Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 67
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- Capítulo 67 - 67 Capitulo 68 Ilusiones y anti mágia
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67: Capitulo 68: Ilusiones y anti mágia 67: Capitulo 68: Ilusiones y anti mágia Jax se movía por el bosque como un fantasma rojo, sus pies apenas tocando el suelo.
No seguía un rastro físico, sino el eco de la intención, la sutil perturbación en el aire que dejaba un profesional.
Logró encontrar el lugar.
En un pequeño montículo a unos cien metros del claro, vio a Graves.
Estaba solo, guardando su revólver, claramente retirándose después de haber disparado y dado la señal.
Era el momento perfecto.
Sin dudarlo, Jax lanzó su lanza.
El arma voló por el aire, no con un arco, sino en una línea recta perfecta, un misil de madera y acero destinado a clavar al Teniente en el árbol que tenía detrás.
Pero algo andaba mal.
Su instinto, el susurro que había escuchado desde niño, gritó.
En el último segundo, sin saber por qué, se lanzó a un lado, rodando por las hojas del suelo.
Un corte silencioso pasó exactamente por donde él había estado.
Y un ¡BANG!
resonó justo después.
Una bala impactó en el suelo a centímetros de su cabeza.
Jax terminó su rodada en una posición agachada, y levantó la vista.
El Graves del montículo se había desvanecido.
Era otra ilusión.
Y él ya no estaba solo.
A su alrededor, en un círculo perfecto, varias figuras idénticas aparecieron entre los árboles.
Eran seis.
O quizás ocho.
Todas eran el Teniente Graves.
Y todas estaban apuntando con sus revólveres directamente a Jax.
—Impresionante —dijo una de las ilusiones, su voz haciendo eco desde todas direcciones—.
Tus instintos son tan buenos como dicen las historias.
Jax se puso de pie lentamente, su lanza de nuevo en la mano, sus ojos verdes moviéndose rápidamente, tratando de encontrar al verdadero.
——————————————————— No muy lejos, ocultos tras una formación rocosa, estaban los verdaderos artífices de la trampa.
Silas, el Furtivo, estaba arrodillado en el suelo, sudando profusamente, con las manos extendidas.
Sus dedos brillaban con una luz pálida.
—Mantener tantas ilusiones activas y creíbles…
es…
difícil —jadeó, su rostro pálido por el esfuerzo.
A su lado, Elia, la Empática, tenía los ojos cerrados y una mano en la sien de Silas.
No estaba creando las ilusiones, pero estaba ayudando a calmar y enfocar la carga mental de Silas, actuando como un disipador mental el cual ayuda calmar su dolor, permitiéndole mantener la compleja red de engaños e ilusiones.
—Aguanta, Silas —susurró ella—.
El Teniente solo necesita un momento.
——————————————————— De vuelta en la trampa, Jax se encontraba en una situación imposible.
Estaba rodeado, apuntado desde todas direcciones.
Atacar a una de las ilusiones significaría darle la espalda a las otras.
Y solo una de esas balas sería real.
—Ahora, Maestro Jax —dijo la voz de Graves, resonando a su alrededor—.
Hablemos de nuevo.
Pero esta vez, creo que lo haremos en mis términos.
El genio perezoso, el maestro del combate singular, había sido atrapado.
No por la fuerza, sino por un truco de luz y sonido.
Y por primera vez esa noche, la sonrisa de aburrimiento desapareció por completo de su rostro.
——————————————————— El claro se había convertido en un escenario silencioso.
De un lado, una Maga flotando en el aire, rodeada por un arsenal de poder elemental.
Del otro, una guerrera plantada firmemente en el suelo, con los puños enfundados en metal negro.
Petra siempre había tenido una gran determinación a la hora de pelear.
Era algo que le venía de sangre.
Su hogar natal, la tribu de los Puños Carmesí, anidada en las montañas más inhóspitas del norte, eran guerreros guiados únicamente por las batallas.
No construían ciudades.
No forjaban imperios.
Luchaban.
Eran los mejores mercenarios y guardaespaldas que el dinero podía comprar, contratados por otros reinos para romper líneas enemigas o para proteger a la gente poderosa.
