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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 75

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Capítulo 75: Capitulo 76: Ciudad Corazón

Los cuatro líderes parecían estar a punto de sellar la orden, cuando una mano pesada y llena de cicatrices golpeó la mesa, deteniendo el proceso.

Fue el General Thorg.

—No —gruñó, su voz rasposa como dos piedras frotándose—. No podemos hacer tal cosa.

Viviana se giró hacia él, la incredulidad pintada en su rostro.

—¿Por qué no? —exigió saber—. Es la forma más rápida. Tenemos los nombres, tenemos los rostros. La red del Gremio de Aventureros es vasta. Los encontrarían en días.

Thorg negó con la cabeza lentamente, y los otros tres miembros del consejo, tras un momento de reflexión, parecieron entender la gravedad de lo que el General implicaba. Sus expresiones de triunfo se tornaron en muecas de preocupación política.

—Siéntate, Viviana —dijo Lady Seris con frialdad—. Eres brillante con la magia, pero tu memoria política es deficiente.

El Maestro Gideón se inclinó hacia adelante, entrelazando sus dedos enjoyados.

—Déjame explicártelo en términos de costo y beneficio. Para emitir una “Orden de Recuperación de Nivel Rojo” sobre miembros registrados, debemos proporcionar una causa al Gremio de Aventureros Central. Debemos decirles qué crimen han cometido.

—Son testigos de una operación fallida —replicó Viviana.

—Exacto —intervino Madre Lysandra—. Testigos de que fuerzas de la Federación y del Imperio lucharon abiertamente en las Tierras Intermedias.

Viviana se quedó en silencio. Empezaba a ver el problema.

—Técnicamente —continuó Thorg—, violamos el Tratado de Neutralidad de los Territorios al desplegarte a ti y a Jax allí. Si emitimos una orden de búsqueda oficial, el Gran Maestre del Gremio de Aventureros querrá saber por qué la Federación está cazando a sus propios miembros. Investigarán. Y si descubren que rompimos el tratado…

—…sería catastrófico —concluyó Gideón—. El Gremio de Aventureros ha estado en muy malos términos con la Federación durante el último año, desde la disputa por los impuestos de las mazmorras del sur. Están buscando cualquier excusa para sancionarnos, para subir sus tarifas o, peor aún, para negarnos contratos.

El peso de la realidad política cayó sobre la sala. La Federación dependía de los aventureros para la escolta de caravanas, la limpieza de monstruos y la exploración. Si el Gremio se volvía en su contra, la economía de la Federación se paralizaría.

—No podemos tocar a esos cuatro aventureros oficialmente —dijo Thorg—. Al menos, no a través de su propio Gremio. Nos arriesgamos a una guerra diplomática que no podemos permitirnos ahora que el Imperio está moviendo fichas.

Viviana apretó su bastón con fuerza. La burocracia y la política volvían a atarle las manos.

—Entonces, ¿qué? —preguntó, conteniendo su frustración—. ¿Los dejamos ir? ¿Dejamos que los únicos hilos que nos conectan con el objetivo desaparezcan porque tenemos miedo de ofender a un grupo de mercenarios glorificados?

—No —dijo Lady Seris, una sonrisa sutil y peligrosa curvando sus labios—. Simplemente significa que no podemos usar el martillo público. Necesitamos usar un bisturí privado.

Gideón asintió, sus ojos brillando con malicia.

—Si no podemos usar el Gremio de Aventureros… usaremos a los que el Gremio desprecia.

Viviana levantó una ceja. —¿Estás sugiriendo…?

—Contratistas externos —dijo Gideón—. Cazarrecompensas sin licencia. Asesinos. Gente que no hace preguntas y que no reporta a ningún Gran Maestre.

Se volvió hacia Viviana.

—Jax conoce sus rostros. Tú conoces sus firmas mágicas. No emitiremos una orden oficial. Tú, Maestra Viviana, dirigirás una partida de caza “no oficial”. Encuentra a esos aventureros. Hazlos hablar. Y luego… asegúrate de que el Gremio de Aventureros nunca encuentre los cuerpos para quejarse.

Viviana sonrió. Esto le gustaba más. Sin reglas. Sin tratados. Solo caza.

—Entendido —dijo—. Consideradlo hecho.

La Federación no podía usar la ley. Así que usarían el crimen.

———————————————————

Lejos de la sala del consejo, en una habitación privada de sanación del Gremio, el aire olía a medicina fuerte y a ungüentos con olor a menta.

Jax estaba tumbado en una cama con sábanas suaves y acolchadas, con su pierna izquierda elevada y envuelta en un grueso capullo de vendas impregnadas de ungüentos alquímicos. El dolor era un latido sordo y constante, pero su mente estaba en otro lugar.

Estaba recordando el bosque. El sonido del disparo. Y, sobre todo, los ojos del hombre que lo había vencido.

Ese oficial imperial, Graves… tenía la misma mirada. Esa frialdad calculadora, esa ausencia de miedo, esa disposición a sacrificar cualquier cosa, incluso su propio cuerpo, para lograr un objetivo.

Le recordaba a su estúpido padre. Y ese recuerdo hacía que la bilis le subiera a la garganta.

Jax sabía que era un prodigio. Un “genio de la lanza”. Pero en la soledad de esa habitación, admitió una verdad que nunca diría en voz alta: no tenía un historial perfecto de victorias. Había perdido antes.

