Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 El Ecosistema de la Resistencia
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18: Capítulo 18: El Ecosistema de la Resistencia 18: Capítulo 18: El Ecosistema de la Resistencia El aire de la superficie, aunque seco y cargado de salitre, sabía a victoria.
Kai permanecía en la cima de la duna más alta, observando cómo los tres mil Nómadas de la Escoria se organizaban en un campamento improvisado alrededor de la entrada de la mina.
Ya no eran simples parias escondidos en la oscuridad; ahora eran una fuerza que había derrotado a una guarnición imperial.
Sin embargo, Kai sabía que la euforia era un velo peligroso.
—No tenemos suministros para más de tres días, Kai —dijo Lyra, acercándose con un semblante de preocupación mientras revisaba unos viejos barriles de raciones recuperados de la guarnición—.
El Clan del Rayo ha quemado los oasis cercanos.
Intentan asediarnos por hambre antes de que sus refuerzos lleguen.
Kai bajó la mirada hacia sus manos.
El guantelete de jade pulsaba con una luz suave, sincronizada con el latido del Corazón de Ámbar.
—La tierra no necesita oasis para proveer, Lyra.
Solo necesita que alguien sepa pedirle —respondió Kai con una voz que parecía vibrar desde el suelo mismo.
Caminó hacia el centro del campamento.
Los nómadas se apartaban a su paso, golpeando sus pechos en señal de respeto.
Kai se detuvo en un área de tierra baldía y hundió su maza, la Quebrantacielos, en el suelo.
No usó fuerza bruta, sino que canalizó una corriente de Qi esmeralda directamente hacia las capas freáticas que el dragón había protegido milenios atrás.
Ante los ojos asombrados de todos, el suelo comenzó a agrietarse, pero no para destruirse.
Del centro de las grietas brotaron raíces gruesas y plateadas que se retorcieron hasta formar estructuras habitables, similares a cabañas naturales de madera petrificada.
Segundos después, pequeñas fuentes de agua pura empezaron a manar de las piedras, filtradas por la esencia del ámbar.
—Este es el inicio de la Cuna de las Raíces —sentenció Kai—.
Ya no somos fugitivos.
Estamos construyendo los cimientos de lo que vendrá.
Sin embargo, la paz duró poco.
Un explorador nómada llegó corriendo, con el rostro pálido y la respiración entrecortada.
—¡Soberano!
En el horizonte…
no son soldados comunes.
El cielo se ha vuelto negro y los rayos no caen, se quedan suspendidos en el aire.
Kai y Lyra miraron hacia el Norte.
Una figura solitaria descendía de las nubes, envuelta en una túnica de seda blanca que brillaba con una luz eléctrica constante.
No necesitaba un grifo ni un barco de arena; caminaba sobre el aire como si fueran escalones sólidos.
—Un Inmortal de la Llama Blanca —susurró Lyra, y por primera vez en mucho tiempo, Kai sintió que su pulso se aceleraba—.
Es el General Kaelen, el “Martillo del Firmamento”.
Se dice que él solo arrasó una provincia entera durante la Gran Purga.
Kaelen se detuvo a cien metros de altura sobre el campamento.
Su voz, amplificada por el Qi de rayo, resonó como un trueno que sacudió los huesos de todos los presentes.
—Heredero de la Escoria, has osado despertar lo que estaba destinado a pudrirse bajo tierra —dijo el Inmortal, y sus ojos eran dos pozos de electricidad azul—.
Entrega el Corazón de Ámbar y permitiré que tu gente muera de forma rápida.
De lo contrario, convertiré este desierto en un altar de cristal y sangre.
Kai apretó el mango de la Quebrantacielos.
Sintió el miedo de los nómadas tras él, pero también sintió la furia de la tierra bajo sus pies.
El Inmortal representaba todo lo que Kai odiaba: la arrogancia de creer que lo que está arriba es intrínsecamente superior a lo que sostiene el mundo.
—General —respondió Kai, su voz siendo proyectada por la densidad del aire a su alrededor—, el cielo suele olvidar que, por muy alto que vuele, siempre termina cayendo ante la gravedad.
Baja de tu nube y veamos si tu rayo es más fuerte que mi cimiento.
Kaelen soltó una carcajada gélida y extendió su mano hacia el cielo.
Una tormenta ciclónica comenzó a formarse instantáneamente sobre el campamento, con rayos negros que prometían una destrucción absoluta.
—Que así sea, semilla insignificante.
¿Podrá Kai resistir el poder de un verdadero Inmortal con su nuevo dominio de la tierra, o es el General Kaelen un obstáculo demasiado grande para el soberano naciente?” ¡Gracias por el increíble apoyo!
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