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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 55

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  4. Capítulo 55 - 55 Capitulo 56Un buen líder sabe actuar
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55: Capitulo 56:Un buen líder sabe actuar 55: Capitulo 56:Un buen líder sabe actuar En el taller, el mundo exterior volvió a la existencia.

La intensa presión espiritual que había llenado la habitación se desvaneció tan rápido como había llegado.

La luz de las runas de Zain se atenuó, volviendo a su brillo normal.

La presencia de calma abrumadora se retiró.

Y el cuerpo de Elysia se desplomó.

La sonrisa macabra de Valak desapareció de su rostro.

La energía oscura que crepitaba a su alrededor se disipó.

Sus extremidades, que habían estado tensas y antinaturales, se relajaron.

Con un suspiro profundo, como el de alguien que finalmente suelta el aliento, cayó de rodillas y luego se desplomó en el suelo, inconsciente.

Zain corrió hacia ella, Lina justo detrás de él.

—¿Se ha ido?

—preguntó Lina, su voz temblorosa.

Zain se arrodilló y puso dos dedos en el cuello de Elysia, buscando el pulso.

Era débil, errático.

Su piel estaba fría al tacto.

—La entidad principal ha sido…

expulsada —dijo Zain, su mente analítica luchando por encontrar las palabras—.

Pero ella no ha vuelto.

El cuerpo de Elysia volvía a la normalidad.

Las feas marcas negras que habían surcado su piel comenzaron a retroceder, desvaneciéndose lentamente como tinta en el agua.

Pero aunque su apariencia física mejoraba, su estado era precario.

Estaba inconsciente y con claros signos de malestar.

Su respiración era superficial y su cuerpo temblaba con escalofríos intermitentes.

—No está aquí —susurró Zain, más para sí mismo que para Lina—.

Su cuerpo está vacío.

La batalla…

la batalla no ha terminado.

Se está librando en otro lugar.

Con la ayuda de Lina, levantaron a Elysia del frío suelo de piedra y la pusieron con cuidado en la cama.

Y entonces, todo lo que pudieron hacer fue esperar.

Zain se sentó a un lado, su magia inútil.

Podía curar el cuerpo, pero no podía tocar el alma.

Por primera vez en mucho tiempo, se sintió completamente impotente, reducido al papel de un simple observador.

Lina se sentó al otro lado.

Tomó la mano fría de Elysia, sintiendo los débiles temblores que la recorrían.

Cerró los ojos, no para rezar, sino para escuchar, para sentir, tratando de alcanzar ese lugar de calma que había conocido, esperando sentir una señal, cualquier señal, de que su amiga todavía estaba luchando.

Observaron su lucha desde el exterior.

Vieron cómo el sudor perlaba su frente.

Vieron cómo susurraba nombres en sueños: “Lilia”, “Sir Gideon”.

Vieron cómo sus manos se crispaban, como si empuñaran una espada invisible.

El taller, que momentos antes había sido el campo de batalla de dioses y demonios, ahora era la silenciosa habitación de un hospital.

Y el destino de la heroína de Villaclara no se decidía con magia ni con acero, sino en una guerra silenciosa, librada en las profundidades de su propia alma.

Y sus nuevos amigos solo podían observar, esperar y tener fe.

——————————————————— Mientras Zain y Lina velaban el cuerpo inconsciente de Elysia, una escena muy diferente se desarrollaba en la posada “El Jabalí Risueño”.

El caos había sido contenido.

El cuerpo poseído había desaparecido en un destello de luz, llevándose consigo la amenaza inmediata.

Lo que quedaba era una sala común llena de gente confundida y asustada, un pilar roto, y cuatro aventureros que no sabían qué acababa de pasar.

Pero la Unidad Cero sí sabía lo que tenía que hacer.

Con una eficiencia fría y profesional, tomaron el control de la situación.

—¡Petra, asegura el perímetro!

¡Nadie entra, nadie sale!

—ordenó Graves.

La Rompemagia asintió y se plantó en la puerta, su mera presencia era una barricada humana.

—Marcus.

Recoge los restos.

Necesito un análisis de esa cosa y de lo que se la llevó.

El Erudito ya estaba de rodillas, usando unas pinzas finas para recoger el trozo de plomo aplanado del suelo.

La atención de Graves se centró entonces en la fuente de información más valiosa de la habitación.

