Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 4
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4: Capítulo 4: El eco de la savia antigua 4: Capítulo 4: El eco de la savia antigua El bosque de los Pinos de Hierro no era un lugar para los vivos, o al menos eso decían los cazadores de la aldea.
Los árboles aquí no crecían hacia el cielo buscando la luz, sino que se retorcían sobre sí mismos, con cortezas tan duras como el metal y hojas que cortaban como navajas si uno no tenía cuidado.
Kai se adentró en la espesura, sintiendo cómo el aire cambiaba; ya no era el oxígeno ligero de las llanuras, sino un vapor denso, cargado de humedad y del olor rancio de siglos de descomposición y renacimiento.
Sus pulmones ardían.
Cada bocanada de aire se sentía como si estuviera tragando fragmentos de cristal.
El uso del poder en el callejón contra Chen y sus guardias le había pasado factura.
Sus músculos, acostumbrados al esfuerzo constante de la panadería, estaban ahora en un estado de colapso total.
El calor esmeralda que antes lo hacía sentir invencible se había transformado en un frío punzante que nacía desde sus huesos.
—Solo un poco más…
—se obligó a decir, aunque su voz no era más que un rasguido seco.
Se detuvo junto a un árbol cuya raíz principal era tan ancha como una casa pequeña.
Se dejó caer, sintiendo que la tierra estaba inusualmente caliente bajo su cuerpo agotado.
Al cerrar los ojos, el mundo no se volvió oscuro.
En lugar de eso, una red de filamentos luminosos, como venas de luz verde, aparecieron en su visión mental.
Eran las raíces del bosque, una infraestructura colosal que conectaba cada brizna de hierba con la montaña más lejana.
“Bebe”, pareció susurrar una voz que no venía de sus oídos, sino de su propia sangre.
Kai, en un estado de semiinconsciencia, hundió sus dedos en el musgo húmedo.
No fue un acto de voluntad, sino de instinto de supervivencia.
En ese instante, sintió una succión.
No era él quien absorbía la tierra, era el bosque quien lo estaba probando.
Una oleada de energía salvaje, sin refinar y brutal, entró por sus yemas de los dedos.
—¡Agh!
—Su cuerpo se arqueó.
Era como intentar canalizar un río entero a través de una pajilla de trigo.
Sus meridianos, los canales por donde debería fluir el Qi, se ensancharon a la fuerza.
El dolor fue tal que estuvo a punto de desmayarse, pero entonces, la energía se estabilizó.
El frío desapareció, reemplazado por una calidez reconfortante que comenzó a reparar las fibras musculares desgarradas y a limpiar la sangre de sus pulmones.
Cuando finalmente abrió los ojos, la noche ya había caído sobre el bosque.
Pero para Kai, la oscuridad no existía.
Sus pupilas se habían dilatado y ahora podía ver el flujo de la vida en todo lo que lo rodeaba.
Podía ver la savia moviéndose dentro de los troncos y los insectos cavando galerías bajo la tierra.
—Veo que la semilla finalmente ha encontrado suelo fértil —dijo una voz profunda y calmada detrás de él.
Kai saltó, intentando ponerse en guardia, pero sus piernas aún estaban débiles.
Frente a él, emergiendo de entre las sombras de un pino centenario, apareció una figura que parecía sacada de las pesadillas de los ancianos.
Era un hombre, o lo que quedaba de uno.
Su piel tenía la textura de la corteza de roble y su larga barba blanca estaba entrelazada con líquenes y pequeñas flores silvestres.
Sus ojos no tenían pupilas; eran dos esferas de color verde puro.
—¿Quién eres?
—logró preguntar Kai, aferrando su saco de arpillera.
—Soy el resto de lo que una vez fue el Protector de estas tierras —respondió el anciano, apoyándose en un cayado que parecía una raíz viva—.
Pero lo más importante es: ¿quién eres tú?
Llevas en tu sangre el linaje del Dragón de Tierra, una herencia que se creía extinguida antes de que el primer Clan de la Llama Blanca encendiera su primera fogata.
Kai retrocedió un paso, confundido.
—Solo soy un panadero.
Me persiguen por algo que no entiendo.
Solo quería…
solo quería sobrevivir.
El anciano soltó una risa que sonó como el crujir de ramas secas.
—Un panadero que ha hecho temblar los cimientos de una aldea.
El destino tiene un sentido del humor retorcido.
Has despertado el Corazón de la Raíz, muchacho.
El Qi azul que esos necios cultivan es solo el aliento del mundo, pero lo que tú tienes…
lo que tú tienes es la carne y el hueso de la existencia misma.
El hombre de madera se acercó y señaló el pecho de Kai con su cayado.
—Ellos vendrán.
No solo el Clan de la Llama Blanca, sino otros más poderosos.
Los Cielos temen a la Tierra porque la Tierra es la única que no necesita de ellos para existir.
Si te quedas aquí, morirás.
Si vuelves, te convertirán en un esclavo o en cenizas.
Kai sintió un nudo en la garganta.
Todo lo que conocía se había desvanecido en menos de un día.
—¿Qué debo hacer?
—preguntó con desesperación.
—Aprender —dijo el protector—.
Aprender que tus manos no solo están hechas para amasar pan, sino para moldear el destino de este imperio.
Pero el conocimiento tiene un precio, panadero.
Tendrás que renunciar a tu humanidad para convertirte en el bosque.
En la lejanía, el aullido de los lobos espirituales del clan resonó entre los árboles.
Estaban cerca.
Chen no se había rendido; el rastro de energía esmeralda era demasiado brillante para ignorarlo.
Kai miró hacia la dirección de la aldea y luego hacia las profundidades oscuras del bosque que el anciano le ofrecía.
Sabía que si cruzaba esa línea, el joven que horneaba pan de miel moriría para siempre.
Pero cuando recordó el rostro de Chen y la humillación en el suelo de la panadería, su corazón se endureció como el granito.
—Enséñame —dijo Kai, con una determinación que hizo que las hojas del bosque vibraran en respuesta.
El anciano sonrió, revelando dientes que parecían piedras pulidas.
—Entonces, prepárate.
El primer paso para dominar la tierra es aprender a ser enterrado.
Con un movimiento del cayado del anciano, el suelo bajo Kai se abrió de golpe, tragándoselo por completo antes de que pudiera emitir un grito.
La tierra se cerró sobre su cabeza, dejándolo en una oscuridad absoluta, rodeado por el abrazo frío y eterno de las raíces.
¿Podrá Kai sobrevivir al entrenamiento inhumano del Protector del Bosque, o será consumido por la misma tierra que intenta dominar?
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