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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 57

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  4. Capítulo 57 - 57 Capitulo 58 Quiero una siesta
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57: Capitulo 58: Quiero una siesta 57: Capitulo 58: Quiero una siesta La procesión era una humillación pública.

Jax caminaba al frente, con una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo su lanza sobre el hombro, bostezando abiertamente.

Detrás de él, dos guardias locales, con una expresión de importancia y nerviosismo, empujaban a Mael y a Borin, cuyas manos habían sido atadas a la espalda.

Lyra y Elora eran obligadas a caminar detrás, tratadas como prisioneras aunque no estuvieran atadas.

La gente del pueblo los observaba en silencio, sus rostros una mezcla de confusión y miedo.

—Esto es ridículo —gruñó Borin en voz baja.

—Cállate y sigue caminando —le espetó uno de los guardias, empujándolo con más fuerza de la necesaria.

Fue una mirada.

Nada más.

Una mirada rápida y afilada que pasó de Elora a Lyra.

Significaba: ¿Ahora?

Lyra respondió con un parpadeo casi imperceptible.

Ahora.

Elora tropezó deliberadamente, soltando un pequeño “¡Uy!”.

El guardia más cercano se giró hacia ella, molesto.

—¡Muévete, niña!

Fue toda la distracción que necesitaban.

— ¡Fulgor!

—susurró Elora.

Una esfera de luz blanca y cegadora, sin calor pero increíblemente brillante, estalló desde la palma de su mano.

Los dos guardias gritaron, llevándose las manos a los ojos, completamente desorientados por el destello repentino.

En ese instante de ceguera, Lyra se convirtió en un borrón.

Se deslizó por detrás del primer guardia, enganchó su pie con el de él y, con un empujón calculado en su espalda, lo envió de cabeza contra un barril de agua.

Mientras él caía, su mano ya le había quitado el juego de llaves de las esposas del cinturón.

El segundo guardia, todavía parpadeando para quitarse las manchas de la visión, intentó sacar su porra.

Nunca tuvo la oportunidad.

Lyra usó su propio impulso, lo agarró del brazo y, con un giro fluido, lo estampó contra un poste de madera, usando las propias esposas del guardia para encadenar su muñeca al poste.

Todo había durado menos de unos segundos.

Lyra lanzó las llaves a Mael, quien, a pesar de la sorpresa, las atrapó con destreza y se liberó a sí mismo y a Borin.

En un instante, recuperaron sus armas, que los guardias llevaban torpemente.

La situación se había invertido por completo.

Los cuatro aventureros, ahora libres y armados, se giraron para enfrentarse al único oponente que quedaba.

Dejaron solo a un Jax aburrido, rodeado.

El lancero no se había movido.

Había observado toda la fuga con los ojos entrecerrados, sin mostrar la más mínima sorpresa.

Simplemente se había quedado allí, apoyado en su lanza.

La multitud contuvo la respiración, esperando una batalla.

Jax miró a los cuatro aventureros, que ahora lo miraban con una determinación desafiante.

Miró a los dos guardias, uno gimiendo en el suelo y el otro encadenado a un poste.

Miró hacia la posada, de donde seguramente saldría una Viviana muy enfadada en cualquier momento.

Soltó un largo y profundo suspiro.

—Cuatro contra uno —dijo, su voz arrastrando las palabras por el aburrimiento—.

Y ni siquiera me han servido el almuerzo todavía.

Bajó la lanza de su hombro y la clavó en el suelo frente a él, usándola como un bastón para apoyarse.

—¿Saben qué?

—dijo a los cuatro aventureros, con una sinceridad absoluta—.

No me pagan lo suficiente para esto.

Y con un gesto de la mano, se apartó, dejándoles el camino completamente libre.

Los aventureros intercambiaron una mirada de incredulidad.

Sin perder la oportunidad, se dieron la vuelta y desaparecieron en el laberinto de callejones de Villaclara, dejando atrás un caos absoluto.

Jax se quedó solo en medio de la calle, rodeado por dos guardias incapacitados y una multitud estupefacta.

Se encogió de hombros y comenzó a caminar lentamente de vuelta a la posada.

