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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 66

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  4. Capítulo 66 - 66 Capitulo 67 El comienzo de una batalla
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66: Capitulo 67: El comienzo de una batalla 66: Capitulo 67: El comienzo de una batalla Mientras tanto, en la suite de la posada, reinaba una paz temporal.

Viviana, Jax y el Vestigio Serpiente estaban cenando.

Una mesa había sido subida a la habitación, cargada con lo mejor que la cocina de la posada podía ofrecer.

Después de un día duro y humillante, la comida era lo único que parecía poner a Viviana de buen humor.

Se había calmado, su furia reemplazada por una concentración dulce mientras planeaba su próximo movimiento.

Jax también estaba de un humor sorprendentemente bueno.

Descubrió que el Vestigio Serpiente, cuyo nombre resultó ser Pentus, era un excelente conversador.

Sabía contar buenos chistes, la mayoría de ellos a expensas de los pomposos nobles y los burócratas del Gremio, lo que divertía enormemente a Jax.

—…y entonces el Maestro del Gremio le dice al golem: ‘¡Pero si te pagué para que vigilaras el tesoro, no para que te lo comieras!’ —terminó Pentus con un siseo divertido.

Jax soltó una carcajada, una de las pocas genuinas que alguien le había oído.

Pero su paz duró poco.

De repente, Viviana se puso rígida.

Dejó caer su tenedor, que golpeó el plato con un clink agudo.

—¿Alguien más siente eso?

—preguntó, su voz un susurro.

Se levantó y corrió hacia la ventana.

Y entonces lo vio.

En la distancia, en una dirección específica del pueblo, un pilar de luz dorada se elevó hacia el cielo, iluminando la noche por un instante.

Y luego, simplemente, desapareció.

Un silencio cayó sobre la habitación.

Viviana se giró lentamente, su mirada violeta fijándose en Pentus.

—Informante.

Esa dirección…

¿Acaso ahí es donde está el taller del mago?

Pentus, cuya expresión se había vuelto sombría, solo pudo asentir.

Viviana se llevó las manos a la cara y soltó un gruñido ahogado de pura frustración.

—¡Maldita sea!

—maldijo, su voz temblando de ira—.

¡Se han ido!

¡Mientras estábamos aquí sentados, esos malditos imperiales o ellos mismos…!

¡Se han escapado!

Justo en ese momento, un fino trozo de papel se deslizó por debajo de la puerta de su habitación.

Los tres se quedaron mirando la carta.

Pentus, siendo el más cercano y el más sigiloso, se deslizó hasta la puerta, la recogió y la leyó en voz alta, su voz un siseo tenso.

—”Veámonos a las afueras del pueblo.

Al oeste, junto al viejo roble partido por el rayo.

En una hora.” Hizo una pausa, tragando saliva.

—”No quiero que los civiles salgan heridos.” No estaba firmado.

Pero no hacía falta.

Viviana comenzó a temblar.

No de miedo.

De una ira contenida y absoluta.

Su presa principal se había esfumado.

Su misión estaba en ruinas.

Y ahora, los rivales que creía haber superado la estaban desafiando a un duelo.

Alguien iba a pagar por la frustración de Viviana.

Y todo indicaba que serían los imperiales.

——————————————————— El aire de la noche era frío y silencioso en el claro a las afueras de Villaclara.

La única luz provenía de la luna llena, que bañaba el viejo roble partido por el rayo en una luz plateada.

Con una ráfaga de viento y un susurro de poder mágico, Viviana descendió del cielo, flotando los últimos metros hasta el suelo.

A su lado, Jax aterrizó con un suave ruido sordo, habiendo saltado desde una rama alta.

Justo en medio del claro, como había indicado la carta, los esperaba el Teniente Graves.

Estaba solo, de pie, con las manos en los bolsillos de su abrigo, pareciendo un simple viajero.

En cuanto Viviana tocó el suelo, su ira se desató.

—¿Te has vuelto loco, imperial?

—siseó, sus ojos violetas brillando en la oscuridad—.

¿Un desafío directo?

¿Acaso entiendes lo que esto significa para los tratados de no agresión en los Territorios?

El Teniente Graves sonrió, una sonrisa tranquila y cansada.

—¿Tratados?

Mi querida Maestra Viviana, creo que está confundida —respondió, su voz afable—.

Yo no veo a ningún agente imperial ni de la Federación aquí.

Solo veo a un humilde mercader que ha venido a recuperar la mercancía que unos simples ladrones intentaron robarle.

Esto es solo un pequeño conflicto comercial.

La condescendencia en su tono fue la gota que colmó el vaso.

—¡Te voy a quemar vivo!

—gritó Viviana, levantando una mano, una esfera de fuego violeta y crepitante materializándose en su palma.

Fue entonces cuando un ¡BANG!

resonó en el claro.

Pero el disparo no vino del Graves que tenían delante.

Vino de un lado completamente opuesto, desde la oscuridad del bosque a su derecha.

El tiempo pareció ralentizarse.

Jax, cuyos ojos perezosos nunca habían dejado de escanear el entorno, se movió con una velocidad inhumana.

Su lanza, que sostenía casualmente, se disparó hacia arriba.

¡CLANG!

Con una precisión imposible, interceptó una bala que iba directa a la cabeza de Viviana, desviándola hacia el cielo nocturno.

Viviana se quedó helada, la bola de fuego en su mano vacilando al darse cuenta de lo cerca que había estado de la muerte.

Miró hacia el bosque, luego de nuevo al Teniente Graves que estaba frente a ella.

Y se dio cuenta de su error.

La figura de Graves parpadeó, como una imagen a través del calor, y se desvaneció.

Era una simple ilusión.

Desde la oscuridad del bosque, el verdadero Teniente Graves bajó su revolver humeante.

A su lado, Silas, el Furtivo, bajó las manos, la ilusión disipándose.

—Lección número uno, Maestra de la Destrucción —dijo la voz tranquila de Graves desde las sombras—.

Nunca confíes en lo que ves.

Especialmente cuando tu oponente sabe que vienes.

La trampa se había cerrado.

Y Viviana y Jax acababan de entrar directamente en ella.

La furia de Viviana por haber sido engañada fue superada por una oleada de poder puro y destructivo.

La esfera de fuego violeta en su mano se expandió, convirtiéndose en una estrella en miniatura que iluminó todo el claro.

—Jax —dijo, su voz fría y resonante, sin apartar la vista de las sombras donde se escondían los imperiales—.

Busca a ese hombre.

Y acábalo.

Jax, que ahora sostenía su lanza en posición de combate, la miró por un momento.

—¿Estarás bien?

Son al menos tres.

Viviana no respondió con palabras.

En lugar de eso, la estrella de fuego en su mano se disipó, pero la energía no desapareció.

Se transformó en una cúpula de energía violeta que la rodeó, un escudo crepitante.

Y comenzó a levitar, sus pies elevándose del suelo hasta quedar suspendida a unos metros de altura.

Entonces, nueve anillos de luz de diferentes colores —rojo, azul, verde, amarillo…

todo el espectro del poder elemental— aparecieron y comenzaron a girar lentamente a su alrededor, como planetas orbitando un sol furioso.

Era una demostración de poder abrumadora, el arsenal completo de un Mago de Destrucción.

—Saldrán de sus escondites —dijo Viviana, su voz ahora retumbando con el poder que canalizaba—.

De una forma.

O de otra.

Jax asintió, una rara sonrisa de emoción en su rostro.

—Entendido.

Intenta no destruir todo el bosque antes de que yo vuelva.

Y con eso, se desvaneció, hacia el bosque con una explosión de pura velocidad, corriendo hacia la posición de Graves como un fantasma rojo.

En cuanto Jax se fue, una figura salió de las sombras para enfrentarse a Viviana.

No era el tirador.

Era la mujer de cabello rojo.

Petra, “Ariete”, apareció en el claro, tronándose los nudillos, una sonrisa salvaje en su rostro.

Vio los nueve anillos de poder elemental puro, el escudo crepitante, y no mostró ni una pizca de miedo.

Al contrario, parecía emocionada.

—¡Al fin!

—rugió, su voz llena de alegría—.

¡Algo que sí puede romperse!

De unas bolsas en su cinturón, sacó dos objetos.

Eran dos guanteletes pesados, unos nudillos de un metal negro y opaco, cubiertos de púas gruesas.

Se los colocó con un sonido metálico y seco.

Artefactos mágicos.

Eran “Desencantadores”, nudillos forjados con un raro mineral que absorbía la energía del maná.

Viviana la miró desde el aire, la maga en la cima de su poder.

Petra la miró desde el suelo, la Rompemagia lista para destrozar a un pequeño dios.

El martillo de la Federación estaba a punto de chocar contra el ariete del Imperio.

Y el bosque entero iba a temblar.

——————————————————— Mientras la Maga y la Rompemagia se preparaban para su inevitable y destructiva colisión, no eran los únicos observadores en el silencioso bosque.

En lo alto de la rama de un roble centenario, a una distancia segura del claro, dos figuras observaban la escena desde las sombras.

Eran Nyx y Pentus.

Ambos agentes de sigilo habían hecho lo que mejor sabían hacer: desaparecer.

Y, por una extraña coincidencia o por un instinto compartido, habían terminado en el mismo punto de observación elevado.

Estaban sentados en la misma rama, a un par de metros de distancia, observando todo como buenos informantes.

Pese a estar en bandos opuestos y haber intentado casi matarse el uno al otro hacía menos de una horas, ahora compartían un silencio profesional.

Seguían siendo Vestigios, ambos.

Había una regla no escrita entre los de su clase, especialmente entre los que vivían en las sombras de la sociedad humana.

No se sentían cómodos matando a uno de los suyos por las guerras de los humanos.

Era una cuestión de supervivencia de la especie.

Así que habían hecho una tregua tácita.

—Apuesto diez monedas de plata a la de pelo rojo —siseó Pentus en voz baja, su mirada fija en Petra.

Nyx soltó un ronroneo bajo, casi una risa.

—No acepto.

Yo también apuesto por ella.

La hechicera es todo poder.

La otra…

es una anulación andante.

Es como enfrentar a un mazo contra una pared de piedra.

La pared siempre gana.

Observaron cómo Viviana comenzaba a combinar sus anillos de poder, creando una lanza de fuego y hielo.

—Van a destruir este bosque —comentó Pentus.

—Probablemente —respondió Nyx, sin apartar la vista—.

Pero al menos será un buen espectáculo, y no importa quien gane yo me quedaré con los restos.

Mientras los monstruos se preparaban para luchar en la noche, las sombras, por una vez, simplemente se sentaron a observar.

Su guerra podía esperar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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