Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 28
- Inicio
- Crónicas del Dragón de Esmeralda
- Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 El Umbral del Vacío y la Resistencia de Hierro
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
28: Capítulo 28: El Umbral del Vacío y la Resistencia de Hierro 28: Capítulo 28: El Umbral del Vacío y la Resistencia de Hierro El aire en la cámara ritual se volvió gélido, una frialdad que no provenía del clima, sino de la ausencia absoluta de Qi vital.
Kai, sentado en el centro del círculo de obsidiana, sentía cómo su conciencia se estiraba hasta el punto de ruptura.
Ya no percibía las paredes de piedra de las cloacas ni el aroma a ozono de la superficie; ahora, solo existía el vacío ensordecedor que separaba el mundo físico del núcleo espiritual de la Capital.
—No luches contra la presión, Kai —la voz del anciano guardián resonó en su mente, aunque sus labios no se movieron—.
Si intentas resistir con fuerza, el vacío te fragmentará.
Debes convertirte en el vacío mismo.
Sé la sombra que el sol no puede quemar.
Kai relajó su espíritu, permitiendo que la oscuridad del Abismo lo envolviera.
De repente, su visión cambió.
Ya no estaba en un túnel oscuro; se encontraba flotando en una red infinita de raíces plateadas que brillaban con una luz interna.
Eran las arterias del mundo, y todas convergían en un punto de una densidad aterradora justo encima de él: la base del Trono del Firmamento.
Mientras tanto, en la realidad física de las cloacas, la paz se había roto.
Un estruendo metálico sacudió el techo del refugio.
—¡Están perforando el sector sur!
—gritó uno de los nómadas, levantando su ballesta pesada—.
¡Son los Zapadores del Rayo!
Lyra se colocó frente al cuerpo inmóvil de Kai, desenvainando su daga rúnica.
Su rostro estaba pálido, pero sus ojos ardían con una ferocidad inquebrantable.
Sabía que si el círculo de obsidiana se rompía o si Kai era perturbado, su alma quedaría errante en el Abismo para siempre.
—¡Formación de tortuga!
—rugió Lyra—.
¡Cualquiera que se acerque a tres metros de Kai debe morir antes de tocar el suelo!
¡No dejen que el polvo toque el círculo ritual!
Una explosión de luz azul cegadora reventó parte del techo.
Cuatro soldados de élite, equipados con armaduras de salto y lanzas de plasma, descendieron entre los escombros.
No eran simples rastreadores; eran la guardia personal del Ministerio de Energía, entrenados específicamente para neutralizar fuentes de Qi inestables.
—¡Objetivo localizado!
—gritó el líder de los soldados, señalando a Kai—.
¡Capturen la Semilla y eliminen al resto!
Lyra no esperó.
Se lanzó hacia adelante con una velocidad que desafiaba la percepción, su daga trazando un arco de luz plateada que degolló al primer soldado antes de que pudiera nivelar su lanza.
Los nómadas desataron una lluvia de flechas imbuídas en esencia de tierra, que impactaron contra los escudos de plasma de los invasores en una sinfonía de chispas y gritos.
En el plano espiritual, Kai ignoraba la carnicería que ocurría alrededor de su cuerpo.
Había llegado a la base del trono.
Frente a él, incrustado en una roca que parecía absorber toda la luz del universo, parpadeaba el Ojo del Abismo.
Era una gema de oscuridad pura, del tamaño de un corazón humano, que latía con una inteligencia fría y calculadora.
Al extender su mano astral para tocarla, una visión lo golpeó.
Vio el origen del Emperador, vio cómo el sol había traicionado a la tierra hace milenios, y vio el precio que el Ojo exigía por su poder: el sacrificio de sus recuerdos más felices.
—Para verlo todo, debes olvidar lo que te hace humano —susurró la voz del Ojo.
Kai dudó.
Vio imágenes de su madre horneando pan, el olor de la harina en las mañanas de primavera, la risa de Meilin antes de la tragedia.
Si aceptaba el poder, esos recuerdos se borrarían para dar paso a la sabiduría fría del planeta.
—No —respondió Kai, y su espíritu brilló con una intensidad esmeralda que hizo temblar la cámara del vacío—.
No olvidaré quién soy para salvar lo que amo.
Tomaré tu poder, pero lo haré bajo mis propios términos.
Si eres la inteligencia de la tierra, deberías saber que las raíces no olvidan de dónde vienen.
Kai cerró su mano sobre el Ojo del Abismo.
Una explosión de energía plateada y negra recorrió sus canales espirituales, fusionándose con el ámbar y el rayo.
El dolor fue inmenso, como si su alma estuviera siendo forjada de nuevo en un yunque cósmico.
En las cloacas, Lyra acababa de clavar su daga en el último de los invasores cuando el cuerpo de Kai comenzó a levitar.
Una onda de choque de gravedad absoluta se expandió desde el círculo rúnico, aplastando los escombros y enviando a los nómadas y a los cadáveres de los soldados contra las paredes.
Kai abrió los ojos.
Ya no eran verdes, ni blancos.
Eran pozos de un color plateado profundo que parecía contener galaxias enteras.
—Se acabó el tiempo de esconderse —dijo Kai, y su voz no solo se escuchó en el túnel, sino que retumbó en cada rincón de la capital—.
El Abismo ha despertado, y tiene hambre de justicia.
¿Podrá Kai controlar la inmensa carga de información y poder del Ojo del Abismo antes de que su propia mente colapse, y qué hará el Emperador ahora que la “oscuridad” ha penetrado en el corazón de su santuario?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com