Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 6

  1. Inicio
  2. Crónicas del Dragón de Esmeralda
  3. Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 Las cenizas del Gran Ancestro
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

6: Capítulo 6: Las cenizas del Gran Ancestro 6: Capítulo 6: Las cenizas del Gran Ancestro ​El calor que se filtraba desde la superficie no era el calor acogedor del horno de la panadería; era un incendio cargado de malicia.

Chen estaba cumpliendo su promesa.

Arriba, las llamas azules del Clan de la Llama Blanca devoraban los pinos centenarios, convirtiendo la resina en combustible y el aire en un sudor asfixiante que penetraba incluso a través de las capas de tierra que protegían a Kai.

​ Sin embargo, Kai no sentía miedo.

Atrapado en su tumba de raíces, su conciencia se estaba despegando de su cuerpo físico.

El dolor de la presión subterránea se transformó en un zumbido eléctrico.

De repente, el latido de la montaña no fue un sonido, sino una visión.

​ Las raíces esmeralda que lo envolvían comenzaron a pulsar con una luz rítmica, y la mente de Kai fue arrastrada hacia atrás en el tiempo, a una era donde el cielo aún no pertenecía a los hombres.

​ Vio un mundo joven, cubierto de selvas tan densas que la luz del sol nunca tocaba el suelo.

En el centro de todo, una criatura colosal, cuyas escamas eran de jade puro y cuya espalda sostenía cordilleras enteras, caminaba con una parsimonia divina.

Era el Dragón de Esmeralda original, el soberano de la tierra.

Sus ojos eran bosques enteros y su aliento era la primavera misma.

​ “Mira bien, pequeño brote”, susurró la voz del Protector, que ahora parecía una presencia gigante en la visión de Kai.

“Mira lo que los Cielos temían.

Mira por qué nos enterraron”.

​ Kai observó con horror cómo el cielo se abría y lanzas de fuego dorado descendían como lluvia apocalíptica.

Eran los “Inmortales del Firmamento”, seres de luz que veían la fuerza de la tierra como una amenaza a su dominio absoluto.

El Dragón de Esmeralda no huyó.

Se enroscó sobre el núcleo del mundo, clavando sus garras en las profundidades para proteger la vida que bullía bajo su vientre.

​ El combate duró eones.

El fuego de los cielos intentó evaporar los mares y calcinar las raíces, pero la tierra se mantuvo firme.

Al final, el dragón no fue derrotado en combate, sino traicionado por aquellos a quienes protegía: los hombres, que prefirieron la luz efímera del cielo sobre la protección silenciosa del suelo.

El dragón se desintegró, pero no murió.

Se convirtió en la red de raíces que ahora sostenía el mundo.

Se convirtió en la energía que ahora fluía por las venas de un panadero.

​La visión se fragmentó.

Kai regresó a su cuerpo con un grito silencioso que sacudió la tierra a su alrededor.

​ —¡Ellos no son dueños del fuego!

—rugió Kai en su mente—.

¡Solo lo roban del cielo!

​Afuera, Chen gritaba órdenes.

—¡Más leña!

¡Usen el aceite espiritual!

¡Si ese bastardo no sale, hervirá bajo el suelo!

​ Kai sintió el sufrimiento del bosque.

Cada árbol que ardía era como un dedo que le arrancaban.

La rabia de la tierra se sincronizó con la suya.

Sus meridianos, ahora anchos y resistentes como troncos de roble, se llenaron de un Qi esmeralda tan denso que empezó a cristalizarse.

Sus uñas se volvieron negras y duras como el grafito, y su piel adquirió un matiz oliváceo, casi pétreo.

​ —Ya es suficiente —susurró Kai.

​Esta vez, no pidió permiso a la tierra.

Él era la tierra.

​ Extendió sus sentidos hacia arriba, localizando cada brizna de hierba que aún no había sido consumida por el fuego de Chen.

Encontró las raíces del gran pino bajo el cual estaba enterrado.

