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Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 19

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  3. Capítulo 19 - 19 Capítulo 19 El Colapso del Rayo y el Abrazo del Abismo
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19: Capítulo 19: El Colapso del Rayo y el Abrazo del Abismo 19: Capítulo 19: El Colapso del Rayo y el Abrazo del Abismo ​ ​El cielo sobre el campamento de los nómadas dejó de ser azul para convertirse en un sudario de color violeta eléctrico.

El General Kaelen, el “Martillo del Firmamento”, permanecía suspendido en el aire, su túnica blanca ondeando no por el viento, sino por la presión del Qi que emanaba de su cuerpo.

A su alrededor, el aire crujía con el sonido de mil cristales rompiéndose; cada vez que parpadeaba, un arco de electricidad conectaba sus ojos con las nubes superiores.

​ —Tu arrogancia es casi tan grande como tu ignorancia, semilla de barro —la voz de Kaelen descendió como una sentencia divina—.

He visto imperios de piedra convertirse en polvo bajo mis pies.

¿Crees que un mayal de jade y un puñado de parias pueden detener el avance del cielo?

​ Kai no respondió con palabras.

Clavó sus pies en la arena blanca, sintiendo cómo las raíces que él mismo había invocado bajo el suelo se entrelazaban con sus propias piernas, anclándolo al núcleo mismo del desierto.

El Corazón de Ámbar en su pecho pulsaba con una luz esmeralda tan densa que el aire a su alrededor comenzó a volverse pesado, aumentando la gravedad local hasta que los granos de arena dejaron de volar y cayeron como perdigones de plomo.

​ Kaelen extendió su mano derecha.

No invocó un rayo común; creó una lanza de plasma sólido, de un blanco tan puro que quemaba las retinas de quienes intentaban mirarla.

​ —Técnica Sagrada del Firmamento: El Juicio de la Llama Blanca —susurró el Inmortal.

​ La lanza descendió a una velocidad que superaba la percepción humana.

El estallido inicial fue tan potente que la onda de choque lanzó a los nómadas más cercanos a decenas de metros de distancia.

Pero cuando el resplandor disminuyó, Kai seguía allí.

Había levantado su mayal, la Quebrantacielos, y la maza de jade estaba absorbiendo el impacto, canalizando la electricidad directamente hacia el suelo a través de la cadena de hierro estelar.

​ —El cielo grita mucho, pero la tierra sabe guardar silencio —dijo Kai, y sus ojos se volvieron dos pozos de color verde absoluto.

​Kai giró su arma sobre su cabeza, generando un torbellino de presión gravitatoria.

Con un rugido, lanzó la maza hacia el cielo.

El arma no voló sola; la tierra misma pareció estirarse tras ella.

Columnas de piedra volcánica surgieron del suelo, siguiendo la trayectoria del mayal como si fueran las garras de un dragón emergiendo del abismo para reclamar su presa.

​ Kaelen, sorprendido por la masa física que se le venía encima, tuvo que abandonar su postura estática.

Se desplazó por el aire como un relámpago, pero la gravedad de Kai lo perseguía.

La Quebrantacielos no buscaba golpearlo directamente; buscaba atraparlo.

​ —Dominio de la Raíz: Prisión de los Mil Milenios —rugió Kai.

​ De repente, la gravedad en un radio de cien metros alrededor de Kaelen se multiplicó por veinte.

El Inmortal, acostumbrado a la ligereza del vuelo, sintió cómo sus órganos eran presionados contra sus costillas.

Su descenso fue violento.

Impactó contra una de las columnas de piedra que Kai había instante, el suelo se cerró sobre él.

​ Las raíces plateadas que Kai había invocado anteriormente se retorcieron como serpientes hambrientas, envolviendo las extremidades del General Inmortal.

Kaelen gritó, liberando una explosión de Qi de rayo que incineró las primeras capas de madera, pero por cada raíz que quemaba, diez más surgían de la tierra, nutridas por el flujo infinito del Corazón de Ámbar.

​ —¡Suéltame, animal de tierra!

—bramó Kaelen, sus ojos inyectados en sangre—.

¡Soy un Inmortal!

¡He sido ungido por el mismo Emperador!

​ Kai caminó hacia él, cada paso haciendo que la tierra temblara rítmicamente.

Se detuvo a pocos metros del General, quien ahora luchaba por mantener la cabeza fuera de la arena movediza que Kai había creado.

​ —Ese es tu error, General —dijo Kai, su voz sonando como el choque de placas tectónicas—.

Crees que ser ungido por un hombre te hace superior a la madre que nos sostiene a todos.

El cielo es solo el espacio que la tierra no ha reclamado todavía.

​ Kai levantó su mano de jade sobre la cabeza de Kaelen.

No buscaba matarlo simplemente; buscaba enviar un mensaje.

A través del contacto físico, Kai comenzó a drenar el Qi de rayo del Inmortal, filtrándolo a través de su guantelete y purificándolo para alimentar la red de raíces que ahora sostenía el campamento.

​ —Dile a tu Emperador que su “luz” ahora sirve para dar de beber a mis parias —sentenció Kai.

​ Con un movimiento final de su voluntad, Kai hundió a Kaelen en una cámara de estasis subterránea, sellándolo con una capa de obsidiana que ni siquiera un Inmortal podría romper desde adentro.

El cielo se aclaró instantáneamente.

El silencio regresó al desierto, roto solo por los gritos de júbilo de los nómadas que acababan de presenciar lo imposible: la caída de un semidiós.

​ Lyra se acercó a Kai, su rostro lleno de una mezcla de terror y adoración.

—Has capturado a un General Inmortal, Kai…

Eso no es solo una rebelión.

Eso es una declaración de guerra total.

El Emperador enviará a sus guardianes personales ahora.

​ Kai miró sus manos, que aún vibraban con la energía robada del rayo.

—Que los envíe.

Necesito más abono para que este desierto vuelva a florecer.

​ ¿Qué pasará cuando la noticia de la captura de Kaelen llegue a la Capital del Firmamento, y podrá Kai manejar la inmensa energía de rayo que ahora corre por sus canales de Qi sin destruir su propio cuerpo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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