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Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 La Senda de las Espinas de Sal
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14: Capítulo 14: La Senda de las Espinas de Sal 14: Capítulo 14: La Senda de las Espinas de Sal ​El estruendo de la batalla contra la legión del Rayo se había disipado, dejando tras de sí un silencio antinatural que solo era interrumpido por el goteo constante del acuífero recién despertado.

Kai permanecía de pie, observando cómo el agua transformaba el suelo blanco en un lodo grisáceo y fértil.

Su guantelete de jade aún emitía un tenue fulgor esmeralda, pulsando al ritmo del corazón de la tierra.

​ —No podemos quedarnos aquí, Kai —dijo Lyra, acercándose con cautela—.

El agua es una bendición, pero también es un faro.

Cualquier cultivador en un radio de cien kilómetros sentirá este cambio en el equilibrio elemental.

La Llama Blanca no tardará en enviar rastreadores de élite.

​ Kai asintió.

No sentía cansancio físico, pero su mente estaba saturada por las memorias del dragón que fluían a través del ámbar en su pecho.

Cada vez que usaba su poder, la línea entre el panadero que fue y el soberano que debía ser se volvía más delgada.

​ —Tienes razón.

Debemos movernos hacia el Este, hacia las montañas de Vena Seca —respondió Kai, su voz cargada de una autoridad que no admitía réplica.

​ Recogieron lo poco que tenían y se internaron en una zona del desierto conocida como la “Senda de las Espinas”.

Aquí, la sal no formaba llanuras lisas, sino estructuras puntiagudas y frágiles que se elevaban como agujas desde el suelo.

Caminar entre ellas era como atravesar un campo de cuchillas de cristal; un paso en falso podía desgarrar la piel y dejar que la salitre entrara directamente en la sangre.

​ A medida que avanzaban, Kai notó que Lyra caminaba con dificultad.

Su rostro estaba pálido y sus labios tenían un tinte azulado.

El esfuerzo de la batalla y el aire cáustico del desierto estaban cobrándose su precio en una cartógrafa que no poseía un cuerpo cultivado para la resistencia extrema.

​ —Descansa —ordenó Kai, deteniéndose junto a una formación rocosa que ofrecía un poco de sombra.

​ —Estoy bien, Kai…

solo es el calor —mintió ella, pero sus piernas cedieron y tuvo que sentarse pesadamente contra la piedra.

​ Kai se arrodilló frente a ella.

Por primera vez, no usó su poder para destruir o construir, sino para observar.

Colocó su mano de carne sobre el hombro de Lyra y cerró los ojos.

Vio su flujo de Qi: era errático, obstruido por partículas de salitre que había inhalado.

El desierto estaba intentando “secarla” desde adentro.

​ Sin decir una palabra, Kai activó el guantelete.

Pero esta vez, la luz no fue violenta.

Fue una calidez suave, como el vapor que surge del pan recién horneado.

Dirigió una pequeña corriente de agua pura del acuífero, infundida con esencia de ámbar, a través del sistema respiratorio de Lyra.

​ Ella soltó un suspiro largo y profundo mientras el Qi de Kai disolvía los cristales de sal en sus pulmones.

El color regresó a sus mejillas y sus ojos dorados recuperaron su brillo.

​ —Gracias…

—susurró ella, mirándolo con una mezcla de gratitud y sorpresa—.

Nunca había visto a un cultivador de tierra usar su elemento para la sanación interna.

Normalmente, eso es territorio del elemento agua o madera.

​ —La tierra no solo sepulta, Lyra.

También sostiene la vida —respondió Kai, ayudándola a levantarse—.

Si el barro puede curar las heridas de las bestias, ¿por qué no las nuestras?

​ Continuaron su camino bajo la luz de la luna, que bañaba las espinas de sal con un brillo plateado.

De pronto, el guantelete de Kai comenzó a vibrar con una frecuencia metálica.

Se detuvo y presionó su oído contra el suelo.

​ —¿Qué pasa?

—preguntó Lyra, poniéndose en guardia.

​ —Hay algo debajo de nosotros.

No es agua…

es metal.

Mucho metal.

​ Kai golpeó el suelo con su puño de jade.

El sonido que devolvió la tierra fue hueco y resonante.

Con un movimiento fluido, hizo que una sección de la salitre se hundiera, revelando la entrada a una antigua mina que había sido sellada hace milenios.

De las profundidades emergió un olor a óxido y a algo mucho más antiguo: Esencia de Hierro Estelar.

​ —Este lugar no está en los mapas —dijo Lyra, acercándose al borde del agujero con fascinación—.

Las leyendas dicen que los ancestros del Dragón de Esmeralda forjaron sus garras con este metal.

Si logramos entrar y recuperar aunque sea una pizca…

​ —No estamos solos —interrumpió Kai, mirando hacia la oscuridad de la mina.

​ De las sombras surgieron tres figuras encapuchadas.

No vestían las túnicas de los clanes nobles, sino harapos reforzados con placas de metal oxidado.

Sus ojos brillaban con una luz amarillenta en la oscuridad, y en sus manos portaban armas que parecían parte de sus propios cuerpos.

Eran los Nómadas de la Escoria, parias que habían sobrevivido en las minas abandonadas durante generaciones, convirtiéndose en algo que ya no era del todo humano.

​ —La superficie nos envía un regalo —siseó el líder de los nómadas, levantando una lanza hecha de un material que parecía hueso metálico—.

Un chico con una joya en el pecho y una chica que huele a tinta.

¿Saben cuánto vale el ámbar en el mercado negro de las profundidades?

​ Kai se puso frente a Lyra, sus ojos esmeralda brillando con una intensidad que hizo que los nómadas retrocedieran un paso.

​ —No vengo a vender nada —dijo Kai, y el suelo de la mina comenzó a temblar bajo sus pies—.

Vengo por lo que es mío por derecho de sangre.

Pueden ser mis guías en la oscuridad…

o pueden ser parte del suelo que piso.

Elijan rápido.

​ El líder de los nómadas soltó una carcajada ronca, pero su risa se cortó en seco cuando vio que las paredes de la mina comenzaban a cerrarse sobre ellos por la simple voluntad de Kai.

​ ¿Podrá Kai negociar con estos seres de las profundidades para obtener el Hierro Estelar, o se verá obligado a luchar en un entorno donde la luz del sol no puede protegerlo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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