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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 10 ¿Una Mañana Común
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9: Capítulo 10: ¿Una Mañana Común?

9: Capítulo 10: ¿Una Mañana Común?

Un violento…

TOC, TOC, TOC.

…golpeteo en la puerta principal arrancó a Zain de un sueño profundo y sin sueños.

Despertó de forma abrupta con un respingo.

El cuello le protestó con un crujido agudo y tenía una mejilla pegada a un pergamino por un charco de babas ya secas.

Estaba desplomado sobre su escritorio, rodeado por una fortaleza de libros abiertos y notas garabateadas.

La lámpara mágica a su lado todavía parpadeaba, indicando que se había quedado dormido en plena investigación.

TOC, TOC, TOC, TOC.

—¡Ya voy!

—gruñó al aire, su voz ronca por el desuso.

Se puso de pie, mareado por el agotamiento y el repentino cambio de postura.

Se frotó la cara, sintiendo las ojeras bajo sus ojos como surcos.

Se sentía, y probablemente se veía, como un nido de pájaros atropellado.

Bajó las escaleras con paso pesado, refunfuñando sobre los vecinos madrugadores y su falta de respeto por la investigación nocturna.

Al llegar a la sala principal, se detuvo.

La luz de la mañana se filtraba por las sucias ventanas, iluminando motas de polvo danzantes.

Y en el centro de esa luz, estaba Elysia.

Estaba sentada en el suelo sobre una manta, con las piezas de su armadura cuidadosamente dispuestas a su alrededor.

Estaba limpiando el peto con un paño, con un rostro de total concentración y devoción.

No era una tarea, era un rito.

Deslizaba el paño sobre el metal, repasando cada abolladura, cada rasguño, como si estuviera cuidando las heridas de un viejo amigo.

Había una calma, un aura de disciplina casi monástica en ella que contrastaba violentamente con el caos del taller y el aspecto desaliñado de Zain.

TOC, TOC, TOC…

¡ZAIN!

Con un suspiro de resignación, Zain se acercó a la puerta y la abrió.

Al otro lado había una joven de cabello y ojos marrones, cuyo rostro se iluminó con una cálida sonrisa en cuanto lo vio.

Sostenía una canasta llena de manzanas rojas y brillantes.

—¡Zain!

¡Por los dioses, pareces un fantasma!

—dijo la chica con una risa alegre—.

Mamá me dijo que seguro que te habías olvidado de comer otra vez, así que te traje esto.

Era Lina, la hija del panadero, una de las pocas personas en el pueblo que trataba a Zain con una familiaridad genuina y sin miedo.

—Lina.

Gracias, no era necesario —dijo Zain, intentando esbozar una sonrisa que probablemente pareció más una mueca de dolor.

—Claro que lo era.

Estás más desaliñado que de costumbre.

—Ella se inclinó para mirar dentro del taller—.

¿Otra vez te quedaste despierto leyendo esos libros polvorientos?

Deberías…

Lina se detuvo.

Su sonrisa se congeló.

Su mirada pasó por encima del hombro de Zain y se fijó en la escena que había dentro.

Vio a una mujer extraña, hermosa y de aspecto regio, vestida solo con ropas de dormir, sentada en el suelo y rodeada por las piezas de una armadura de guerra.

Elysia, sintiendo la nueva presencia, también se detuvo en seco.

Su mano, que había estado puliendo el grifo grabado, se posó sobre la pesada placa del peto.

Sus ojos grises se clavaron en la recién llegada con una intensidad fría y evaluadora.

El cerebro de Zain, capaz de procesar teorías dimensionales complejas, sufrió un cortocircuito catastrófico.

El silencio se hizo espeso y terriblemente incómodo.

—Oh…

—logró decir Lina, sus ojos marrones muy abiertos, pasando de la desconocida a Zain y de vuelta—.

Vaya.

Yo…

no sabía que tenías…

compañía.

—¡No es lo que parece!

—soltó Zain en un pánico susurrante, su tono haciendo que pareciera exactamente lo que parecía—.

¡Ella es…

un experimento!

No, ¡una paciente!

¡Una anomalía investigativa de otro mundo que golpea muy fuerte!

La explicación, a pesar de ser la verdad literal, sonó como la peor y más increíble mentira jamás contada.

Lina y Elysia lo miraron fijamente, una con absoluta confusión y la otra con una creciente sensación de alarma.

La mañana, definitivamente, había dejado de ser común.

—¡Una anomalía investigativa que golpea muy fuerte!

La explicación de Zain, a pesar de ser la verdad literal, sonó como la peor y más increíble mentira jamás contada.

Lina lo miró, su boca ligeramente abierta, tratando de procesar la sarta de tonterías que acababa de salir de la boca de su amigo.

Pero antes de que pudiera preguntar sobre la misteriosa mujer, su mirada se posó sobre el feo moretón que manchaba la mandíbula de Zain.

Bajo la pálida luz de la mañana, la marca resaltaba con un desagradable tono morado y verdoso.

El shock en el rostro de Lina se transformó instantáneamente en una clara preocupación.

Su expresión se suavizó, toda la extrañeza de la situación olvidada por un momento.

—Zain, por todos los cielos…

—dijo, su tono ahora teñido de alarma.

Olvidándose por completo de la desconocida, dejó la canasta de manzanas en el umbral con un golpe sordo y se adelantó.

Con una delicadeza que contradecía su repentina urgencia, tomó el rostro de Zain entre sus manos, inclinándolo hacia la luz para examinar mejor la herida.

Zain se tensó ante el contacto inesperado.

—¿Qué te ha pasado?

—preguntó Lina, su voz ahora baja y seria, sus pulgares rozando suavemente la piel magullada.

—¿Te has metido en una pelea?

¿Te caíste por las escaleras?

¡Parece que te hubiera golpeado un golem de piedra!

Zain entró en pánico.

Trató de apartar la cabeza, pero el agarre de Lina era sorprendentemente firme.

—¡No es nada!

—dijo, su voz subiendo una octava—.

Un…

un experimento alquímico.

¡Sí, eso es!

Una pequeña explosión controlada.

¡Salió un poco mal!

Mientras Zain balbuceaba su pésima excusa, la atención de Elysia, que había estado fija en la recién llegada como una posible amenaza, se agudizó.

Observó la interacción con el ojo analítico de un comandante.

Vio la preocupación genuina en el rostro de la chica del pueblo.

Vio la mentira terrible y el pánico en los ojos de Zain.

Y entonces, su mirada se desplazó desde la chica preocupada, al rostro de Zain, y finalmente, al feo moretón.

Lentamente, bajó la vista hacia su propia mano derecha, hacia los nudillos que todavía estaban ligeramente sensibles por el impacto de la noche anterior.

Las piezas encajaron en su lugar con una claridad incómoda y un peso inesperado en su estómago.

Ella le había hecho eso.

El “experimento alquímico que salió mal” no era un experimento.

Era ella.

Se dio cuenta de que su llegada no solo había trastocado la vida de Zain, sino que ya le estaba causando problemas tangibles con la gente de su propio mundo.

Por primera vez, no sintió ira ni miedo, sino un pinchazo de algo muy parecido a la culpa.

**** El balbuceo de Zain sobre “explosiones controladas” llenó el aire, cada palabra haciendo la situación más extraña y menos creíble.

Entonces, el suave sonido de una placa de metal contra el suelo de madera cortó el aire.

Zain y Lina se giraron instintivamente.

Elysia ya no estaba sentada.

Se había puesto de pie.

Se irguió en toda su estatura y comenzó a caminar hacia ellos.

No se movía con prisa ni con agresividad.

Se acercaba de forma recta y disciplinada, sus movimientos económicos y precisos, desprovistos de cualquier vacilación.

Con cada paso, su aura caballeresca, una cualidad innata que iba más allá de la magia, parecía llenar la habitación.

Había una dignidad en su postura, una confianza tranquila que hacía que la simple túnica de lino pareciera una vestimenta de gala.

Lina, que hasta ahora solo había visto a una “mujer extraña”, la observó de verdad por primera vez.

Se dio cuenta de lo alta que era, notablemente más alta que ella y que el propio Zain, con hombros anchos y fuertes forjados por el entrenamiento.

Vio su rostro de rasgos nobles, enmarcado por el cabello rubio pálido, y sus ojos grises, serios y penetrantes.

Era una belleza que no era delicada ni frágil, sino forjada, como el acero de una espada de gran calidad.

Lina, por un instante, sintió una punzada de algo que se parecía mucho a la envidia por esa presencia imponente.

Pero la envidia fue rápidamente eclipsada por una abrumadora sensación de admiración.

Elysia se detuvo a un paso de ellos, su mirada fija directamente en Lina, ignorando por completo al mago que ahora parecía encogerse bajo su presencia.

—Él miente —dijo Elysia.

Su voz era clara y firme, sin rastro de arrogancia ni de disculpa.

Cortó la tensión como un cuchillo.

Zain se quedó helado, sus ojos rojos muy abiertos.

El pánico en su rostro fue reemplazado por una expresión de pura y absoluta estupefacción.

Elysia no apartó la vista de Lina.

—No fue un experimento —continuó, su tono uniforme—.

Fui yo.

Yo le hice eso.

La declaración de hechos quedó suspendida en el aire, tan sólida y contundente como el golpe que describía.

Lina parpadeó, sus manos todavía en el rostro de Zain.

Su cerebro trató de reconciliar a la mujer imponente y digna que tenía delante con la idea de que había golpeado a su amigo en la cara.

Miró a Zain, luego de nuevo a Elysia, su mente corriendo para encontrarle sentido a una situación que se había vuelto infinitamente más complicada y, extrañamente, mucho más honesta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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