Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 El Rugido de la Tierra y el Despertar del Acuífero
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13: Capítulo 13: El Rugido de la Tierra y el Despertar del Acuífero 13: Capítulo 13: El Rugido de la Tierra y el Despertar del Acuífero El horizonte de las Tierras de la Salitre ya no era una línea blanca y pura.
Ahora, estaba manchado por el gris metálico de los barcos de arena del Clan del Rayo.
Las naves se deslizaban sobre los cristales de sal con un zumbido eléctrico que erizaba los vellos del cuello de Kai.
Eran doce embarcaciones en formación de cuña, cada una armada con lanzabalistas cargadas de flechas de trueno, diseñadas para perforar incluso las defensas de un cultivador de alto rango.
—Están preparando el asalto —murmuró Lyra, cuyos dedos trazaban símbolos de protección en el aire de forma instintiva—.
Si disparan todos a la vez, el calor convertirá la sal bajo nuestros pies en vidrio líquido.
Estaremos atrapados.
Kai no respondió de inmediato.
Estaba observando su mano derecha, donde el guantelete de jade y hierro negro parecía absorber la poca luz que quedaba del atardecer.
El peso de la “Garra del Este” ya no era una carga; era una extensión de su propia voluntad.
Podía sentir el agua a cientos de metros bajo la costra estéril, una reserva antigua y furiosa que el dragón había escondido para un momento como este.
—Que disparen —dijo Kai.
Su voz era tan tranquila que resultó inquietante—.
El cielo siempre ha creído que tiene el derecho de golpear sin ser tocado.
Hoy, la tierra les va a devolver el golpe.
El comandante de la flota del Rayo, un hombre de armadura centelleante llamado Lord Vane, levantó su espada de luz.
—¡Fuego de Juicio!
—rugió.
Doce lanzas de electricidad pura cortaron el aire simultáneamente.
El silbido fue ensordecedor.
Justo antes del impacto, Kai no levantó un escudo.
En lugar de eso, hundió su guantelete de jade directamente en la huella del dragón que estaba grabada en la roca de basalto.
—¡Despierta!
—ordenó Kai.
El suelo no se levantó para protegerlo.
El suelo se abrió.
Un géiser de agua a una presión inimaginable estalló desde el centro del desierto.
Pero no era agua común; estaba saturada de minerales y Qi esmeralda.
El chorro de agua interceptó las doce flechas eléctricas en pleno vuelo.
La colisión del agua cargada de tierra contra la electricidad del rayo creó una explosión de vapor y lodo que cubrió todo el campo de batalla en una niebla densa y opaca.
—¡No puedo ver nada!
—gritaron los soldados desde los barcos de arena—.
¡Activen los sensores de Qi!
—Es inútil —dijo Kai desde el interior de la niebla.
Su figura era apenas una sombra esmeralda moviéndose entre el vapor—.
En mi dominio, el Qi es el que me sirve a mí.
Kai aprovechó la confusión.
No necesitaba correr; usó la humedad del acuífero para deslizarse sobre el salitre como si estuviera patinando sobre hielo.
Apareció bajo el barco insignia de Lord Vane.
Con un movimiento ascendente de su guantelete, invocó una columna de piedra afilada que surgió del suelo con la fuerza de un misil.
La columna atravesó el casco de madera reforzada del barco como si fuera papel.
La nave se inclinó violentamente, arrojando a los soldados al mar de sal.
—¡Tú!
¡Maldito campesino!
—Vane saltó del barco en llamas, rodeado por un aura de rayos azules—.
¡Crees que un poco de agua y piedra puede detener el poder del firmamento!
Vane lanzó una estocada con su espada.
Kai bloqueó el golpe con su antebrazo de jade.
El choque de metal contra piedra resonó por todo el desierto, creando una onda de choque que disipó la niebla.
Vane retrocedió, con los ojos abiertos de par en par al ver que su espada, una reliquia del clan, tenía una mella profunda.
—No soy un campesino —dijo Kai, avanzando paso a paso.
Cada pisada hacía que el suelo bajo Vane temblara—.
Soy el recordatorio de que todo lo que vuela, tarde o temprano, tiene que aterrizar.
Kai cerró el puño.
El acuífero que seguía brotando comenzó a girar alrededor de él, formando una espiral de agua y fragmentos de roca que recordaba la forma de un dragón joven.
Era la técnica que el Protector había insinuado: la “Danza del Aluvión Esmeralda”.
Con un gesto de su mano, el dragón de agua y piedra se lanzó contra los barcos restantes.
Las naves, diseñadas para la velocidad y no para resistir impactos masivos de masa terrestre, fueron destrozadas una tras otra.
Los rayos de los soldados eran absorbidos por el agua y descargados de forma inofensiva en la tierra.
Lord Vane, viendo su flota destruida en minutos por un solo joven, cayó de rodillas sobre la sal.
—¿Quién eres…?
—preguntó con la voz rota —.
Ningún humano puede controlar la voluntad de la tierra de esta manera.
Kai se detuvo frente a él.
La luz de la luna llena se reflejaba en su guantelete de jade.
—Soy Kai —respondió simplemente—.
Y este es el último día que el Clan del Rayo pisa este desierto.
Kai no mató a Vane.
En lugar de eso, usó su poder para sellar las salidas de energía del comandante, dejándolo como un hombre común.
—Vuelve con tu emperador.
Dile que el panadero ha terminado de hornear.
Dile que el Dragón de Esmeralda tiene hambre.
Kai regresó junto a Lyra, quien lo miraba con una mezcla de orgullo y un profundo respeto que rayaba en el temor.
El desierto, antes blanco y estéril, ahora tenía un río de agua dulce corriendo por su centro, y pequeñas flores de cristal empezaban a brotar entre las grietas.
—Hemos ganado —susurró Lyra—.
Pero Kai…
el emperador enviará a los Inmortales ahora.
Esto ya no es una disputa de clanes.
Esto es una guerra santa.
—Que así sea —dijo Kai, mirando hacia las estrellas—.
Que el cielo se prepare, porque la tierra ya no se va a quedar quieta.
Se sentaron a descansar mientras el agua del acuífero seguía transformando el desierto.
Mañana a las 6:00 AM, el mundo entero sabría que el equilibrio se había roto para siempre.
¿Qué pasará cuando la noticia del acuífero y la derrota de Lord Vane llegue a la capital del firmamento, y cuál será el siguiente fragmento del dragón que Kai deberá encontrar?
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