Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 5
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5: Capitulo 6 5: Capitulo 6 El silencio en el taller se había vuelto pesado, denso, absorbido por el sonido de un dolor que no era físico.
Zain observaba, inmóvil.
Se encontró en una situación que no había experimentado en mucho tiempo, una que lo transportó mentalmente a los pasillos de mármol de la Academia Independiente de las Artes Arcanas.
La Academia era un santuario de conocimiento puro, aislado de los sucios conflictos de reyes y fronteras, un lugar donde la emoción era vista como una variable contaminante en la búsqueda de la verdad.
Allí, las lágrimas y los gritos eran para los poetas y los soldados, no para los investigadores.
Él había abandonado ese ambiente estéril en busca de un conocimiento más…
aplicado.
Irónicamente, esa decisión lo había llevado a este momento, donde la emoción cruda y desgarradora de su “sujeto de estudio” era el dato más importante de todos.
Su instinto de investigador le decía que analizara, que tomara notas sobre la respuesta fisiológica al trauma dimensional.
Pero el hombre que había decidido vivir entre gente normal, curando sus dolencias y escuchando sus problemas, sabía que esa era la peor acción posible.
Decidió que lo más lógico, lo más *eficiente* que podía hacer ahora, era retirarse.
Su presencia no era un consuelo; era el catalizador del dolor, el rostro de la verdad ineludible.
Necesitaba espacio para procesar la nueva realidad, y él necesitaba espacio para procesar los nuevos datos.
Con movimientos silenciosos, se dirigió a un armario de madera al otro lado de la habitación.
De él sacó un conjunto de ropa limpia: una sencilla túnica de lino color crema y unos pantalones de viaje de lana oscura.
Eran prendas prácticas, unisex, las que él mismo solía usar bajo su túnica.
Dobló la ropa cuidadosamente y se acercó a la cama.
Elysia se había hecho un ovillo, de cara a la pared, su cuerpo temblando con sollozos silenciosos.
Zain dejó el conjunto de ropa limpia en la silla que había desocupado, al alcance de la mano de ella.
—Te dejaré sola —dijo en voz baja, su tono desprovisto del sarcasmo habitual.
Era la voz neutra de un sanador—.
Esa armadura debe ser increíblemente incómoda.
Me imagino que sabrás cómo quitártela.
Cuando estés lista, hay un guiso en la olla y té en la repisa.
Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y salió de la habitación principal, subiendo la escalera de madera que crujía hasta su estudio personal en el segundo piso.
Pero un investigador nunca deja de observar.
Se sentó en su escritorio, frente a sus notas a medio escribir.
“Elysia.
Orden del Alba.
Aethelgard”.
Las palabras lo miraban fijamente.
Ya no eran simples datos curiosos.
Eran el epitafio de un mundo.
Su mente comenzó a trabajar, no con la emoción del momento, sino con una fría y febril excitación intelectual.
Si ella decía la verdad, y la evidencia emocional era abrumadoramente convincente, entonces él estaba frente al primer caso documentado de una “extranjera dimensional”.
El vórtice de Valak no era un simple hechizo de destierro; era un puente, una herida en el tejido de la realidad.
Las posibilidades eran vertiginosas.
Los peligros, incalculables.
Miró por la ventana de su estudio, que daba al tejado de la habitación de abajo.
Podía sentir su presencia allí, un punto de anclaje de otra realidad.
Ya no era una simple anomalía.
Era Elysia.
Y su mundo, real o no para él, acababa de morir.
**** Arriba, en la quietud de su estudio, Zain encendió una lámpara mágica que proyectó una luz clara y sin sombras sobre su escritorio.
Con una seriedad casi macabra, abrió una nueva página en su diario de investigación.
La caligrafía que antes era apresurada se volvió metódica, precisa.
Informe Preliminar: Anomalía Dimensional 01.
Sujeto: Elysia.
Humana, femenina, edad estimada 20-25 años.
Condición física excelente a pesar de las heridas (múltiples fracturas costales, laceraciones profundas, contusiones severas).
Las heridas fueron estabilizadas con magia de restauración básica.
Origen Declarado: Reino de “Aethelgard”.
Posición Declarada: Caballero-Comandante de la “Orden del Alba”.
Observaciones Psicológicas: El sujeto exhibe una disciplina mental extrema, consistente con entrenamiento militar de élite.
Sin embargo, la presentación de evidencia irrefutable de su dislocación dimensional (ver Anexo: Mapa Mundi Revisado) ha provocado un colapso emocional agudo.
Fase actual: Duelo.
Negación superada.
Zain hizo una pausa, sus ojos rojos fijos en las palabras.
Estaba tratando la vida rota de una persona como un espécimen, reduciendo su tragedia a una serie de puntos.
Era el método de la Academia.
Era la única forma que conocía para poner orden en el caos.
***** Mientras tanto, abajo, Elysia yacía en el silencio.
Estaba sola en una habitación desconocida, en un pueblo desconocido, en un reino y continente desconocidos.
Cada respiración era un recordatorio de la mentira que había sido su realidad hasta hace unos minutos.
La lucha interna era una tormenta.
Una parte de ella, la comandante, le gritaba que se levantara, que encontrara una debilidad, una salida.
Pero otra parte, la mujer que había visto morir a sus amigos por una causa que ya no existía, solo quería rendirse al peso de la nada.
Su mirada se posó en la ropa limpia que Zain había dejado.
Un gesto simple, pero fue un ancla.
Una tarea.
Un propósito, por pequeño que fuera.
Lentamente, se incorporó, ignorando el dolor sordo de sus costillas.
Se sentó en el borde de la cama y comenzó el ritual.
Se quitó la armadura.
Lo hizo con una naturalidad que reflejaba años de práctica.
Cada hebilla se soltó con un clic familiar, cada correa se deslizó con un siseo conocido.
No era un simple conjunto de placas de metal; era su piel, su identidad.
Clank.
Los guanteletes, que habían empuñado su mandoble contra hordas de demonios, cayeron al suelo de madera.
Clank.
Las grebas, que la habían mantenido firme sobre el suelo sagrado de Aethelgard.
Clank.
Los brazales que habían desviado garras y espadas.
Una por una, las piezas de su vida anterior se acumularon a sus pies, un caparazón vacío y sin sentido.
Luchaba contra la negación con cada movimiento.
Cada placa que se quitaba era una aceptación forzada de su nueva realidad.
Finalmente, solo quedó la pieza más importante: el peto.
La placa de acero pulido que protegía su corazón.
Sobre él, grabado y dañado por la batalla, estaba el emblema de su vida: el Grifo Real de Aethelgard.
Sus dedos temblaron al desabrochar las correas laterales.
La placa se sintió increíblemente pesada.
Era el peso de su juramento, de su deber, de su fracaso.
La deslizó de sus hombros y la sostuvo frente a ella por un momento, la luz del taller reflejándose en el símbolo roto.
Luego, con un suspiro que fue mitad sollozo, la dejó caer junto al resto.
El estruendo final resonó en la habitación silenciosa.
Vestida solo con su ropa interior de lino manchada de sangre y sudor, Elysia se quedó mirando la pila de metal.
Ya no era una Caballero-Comandante.
Era solo una mujer, herida y sola, a un universo de distancia de su hogar.
Y por primera vez en su vida, no tenía ni idea de qué hacer a continuación.
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