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Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 El precio de la rebelión
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3: Capítulo 3: El precio de la rebelión 3: Capítulo 3: El precio de la rebelión ​ ​El silencio que siguió a la huida del Joven Maestro Chen era más pesado que el saco de harina más grande de la panadería.

Kai permanecía de pie en el centro de la habitación, con los pies todavía hundidos en las grietas que su propio poder había provocado.

El aire olía a ozono, a tierra removida y al acre aroma del fuego extinguido de Chen.

Sus pulmones ardían, no por el humo, sino por la energía que todavía recorría sus venas como lava fría.

​ —¡Largo!

¡Fuera de mi vista, engendro del demonio!

—El grito de Grog rompió el trance.

El panadero gordo estaba encogido en un rincón, señalando a Kai con un dedo tembloroso—.

¡Has cavado nuestra tumba!

¡El Clan de la Llama Blanca reducirá esta aldea a cenizas por lo que acabas de hacer!

​Kai miró a su maestro.

Durante años, había aceptado sus insultos y sus golpes como parte del orden natural de las cosas.

Pero ahora, Grog se veía pequeño, casi insignificante.

La autoridad que antes parecía absoluta se había desmoronado frente a la manifestación de una fuerza que ninguno de los dos comprendía.

​ —Solo me defendí —dijo Kai.

Su propia voz le sonó extraña, más profunda, como si resonara desde el fondo de una caverna.

​ —¡Te defendiste de un Joven Maestro!

—chilló Grog, recuperando algo de su valor al ver que el brillo verde en los ojos de Kai se desvanecía—.

¡En este mundo, los perros no muerden a sus amos!

¡Vete ahora mismo antes de que yo mismo te entregue a la guardia del clan!

¡Lárgate con tu magia maldita!

​ Kai no esperó una segunda invitación.

Sabía que Grog tenía razón en algo: el Clan de la Llama Blanca no perdonaba.

Chen era el hijo del líder del clan local, un hombre conocido por su crueldad y su dominio sobre el fuego espiritual.

Si Chen regresaba con refuerzos, Kai no sería el único en sufrir; toda la calle de los artesanos pagaría el precio.

​Corrió hacia la pequeña habitación que llamaba hogar, apenas un hueco bajo la escalera de la panadería.

Sus pertenencias eran pocas: una túnica de repuesto remendada, una pequeña daga de cocina que usaba para cortar cuerdas y un amuleto de madera tallada que, según decía su madre antes de morir, traía buena suerte.

Lo metió todo en un saco de arpillera, junto con un par de hogazas de pan que aún estaban calientes.

​ Al salir por la puerta trasera de la panadería, el sol de la mañana lo golpeó de frente.

La aldea Velo de Piedra ya estaba despertando.

Los mercaderes montaban sus puestos y los niños corrían por las calles empedradas.

Nadie sabía que, a pocas calles de allí, el destino de la aldea acababa de cambiar para siempre.

​ Kai se pegó a las sombras de los callejones, dirigiéndose hacia la periferia, donde las casas de piedra daban paso a los campos de cultivo y, finalmente, al denso bosque de los Pinos de Hierro.

Sus pies descalzos seguían sintiendo ese extraño cosquilleo cada vez que tocaban la tierra desnuda.

Era como si el suelo le estuviera susurrando direcciones, mostrándole dónde estaban las patrullas del clan antes de que él pudiera verlas.

​ “Por aquí”, parecía decir el roce de la hierba.

“Hacia las raíces, hacia la profundidad”.

​ Sin embargo, antes de llegar a la linde del bosque, una voz autoritaria lo detuvo en seco.

​ —¡Tú, el panadero!

¡Detente en nombre del Clan de la Llama Blanca!

​ Kai se congeló.

Al final del callejón, tres guardias con armaduras de escamas metálicas y lanzas largas le bloqueaban el paso.

En el centro, Chen estaba de pie, con una túnica nueva y el rostro desencajado por el odio.