Para los Puños Carmesí, la fuerza lo era todo.
Y Petra había nacido especial.
Nació con una mutación genética rara, un don y una maldición: era una Rompemagia.
Desde niña, fue más fuerte, más rápida.
Pero lo más importante, poseía una mayor sensibilidad a la magia.
No podía usarla, sino más bien anularla.
Su propia y densa fuerza vital actuaba como un “agujero negro” para la energía arcana, desestabilizándola, deshaciéndola.
En otras palabras, los Rompemagia eran las armas perfectas contra los magos.
Y en este momento, Petra estaba muy emocionada.
Casi eufórica.
Porque no se enfrentaba a un simple mago de pueblo o a un hechicero de bajo nivel.
Frente a ella estaba una de las magas de Destrucción más poderosas del continente.
No era un trabajo.
No era una misión.
Era una prueba.
La prueba definitiva.
—¿Lista para bajar de tu pedestal, hechicera?
—rugió Petra, su voz llena de una alegría salvaje.
Viviana la miró desde el aire con puro desdén.
—Insecto insolente.
Te enseñaré la diferencia entre el poder verdadero y la fuerza bruta de un animal.
Con un gesto de su mano, dos de los anillos que orbitaban a su alrededor —el rojo del fuego y el azul del hielo— se fusionaron.
Creó una lanza de energía que era mitad llama rugiente y mitad hielo afilado, y la lanzó directamente hacia Petra.
La lanza voló por el aire a una velocidad increíble.
Petra no intentó esquivarla.
No levantó un escudo.
Simplemente, sonrió.
Y en el último instante, golpeó.
Lanzó un puñetazo al aire, su guantelete de metal negro chocando directamente contra la punta de la lanza de fuego y hielo.
No hubo una explosión masiva.
En el punto de impacto, el fuego se apagó, el hielo se sublimó en vapor, y la energía arcana simplemente…
se deshizo con un siseo, como agua arrojada a una hoguera.
La lanza de poder puro había sido destruida por un simple puñetazo.
La sonrisa de desdén de Viviana se congeló en su rostro.
Por primera vez, vio a la mujer de abajo no como un animal bruto, sino como una amenaza real, una que desafiaba las mismas leyes de la magia en las que ella basaba todo su poder.
La batalla entre la magia y los puños acababa de empezar.
Y no iba a ser tan simple como había pensado.
La facilidad con la que su ataque había sido anulado era…
imposible.
Esa lanza de fuego y hielo, una combinación de elementos opuestos mantenida en equilibrio por pura voluntad, habría atravesado a un gigante de piedra.
Pero la mujer de abajo la había deshecho con un puñetazo.
Su mente de maga analizó la situación.
No había sido una contramagia.
No había sentido el pulso de una Abjuración.
La energía de su hechizo simplemente había dejado de existir.
Flotando en el aire, rodeada por sus orbes de poder elemental, Viviana se dio cuenta de que no se enfrentaba a un simple guerrero.
La magia que usaba Viviana era conocida en los círculos arcanos de élite como los “Nueve Anillos de la Destrucción”.
Era el pináculo de la magia de Destrucción pura, una de las técnicas más poderosas y destructivas jamás concebidas.
La teoría era simple: el mago manifestaba nueve núcleos de poder elemental puro —fuego, hielo, rayo, tierra, viento, luz, sombra, ácido y fuerza cinética— y los mantenía en órbita alrededor de su cuerpo.
El verdadero genio de la técnica residía en la capacidad de fusionar estos elementos para crear hechizos de una complejidad y un poder devastadores.
Fuego y hielo.
Rayo y viento.
Luz y fuerza.
Las combinaciones eran casi infinitas.
Pero el coste era inmenso.
Solo aquellos que dominaran la Destrucción hasta un grado casi fanático podían soñar con activar los nueve anillos.
En teoría, un mago normal no podría ser capaz de usar esta técnica a menos que su Nivel de Flujo Ambiental fuera de 6 o inferior.
Y no bastaba con el poder bruto; se necesitaba un dominio absoluto sobre la naturaleza misma de la destrucción, la capacidad de tejer y destejer las energías más volátiles de la creación.
