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Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 5

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5: Capítulo 5: Enterrado vivo 5: Capítulo 5: Enterrado vivo ​La oscuridad no era negra.

Para Kai, atrapado bajo toneladas de tierra húmeda y raíces ancestrales, la oscuridad era de un color marrón denso, asfixiante y cargado de un silencio que pesaba más que el granito.

No podía mover los dedos, no podía abrir la boca para gritar, y cada vez que intentaba expandir sus pulmones, sentía la presión implacable del suelo comprimiendo sus costillas.

​ “No luches contra la tierra”, resonó la voz del Protector en su mente, como un eco que vibraba desde las piedras mismas.

“Si luchas, la tierra te verá como un invasor y te aplastará.

Si te entregas, la tierra te verá como una semilla y te nutrirá”.

​ Kai cerró los ojos, aunque no servía de nada en esa tumba sin luz.

El pánico era una llama fría que intentaba devorar su voluntad.

Durante dieciocho años, su vida había consistido en el espacio abierto de la panadería, en el calor del fuego y la ligereza de la harina volando en el aire.

Estar aquí, convertido en parte del subsuelo, era la antítesis de todo lo que conocía.

​ —Respira…

—intentó decir, pero solo logró que un grano de arena entrara en su garganta.

​ No podía usar sus pulmones.

El Protector se lo había advertido.

Para sobrevivir a este nivel de entrenamiento, Kai tenía que aprender la “Respiración de la Raíz”.

Tenía que dejar de depender del aire y empezar a absorber el Qi directamente de los minerales y la humedad que lo rodeaba.

​ Al principio, solo sintió dolor.

El Qi de la tierra era pesado, tosco y lleno de impurezas.

Era como intentar beber lodo espeso.

Pero a medida que se relajaba, la visión esmeralda que había experimentado en la panadería regresó.

Vio los filamentos de luz verde que conectaban su cuerpo con el resto del bosque.

Lentamente, Kai dejó de intentar inhalar aire y comenzó a “abrir” los poros de su piel.

​ Sintió el hierro en las rocas cercanas.

Sintió la humedad de un arroyo subterráneo que fluía a diez metros bajo él.

Sintió la descomposición de las hojas que alimentaba el suelo.

Y entonces, el milagro ocurrió: una gota de energía pura, destilada por el bosque, entró por su ombligo y se alojó en su Dantian, el centro de su energía.

​ Fue como una explosión de vida.

El hambre desapareció.

El cansancio de la huida se evaporó.

Su cuerpo, que antes se sentía como carne débil, comenzó a endurecerse.

Sus huesos absorbieron el calcio y los minerales de la tierra, volviéndose tan densos como el mármol.

Sus meridianos, antes delgados como hilos de coser, se expandieron hasta parecer túneles reforzados por raíces de esmeralda.

​ “Bien, pequeño panadero”, dijo la voz del Protector.

“Has dejado de ser un invitado.

Ahora eres parte del sistema.

Pero no te confíes; la tierra da, pero también exige.

Siente el latido de la montaña.

Dime…

¿qué escuchas?”.

​ Kai concentró toda su conciencia en el pulso que antes lo había asustado.

Ahora, no era un ruido externo.

Era una orquesta.

Escuchó el caminar pesado de una bestia espiritual a kilómetros de distancia.

Escuchó el crecimiento lento y constante de los árboles.

Pero también escuchó algo que le heló la sangre.

​Escuchó pasos rítmicos, metálicos y llenos de odio.

Botas de cuero reforzadas golpeando el suelo del bosque.

Antorchas quemando el oxígeno.

​ —Están aquí…

—pensó Kai, con una claridad asombrosa—.

El Clan de la Llama Blanca ha entrado en el bosque prohibido.

​ —Escuchas bien —respondió el Protector, cuya presencia física parecía estar fundiéndose con la de Kai en ese espacio confinado—.

Chen no ha venido solo.

Ha traído a los rastreadores de su padre.

Creen que el fuego puede domar a la madera, pero olvidan que las raíces nacen en la oscuridad donde el fuego no puede llegar.

​ Kai sintió una oleada de poder recorrerlo.

Por primera vez, no tuvo miedo de que lo encontraran.

De hecho, una parte de él, la parte que ahora estaba conectada con el Dragón de Esmeralda, deseaba que Chen diera un paso en falso.

Deseaba que el joven maestro pusiera un pie sobre una raíz sensible para mostrarle quién era el verdadero dueño de este suelo.

​ —¿Cuánto tiempo debo quedarme aquí?

—preguntó Kai internamente.

​ —Hasta que tu piel no sepa distinguir entre el musgo y la carne.

Hasta que tu voluntad sea tan inamovible como un pico de montaña.

Solo entonces, te dejaré emerger.

Pero ten cuidado, Kai.

El poder que estás absorbiendo no es gratuito.

Estás tomando la vida del bosque, y algún día, el bosque vendrá a cobrar su deuda.

​ Kai se sumergió más profundamente en su meditación.

El tiempo dejó de tener sentido.

Podían haber pasado horas o días.

Su mente vagó por las profundidades, siguiendo las venas de esmeralda hasta lugares donde el sol nunca había brillado.

Vio restos de civilizaciones antiguas enterradas bajo las raíces: templos de piedra dedicados a dragones que ya nadie recordaba, espadas oxidadas que alguna vez cortaron los cielos y, lo más inquietante, vio otros “corazones de raíz” que se habían marchitado antes de florecer.

​ No era el primero en intentar este camino, pero juró que sería el primero en terminarlo.

​De pronto, una vibración violenta sacudió su tumba.

No era un movimiento natural.

Era un impacto de energía de fuego.

Arriba, en la superficie, alguien estaba atacando el bosque.

Los gritos de Chen resonaron, distorsionados por las capas de tierra: ​ —¡Sé que estás aquí, rata de panadería!

¡Quemaré cada árbol de este bosque maldito hasta que salgas a pedir clemencia!

​Kai abrió los ojos en la oscuridad.

El fulgor verde en sus pupilas era tan intenso que las raíces que lo rodeaban comenzaron a brillar.

El entrenamiento de paz había terminado.

Era hora de ver si un panadero enterrado podía convertirse en la pesadilla de un clan entero.

​ ¿Podrá Kai completar su transformación antes de que las llamas de Chen alcancen el corazón del bosque sagrado?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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