Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 71

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Crónicas de un mundo Roto
  4. Capítulo 71 - 71 Capitulo 72 El verdadero Demonio de la lanza
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

71: Capitulo 72: El verdadero Demonio de la lanza 71: Capitulo 72: El verdadero Demonio de la lanza La visión de Jax se redujo a un túnel oscuro.

El sonido de su propia sangre bombeando en sus oídos ahogaba los ruidos del bosque.

La presión en su cuello era inexorable.

Mientras la consciencia se le escapaba, un pensamiento amargo y familiar cruzó su mente nublada.

Volvería a pasar.

Igual que esa noche bajo la lluvia.

Igual que cuando vio morir a su hermana sin poder hacer nada.

Iba a perder.

Iba a morir sin haber hecho nada más que dormir y huir.

Su cuerpo se relajó, sus brazos cayeron sin fuerzas a los lados.

Dejó de luchar.

Graves sintió el cambio inmediato.

El cuerpo del lancero se quedó inerte, pesado.

—Objetivo neutralizado —pensó Graves con frialdad.

No sintió lástima.

Jax era un agente enemigo de alto nivel, demasiado peligroso para ser dejado con vida o capturado en estas condiciones.

Era un cabo suelto.

Graves ajustó su agarre.

Un giro rápido y seco.

Romperle el cuello.

Un problema menos para el Imperio.

Tensó los músculos para dar el golpe final.

¡BAM!

De repente, Graves fue embestido lateralmente con una fuerza desesperada.

No fue un ataque calculado, fue un placaje torpe pero frenético que lo obligó a soltar a Jax y rodar por el suelo para recuperar el equilibrio.

Graves se puso de pie en un instante, sacando un cuchillo de combate de su bota, listo para destripar al nuevo atacante.

Pero se detuvo.

Quien lo había empujado no era un enemigo.

Era Elia, la Empática.

Estaba de pie entre él y el cuerpo inconsciente de Jax, respirando agitadamente, con los ojos muy abiertos y llenos de un terror absoluto.

—¿¡Qué demonios haces, Elia!?

—exigió Graves, su voz perdiendo por primera vez su calma gélida.

La ira brilló en sus ojos—.

¡Tenía al objetivo!

¡Era una ejecución limpia!

—¡No!

—gritó ella, su voz temblorosa—.

¡No podías matarlo!

¡No así!

—¿Por qué?

—gruñó Graves, dando un paso hacia ella—.

¿Compasión?

¿Ahora?

—¡No es compasión!

—replicó ella, retrocediendo, sin apartar la vista del cuerpo inmóvil de Jax—.

¡Es miedo!

¡No lo entiendes!

Se llevó las manos a la cabeza, como si un ruido ensordecedor la estuviera torturando.

—Su mente…

cuando perdió el conocimiento…

algo más se despertó.

Algo oscuro.

Algo hambriento.

Si lo matabas en ese momento…

la reacción…

Elia lo miró, pálida como un fantasma.

—Algo muy malo está por pasar, Teniente.

Su muerte no habría sido el final.

Habría sido una liberación.

Graves frunció el ceño, escéptico.

Estaba a punto de reprenderla por dejar que sus sentimientos interfirieran con la misión, cuando sintió una extraña humedad en su costado derecho.

Bajó la mirada.

Su abrigo de cuero reforzado, diseñado para detener cuchillas, tenía un corte limpio y profundo justo encima de la cadera.

La sangre manaba de la herida, la cual tenía una profundidad considerable, empapando su ropa.

Graves se quedó helado.

No había sentido el golpe.

Miró a Jax, que yacía inconsciente a unos metros.

En su mano inerte, no había nada.

Pero sus dedos estaban rígidos, curvos como garras.

Se dio cuenta con un escalofrío de que, en los últimos segundos de consciencia, o quizás en el momento exacto en que se “rindió”, Jax lo había atacado.

Había usado algo —quizás una piedra afilada, quizás la pura presión del aire, o quizás sus propios dedos endurecidos— para lanzar un golpe mortal que Graves ni siquiera había visto.

Si Elia no lo hubiera empujado…

si hubiera intentado romperle el cuello…

ese corte habría sido unos centímetros más profundo.

Habría sido fatal.

Graves miró al “genio perezoso” con nuevos ojos.

Elia tenía razón.

Había algo antinatural en ese chico.

Incluso dormido, incluso derrotado, era letal.

—Maldición —susurró Graves, presionando su mano contra la herida.

La ejecución había sido cancelada.

Pero la pesadilla apenas comenzaba.

Graves se puso de pie, ignorando el dolor punzante en su costado.

Su mano, firme a pesar de la pérdida de sangre, buscó en su cinturón y sacó un cargador rápido de balas rúnicas.

Abrió el tambor de su revólver con un clic seco y dejó caer los casquillos vacíos al suelo.

—Teniente, por favor…

—suplicó Elia, agarrándole la manga—.

No lo hagas.

Vámonos.

Graves negó con la cabeza mientras insertaba las nuevas balas una por una.

—No puedo, Elia —dijo, su voz carente de odio, pero cargada de una resolución inquebrantable—.

Jax y Viviana son armas vivientes.

