Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 65
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- Capítulo 65 - 65 Capitulo 66 No paso nada
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65: Capitulo 66: No paso nada 65: Capitulo 66: No paso nada Las palabras de Lina, cargadas de una honestidad brutal, golpearon a Zain con más fuerza que cualquier explosión.
Cada una era una verdad que había pasado años ignorando.
Zain tenía el rostro ensombrecido.
Estaba en silencio, procesando la confesión que lo había cambiado todo.
Lina dijo que podían estar juntos, luchar juntos.
Con lágrimas finalmente brotando de sus ojos, ella le dio su última súplica.
—Yo sería la persona más feliz del mundo si te quedaras a mi lado, Zain.
Solo…
quédate.
Él no respondió.
La lógica seguía gritándole.
El Imperio.
La Federación.
Valak.
El peligro era demasiado grande.
Luchar juntos no era una opción; era un suicidio que se llevaría a todo el pueblo con ellos.
Protegerla significaba irse.
Entonces Zain la miró a los ojos.
Esos ojos rojos, normalmente sin vida, ahora tenían una chispa.
Pero no era de ira ni de iluminación.
No eran más que pura y abrumadora tristeza.
—Lina…
—susurró, su voz rota.
Y entonces, la magia los rodeó.
No era como la luz dorada de Pepe ni el fuego plateado de su poder de combate.
Era una energía sutil, casi invisible, que se sentía como brisa y a lluvia.
Zain levantó una mano y la posó suavemente en la mejilla de Lina, justo donde las lágrimas corrían.
—Lo siento —dijo, su voz apenas un susurro—.
Lo siento mucho.
Una sonrisa amarga, llena de un dolor que ella nunca podría comprender, se dibujó en sus labios.
Y entonces, el mundo se iluminó.
Una luz plateada y suave, sin calor, sin sonido, los envolvió a ambos por un instante.
——————————————————— Poco después, la luz se desvaneció.
Lina estaba sola en medio de la plaza, parpadeando, confundida.
Miró a su alrededor.
La luna brillaba en lo alto.
Las calles estaban vacías.
No recordaba por qué estaba allí.
O qué estaba haciendo.
Sentía un extraño vacío en el pecho, una tristeza sin nombre, como el recuerdo de un sueño que no podía recordar.
Se llevó una mano a la mejilla y notó que estaba húmeda.
¿Había estado llorando?
No sabía por qué.
Con una sensación de confusión y una melancolía que no podía explicar, se dio la vuelta y, sin mirar atrás, comenzó a caminar de regreso a la calidez y la seguridad de su hogar.
En las sombras de un callejón cercano, Zain observaba, con el rostro oculto por la capucha.
Una solitaria lágrima trazó un surco en el polvo de su propia mejilla.
Había usado magia prohibida.
Una rama de la Ilusión tan peligrosa y tan éticamente cuestionable que incluso la Academia la había sellado.
No había borrado sus recuerdos por completo; eso habría sido demasiado cruel, demasiado obvio.
Simplemente, los había nublado.
Había envuelto los acontecimientos de los últimos días, su confesión, el dolor de su partida, en una niebla de confusión.
Ella no recordaría a Zain, al mago, al amigo.
Y el amor, el dolor agudo, la desesperación…
todo eso ahora sería un sueño borroso, una tristeza sin causa Todo sería eso fue nublado…
Incluso los años que pasaron juntos.
Era el acto más cruel y, en su mente retorcida, el más amable que podía hacer.
La había liberado de él.
Y al hacerlo, acababa de cortar la única conexión poderosa que lo ataba a este lugar.
Ahora, ya no había nada que lo detuviera.
——————————————————— Zain volvió al taller.
La puerta se cerró detrás de él con un clic que sonó extrañamente final.
Dentro, Elysia y los cuatro aventureros lo esperaban, sus rostros una mezcla de preocupación y anticipación.
—¿Y bien?
¿Lina?
—preguntó Mael, siendo el primero en hablar—.
¿Está bien?
¿Entendió por qué tenemos que irnos?
Zain se quitó la capucha, su rostro una máscara inexpresiva.
Los ignoró.
Su mirada recorrió la habitación hasta que encontró la jaula de cristal.
Se acercó y la abrió.
Pepe el grillo saltó a su mano, sus chirridos no eran alegres, sino un poco tristes.
Zain lo colocó suavemente en su hombro.
—¿Zain?
—insistió Elora—.
¿Qué dijo Lina?
Él finalmente se giró para mirarlos.
No había rastro de la tristeza de antes.
Solo la fría y dura resolución.
—No pasó nada —dijo, su voz plana—.
Tuvo que irse a casa.
Sus padres la esperaban.
Entiende que tenemos que irnos.
La mentira fue tan descarada, tan desprovista de emoción, que incluso Borin supo que algo estaba terriblemente mal.
Mael estaba a punto de protestar, de decir que esa no era la Lina que conocían, pero se detuvo.