Viviana era un Nivel 5.
Era una prodigio.
Y se enorgullecía de ser una de las pocas personas vivas capaces de manifestar los Nueve Anillos.
Y la mujer de abajo, esta bárbara de pelo rojo, había anulado su poder con un gesto, como si apagara una vela.
La incredulidad de Viviana se transformó en una furia helada.
—Interesante —dijo, su voz perdiendo toda su arrogancia y volviéndose peligrosamente tranquila—.
Un truco muy interesante.
Veamos cómo lidias con esto.
Esta vez, tres de sus anillos —el del rayo, el del viento y el de la fuerza— brillaron y se fusionaron.
No creó un proyectil.
Creó una tormenta.
Una cúpula de vientos huracanados y rayos crepitantes se formó a su alrededor y luego se expandió violentamente, barriendo todo el claro, con la intención de desgarrar a Petra y convertirla en cenizas.
No iba a darle la oportunidad de volver a golpear.
Iba a abrumarla con un poder puro e ineludible.
La cúpula de vientos huracanados y rayos crepitantes se estrelló contra Petra.
El aire se llenó del poder de un rayo y del rugido de una tormenta desatada.
Los árboles en el borde del claro se doblaron y se partieron bajo la furia del asalto.
Pero en el centro de todo, Petra se mantuvo firme.
Plantó los pies en el suelo, sus músculos se tensaron como cuerdas de acero.
Cuando la tormenta la golpeó, su habilidad innata de Rompemagia entró en acción.
En lugar de bloquear los rayos; su propia esencia vital los atrajo y los anuló, haciéndolos chisporrotear inofensivamente sobre su piel.
Pudo resistir el poder puro de la electricidad.
El viento, sin embargo, era otra cosa.
No era puramente mágico; era aire físico, movido por la magia.
Las ráfagas, afiladas como cuchillas, le hicieron varios cortes superficiales en la piel expuesta de sus brazos y rostro, haciendo brotar pequeñas gotas de sangre.
Era doloroso, pero soportable.
Viviana, desde el aire, vio que su tormenta no estaba teniendo el efecto deseado.
Su frustración creció.
Con un nuevo gesto, el anillo de tierra que orbitaba a su alrededor brilló con una luz marrón.
Poco después, dos enormes muros de tierra, roca y raíces se alzaron violentamente a ambos lados de Petra, como las fauces de una bestia titánica.
Petra vio los muros acercarse, con la intención de aplastarla, y protegió su cabeza instintivamente, cubriéndose con sus brazos enfundados en los nudillos negros.
Justo a tiempo.
Los muros de tierra la aplastaron con un sonido atronador que hizo temblar el suelo.
¡¡¡CRUUUUNCH!!!
Por un momento, solo hubo una pila de tierra y rocas donde Petra había estado.
—Fuerza bruta…
—dijo Viviana en voz baja, una sonrisa de suficiencia volviendo a su rostro.
Pero la sonrisa se desvaneció al instante.
¡BOOM!
La pila de tierra explotó hacia afuera.
Petra salió disparada de su prisión improvisada, no herida, sino cubierta de tierra y absolutamente furiosa.
Rompió esos muros desde dentro.
Vio a Viviana en el aire, ya preparando otro ataque, probablemente algo aún más grande y destructivo.
Pero se le había acabado la paciencia.
Ya había recibido suficientes golpes.
Ahora era el turno de Petra de atacar.
Ignoró el dolor de sus cortes.
Ignoró la distancia que la separaba de la maga flotante.
Se agachó, flexionando las rodillas, y golpeó el suelo con ambos puños.
Fue pura y simple fuerza.
Pero la fuerza de una Rompemagia era diferente.
Con el impacto, envió un pulso de su propia energía “anuladora” a través de la tierra y después hacia arriba.
El escudo de Viviana, su levitación, los nueve anillos que giraban a su alrededor…
todo parpadeó violentamente, como una vela en una ráfaga de viento.
Por primera vez, Viviana sintió que su conexión con la magia ambiental se debilitaba, interrumpida por el pulso que venía del suelo.
La bestia en el suelo acababa de encontrar una manera de alcanzar al dios en el cielo.
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