—Silas —dijo en voz baja, y el maestro del sigilo, que había reaparecido de las sombras, asintió.

Mael, Borin, Lyra y Elora apenas estaban recuperándose del shock.

Mael se acercaba a la pared para ayudar a Borin, que había sido golpeado por el pilar.

De repente, un disco metálico del tamaño de un plato salió rodando por el suelo y se detuvo en medio de los cuatro.

Antes de que pudieran reaccionar, el artefacto de Marcus emitió un zumbido agudo y una cúpula de energía, idéntica a la que había intentado atrapar a Elysia pero más pequeña, se materializó a su alrededor, atrapándolos.

—¿¡Qué es esto!?

—gritó Borin, golpeando la barrera con el puño.

Su golpe, que habría abollado el acero, solo produjo una leve ondulación en la luz.

El Teniente Graves se acercó a la jaula de energía, su rostro tranquilo e impasible.

—Disculpen las molestias —dijo, su voz cortés pero sin dejar lugar a la negociación—.

Me llamo…

No importa.

Soy un…

investigador de fenómenos anómalos.

Y vosotros cuatro acabáis de presenciar uno de primer orden.

Se agachó para mirar a Mael a los ojos.

—Ahora, van a contarme todo lo que saben sobre la mujer conocida como Elysia.

Su origen.

Sus habilidades.

Sus aliados.

Y van a empezar desde el principio.

Elora lo miró, su mente de maga reconociendo el poder del artefacto que los contenía.

—¿Y si no lo hacemos?

—desafió ella.

Graves no sonrió.

Simplemente se irguió.

—Entonces —dijo, su voz volviéndose gélida—, mi colega aquí, Marcus, se sentirá muy decepcionado.

Y él tiene formas muy…

académicas de expresar su decepción.

Formas que involucran la aplicación controlada de dolor para estimular la memoria.

La amenaza era tan clínica y desapegada que resultaba mucho más aterradora que cualquier grito.

La amenaza clínica de Graves era clara, fría y afilada.

Mael estaba a punto de protestar, de apelar al honor, cuando un nuevo sonido interrumpió la tensa escena.

¡CRACK!

La puerta principal de la posada, que Petra estaba “asegurando”, se abrió de golpe hacia adentro, arrancada de sus bisagras, y la Rompemagia fue lanzada a un lado con una fuerza increíble.

Una pura y abrumadora explosión de energía cinética.

Todos, incluida la Unidad Cero, se giraron bruscamente hacia la entrada.

En el umbral destrozado, se encontraban dos personas.

Una era una chica de cabello azul marino, con una mano extendida de la que todavía emanaban volutas de poder arcano.

Sus ojos violetas recorrieron la escena —la jaula de energía, los aventureros atrapados, los agentes imperiales— con una arrogancia ardiente.

Junto a ella, un chico alto de cabello rojo fuego se apoyaba perezosamente en una larga lanza, bostezando como si la entrada dramática lo hubiera agotado.

—Vaya, vaya, Jax —dijo Viviana, su voz resonando en la posada silenciosa—.

Parece que la perrera imperial se nos ha adelantado.

Y ya han empezado a jugar con los lugareños.

Qué maleducados.

Graves se puso de pie lentamente, su mano moviéndose instintivamente hacia su revólver.

Reconoció las insignias del Gremio en la ropa de los recién llegados.

Eran de la Federación.

——————————————————— Mientras tanto, fuera, en la calle, el caos se desarrollaba en silencio.

En la caravana, Nyx había estado observando la llegada del dúo de la Federación.

Sabía quiénes eran.

Su reputación los precedía.

Pero no eran los únicos que habían llegado.

Un siseo bajo y rasposo a sus espaldas hizo que se girara, sus dagas curvas ya en sus manos.

En el callejón junto a la caravana, había aparecido una figura.

Era el Vestigio Viperino, el agente del Gremio Insecto.

Estaba de pie, en silencio, bloqueando su camino hacia la posada.

En sus manos, sostenía dos cuchillas curvas que brillaban con una capa de veneno.

—No te muevas, gatita —siseó la Serpiente—.

Mis órdenes son simples.

Retrasar a los imperiales.

Y tú, querida, eres una imperial aún que puedo saborear que no te gusta trabajar con ellos.

Nyx entrecerró sus ojos felinos.

Su misión era proteger a Elia y proporcionar apoyo.