Si los dejamos ir hoy, mañana matarán a cientos de nuestros soldados en la frontera.

Serán una espina en el costado del Imperio durante años.

A pesar de su apodo, Graves odiaba las muertes sin sentido.

No disfrutaba del derramamiento de sangre; lo veía como un fracaso de la diplomacia o la estrategia.

Pero también era un realista.

A veces, para salvar el orden, había que eliminar el caos de raíz.

Y Jax era el caos personificado.

Terminó de cargar y cerró el tambor con un golpe de muñeca.

A unos metros de distancia, el cuerpo de Jax comenzó a moverse.

No se levantó como una persona normal que se recupera de un desmayo.

Se movió de forma espasmódica, como una marioneta cuyos hilos están siendo tensados por una mano invisible.

Sus articulaciones crujieron.

Graves levantó el revólver, apuntando directamente al pecho del lancero.

—Elia —ordenó sin apartar la vista del objetivo—.

Vete.

Busca a Marcus y a Silas.

Asegura la extracción.

—Pero…

—¡Es una orden!

—gritó Graves, su voz resonando con autoridad—.

¡Largo de aquí!

Elia retrocedió, las lágrimas de miedo y frustración en sus ojos.

Miró una última vez a Jax, que ya estaba de rodillas, con la cabeza gacha, el pelo rojo ocultando su rostro.

La Empática sintió la presencia que emanaba de él.

No era la pereza de Jax.

No era ni siquiera furia humana.

Era algo antiguo, frío y sediento.

—Ten cuidado, Teniente —susurró Elia, su voz temblando mientras comenzaba a correr hacia el bosque—.

Ese…

eso que se está levantando…

ya no se siente como el.

Elia desapareció entre los árboles.

Graves se quedó solo en el claro con la criatura que habitaba en la piel del lancero.

Jax terminó de incorporarse.

Se puso de pie, encorvado, sus brazos colgando flojos.

Y entonces, levantó la cabeza.

Sus ojos verdes habían desaparecido.

En su lugar, las cuencas estaban completamente blancas, vacías, rodadas en blanco.

Y una sonrisa se abrió paso en su rostro, una sonrisa demasiado ancha, demasiado llena de dientes, que no pertenecía al chico perezoso que solo quería dormir.

— Por fin…

—dijo la cosa con la voz de Jax, pero con una cadencia distorsionada y múltiple—.

…el niño se ha ido a dormir.

El Demonio de la Lanza había despertado.

Y Graves, herido y solo, era lo único que se interponía en su camino.

Graves mantuvo el revólver firme, apuntando al pecho de la figura que tenía delante.

Su mente analítica encajó la última pieza del rompecabezas que era Jax.

—Así que los rumores eran ciertos —dijo Graves, su voz carente de sorpresa, analizando la situación como si estuviera leyendo un expediente médico—.

No es un demonio místico.

Es la mente humana quebrándose.

Ajustó su puntería ligeramente.

—Trastorno de identidad disociativo.

Múltiple personalidad.

—Graves asintió para sí mismo—.

Tiene sentido.

A veces, la mente humana actúa de forma extrema para sobrevivir a un trauma que no puede procesar.

Creaste un escudo.

Un perro guardián para el niño que no quería pelear.

La cosa que llevaba el cuerpo de Jax ladeó la cabeza.

Una risa gorgoteante y divertida salió de su garganta.

—¿Trastorno?

Qué palabra tan clínica para algo tan…

íntimo —dijo el alter ego, estirando los brazos de Jax como si acabara de despertar de una siesta de cien años—.

Eres listo, soldado.

Pero te equivocas en una cosa.

No soy un escudo.

Dio un paso hacia Graves, ignorando el arma.

—Jax es mi mejor amigo —declaró, con una sinceridad retorcida y escalofriante—.

Él es suave.

Es amable.

Quiere dormir y comer y olvidar.

El mundo es demasiado cruel para él.

Por eso existo yo.

La sonrisa de la entidad se ensanchó, mostrando demasiados dientes.

—No dejaré que le hagan daño.

Nadie toca a Jax.

Ni su padre, ni tú.

Se miró las manos, flexionando los dedos como garras.

—Jax probablemente no lo sabe.

Él cree que es un genio con suerte, o que simplemente es muy rápido cuando entra en pánico.

Cree que sus victorias son…

talento natural.

El Demonio de la Lanza miró a Graves, sus ojos blancos brillando con malicia.

—Pero la cantidad de muertos que tiene a su espalda…

las leyendas del “Demonio de la Lanza”…

en su mayoría, fueron hechas por mí.

Él duerme, y yo salgo a jugar.

Yo hago el trabajo sucio para que él pueda seguir siendo inocente.

La revelación fue atroz.

La pereza de Jax no era solo apatía; era un mecanismo de contención inconsciente.

Si se esforzaba demasiado, si la pelea se volvía demasiado real, él despertaba.

—Y ahora —dijo el alter ego, agachándose para recoger la lanza del suelo con una velocidad espeluznante—, has despertado al amigo equivocado.

Graves tensó el dedo en el gatillo.

La psicología explicaba el monstruo, pero no lo hacía menos letal.

—Entonces tendré que matar a ambos —dijo Graves.

Y disparó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo