Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 60
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- Capítulo 60 - 60 Capitulo 61 Como matar un parásito
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60: Capitulo 61: Como matar un parásito 60: Capitulo 61: Como matar un parásito En el santuario más allá del tiempo, en el campo de flores que era a la vez luz y sombra, las dos deidades observaban el enfrentamiento.
Veían la lucha silenciosa en la mente de su campeona, el asalto psicológico de Valak y la nueva y tenaz resistencia de Elysia.
“Está aguantando,” dijo la Diosa de la Luz, su voz una mezcla de orgullo y preocupación.
“La fe del joven paladín le da un escudo.” “Y la calma de la joven del pan le da un peso en para permanecer firme,” añadió el Dios de la Muerte.
“Pero no es suficiente.
Es una guerra de desgaste.
Y la corrupción de ese ser está arraigada en su propia alma.” Ambos observaban el conflicto, frustrados por su propia impotencia.
“¿No podemos hacer más?” preguntó la Luz, su brillo dorado vacilando.
“¿Expulsarlo por la fuerza?” “No,” respondió la Muerte, su voz tranquila pero firme.
“Ahora solo somos fragmentos.
Apenas semillas.
Nuestra intervención directa sería como intentar apagar un incendio con una gota de agua.
Solo podemos ofrecerle nuestro apoyo, nuestra esencia.
La batalla debe ser suya.” Miraron a la forma parpadeante de Valak, que seguía lanzando visiones de fracaso y desesperación contra la voluntad de Elysia.
“Pero Valak también es un fragmento,” razonó la Luz.
“Un eco de su verdadero ser, anclado a ella.
Si está atado a ella, entonces…” “Entonces se puede cortar,” concluyó el Dios de la Muerte, entendiendo su pensamiento.
“Si la conexión entre su alma y el ancla del demonio se rompe, su fragmento no tendrá nada a lo que aferrarse en este plano.
Será expulsado.” Ambos se giraron, su atención divina pasando de la batalla espiritual en la mente de Elysia al taller del piso de arriba en el pequeño pueblo de Villaclara.
Vieron al mago y a la joven maga, rodeados de piezas de armadura y artefactos brillantes, a punto de intentar un milagro.
Vieron la red de energía que estaban a punto de tejer.
El Dios de la Muerte y la Diosa de la Luz no podían luchar la batalla de Elysia por ella.
Pero sabían quién podía forjar el cuchillo que cortaría sus cadenas.
“La conexión está en el metal,” susurró la Luz, su esperanza ahora centrada en el joven de los ojos rojos.
“Deben encontrar la forma de arrancar ese fragmento,” dijo la Muerte.
“Solo así Elysia se salvará.” Y en la quietud de su dominio, los dos dioses observaron y esperaron, enviando un único y silencioso pensamiento a través del universo.
Date prisa, mago.
——————————————————— El estudio estaba en silencio, la única luz provenía de los artefactos de cristal que Zain había dispuesto y del cielo anaranjado que se veía por la ventana.
El sol empezaba a ponerse, un reloj natural que añadía una capa de urgencia a su desesperada tarea.
—Muy bien —dijo Zain, su voz rompiendo la quietud.
Miró la armadura negra y la espada renacida, que Mael y Borin habían colocado cuidadosamente sobre la mesa de trabajo.
Ya no había duda.
El cambio era visible incluso a simple vista.
El negro profundo se había convertido en un gris ceniciento, el brillo había desaparecido.
El metal parecía viejo, quebradizo.
Y las venas azules, antes pulsantes, ahora estaban oscuras y muertas.
Ambas murieron junto con Elysia.
Eran un solo sistema, y el sistema estaba colapsando.
—Elora, ¿lista?
—preguntó Zain, sin apartar la vista del equipo.
—Lista —respondió ella, su voz temblorosa pero firme.
Estaba de pie al otro lado de la mesa, sus manos flotando a unos centímetros de la superficie.
Entonces Zain comenzó con el procedimiento.
—Voy a crear un circuito de energía cerrado —explicó, su tono volviéndose el de un músico en una orquesta —.
Usaré los cristales para generar un campo de resonancia simpática, conectando todas las piezas, incluyendo el fragmento original.
Tocó uno de los cristales, que comenzó a brillar con una luz plateada.
La luz se extendió, formando finos hilos de energía que conectaban cada pieza de la armadura, la espada y el fragmento moribundo en una compleja red.
—Tu trabajo, Elora, es escuchar —continuó, su mirada intensa fija en ella—.
El campo inundará el sistema con energía pura.
Será un caos.
Necesito que encuentres la “nota” correcta.
La frecuencia de resonancia original del Aura de Elysia.
Estará ahí, enterrada bajo el ruido.
Tienes que sentirla.
Y cuando la encuentres, tienes que decírmelo.
Elora cerró los ojos, su rostro una máscara de concentración.
—Una vez que tengamos la frecuencia, la aislaré y la amplificaré.
La idea es “recordarle” al sistema cuál es su estado natural y estable.
Forzarlo a purgar cualquier cosa que no pertenezca a esa frecuencia.
Como afinar un instrumento.
Hizo una pausa, mirando a la joven maga.
—Pero si amplifico la frecuencia equivocada, o si lo hago con demasiada fuerza, sobrecargaré el sistema.
La armadura podría desintegrarse.
Y la onda de choque psiónica resultante…
podría destruir la mente de Elysia para siempre.