Tenía una venda en el tobillo donde la raíz lo había atrapado, y su mano derecha chispeaba con llamas azules.

​ —Pensaste que podrías huir, ¿verdad, gusano?

—Chen escupió las palabras—.

Mi padre quería que te llevaran vivo para interrogarte sobre esa magia prohibida que usaste, pero he decidido que mi informe dirá que te resististe al arresto y tuve que incinerarte en el acto.

​ Los guardias avanzaron, apuntando sus lanzas al pecho de Kai.

El miedo, ese viejo conocido, intentó apoderarse de él, pero esta vez fue diferente.

La rabia que había sentido en la panadería no se había ido; estaba allí, esperando bajo la superficie, como un depredador acechando en la oscuridad.

​ —No quiero pelear —dijo Kai, aunque sus dedos ya estaban buscando la conexión con el suelo—.

Déjenme ir y desapareceré.

Nadie volverá a saber de mí.

​ —¡Silencio!

—rugió Chen—.

¡Arrodíllate y acepta tu destino!

​ Chen lanzó un tajo con su mano, enviando una ráfaga de fuego azul hacia Kai.

Los guardias se rieron, esperando ver al panadero convertido en una antorcha humana.

Pero Kai no cerró los ojos.

Se agachó, golpeando el suelo con ambas palmas.

​ —¡LEVÁNTATE!

—gritó Kai.

​ La tierra respondió con una violencia aterradora.

El suelo del callejón se elevó en una ola de tierra y piedra, formando un muro inclinado que desvió el fuego de Chen hacia los tejados de las casas cercanas.

Pero Kai no se detuvo ahí.

Sus manos se hundieron en el pavimento de piedra como si fuera agua.

​ Sintió las raíces de los árboles cercanos, a cientos de metros de distancia, y las llamó.

​Bajo los pies de los guardias, el suelo estalló.

Enormes tentáculos de madera endurecida y escamosa surgieron de la nada, enredándose en sus piernas y lanzas.

Los guardias gritaron de terror mientras eran arrastrados hacia abajo, quedando atrapados hasta la cintura en el suelo que ahora parecía comportarse como una mandíbula gigante.

​ Chen, gracias a sus reflejos de cultivador, logró saltar hacia atrás, pero su rostro estaba pálido.

​ —¿Qué clase de monstruo eres?

—tartamudeó Chen—.

¡Esa no es energía de madera común!

¡Las raíces son de color esmeralda!

¡Es magia de la Era de los Mitos!

​ —Soy el hombre que ya no tiene nada que perder —respondió Kai.

​ Sintió cómo una fuerza inmensa tiraba de sus propios pulmones, agotándolo.

Controlar tanta energía era como intentar sujetar un caballo salvaje con un hilo de seda.

Sus músculos temblaban y un hilo de sangre comenzó a correr por su nariz.

Sabía que no podía mantener esto por mucho tiempo.

​ Con un último esfuerzo de voluntad, Kai hizo que una de las raíces golpeara el suelo con tal fuerza que creó una cortina de polvo y escombros.

Sin mirar atrás, se dio la vuelta y corrió hacia el bosque de los Pinos de Hierro con cada gramo de fuerza que le quedaba en las piernas.

​ Detrás de él, escuchó los gritos de Chen jurando venganza, pero el bosque ya lo estaba envolviendo.

Las sombras de los árboles antiguos parecían darle la bienvenida, y el susurro de la tierra se volvió más claro, más reconfortante.

Estaba solo, era un fugitivo y el clan más poderoso de la región lo perseguía, pero por primera vez en su vida, Kai no se sentía como una víctima.

​Se sentía como una semilla que finalmente había logrado romper su cáscara.

​ ¿Qué secretos encontrará Kai en lo profundo del bosque prohibido, y cuánto tiempo podrá sobrevivir antes de que su cuerpo colapse por el uso de un poder que aún no domina?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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