Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 Capítulo 30 El Eclipse de Jade y el Ocaso de la Corona
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30: Capítulo 30: El Eclipse de Jade y el Ocaso de la Corona 30: Capítulo 30: El Eclipse de Jade y el Ocaso de la Corona La Plaza de la Ascensión, que durante siglos había sido el símbolo del poder absoluto del cielo, se había convertido en un escenario de pesadilla.
La oscuridad que Kai había invocado no era una simple ausencia de luz; era una negrura activa, una manifestación del Abismo que parecía devorar incluso el sonido.
El Palacio del Firmamento, una estructura de mármol blanco y oro que solía brillar como una joya, ahora se alzaba como un esqueleto pálido contra el resplandor plateado que emanaba de los ojos de Kai.
Desde el balcón imperial, el Emperador descendió.
No caminó, ni voló; simplemente se desplazó por el aire mientras la luz solar que emanaba de su cuerpo luchaba violentamente contra la presión gravitacional que Kai proyectaba.
Cada paso del monarca generaba una onda de choque térmica que incineraba las baldosas de la plaza, dejando un rastro de lava líquida a su paso.
—Has osado apagar mi luz, pequeño usurpador —la voz del Emperador no era humana; era el rugido de una estrella moribunda—.
Pero no entiendes la naturaleza del sol.
Cuanto más profunda es la sombra, más violento es el amanecer.
Kai no respondió con palabras.
Clavó la Quebrantacielos en el suelo de la plaza, y la vibración del impacto no se detuvo en la superficie.
A través del Ojo del Abismo, Kai percibió los cimientos de la ciudad no como piedra, sino como una red de energía interconectada.
Usando su Qi híbrido, comenzó a tirar de esos hilos, obligando a las raíces primordiales que yacían bajo el palacio a emerger.
—Técnica del Abismo: El Despertar de las Raíces del Inframundo —rugió Kai.
De repente, la plaza entera se resquebrajó.
Columnas de madera petrificada del grosor de torres de vigilancia brotaron de las entrañas de la tierra, envolviéndose alrededor de las estatuas de los antiguos héroes imperiales y triturándolas como si fueran de papel.
Las raíces no buscaban al Emperador; buscaban los nodos de energía que sostenían los escudos del palacio.
—¡Protejan el núcleo!
—gritaron los comandantes de la Llama Blanca desde las murallas, pero sus voces se perdieron en el estruendo de la tierra desgarrándose.
El Emperador extendió su mano derecha, y una espada de plasma puro, de un blanco tan intenso que las sombras parecían huir de ella, se materializó en su puño.
Con un movimiento rápido, lanzó un tajo horizontal.
Una media luna de fuego solar recorrió la plaza, cortando tres de las raíces gigantescas con la facilidad de un cuchillo caliente atravesando mantequilla.
—Tu fuerza es física, panadero.
La mía es divina —sentenció el monarca.
Kai sintió el calor abrasador pasar a pocos centímetros de su rostro.
Sabía que un golpe directo de esa espada desintegraría su esencia espiritual, incluso con el poder del Abismo.
Pero Kai ya no luchaba como un hombre; luchaba como el núcleo de un planeta.
—Tu divinidad se alimenta de la sangre de los que pisas —replicó Kai, y su aura plateada se intensificó hasta que el aire a su alrededor comenzó a licuarse por la presión —.
Mi fuerza no es mía.
Es de la tierra que ha decidido que ya no quiere sostener tu trono.
Kai se lanzó al ataque, propulsado por una ráfaga de gravedad invertida.
El encuentro entre la Quebrantacielos y la espada solar generó una explosión de energía que pudo verse desde los puestos de avanzada a cientos de kilómetros de la capital.
El sonido no fue un estallido, sino un lamento metálico que hizo que los tímpanos de los nómadas y soldados por igual empezaran a sangrar.
En el fragor del combate, Kai usó el Ojo del Abismo para realizar algo que ningún cultivador de tierra había intentado jamás: la Sincronía Atómica.
En lugar de golpear la espada del Emperador, Kai golpeó el espacio alrededor de ella.
Al alterar la gravedad en micro-puntos específicos, logró que la luz solar del arma se curvara, desviando el golpe mortal hacia una de las columnas del palacio, la cual se vaporizó instantáneamente.
—¡Imposible!
—rugió el Emperador, perdiendo por primera vez su compostura—.
¡Nadie puede desviar la luz del Firmamento!
—El Abismo no tiene forma, y por lo tanto, no puede ser cortado —dijo Kai, apareciendo detrás del monarca con una velocidad eléctrica.
Kai cargó su puño izquierdo con una mezcla de jade y rayo negro.
El golpe impactó de lleno en la espalda del Emperador, justo en la unión de su armadura de platino.
El sonido de la placa rompiéndose fue como el colapso de una montaña.
El monarca fue lanzado hacia adelante, atravesando las puertas principales de su propio palacio y aterrizando en el salón del trono.
Kai aterrizó en la entrada, con la Quebrantacielos arrastrándose tras él, dejando un surco de energía plateada en el suelo.
Lyra y los nómadas se posicionaron en los flancos, manteniendo a raya a los restos de la guardia imperial, quienes estaban demasiado aterrorizados por la caída de su dios como para atacar con convicción.
—Meilin…
—susurró Kai, sintiendo a través de su conexión espiritual que su hermana estaba despertando en el refugio subterráneo, protegida por el anciano—.
Solo un poco más.
Dentro del salón del trono, el Emperador se puso en pie.
Su túnica estaba chamuscada y su corona de oro se había fundido sobre su frente, pero su Qi no disminuía; al contrario, se volvía más errático y peligroso.
El palacio entero empezó a brillar con una luz roja interna.
El monarca estaba activando el Protocolo de Autoinmolación de la Ciudad, dispuesto a quemar a todos sus súbditos con tal de erradicar a Kai.
—Si no puedo ser el sol que ilumina este mundo, seré el incendio que lo purifica —declaró el Emperador, con sus ojos inyectados en sangre mística.
Kai miró a su alrededor.
Podía ver los circuitos de Qi del palacio sobrecargándose.
Si no detenía el proceso en los próximos segundos, la capital se convertiría en un cráter volcánico.
—Lyra, saca a los nómadas de la plaza.
Ahora —ordenó Kai, sin apartar la vista del monarca—.
Voy a tener que hundir este palacio en el lugar más profundo del mundo.
¿Podrá Kai sofocar la explosión solar del Emperador antes de que la ciudad sea reducida a cenizas, y cuál será el costo final de usar el Ojo del Abismo para sepultar una divinidad viva en el corazón de la tierra?
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