La presión de sus palabras cayó sobre Elora.
La vida de la heroína, la mente de su nueva amiga, estaba, literalmente, en sus manos.
—No hay margen de error —concluyó Zain—.
Escucha con atención.
Asintió y activó el resto de los cristales.
La red de energía se iluminó, y un zumbido bajo y potente llenó la habitación.
Elora respiró hondo, se sumergió en el caos de energía y comenzó a escuchar.
Elora escuchó.
Para Zain, el zumbido en la habitación era simplemente energía.
Pero para la sensibilidad de Elora, era una cacofonía.
Era un océano de ruido blanco, una tormenta de frecuencias caóticas y contradictorias.
La energía pura del campo de Zain luchaba contra la “muerte” entrópica del metal, creando un conflicto ensordecedor a nivel arcano.
—Es…
es demasiado ruidoso —murmuró, su frente perlada de sudor—.
No puedo…
no puedo encontrar nada.
—Concéntrate —dijo Zain, su propia concentración inquebrantable—.
Ignora el ruido.
Busca el patrón.
Tiene que estar ahí.
——————————————————— En el subconsciente de Elysia, Valak lo sintió.
Una nueva sensación.
Una intrusión.
No era la calma del dios ni la luz de la fe.
Era algo diferente.
Una vibración externa que resonaba en los cimientos de su prisión mental.
Se dio cuenta de inmediato.
Alguien en el exterior estaba intentando manipular la entrada.
Su conexión.
Un gruñido de pura frustración escapó de su forma sombría.
Se encontraba en un dilema táctico imposible.
Su atención estaba completamente centrada en mantener a la caballero suprimida.
La voluntad de Elysia, reforzada por sus dioses, lo estaba presionando, luchando por expulsarlo.
Era una batalla de voluntades que requería toda su concentración.
Pero ahora había una intrusión.
Una nueva amenaza que intentaba cortar sus cadenas desde el exterior.
Valak no podía hacer nada.
Estaba atrapado.
Si desviaba su poder para contrarrestar la intrusión externa, estaría aflojando su control sobre la mente de la caballero.
Y ella, sintiendo esa debilidad, podría liberarse.
Pero si seguía centrado en ella, existía la posibilidad de que esa intrusa lograra su objetivo.
Podría llegar hasta el fondo.
Podría romper el vínculo.
Estaba siendo atacado en dos frentes, uno interno y otro externo.
——————————————————— —¡Espera!
—exclamó Elora de repente, sus ojos cerrados con fuerza—.
¡Ahí!
¡Lo tengo!
En medio de la tormenta de ruido, había encontrado un hilo.
Una nota.
Débil, casi ahogada por el caos, pero inconfundible.
Era una frecuencia pura, serena y increíblemente resistente.
Sonaba…
como el azul.
—¡Es ella!
¡Es el Aura de Elysia!
—dijo, su voz una mezcla de triunfo y agotamiento.
Zain no perdió un instante.
—¡Perfecto!
¡Aguanta!
¡Voy a aislarla!
Sus manos se movieron sobre los cristales, ajustando las lentes y los conductos rúnicos con una velocidad vertiginosa.
El zumbido caótico en la habitación comenzó a cambiar, a afinarse, mientras Zain, guiado por la percepción de Elora, comenzaba a sintonizar su máquina arcana con la frecuencia del alma de una caballero.
Estaban a punto de intentar arrancarle el parásito.
Elora se aferró a esa frecuencia azul con toda su concentración, actuando como un faro en la tormenta.
Podía sentir cómo la máquina de Zain comenzaba a resonar con la nota, amplificándola, haciéndola más fuerte.
Zain trabajaba con una precisión febril.
Sus manos se movían, su mente calculaba, su voluntad se imponía sobre el caos.
Había aislado la frecuencia del Aura de Elysia.
Ahora venía la parte peligrosa: usar esa frecuencia como un bisturí para cortar la conexión de Valak.
Necesitaba un poder inmenso.
Y necesitaba un control absoluto.
Se irguió, apartando las manos de los cristales.
El circuito estaba estable, sintonizado.
Ahora solo necesitaba la fuente de poder.
Y la encontró dentro de sí mismo.
Su expresión cambió.
El rostro del académico y del sanador desapareció una vez mas.
Sus ojos rojos brillaron.
Y una “X” perfecta apareció en cada uno de ellos, ardiendo con la luz moribunda de una estrella.
El poder que había usado para derrotar a Cassian, el poder que tanto despreciaba, el poder de la Destrucción pura, ahora estaba siendo convocado.
Pero no para una destrucción indiscriminada.
Esta vez, era para una cirugía.
—He encontrado al parásito —dijo Zain, su voz con un doble eco que hizo vibrar el aire del estudio.
Miró el fragmento de metal, pero sus ojos en X no veían el acero; veían la mancha oscura de la corrupción de Valak aferrada a la luz azul del Aura de Elysia.
Elora lo miró, asombrada y aterrorizada por la transformación.
—Zain…
¿qué vas a…?
—Voy a hacer lo que mejor se me da —la interrumpió, su voz resonando con un poder absoluto—.
La destrucción.
Extendió las manos hacia el circuito de energía.
Fuego plateado, la misma energía aniquiladora de antes, comenzó a arremolinarse alrededor de sus dedos.
Era hora de destruir al parásito.
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