Iba a tener que escuchar muchos gritos.

Y definitivamente, se merecía una siesta después de todo esto.

Pero algo lo detuvo.

¡CRASH!

Una figura salió volando desde el tejado de una tienda y aterrizó con un golpe sordo a sus pies.

Era el Vestigio Viperino, el agente del Gremio Insecto.

Estaba muy mal herido.

Su capa de cuero estaba rasgada, y tenía varios cortes profundos de los que manaba una sangre oscura.

Una de sus cuchillas con forma de colmillo estaba rota.

Jax se detuvo.

Miró a la figura que se retorcía en el suelo, luego miró hacia el tejado del que había caído, y una expresión de genuina irritación cruzó su rostro perezoso.

—Oh, venga ya…

—murmuró.

Se inclinó sobre el agente caído.

—Oye, amigo.

¿Estás bien?

—preguntó, su tono más molesto que preocupado.

Justo en ese momento, sus instintos, adormecidos por la pereza pero nunca desaparecidos, gritaron.

Sin siquiera mirar hacia arriba, Jax se dejó caer hacia atrás, como si se estuviera desmayando.

Una sombra pasó silbando exactamente por donde su cuello había estado un segundo antes.

El sonido de dos dagas curvas cortando el aire fue la única advertencia.

Nyx, la Vestigio felina, aterrizó en una posición agachada donde Jax había estado, sus ojos ambarinos brillando con una furia depredadora.

Había saltado desde el tejado para acabar con su oponente, solo para encontrarse con que este había sido “protegido” por el lancero.

Jax, ahora sentado en el suelo, la miró.

Vio la insignia imperial apenas visible en su armadura de cuero.

—Ah —dijo, conectando los puntos—.

Así que tú eres de la otra caravana.

Se levantó lentamente, sacudiéndose el polvo.

—Mira, gatita.

No tengo ningún interés en vuestra pequeña pelea de espías —dijo, levantando las manos en un gesto de rendición—.

Pero acabas de interrumpir mi camino hacia una siesta muy merecida.

Y eso…

eso sí que me molesta.

Nyx lo miró, evaluando la nueva amenaza.

Vio su postura relajada, su arma apoyada en el suelo.

Y lo subestimó.

—Apártate, perezoso —siseó—.

Esto no te concierne.

Jax suspiró.

—Supongo que tendré que enseñaros a los dos a jugar en otro sitio.

Con una velocidad que contradecía por completo su actitud, su mano se disparó y agarró su lanza la levantó para atacar.

La usó para golpear el suelo.

¡BOOM!

Golpeó el suelo de piedra con la base de su lanza, y una onda de choque visible, una explosión de pura fuerza cinética, se extendió por el suelo.

La onda no fue destructiva, pero levantó una enorme nube de polvo y escombros, cegando momentáneamente a todos en la calle.

Cuando el polvo comenzó a asentarse, segundos después, tanto Jax como Nyx y la Serpiente herida habían desaparecido.

Viviana, que acababa de salir furiosa de la posada al ver que los prisioneros habían escapado, se encontró mirando una calle vacía, llena de polvo y con dos guardias incapacitados.

Su día, y su misión, acababan de volverse infinitamente más complicados.

La frustración de Viviana era una tormenta palpable.

Sus prisioneros, su única palanca de negociación, se habían esfumado.

Su perezoso pero letal compañero había desaparecido, llevándose consigo a dos espías desconocidos.

Y se había quedado sola en medio de un pueblo hostil, con dos guardias inútiles y una multitud que ahora la miraba a ella como la fuente de todo el caos.

Justo en ese momento, Graves y su equipo salieron de la posada, sus rostros una máscara de calma profesional.

—Parece que ha perdido el control de sus…

testigos, Maestra Viviana —dijo Graves, su tono era de una falsa simpatía que no ocultaba su satisfacción—.

Qué desafortunado.

Viviana lo ignoró.

Su mirada se desvió hacia el lugar donde Jax había golpeado el suelo.

No había cráter, ni signos de magia de tierra.

Solo la marca de la base de una lanza y mucho polvo.

