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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 52

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  4. Capítulo 52 - 52 Capitulo 53 Hora de actuar
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52: Capitulo 53: Hora de actuar 52: Capitulo 53: Hora de actuar En el exterior, en el caos de la posada, el aire se detuvo.

El temblor del cuerpo de Elysia cesó.

La tos se detuvo.

Lentamente, de una manera rígida y antinatural, se puso de pie en medio de los aventureros que retrocedían y del equipo imperial que observaba desde detrás de su barricada.

Las marcas negras en su piel pulsaban ahora con una luz oscura y débil.

Sus ojos, antes de un gris tormenta, ahora estaban nublados, vacíos.

—¿Elysia?

—dijo un preocupado Mael, dando un paso tentativo hacia ella, su mano en el pomo de su espada—.

¿Puedes oírnos?

¿Eres tú?

Él intentó hablar con ella, apelar a la mentora, a la heroína que había conocido.

La respuesta que recibió no fue con palabras.

Con una velocidad que era a la vez la suya y terriblemente ajena, la mano de Elysia se disparó y lo golpeó.

No fue un golpe con el puño, sino un revés despectivo, un gesto de fastidio.

Pero la fuerza detrás de él fue monstruosa.

Mael salió volando por los aires como si fuera un muñeco de trapo, chocando contra la pared del fondo de la posada y cayendo al suelo, casi inconsciente.

Un grito ahogado colectivo llenó la sala.

Y entonces, el cuerpo de Elysia empezó a reír.

Era un sonido macabro, burlón, un eco que parecía venir de dos lugares a la vez, resonando desde la garganta de Elysia y desde un lugar muy, muy lejano.

Era la risa de un demonio saboreando su victoria.

“Oh, ella puede oíros,” dijo la voz distorsionada que salía de los labios de Elysia.

El cuerpo poseído de la caballero miró alrededor de la habitación, sus ojos vacíos pasando por encima de los rostros aterrorizados.

“Está aquí mismo.

Llorando.

Gritando.

Viendo cómo uso sus propias manos para destruir todo lo que ha empezado a importarle.” La cabeza de Elysia se inclinó, un gesto antinatural que hizo crujir su cuello.

La sonrisa en su rostro era una parodia de alegría, una máscara de pura malicia.

“Este mundo es…

deliciosamente frágil,” continuó la voz de Valak.

“Creo que empezaré por aquí.” Y levantó una mano, las marcas negras brillando en su piel, mientras una energía oscura y crepitante comenzaba a reunirse en su palma.

La heroína de Villaclara se había convertido en su mayor amenaza.

La bomba de alma no solo estaba a punto de detonar.

Acababa de ser armada.

La energía oscura crepitaba en la palma de la mano de Elysia, una esfera de pura aniquilación que prometía borrar la posada del mapa.

Borin y Lyra se prepararon para lo inevitable, protegiendo a una Elora aterrorizada quien intenta preparar un escudo mágico.

Pero el fin parecía haber llegado.

Mientras Valak, deleitándose con su terror, estaba a punto de hacer algo, un sonido rompió el aire.

¡BANG!

Un estruendo seco, metálico y ensordecedor que silenció todos los demás ruidos.

Un fino rastro de humo atravesó la habitación.

Una bala, un pequeño trozo de plomo bendecido, golpeó a la poseída Elysia directamente en el centro de la frente.

La cabeza de Elysia se echó hacia atrás por la fuerza del impacto.

Un CLANG metálico resonó, como si la bala hubiera golpeado un yunque.

Pero eso fue todo.

La bala no penetró.

Ni siquiera dejó una marca.

Se aplastó contra su piel, aplanada como una gota de plomo, y cayó al suelo con un tintineo inofensivo.

La risa macabra se detuvo.

La esfera de energía oscura en su mano se disipó.

Lentamente, con un movimiento deliberado que hizo crujir su cuello, giró su cabeza.

Su mirada vacía pasó por encima de los aventureros aterrorizados y se fijó en el origen de ese ataque.

En la barricada improvisada al otro lado de la sala, estaba de pie el Teniente Graves.

Sostenía su revólver con ambas manos, el cañón todavía humeando.

Su rostro no mostraba miedo ni sorpresa.

Solo la fría concentración de un profesional que acaba de confirmar una variable.

—Un arma de pólvora…

—dijo la voz de Valak desde la boca de Elysia, su tono ya no era burlón, sino lleno de una curiosidad antigua y condescendiente—.

Qué…

primitivo.

Y ruidoso.

Graves no respondió al comentario.

Estaba en su elemento.

—Petra, a mi señal —ordenó, su voz tranquila y autoritaria—.

Marcus, analiza a esta cosa.

¡Quiero un informe completo ahora!

Luego, gritó en su comunicador hacia el carro en la calle, su voz proyectándose con una claridad militar.

—¡Elia!

¡Despierta!

¡Necesito que evalúes el estado mental del objetivo!

¡Ahora!