Y este nuevo jugador estaba en su camino.

—Tengo la sensación —ronroneó Nyx, adoptando una postura de combate— de que esto será mucho más entretenido que el papeleo, y tu me arruinaste una buena oportunidad.

Dentro de la posada, el Imperio y la Federación estaban a punto de chocar por el control de la información.

Fuera, en las sombras, sus respectivos agentes de sigilo estaban a punto de tener una conversación mucho más afilada.

——————————————————— La tensión en la posada era tan espesa que se podía cortar con una daga.

Afuera, dos agentes de sigilo se acechaban mutuamente.

Adentro, un equipo de operaciones especiales imperial y dos de los agentes más notorios de la Federación se medían con la mirada sobre una jaula de energía vacía y un grupo de aventureros atrapados.

Graves, sin embargo, permaneció en calma.

Ya conocía los rostros de los dos individuos que habían entrado.

No de informes de misión, sino de la leyenda.

Claro que sí, era imposible no saber de ellos dos.

Viviana, la “Pira de Kith”.

Una maga de Destrucción cuyo poder destructivo era la comidilla de todos los puestos de avanzada imperiales en la frontera.

Una fuerza de la naturaleza.

Jax, el “Demonio Durmiente”.

Un maestro lancero tan letal como perezoso, cuyas hazañas eran susurradas con una mezcla de asombro y frustración en cada gremio de mercenarios del continente.

Un genio apático.

Graves analizó la situación.

Un enfrentamiento directo era una opción.

Petra podría mantener ocupada a Viviana por un tiempo, y él podría enfrentarse a Jax.

Pero sería un caos.

Sangriento, ruidoso y, lo peor de todo, indiscreto.

Llamaría la atención de todo el continente sobre Villaclara.

Su misión era la vigilancia, no la guerra abierta.

Fue entonces que decidió jugar un poco con la política para evitar un enfrentamiento directo.

Su postura cambió.

La rigidez del oficial se desvaneció, reemplazada por la calculada cordialidad de un hombre de negocios.

Una sonrisa cansada pero afable apareció en su rostro.

En su mejor actuación, sacó a relucir su tapadera como mercader.

—¡Vaya, vaya!

—dijo en voz alta, su tono sorprendentemente amigable—.

¡Maestra Viviana!

¡Maestro Jax!

¡Qué inesperada sorpresa encontrar a figuras tan renombradas en un humilde pueblo como este!

Viviana lo miró, su postura agresiva flaqueando por un momento ante el repentino cambio de tono.

Jax abrió un ojo, ligeramente interesado.

Graves hizo un gesto hacia la jaula de energía que ahora se disipaba y hacia los aventureros atrapados.

—Mis más sinceras disculpas por el desorden —continuó, como un anfitrión avergonzado—.

Soy Arion, un humilde mercader de artefactos.

Mis…

guardias y yo estábamos en medio de una negociación un tanto…

enérgica con estos jóvenes por la compra de un artículo, cuando la situación se descontroló un poco.

Marcus, entendiendo la jugada de su líder, desactivó la jaula de energía con un gesto.

Mael y su grupo quedaron libres, pero se mantuvieron quietos, demasiado confundidos y asustados para moverse.

Graves se dirigió a Viviana y a Jax con una expresión de complicidad.

—Ya saben cómo son estos jóvenes aventureros —dijo con un suspiro—.

Llenos de pasión, pero con poca cabeza para los negocios.

No quería que nadie saliera herido.

La mentira era tan fluida, tan mundana y tan inesperada que, por un momento, funcionó.

Creó una capa de duda.

Viviana lo miró con sospecha.

—¿Negociación?

Parecía más un interrogatorio, “mercader”.

Y por lo que he oído, este pueblo ha tenido más acción hoy que la capital en un año.

—Precisamente —respondió Graves, su sonrisa nunca vacilando—.

Los tiempos caóticos traen oportunidades.

Y los artefactos raros a menudo aparecen en los lugares más inesperados.

Supongo que un Gremio tan astuto como el vuestro ha llegado a la misma conclusión.

Estaba estableciendo un nuevo campo de batalla.

No uno de soldados y magos, sino uno de “mercaderes” rivales, compitiendo por el mismo “producto”.

Era una jugada arriesgada.

Pero era la única que tenía para evitar que la posada se convirtiera en un cráter humeante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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