No había sido un hechizo.

Había sido pura y simple fuerza.

Entonces, mientras su mente de estratega procesaba la nueva información, miró de reojo al supuesto mercader con el que acababa de terminar de tener un pequeño y tenso trato.

El “trato” no le había gustado nada.

Graves había accedido a permanecer en el pueblo bajo la “supervisión” del Gremio a cambio de que no se presentaran cargos formales, una humillación diplomática que ambos sabían que era una farsa.

Pero ahora, al ver la calma imperturbable de Graves frente a este nuevo caos, una sospecha fría se deslizó en su mente.

¿Era posible que esta fuga no fuera solo obra de los aventureros?

¿Era posible que este “mercader” hubiera orquestado de alguna manera la desaparición de Jax y los demás para eliminar a los jugadores de la Federación del tablero?

No tenía pruebas.

Solo una intuición.

Pero la mirada de reojo que le lanzó a Graves ya no era la de una rival en un juego político.

Era la de una depredadora que sospecha que hay otra serpiente en su nido.

La frágil tregua, cimentada en mentiras y politiqueo, se había roto.

La próxima vez que se encontraran, no habría palabras.

Solo poder.

——————————————————— El mundo regresó en una ráfaga de viento y hojas.

A un kilómetro de distancia de Villaclara, en un claro silencioso y aislado en lo profundo del bosque, la Vestigio felina caía del cielo.

Nyx aterrizó de forma ágil, flexionando las rodillas para absorber el impacto de una caída de casi diez metros, sus pies apenas haciendo ruido al tocar la hierba.

Se irguió al instante, sus dagas curvas ya en posición de combate, sus ojos ambarinos escudriñando su nuevo entorno.

Un segundo después, otra figura aterrizó frente a ella, esta vez con menos gracia y más un ruido sordo.

Jax quien en una mano sostenía su lanza con una facilidad casual.

Y en la otra, sostenía al Vestigio Serpiente por el cuello de su túnica, dejándolo caer al suelo sin ninguna ceremonia.

La Serpiente gimió, sus heridas protestando por el trato brusco.

Nyx miró a Jax, su postura tensa, lista para atacar.

El breve salto forzado a través del espacio la había desorientado, pero no intimidado.

—¿Qué es esto?

—siseó—.

¿Un secuestro?

Jax ni siquiera la miraba.

Estaba observando al Vestigio Serpiente que intentaba ponerse de pie.

—No.

Es una conversación privada —respondió Jax, su habitual tono perezoso había desaparecido, reemplazado por una seriedad tranquila que era, de alguna manera, mucho más amenazante—.

Odio las multitudes.

Y odio las peleas sin sentido.

Y ustedes dos estaban a punto de empezar una muy ruidosa y muy sin sentido justo en medio de mi siesta.

Finalmente, levantó la vista y sus ojos verdes se encontraron con los de ella.

—Así que vamos a simplificar esto.

Tú —dijo, señalando a Nyx con la barbilla—, eres del Imperio o trabajas para ellos.

Lo sé por el corte de tus botas.

Un diseño estándar de las fuerzas especiales.

Luego, señaló a la Serpiente que se arrastraba.

—Y tú, amigo escamoso, hueles a las cloacas del Gremio Insecto.

Probablemente de la Federación, pero no directamente.

Un contratista.

Se apoyó en su lanza, pareciendo de nuevo un pastor aburrido.

—Yo no tengo ningún interés en vuestra pequeña guerra de espías.

Mi misión es simple: evaluar a la Caballero Negro.

Nada más.

Pero ahora, me habéis complicado el día.

Así que aquí está el trato.

Su mirada se volvió fría.

—Vais a decirme exactamente por qué están aquí y qué saben.

Y luego, todos nos iremos por caminos separados y fingiremos que esto nunca ha pasado.

O…

—hizo una pausa, girando la lanza en su mano para que la punta de acero brillara bajo el sol—…

podemos tener una conversación mucho más larga y mucho menos agradable.

Y les aseguro que yo sería el único que saldría de este claro.

La elección es suya.

Pero, por favor, decidid rápido.

Realmente quiero dormir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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