La Unidad Cero había entrado oficialmente en el conflicto.

Y Valak, se encontró con un oponente que no reaccionaba con miedo, sino con un análisis táctico.

El eco del disparo todavía flotaba en el aire cuando la situación estalló.

—¡Ahora, Petra!

—gritó Graves.

Petra, “Ariete”, fue la primera en atacar.

Con un rugido que era pura alegría de combate, se lanzó desde detrás de la barricada.

Cargó.

Como un toro, con los hombros bajos, dirigiéndose no a la poseída Elysia, sino a un pilar de soporte de madera maciza cerca de ella.

Mientras tanto, Marcus, el Erudito, ya estaba trabajando.

Había sacado de su bolsa un extraño objeto: un monoculo de latón con una serie de lentes giratorias.

Se lo colocó en el ojo y comenzó a girar las lentes, murmurando para sí mismo mientras observaba a Elysia.

—Resistencia cinética anómala…

la energía oscura parece actuar como un campo de fuerza reactivo a nivel subdérmico…

fascinante…

——————————————————— Fuera de la posada, el grito de Graves a través del comunicador rúnico sacudió el interior de la caravana.

Una Nyx muy silenciosa ya estaba al lado de Elia, la Empatía.

La joven maga estaba consciente, pero muy mareada, sentada en el suelo del carro con la cabeza entre las manos.

—No…

no puedo —gemía Elia, su cuerpo temblando—.

Es demasiado…

frío.

Como un agujero negro.

Me está…

absorbiendo.

—Respira, Elia.

Respira hondo —dijo Nyx, su voz felina era un ronroneo bajo y tranquilizador, aunque sus ojos ambarinos estaban fijos en la entrada de la posada, llenos de una tensión depredadora—.

El Teniente necesita tu ayuda.

Filtra el ruido.

Concéntrate solo en una cosa.

¿Hay alguien ahí dentro?

¿La dueña original del cuerpo?

¿Sigue luchando?

Elia cerró los ojos con fuerza, intentando seguir las instrucciones, intentando sumergirse en el océano de desesperación que emanaba de la posada para encontrar una sola gota de resistencia.

——————————————————— De vuelta en el interior, la carga de Petra llegó a su destino.

A un metro de distancia, saltó y pateó la base, usando la fuerza de sus piernas para romper la madera.

Luego, con un grito de esfuerzo, empujó el enorme pilar de roble con todo su peso.

El pilar, arrancado de sus cimientos, se derrumbó con un gemido de madera torturada, directamente hacia la poseída Elysia.

No era un ataque diseñado para herir, sino para inmovilizar.

Para aplastar.

El plan de la Unidad Cero no era matar a la Valquiria.

Era capturarla.

El enorme pilar de roble se derrumbó con un estruendo ensordecedor, levantando una nube de polvo y astillas.

Apuntaba directamente a donde estaba Elysia.

Pero la entidad que controlaba su cuerpo no reaccionó con pánico.

Valak miró el pilar que caía con una sonrisa de encanto, como un noble observando un torpe espectáculo de marionetas.

Con una gracia antinatural que contradecía la fuerza bruta del ataque, el cuerpo de Elysia se movió.

Se deslizó hacia un lado, un movimiento fluido y serpenteante que desafiaba la física, evitando el golpe por un margen mínimo.

El pilar se estrelló contra el suelo donde ella había estado un segundo antes, haciendo temblar toda la posada.

La sonrisa de Valak se ensanchó, deleitándose con el juego.

—Fuerza bruta…

—dijo la voz distorsionada, preparándose para contraatacar a la ahora expuesta Petra—.

Qué predecible.

Solo para ser interrumpido de nuevo.

¡BANG!

Una vez más, el sonido del revólver de Graves resonó.

Y una vez más, la bala golpeó al cuerpo de Elysia.

Pero esta vez, no apuntó a la cabeza.

La bala impactó en su rodilla.

El CLANG metálico fue el mismo, pero el objetivo era diferente.

Lejos de ser un ataque letal.

Era mas táctico.

El impacto, aunque no penetró, fue lo suficientemente fuerte como para desequilibrar a Elysia por una fracción de segundo, haciendo que su rodilla se doblara involuntariamente.

Su elegante esquiva se convirtió en un traspié.

Y esa fracción de segundo fue todo lo que Petra necesitaba.

La Rompemagia, que ya se estaba moviendo, ella se lanzó al suelo y barrió con su pierna, enganchando el tobillo de Elysia en el momento exacto de su desequilibrio.

Valak, atrapado en un cuerpo que de repente no respondía como esperaba, no pudo reaccionar a tiempo.

Con un grito de sorpresa y furia, el cuerpo poseído de Elysia perdió el equilibrio y cayó de espaldas al suelo con un estruendo de metalico y madera rota.

Por primera vez, el demonio había sido derribado.

Y fue gracias a una coordinación perfecta entre la fuerza bruta y la precisión táctica.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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