Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 66
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Capítulo 66: Capítulo 66: La Singularidad del Desespero y el Horizonte de Sucesos
El grito de Kai no fue humano; fue una frecuencia sísmica que fracturó las placas tectónicas bajo el Volcán de Silicio. Al ver a Meilin colapsar, con la Raíz Madre teñida de un negro corrupto por el rayo imperial, el delicado equilibrio que Kai mantenía entre el Jade y el Olvido se hizo añicos. El parásito solar, esa entidad de fuego esmeralda que había estado rumiando en las sombras de su núcleo, finalmente rompió sus cadenas, devorando la lógica y la piedad en un solo latido de agonía.
—¡Suelten… a mi… hermana! —la voz de Kai ahora sonaba como el choque de dos planetas.
Ya no había neblina gris. De su cuerpo emanaba una llamarada de color esmeralda oscuro, una energía tan densa que el aire a su alrededor empezó a licuarse. Los Cruceros de Sincronización imperiales, que flotaban arrogantemente en el cielo, detectaron de inmediato el cambio de paradigma. Sus alarmas, audibles incluso desde la superficie, emitieron un pitido constante de “Error Crítico”.
—Anomalía 0-A ha entrado en estado de Supernova —resonó la voz del Arquitecto a través de los altavoces de las naves, aunque esta vez había un rastro de estática, una señal de que incluso sus sistemas de comunicación estaban sufriendo bajo la presión de Kai—. Procediendo a la contención de nivel Omega. Disparen los Anclajes de Realidad.
Desde las naves descendieron enormes estacas de luz blanca, diseñadas para clavar la materia en un punto fijo y anular cualquier fluctuación gravitatoria. Pero Kai, envuelto en su furia, simplemente extendió una mano hacia el cielo. No utilizó una técnica; utilizó voluntad pura. Los Anclajes de Realidad, que deberían haberlo inmovilizado, se doblaron como ramitas secas al entrar en su radio de influencia. Kai no solo estaba manipulando la gravedad; estaba creando un Horizonte de Sucesos personal donde las leyes del Imperio no tenían jurisdicción.
—Ustedes hablan de leyes… de orden… de cálculos… —Kai dio un paso, y con cada zancada, la tierra bajo sus pies se convertía en magma instantáneamente—. Pero yo soy el que decide cuánto pesa su arrogancia.
Kai saltó. No fue un vuelo elegante; fue un disparo de artillería. En una fracción de segundo, atravesó el casco del primer Crucero de Sincronización. El metal imperial, reforzado con silicio divino, se deshizo como mantequilla caliente ante el paso del fuego esmeralda. Kai atravesó la nave de lado a lado, provocando una reacción en cadena que hizo que el crucero implosionara sobre su propio núcleo de datos.
Desde el suelo, la Soberana de las Mareas y el Soberano del Hierro observaban con terror contenido. Ellos, que se consideraban la cúspide de la existencia, se sentían como niños frente a una tormenta.
—Se ha convertido en lo que el Arquitecto temía —murmuró el Soberano del Hierro, protegiendo a Meilin con un escudo de magnetita—. No es un Soberano de la Tierra. Es un Soberano del Vacío Ígneo. Si no recupera el control, consumirá el Reino de las Llamas entero antes de tocar el suelo.
Kai, en el cielo, ya estaba sobre el segundo crucero. Los soldados imperiales —androides de élite con armaduras reflectantes— dispararon ráfagas de luz sincronizada, pero los proyectiles simplemente orbitaban alrededor de Kai, atrapados en su pozo gravitatorio, antes de ser lanzados de regreso hacia ellos con el triple de velocidad. Era una carnicería geométrica. Kai no usaba la Quebrantacielos; usaba sus propias manos para arrancar las torretas y lanzarlas contra los otros barcos.
Sin embargo, en el centro de su mente, la corrupción de datos seguía gritando. El código violeta del Arquitecto intentaba aprovechar su estado de furia para “mapear” su nueva potencia.
”Sí, Kai… dame más datos. Muéstrame el límite del fuego esmeralda”, susurraba la voz en su subconsciente.
Kai sintió la trampa. Se dio cuenta de que su ira estaba alimentando la red de las Torres de Sincronización. Cuanto más poder liberaba, más información le entregaba al Arquitecto. Se detuvo en el aire, rodeado de restos de naves que caían como meteoritos sobre el desierto volcánico. Miró hacia abajo y vio a Meilin. La niña estaba despertando, sus ojos verdes brillando débilmente bajo el escudo del Soberano del Hierro. Ella estaba intentando purificar la Raíz Madre por sí sola, luchando contra la negrura imperial con una valentía que avergonzaba a los propios dioses.
Esa imagen fue el ancla que Kai necesitaba.
—No seré tu combustible… —gruñó Kai, luchando contra el parásito solar que pedía más destrucción.
Con un esfuerzo sobrehumano, Kai no apagó su poder, sino que lo invirtió hacia adentro. En lugar de proyectar el fuego esmeralda, lo utilizó para incinerar los rastros de tecnología imperial en sus propios nervios. Fue un proceso de purga interna tan doloroso que Kai soltó un grito que se escuchó en los cuatro reinos. Vio cómo las líneas de código violeta en su piel se quemaban, convirtiéndose en humo negro que salía de sus poros.
El Arquitecto soltó una carcajada distorsionada a través de los restos de una radio cercana.
“Interesante maniobra, Anomalía. Te has amputado a ti mismo para salvar tu alma. Pero al hacerlo, has debilitado tu escudo. El Reino de las Llamas ya es mío.”
Desde el cráter del volcán, una torre de silicio de proporciones colosales emergió, disparando un haz de luz blanca directamente hacia el espacio exterior. El proceso de sincronización final había comenzado.
Kai cayó del cielo, golpeando el suelo cerca de Meilin con la fuerza de un cometa. Su cabello blanco estaba chamuscado y sus ojos grises habían recuperado un tinte de jade, pero estaba agotado. El parásito solar se había retraído, dejando su cuerpo en carne viva.
—Kai… —Meilin gateó hacia él, su mano pequeña tocando su frente—. Lo lograste… lo sacaste de tu cabeza.
—Pero ellos tienen el volcán, Meilin —susurró Kai, mirando hacia la torre colosal que ahora gobernaba el horizonte—. No puedo detener esa torre yo solo. No me queda nada.
El Soberano del Hierro y la Soberana de las Mareas se acercaron, flanqueando al hermano y la hermana. El metal y el agua se unieron en una presencia imponente.
—No estás solo, Ancla —dijo el Soberano del Hierro—. Nos pediste que atacáramos. Ahora nos toca a nosotros demostrar por qué somos los pilares de este mundo.
—El océano no se evaporará hoy —añadió Lyraei, y el suelo empezó a temblar con el sonido de tsunamis subterráneos—. Prepárate, Kai. Vamos a darte la apertura que necesitas para el golpe final.
¿Podrán los Soberanos debilitar la Torre de Sincronización lo suficiente para que un Kai exhausto aseste el golpe de gracia, o el Arquitecto revelará su as bajo la manga: un Ejecutor de Nivel Divino diseñado específicamente para cazar a los tres elementos juntos?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com