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Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 27

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  3. Capítulo 27 - 27 Capítulo 27 El Ojo del Abismo y el Ritual del Descenso
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27: Capítulo 27: El Ojo del Abismo y el Ritual del Descenso 27: Capítulo 27: El Ojo del Abismo y el Ritual del Descenso ​ ​El refugio en las profundidades de la capital era un laberinto de túneles olvidados, vestigios de una civilización que entendía la tierra mucho antes de que el primer Emperador del Firmamento reclamara el cielo.

El aire aquí abajo era pesado, saturado de una humedad que olía a piedra antigua y a un Qi primordial que fluía como un río de brea luminiscente por canales tallados en la roca madre.

Kai observaba al anciano guardián, cuya presencia parecía absorber la poca luz que emitían los cristales de las paredes, volviéndolo una silueta de pura autoridad ancestral.

​ A pocos metros, Meilin descansaba sobre un lecho de raíces esmeralda que Kai había invocado con un esfuerzo agónico.

Las raíces actuaban como un filtro viviente, extrayendo las impurezas del Qi de desecho que impregnaba las cloacas y transmutándolo en una energía suave que sanaba, pulgada a pulgada, los canales espirituales dañados de su hermana.

Sin embargo, su palidez era un recordatorio constante de que el tiempo no era un aliado, sino un verdugo silencioso.

​ —El Emperador ya no está buscando a un simple rebelde, joven Dragón —dijo el anciano, su báculo de sauce blanco golpeando el suelo con un ritmo que parecía sincronizarse con los latidos del mundo—.

Al sobrevivir al Juicio Celestial, has roto la ilusión de su omnipotencia.

Ahora, él no busca justicia; busca la aniquilación total de aquello que no puede controlar.

Ha sentido tu presencia, ha sentido el despertar del jade, y no descansará hasta que las raíces sean arrancadas y convertidas en cenizas.

​ —No busco su trono, anciano —respondió Kai, limpiando la sangre seca de los nudillos de su guantelete de jade—.

Solo quiero que mi familia respire sin miedo y que esta ciudad deje de devorar la vida de la tierra para alimentar su vanidad.

​ —En este mundo, Kai, para lograr una de esas cosas, tendrás que hacer ambas —sentenció el guardián, sus ojos sin pupilas brillando con una luz plateada—.

El Corazón de Ámbar te otorga la fuerza de la montaña, y la Semilla de tu hermana te otorga la vitalidad del bosque.

Pero sin el Ojo del Abismo, estás ciego frente a un enemigo que lo ve todo desde las alturas.

Ese tercer fragmento es la inteligencia de la tierra; es el sentido que te permitirá detectar las grietas en la armadura del sol y manipular la gravedad a una escala que el cielo no podrá ignorar.

​ Kai apretó el mango de la Quebrantacielos.

Sentía el peso de la responsabilidad como una montaña física sobre sus hombros, pero la determinación en su mirada era inquebrantable.

​ —¿Dónde se oculta ese poder?

—preguntó Kai, su voz resonando con una vibración que hizo que las sombras del túnel retrocedieran por puro instinto.

​ —Está en el único lugar donde el orgullo del Emperador le impide mirar: justo debajo del Trono del Firmamento, en una cámara sellada por el mismo vacío primordial.

Para reclamarlo, no puedes marchar físicamente; las defensas te desintegrarían antes de que cruzaras el primer umbral.

Debes realizar el Ritual del Descenso.

​ El anciano comenzó a trazar un círculo rúnico en el suelo con polvo de obsidiana y ceniza de dragón.

​ —Debes separar tu conciencia de tu cuerpo y viajar a través de las raíces espirituales del mundo mientras tus aliados protegen tu forma física aquí abajo —explicó el guardián.

Es un viaje de no retorno para los débiles de corazón.

Si tu espíritu flaquea mientras atraviesas el abismo, quedarás atrapado en la oscuridad para siempre.

​ —Es un suicidio —intervino Lyra, acercándose con el rostro demacrado por la preocupación—.

Kai, si el Emperador detecta una proyección de alma tan poderosa moviéndose bajo sus pies, colapsará la sala del trono entera para destruirte.

Estarás indefenso, sin carne que te proteja.

​ —Es el único camino que nos queda —dijo Kai, mirando a su hermana inconsciente y luego a los nómadas que habían arriesgado todo por él—.

Si no obtengo la visión del Abismo, solo estamos retrasando lo inevitable.

No podemos escondernos de alguien que es el dueño de la luz.

​ Kai se sentó en posición de loto en el centro del círculo rúnico.

El frío de la obsidiana pareció trepar por sus piernas, anclándolo a la realidad mientras su mente comenzaba a expandirse.

Cerró los ojos y comenzó a sincronizar su respiración con los latidos del núcleo del planeta.

El proceso fue una tortura sensorial; sintió cómo su espíritu era arrancado violentamente de su cuerpo, atravesando capas de roca sólida, metales fundidos y barreras de energía mística que quemaban su esencia.

​ Mientras su conciencia descendía hacia las profundidades prohibidas de la capital, en la superficie, el horror se desataba con una furia renovada.

El Emperador, enfurecido por el colapso de la torre, había iniciado la Purga de las Sombras.

Legiones de Inmortales con armaduras de platino descendían por las calles, quemando cada rincón de los distritos bajos con un fuego sagrado que no dejaba sombras, buscando cualquier rastro de Qi de tierra.

​ —¡Aguanten la posición!

¡Formen un perímetro de jade!

—rugió Lyra a los nómadas, desenvainando su daga rúnica mientras los primeros rastreadores imperiales empezaban a perforar el techo de los túneles con taladros de luz—.

¡Kai está en el Abismo!

¡Si ese círculo se rompe, lo perdemos para siempre!

¡Nadie pasa de este punto!

​ En el plano espiritual, Kai se encontraba frente a una puerta de obsidiana colosal que parecía absorber todo el sonido y la luz del universo.

En el centro de la puerta, un ojo tallado en diamante negro parecía observar cada pecado y cada deseo de su alma.

El aire allí no existía; solo había una presión gravitacional infinita que amenazaba con aplastar su conciencia hasta convertirla en un punto de nada.

​ —¿Eres tú quien reclama la visión del mundo?

—una voz antigua y profunda como el choque de dos continentes resonó en su mente, haciendo que su espíritu vibrara violentamente—.

¿Eres tú quien está dispuesto a ver la verdad, incluso si esa verdad te consume?

​Kai se mantuvo firme, incluso cuando su proyección astral empezaba a fragmentarse bajo la presión del vacío.

—No reclamo la visión por poder —respondió Kai, y sus palabras fueron pulsos de luz esmeralda en la oscuridad—.

Reclamo el derecho de la tierra a observar a sus verdugos y la fuerza para devolverles el golpe.

​ La puerta de obsidiana comenzó a abrirse, revelando un abismo de estrellas oscuras que prometían un poder inimaginable, pero también un peligro que podría devorar no solo al Imperio, sino al propio Kai.

​ ¿Podrá Kai dominar la sabiduría del Ojo del Abismo antes de que los Inmortales logren masacrar a Lyra y a los nómadas en el túnel, o descubrirá que el precio de la visión total es más de lo que cualquier corazón humano puede pagar?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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