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Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 25

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  3. Capítulo 25 - 25 Capítulo 25 El Ocaso del Sol Imperial
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25: Capítulo 25: El Ocaso del Sol Imperial 25: Capítulo 25: El Ocaso del Sol Imperial ​ ​El aire en la cúspide de la Torre del Sol se volvió denso, cargado con el olor a ozono y a carne quemada por la intensidad del Qi que emanaba del Príncipe Heredero.

Sus alas de plasma, de un dorado tan puro que cegaba, se extendían por la sala proyectando sombras alargadas sobre Kai, quien sostenía el cuerpo inconsciente de Meilin contra su pecho.

​ —Un panadero que juega a ser dios —la voz del Príncipe era una melodía de arrogancia y poder—.

Has llegado lejos, pequeño insecto de tierra, pero aquí termina tu ascenso.

El cielo no permite que las raíces crezcan tanto.

​ El Príncipe movió su espada de luz solar en un arco descendente.

No fue un ataque físico; fue una onda de calor térmico que buscaba vaporizar todo en un radio de diez metros.

Kai no retrocedió.

Con un movimiento fluido, entregó a Meilin a los brazos de Lyra, quien se había deslizado entre las sombras para alcanzarlo.

​ —Sácala de aquí.

Ahora —ordenó Kai, su voz resonando con la profundidad de una placa tectónica moviéndose.

​ Sin mirar atrás, Kai giró la Quebrantacielos sobre su cabeza.

El mayal, imbuido ahora con la energía híbrida de la tierra y el rayo robado, generó un torbellino de presión gravitatoria que succionó el calor del Príncipe antes de que pudiera tocarlos.

​ —Técnica de la Raíz Eterna: El Manto de Gea —rugió Kai.

​ El suelo de cristal de la torre se transmutó.

Kai obligó a los minerales de la estructura a volver a su estado primigenio.

Columnas de granito negro surgieron del piso, entrelazándose para formar un escudo esférico que protegía la retirada de Lyra y Meilin.

​ —¿Crees que un poco de piedra puede detener el sol?

—se mofó el Príncipe, lanzándose al ataque.

​ La colisión fue devastadora.

La espada solar chocó contra el jade de la Quebrantacielos, provocando una explosión de luz que reventó todos los ventanales de la torre.

Kai sintió cómo la presión quemaba sus manos, pero el Corazón de Ámbar en su pecho latía con una furia renovada.

Por cada gramo de energía que el Príncipe usaba para quemar, Kai extraía un gramo de masa de la misma torre para fortalecer su arma.

​ —El sol brilla porque la tierra le permite tener un horizonte —dijo Kai, apretando los dientes mientras sus ojos se volvían de un verde incandescente—.

¡Y hoy, tu sol se pone en mi dominio!

​ Kai cambió de postura bruscamente.

Dejó caer el peso de su cuerpo y soltó la cadena de su mayal.

La maza de jade voló no hacia el Príncipe, sino hacia el techo de la sala.

Al impactar, Kai activó su Técnica de Colapso Gravitacional.

El techo de la Torre del Sol, una estructura de miles de toneladas de metal y cristal, comenzó a desplomarse sobre ellos.

​ El Príncipe Heredero, atrapado por la gravedad aumentada que Kai generaba, no pudo volar para esquivarlo.

Tuvo que usar ambas manos para sostener la estructura que caía sobre él, sus alas de plasma chisporroteando bajo la presión física masiva.

​ —¡Estás loco!

¡Nos sepultarás a ambos!

—gritó el Príncipe, cuya armadura dorada empezaba a agrietarse.

​ —Yo nací de la tierra, Príncipe.

Yo sé cómo respirar bajo el peso del mundo —respondió Kai, avanzando entre los escombros que caían—.

Tú, en cambio, solo sabes brillar hasta que alguien apaga tu luz.

​ Kai cargó su puño izquierdo con Qi híbrido y lo hundió directamente en el núcleo de la armadura del Príncipe.

La descarga de energía eléctrica mezclada con la densidad del jade provocó un cortocircuito en los canales de Qi del guerrero imperial.

El Príncipe fue lanzado hacia atrás, atravesando lo que quedaba de la pared exterior y cayendo hacia el vacío de la ciudad, perdiendo sus alas de luz en el proceso.

​ Kai se quedó solo en la ruina de la torre, respirando con dificultad.

El edificio entero se inclinaba peligrosamente.

Miró hacia abajo, donde Lyra y los nómadas ya habían alcanzado los niveles inferiores con Meilin a salvo.

​ Sin embargo, el triunfo duró poco.

Desde el fondo de la ciudad, un rugido que no era humano sacudió los cimientos de la capital.

El Emperador había despertado, y su furia no era la de un guerrero, sino la de un dios que veía su creación amenazada.

El cielo se tornó de un color rojo sangre, y una mano de luz pura, del tamaño de un palacio, empezó a cerrarse sobre la Torre del Sol.

​ —Aún no hemos terminado —susurró Kai, preparándose para el enfrentamiento final que decidiría el destino de la humanidad.

​ ¿Podrá Kai sobrevivir a la ira directa del Emperador ahora que ha agotado gran parte de su energía, o el sacrificio de la torre será el fin de su leyenda justo cuando acababa de recuperar a su familia?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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