Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 El Espejismo de la Sangre y el Despertar del Dragón
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24: Capítulo 24: El Espejismo de la Sangre y el Despertar del Dragón 24: Capítulo 24: El Espejismo de la Sangre y el Despertar del Dragón La sala circular de la Torre del Sol parecía distorsionarse.
Las paredes de cristal, que un segundo antes mostraban la ciudad imperial, ahora se derretían para revelar el humilde horno de la panadería de Kai.
El olor a ozono fue reemplazado por el aroma a trigo recién horneado, y el frío del acero dejó paso a un calor hogareño que resultaba dolorosamente acogedor.
Frente a él, la figura que vestía sus mismas ropas de panadero extendió una mano temblorosa, con los ojos cargados de una nostalgia que quemaba más que el fuego de un Inmortal.
—¿Por qué empuñas un arma de guerra, Kai?
—preguntó el “hermano”, con una voz que era un susurro de culpabilidad—.
Nosotros no somos guerreros.
Somos los que alimentan al pueblo.
Suelta ese metal maldito y vuelve a casa.
Madre aún tiene un lugar para ti en la mesa.
Kai sintió que sus dedos se aflojaban alrededor del mango de la Quebrantacielos.
Por un instante, el peso de su destino le pareció insoportable comparado con la simplicidad de su vida anterior.
Sin embargo, cuando estuvo a punto de soltar el arma, el Corazón de Ámbar en su pecho lanzó una descarga de Qi esmeralda tan violenta que su visión se tiñó de verde.
—La casa que mencionas es ceniza, y la mesa que recuerdas fue quemada por los mismos que te han creado —dijo Kai, y su voz recuperó la firmeza del granito.
Kai cerró los ojos, no para ignorar la ilusión, sino para sentirla.
Usó su Técnica de la Raíz Eléctrica para escanear las frecuencias de la sala.
Detectó que la ilusión no provenía de su mente, sino de una red de cristales invisibles suspendidos en el aire que manipulaban sus impulsos nerviosos.
—Técnica del Pulso Telúrico: Juicio de la Realidad —sentenció Kai.
En lugar de atacar a la figura frente a él, golpeó el suelo con la base de su mayal.
La onda de choque no se expandió por la superficie, sino que viajó como una descarga de alta frecuencia a través del aire.
Uno a uno, los cristales ocultos en el techo estallaron, incapaces de soportar la resonancia de Kai.
El escenario de la panadería se fragmentó como un espejo roto, revelando la fría y tecnológica realidad de la torre.
La figura del “hermano” se retorció, transformándose en una masa de Qi oscuro que retrocedió hacia las sombras.
En su lugar, apareció el verdadero artífice del engaño: un Sacerdote de la Llama Blanca, cuyos ojos estaban cosidos con hilos de oro para potenciar sus visiones místicas.
—Has roto el Velo de la Eternidad…
—siseó el sacerdote, tosiendo sangre negra—.
Ningún mortal debería ser capaz de distinguir la verdad bajo la presión de nuestro incienso divino.
—Los que caminan sobre la tierra no necesitan incienso para ver el camino —respondió Kai, avanzando un paso.
El suelo bajo sus botas de jade se agrietaba con cada movimiento—.
Y tú has cometido el error de usar el recuerdo de mi familia como un arma.
Ahora, el precio es tu alma.
Kai no le dio tiempo a recitar otro hechizo.
Con un movimiento fluido, lanzó la cadena de la Quebrantacielos.
El arma se envolvió en rayos esmeralda y blancos, golpeando el pecho del sacerdote con la fuerza de un desprendimiento de tierras.
El impacto fue seco y definitivo; el cuerpo del místico fue lanzado contra una de las columnas de extracción, rompiendo el flujo de energía que mantenía prisionera a Meilin.
Meilin cayó del soporte místico, pero Kai fue más rápido.
La atrapó en sus brazos antes de que tocara el suelo.
Estaba pálida, sus canales de Qi estaban casi vacíos, pero al sentir el calor del Corazón de Ámbar de su hermano, sus ojos se abrieron débilmente.
—Sabía…
que vendrías —susurró ella, antes de perder el conocimiento.
Kai la abrazó con fuerza, sintiendo cómo la energía híbrida en su propio cuerpo se estabilizaba al entrar en contacto con la “Semilla” de su hermana.
Sin embargo, la victoria fue interrumpida por un sonido que heló la sangre de Lyra y los nómadas que acababan de llegar a la sala.
Desde el balcón exterior, una sombra gigantesca se proyectó sobre ellos.
Un hombre de armadura dorada, con alas de plasma que se extendían por diez metros, descendió lentamente.
No era un General, ni un Inmortal común.
Era el Príncipe Heredero del Firmamento, el ejecutor personal del Emperador.
—Has causado un desorden interesante, panadero —dijo el Príncipe, desenvainando una espada de luz solar pura—.
Pero has cometido el error de entrar en mi nido.
Ahora, devuélveme la Semilla y te prometo que tu ejecución será el único acto de misericordia que recibirás hoy.
Kai levantó la Quebrantacielos, que ahora brillaba con un aura que combinaba el verde de la tierra, el blanco del rayo y un nuevo tono plateado nacido de su furia protectora.
—Si quieres a mi hermana —dijo Kai, y el edificio entero comenzó a inclinarse hacia un lado bajo su presión gravitacional—, tendrás que arrancar estas raíces desde el mismísimo núcleo del mundo.
¿Podrá Kai enfrentar al guerrero más poderoso del Imperio mientras protege el cuerpo inconsciente de su hermana, o la Torre del Sol se convertirá en el lugar donde el linaje del Dragón se extinga para siempre?
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