palabra clave y se activará.

Viviana miró al insecto con un asco evidente.

Jax, que se había recostado en una silla de felpa, solo bostezó.

—Adelante, viv.

Tú eres la de los discursos importantes —dijo Jax con los ojos cerrados.

Con un suspiro de fastidio, Viviana se inclinó sobre la caja y susurró la palabra clave: “Beneficios”.

El escarabajo iridiscente emitió un suave zumbido, y sus alas se abrieron ligeramente, revelando un patrón brillante debajo.

Al otro lado del comunicador, una voz resonó, la misma voz neutra y sin emociones que había hablado con Cassian y Valerius.

Era el informante que se encontraba en Villaclara.

El espía.

“Contacto establecido,” dijo la voz a través del insecto.

“Bienvenida a los Territorios Intermedios, Maestra Viviana.

Espero que su viaje haya sido rentable.” —Déjate de formalidades, informante —respondió Viviana con brusquedad—.

Danos tu informe.

¿Qué hay de nuevo sobre el objetivo?

Hubo una pausa.

“La situación ha evolucionado,” dijo el espía.

El cual, como mercenario de la información, no tenía una verdadera lealtad hacia Lord Tiberius, quien estaba aliado con el Imperio.

El oro de la Federación era tan bueno como el del Imperio, y a menudo, pagaban más por la información sobre su rival.

“Mis fuentes indican que el Imperio también ha mostrado interés en el asunto.

Una caravana de ‘mercaderes de artefactos’ partió de la costa oeste hace unos días.

Se dirige a Villaclara.

Y no son mercaderes.” La expresión de Viviana se endureció.

El asco que sentía por el insecto fue reemplazado por una fría ira competitiva.

—El Imperio…

—siseó—.

Así que la perrera imperial ha olido la misma presa.

“Precisamente,” confirmó el espía.

“Vuestro pequeño viaje de reconocimiento acaba de convertirse en una carrera, Maestra Viviana.

Y el Imperio ya tiene ventaja.” El zumbido del escarabajo se detuvo, dejando un pesado silencio en la lujosa oficina.

Viviana no estaba feliz.

Nada feliz.

La noticia de que el Imperio ya estaba en movimiento convirtió una simple misión de evaluación en una competición directa, una ofensa a su orgullo y a la federación.

Su mirada violeta se clavó en Jax, que, para su inmensa irritación, parecía haberse quedado dormido en la silla.

Luego se volvió bruscamente hacia el sonriente Maestro del Gremio.

—¿Qué tan real es esta información?

—preguntó, su voz afilada como el cristal—.

¿Podemos confiar en la palabra de un informante anónimo que claramente juega a dos bandas?

El Maestro del Gremio soltó una risita, sin inmutarse por su tono.

—Mi querida Maestra Viviana, la lealtad de nuestro informante es irrelevante.

Su información, sin embargo, es tan real como las moscas en la pared.

Viviana puso cara de asco ante la extraña expresión, y de repente, recordó en qué gremio se encontraba.

No era solo “La Caracola Dorada”.

Ese era su nombre público.

En los círculos internos, entre espías y mercaderes de secretos, era conocido por otro nombre: El Gremio Insecto.

No era un gremio puramente enfocado en las mercancías, sino en la recolección e intercambio de información.

Cada uno de sus agentes de campo, como el espía, y cada uno de sus comunicadores, como el escarabajo, llevaba el nombre de un insecto.

Eran la red de inteligencia no oficial de la Federación, una colmena de susurros y secretos que se extendía por todo el continente.

Comprendió al instante.

El informante, la “Araña” o el “Mosquito” o como se hiciera llamar, no era solo una fuente.

Era uno de los suyos.

Y el Gremio Insecto nunca ponía en duda la información de su propia colmena.

—Entiendo —dijo Viviana, su tono volviéndose más frío y calculador—.

Así que el Imperio cree que puede adelantársenos.

—Parece que sí —dijo el Maestro del Gremio, su sonrisa ensanchándose—.

Lo que hace que su misión sea aún más crucial.

El Gremio no puede permitir que el Imperio se haga con un activo de poder desconocido justo en nuestro patio trasero.

Viviana miró al escarabajo, luego a Jax, que seguía “durmiendo”.

—Necesitaremos el transporte más rápido disponible —declaró—.

Y una escolta.

La ruta directa a través de las Colinas Grises es peligrosa sin un guia apropiado.

El Maestro del Gremio asintió.

—Ya está todo preparado.

La carrera hacia Villaclara había comenzado en serio.

Y Viviana estaba decidida a aplastar a la competencia imperial, igual que aplastaría a un molesto insecto bajo su bota.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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