Elysia estaba de pie cerca, observando a Zain.
No había visto lo que había pasado, pero en el poco tiempo que se conocen.
Conocía su tendencia a elegir la lógica más fría, la solución más cruelmente eficiente que no ponga en riesgo la vida de nadie más que la suya.
La forma en que evitaba su mirada.
Sospechaba lo que pudo haber pasado, el tipo de línea que él era capaz de cruzar en nombre de la “protección”.
Pero no dijo nada.
Decidió, por ahora, dejar a Zain con sus fantasmas.
—Preparaos —dijo Zain, su voz no dejando lugar a la discusión—.
El viaje podría ser un poco…
mareado.
Se dirigió al centro del taller, al nexo de su red de runas.
Pepe, en su hombro, comenzó a brillar con una luz dorada.
—Aseguraos de que todo esté bien sujeto —advirtió Zain, mientras él mismo comenzaba a brillar, las X de estrella moribunda reapareciendo en sus ojos—.
No me hago responsable de los objetos perdidos durante el tránsito dimensional.
Los aventureros se miraron, asustados y emocionados, y se aferraron a lo que pudieron.
Elysia simplemente plantó sus pies con firmeza, su mano en la empuñadura de su espada corrupta, una roca en medio de la tormenta que se avecinaba.
Entonces, todo el taller fue envuelto por el poder combinado de Zain y Pepe.
Una esfera de luz dorada y plateada se expandió desde el centro, consumiendo las paredes, los libros, a las personas…
La realidad dentro del taller comenzó a desmoronarse, a plegarse sobre sí misma.
—Ciudad Corazón, allá vamos —dijo Zain, no con triunfo, sino con el tono cansado de un exiliado que huye una vez más.
Y en medio de la noche silenciosa, un pilar de luz dorada, visible por un instante desde todos los rincones del valle, iluminó una pequeña parte de Villaclara.
La luz se contrajo.
Y en el lugar donde antes se alzaba el taller de un mago extraño…
ya no había nada.
Solo una porción de tierra perfectamente vacío bajo las estrellas, y el dolor de una promesa rota.
——————————————————— El pilar de luz dorada se desvaneció en la noche, dejando un silencio en su lugar.
Desde las sombras de un tejado cercano, Nyx observaba el terreno ahora vacío, sus ojos felinos muy abiertos por la incredulidad.
Había sentido la acumulación masiva de poder, pero nunca en sus pesadillas más salvajes había imaginado…
esto.
No había sido un hechizo de teletransporte.
Había sido…
un acto de extirpación de la realidad.
Se recuperó del shock en un instante.
Su deber era informar.
Dudo un segundo.
Activó el pequeño comunicador rúnico que llevaba.
—Teniente.
Soy Nyx.
Tengo un informe urgente.
——————————————————— En el estudio de la mansión de Lord Valerius, la voz de Nyx resonó, nítida y urgente, desde el dispositivo de comunicación en la mesa de Graves.
“El objetivo secundario…
‘Ermitaño’…
se ha ido,” dijo Nyx.
“Y se ha llevado el edificio entero con él.
Y a la ‘Valquiria’.
Y a los cuatro aventureros.
Simplemente…
han desaparecido.” Hubo un momento de silencio en el estudio.
Petra y Marcus miraron a Graves, esperando su reacción.
Graves no mostró ninguna sorpresa.
No hubo pánico, ni frustración.
Simplemente asintió, como si hubiera anticipado esta posibilidad.
Respondió a su comunicador, su voz tan tranquila como siempre.
—Entendido, Nyx.
No importa.
Justo antes de que escaparan, el dispositivo de rastreo de Marcus logró obtener su firma mágica.
La tenemos grabada en uno de sus artefactos.
En la mesa, Marcus sostenía una brújula de aspecto extraño cuya aguja ahora giraba locamente, tratando de encontrar una dirección.
—No sabremos a dónde han ido por ahora—continuó Graves—, pero sabemos quiénes son.
Solo es cuestión de tiempo antes de que su firma vuelva a aparecer en nuestra red de sensores.
Los localizaremos.
Se desconectó, su atención ya pasando al siguiente problema en la lista.
—Nuestra misión principal de vigilancia ha terminado temporalmente —anunció a su equipo—.
Ahora tenemos una nueva prioridad.
Se puso de pie y se dirigió a la ventana, mirando hacia las luces de la posada a lo lejos en el pueblo.
—Los objetivos se han ido, pero sus competidores siguen aquí.
Y no me gusta dejar cabos sueltos.
Se giró hacia Petra, y una sonrisa fría, casi depredadora que rara vez muestra, apareció en su rostro.
—Nuestra nueva misión ahora es encargarnos de los dos miembros de la Federación.
Y esta vez, Petra…
te permitiré usar la sutileza de un ariete.
Los ojos de la Rompemagia se iluminaron.
La cacería de Zain y Elysia se había pospuesto.
La caza de Jax y Viviana estaba a punto de comenzar.
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