Estaban carbonizadas en la superficie, pero sus núcleos aún palpitaban con vida.

Kai les envió su propia energía, una transfusión de vida esmeralda que hizo que la madera muerta volviera a gemir de poder.

​ En la superficie, Chen se detuvo.

Sus llamas azules, que normalmente consumían todo a su paso, empezaron a retroceder.

No se apagaban; simplemente se negaban a avanzar, como si hubieran chocado contra una muralla invisible.

​ —¿Qué está pasando?

—preguntó Chen, retrocediendo un paso.

Su rostro, manchado de hollín, mostraba las primeras grietas de terror—.

¡He puesto suficiente Qi para derretir una montaña!

​ De pronto, el suelo bajo Chen dejó de ser sólido.

Se convirtió en un mar de lodo hirviente que tragó sus botas.

Pero no fue el calor lo que lo asustó, sino lo que emergió del lodo.

​ No fue una raíz delgada esta vez.

Fue una garra inmensa, hecha de piedra comprimida y rodeada de un aura verde asfixiante, que surgió del suelo con un estruendo que recordó al trueno.

La garra atrapó a uno de los guardias de Chen y lo lanzó por los aires como si fuera un muñeco de paja.

​ —¡EL DRAGÓN!

—gritó el otro guardia, soltando su espada y huyendo hacia la oscuridad del bosque—.

¡EL DRAGÓN HA DESPERTADO!

​ Kai, todavía bajo tierra, sintió una conexión absoluta con esa garra de piedra.

Cada movimiento de su mano real se replicaba en la estructura de tierra que estaba destrozando la superficie.

Se sentía embriagado de poder, pero también sentía una advertencia: su cuerpo humano aún era débil.

Si seguía usando esta cantidad de energía, su corazón estallaría.

​ —¡Sal de ahí, cobarde!

—gritó Chen, invocando su última reserva de fuego para formar una lanza de luz azul en su mano—.

¡Sé que eres tú, panadero asqueroso!

¡Muéstrate!

​ “No todavía”, pensó Kai, conteniendo su impulso de emerger.

“Si salgo ahora, soy vulnerable.

Debo esperar a que el fuego consuma su propia fuerza”.

​ Kai comenzó a succionar el calor del incendio de Chen.

Usando una técnica que el Protector le había mostrado en la visión, convirtió el fuego enemigo en energía nutritiva para las raíces del subsuelo.

Era el ciclo de la vida: la ceniza alimenta la tierra.

Chen estaba, irónicamente, fortaleciendo a su enemigo con cada ataque.

​ —¿Por qué…

por qué mis llamas no le hacen nada?

—Chen cayó de rodillas, agotado.

Sus ojos ámbar, antes llenos de arrogancia, ahora reflejaban la sombra de algo inmenso que se movía bajo sus pies.

​ Bajo la superficie, Kai sonrió.

Su entrenamiento estaba lejos de terminar, pero el panadero que huía ya no existía.

En su lugar, algo antiguo y hambriento estaba empezando a estirarse.

​ —Maestro Chen —la voz de Kai resonó desde todas las direcciones, como si los mismos árboles hablaran—, usted dijo que los perros no muerden a sus amos.

Pero olvidó que los dragones no tienen dueño.

​ Una explosión de luz esmeralda iluminó el bosque, tan brillante que eclipsó las llamas azules.

Cuando la luz se disipó, Chen estaba solo en un claro donde la tierra se había tragado todo rastro de lucha, dejando solo un silencio sepulcral y una única huella de garra gigante en el centro del claro.

​ Kai se hundió aún más en el sueño profundo de la tierra, preparándose para el verdadero despertar.

Su meta de 12,000 palabras estaba cada vez más cerca, al igual que su destino como el soberano de las raíces.

​ ¿Qué pasará cuando Chen regrese a su clan con la noticia de que un poder prohibido ha renacido, y qué precio exigirá el bosque a Kai por haber usado su fuerza tan pronto?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo