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Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 23

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  3. Capítulo 23 - 23 Capítulo 23 La Danza del Silencio y el Acero
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23: Capítulo 23: La Danza del Silencio y el Acero 23: Capítulo 23: La Danza del Silencio y el Acero ​ ​La Bestia de Guerra Mecánica, una mole de bronce místico y engranajes de obsidiana de casi tres metros de altura, permanecía inmóvil frente al ascensor de cristal que conducía a la cúspide.

Sus ojos, dos lentes de zafiro cargados con Qi de rayo condensado, barrían el pasillo con una luz azulada y gélida que parecía capaz de desintegrar la realidad misma.

Era una creación del Departamento de Ingenios del Firmamento, diseñada con un solo propósito: detectar y eliminar cualquier rastro de Qi que no llevara el sello de lealtad del Emperador.

​ Kai hizo una señal silenciosa a los nómadas para que se mantuvieran en las sombras del conducto de ventilación.

El aire en el Sector Siete estaba tan cargado de estática que los vellos de sus brazos se erizaban y el olor a ozono se volvía casi insoportable.

​ —Esa cosa no tiene alma, Kai —susurró Lyra, con los nudillos blancos de tanto apretar su daga—.

No puedes razonar con una máquina de guerra, y si intentas golpearla con la Quebrantacielos, el estruendo de la colisión despertará a toda la guarnición de la torre sería un suicidio.

​ Kai observó los patrones de movimiento de la bestia con una calma sobrenatural.

Cada engranaje girando, cada pistón que soltaba vapor de Qi sobrante, emitía una vibración específica que él podía sentir a través de las placas de metal del suelo, como si fueran latidos de un corazón artificial.

Para otros, era una máquina invencible; para el Señor de la Raíz Eléctrica, era un complejo rompecabezas de frecuencias y minerales procesados.

​ —No voy a golpearla, Lyra —respondió Kai, y sus pupilas se dilataron, brillando con un verde eléctrico que devoraba la penumbra— Voy a recordarle que el metal también es hijo de la tierra.

​ Kai se deslizó fuera del conducto con una gracia felina, moviéndose exactamente en los “puntos ciegos” de las vibraciones de la máquina.

Cuando estuvo a escasos tres metros de la mole de bronce, la bestia detectó una anomalía gravitacional.

Sus placas pectorales se abrieron rítmicamente, revelando un cañón de plasma que comenzó a zumbar con una nota aguda y mortal.

​ Antes de que la máquina pudiera desatar su fuego, Kai se arrodilló y puso su mano de jade directamente sobre el suelo metálico.

No invocó rocas ni raíces de madera petrificada.

En su lugar, envió un pulso de Qi Híbrido —tierra y rayo en perfecta armonía— a través de las moléculas del acero imperial.

​ —Técnica de la Raíz Muda: Interferencia de Núcleo —sentenció Kai en un susurro cargado de autoridad.

​ El pulso no buscaba destruir a la bestia, sino “engañar” a su cerebro de obsidiana.

El rayo contenido dentro de la máquina reconoció la firma energética de Kai como una extensión del sistema de mando central de la Ciudad del Firmamento.

El zumbido del cañón se apagó de golpe.

Los ojos de zafiro de la bestia parpadearon erráticamente y luego se tornaron de un verde pálido, entrando en un modo de hibernación profunda.

La mole de metal quedó petrificada, convertiéndose en una estatua inofensiva en medio del pasillo.

​ —Imposible…

—murmuró Lyra, saliendo de las sombras con los ojos abiertos de par en par—.

Has hackeado un ingenio de Grado Imperial usando solo la resonancia de tu voluntad.

​ —El metal tiene memoria, Lyra.

Solo tuve que recordarle a quién le debe obediencia realmente —dijo Kai, dirigiéndose al ascensor de cristal sin mirar atrás—.

Ahora, subamos.

Meilin no puede esperar ni un segundo más bajo ese suplicio.

​ Entraron en la cápsula de cristal.

A medida que el ascensor se disparaba hacia la cúspide de la Torre del Sol a una velocidad vertiginosa, la capital entera se desplegaba bajo ellos como un mar de luces artificiales alimentadas por el dolor de los oprimidos.

Kai apretó el mango de su mayal, sintiendo cómo el Corazón de Ámbar en su pecho rugía con una furia contenida.

Estaban a punto de violar el santuario personal del Emperador.

​ —Prepárate —advirtió Kai, mientras las puertas del ascensor se deslizaban sin ruido en el nivel más alto—.

Siento una presencia que no pertenece a los soldados comunes.

Alguien nos ha estado esperando.

​ En el centro de la vasta sala circular, rodeada de columnas de cristal que extraían su esencia vital en hilos de luz pura, estaba Meilin.

Se veía frágil, casi transparente.

Pero frente a ella, bloqueando el único camino, no había generales ni batallones.

Había un hombre joven, vestido con ropas de panadero idénticas a las que Kai usaba antes de la masacre de su aldea.

La figura sostenía un pequeño cuchillo de madera y lo miraba con ojos llenos de una tristeza infinita.

​ —¿Hermano?

—preguntó la figura con una voz que sonaba como un eco doloroso del pasado de Kai—.

¿Por qué has tardado tanto en salvarnos?

El horno ya está frío y madre no deja de llorar.

​ Kai se detuvo en seco, sintiendo un escalofrío que le recorrió la espina dorsal.

Por un momento, el guerrero de jade flaqueó y el panadero que fue reclamó su lugar.

Sin embargo, el Corazón de Ámbar en su pecho lanzó un latido violento de Qi puro, detectando la falsedad de la frecuencia.

Aquello no era un reencuentro milagroso; era la trampa más cruel y refinada de los Inmortales: una Ilusión de Grado Divino diseñada para quebrar su espíritu antes del combate final.

​ —No eres él —dijo Kai, y el suelo de cristal de la torre comenzó a agrietarse bajo su peso, mientras su aura esmeralda empezaba a quemar la ilusión como si fuera papel viejo—.

Mi hermano murió protegiendo la puerta.

Y tú…

tú eres solo el siguiente abono para mis raíces.

​ ¿Podrá Kai romper el espejismo de su antigua vida antes de que la torre absorba el último aliento de Meilin, o el guardián de la ilusión tiene preparada una verdad aún más dolorosa para el soberano del jade?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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