Había perdido contra su hermana cuando entrenaba con la espada, y también contra otros maestros y magos expertos cundo era mucho más joven e inexperto.

Y ahora, había perdido contra un hombre sin magia que simplemente fue más astuto que él.

La puerta de la habitación se abrió con un golpe, sacándolo de sus pensamientos oscuros.

Viviana entró como un vendaval, su túnica ondeando. No parecía importarle que él estuviera herido; su mente estaba fijada en la nueva misión.

—¡Arriba, Jax! —exclamó, caminando de un lado a otro de la habitación—. Tenemos luz verde. Bueno, más bien luz “negra”. Vamos a cazar a esos aventureros nosotros mismos. Sin reglas del Gremio. Sin burocracia.

Se detuvo al pie de su cama, mirándolo con impaciencia.

—Prepara tu lanza. Partiremos tan pronto como esa pierna sea funcional. Necesito que estés listo para moverte rápido.

Jax la miró desde la almohada, luego miró su pierna destrozada, y soltó un suspiro largo y cansado.

—Entonces será mejor que te pongas cómoda, Viviana —dijo con calma.

Viviana frunció el ceño. —¿De qué estás hablando? Los sanadores del Gremio son los mejores. Unos días, una semana a lo sumo…

—Fue un impacto directo de artillería, Vivi —la cortó Jax, señalando las vendas—. El hueso no solo se rompió, se astilló. Y la magia curativa no puede acelerar el crecimiento del hueso tan rápido sin dejarme cojo de por vida.

Jax se recostó, cerrando los ojos.

—El sanador jefe lo dejó claro. No podré caminar sin muletas, y mucho menos pelear contra una guerrera, hasta dentro de un mes.

—¿¡Un mes!? —gritó Viviana, su rostro enrojeciendo de frustración—. ¡En un mes podrían estar en cualquier parte! ¡Podrían cruzar el océano!

Jax se encogió de hombros, sin abrir los ojos.

—Entonces esperemos que les guste el turismo. Porque no me voy a mover de esta cama hasta que mi pierna deje de parecer un rompecabezas.

Viviana soltó un grito de pura rabia y salió de la habitación dando un portazo que hizo temblar las ventanas.

Jax se quedó solo en el silencio. Un mes.

Tenía un mes para sanar. Un mes para pensar. Y un mes para prepararse para el momento en que volvería a encontrarse con el hombre de la mirada gris.

La carrera había comenzado, pero para la Federación, acababa de ser puesta en una pausa forzosa. Y esa pausa le daría a los fugitivos la única cosa que el dinero no podía comprar: tiempo.

¡Excelente! Empezar con una descripción atmosférica y llena de historia es la mejor manera de situar al lector en este nuevo escenario. Establece la escala de la ciudad y su importancia en el mundo antes de reintroducir a nuestros héroes.

———————————————————

En el centro geográfico de las Tierras Intermedias, donde las rutas comerciales del este y el oeste se entrelazan como las arterias de un cuerpo vivo, se alza la

Ciudad Corazón.

No es una ciudad común. Es una metrópolis vertical, construida desafiando la gravedad sobre y alrededor de una serie de gigantescos pilares de roca natural que se elevan desde un cañón profundo. Puentes de piedra y acero conectan los distritos, y dirigibles y bestias voladoras llenan el cielo.

Es un lugar de ruido, dinero, oportunidades y peligros, fundado hace apenas doscientos años sobre las ruinas de algo mucho más antiguo que nadie se atreve a excavar.

Su historia está llena de misterios, pero hay un capítulo reciente que cada habitante conoce, una cicatriz de orgullo en la memoria de la ciudad: El Asedio de los Gigantes.

Ocurrió hace diez años. Las tribus de Gigantes de las Montañas Espinosas descendieron, no para saquear, sino para reclamar. Según sus cánticos, la Ciudad Corazón había sido construida sobre sus tierras ancestrales sagradas.

Fue una guerra brutal. Las murallas convencionales no servían de nada contra rocas del tamaño de casas lanzadas por seres de diez metros de altura. La ciudad estaba a punto de caer, de ser aplastada y devuelta al polvo.

Pero la ciudad sobrevivió. No gracias a un ejército, sino gracias a una sola mujer.

Fue el día en que Lady Althea, el Pilar de la Abjuración y Rectora de la Academia, demostró por qué es considerada una de las magas más poderosas de la historia.

Se dice que se paró en la torre más alta del distrito central. Durante tres días y tres noches, sin comer ni dormir, mantuvo una barrera de luz dorada que cubrió la ciudad entera. Las rocas de los gigantes se hacían polvo contra su escudo. Sus gritos de guerra fueron silenciados por su voluntad inquebrantable. Ella sola resistió el peso de una montaña cayendo sobre ella, protegiendo a millones de almas hasta que los refuerzos de los Gremios pudieron hacer retroceder a los gigantes.

Hoy, la Ciudad Corazón sigue en pie, más fuerte y rica que nunca, un monumento a la neutralidad armada y al comercio desenfrenado.

Y en algún lugar de sus laberínticas calles, entre el vapor de las máquinas y el brillo de los cristales mágicos, un nuevo edificio ha aparecido “misteriosamente” en un callejón olvidado del Distrito Bajo.

Ha pasado un mes desde la huida de Villaclara.

Y para los nuevos residentes de la ciudad, la vida de fugitivos acaba de convertirse en una vida de negocios.

Final del primer volumen.

Gracias por ver está historia, nos vemos luego.

🙂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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