Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 72
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Capítulo 72: El Horizonte de Eventos y el Muro de Silicio
La Capital del Rayo Negro no reaccionó como una ciudad ante un invasor; reaccionó como un anticuerpo ante una infección. A medida que el cometa de zafiro —formado por la voluntad combinada de los Soberanos— se acercaba a la zona de exclusión, el disco titánico de metal negro empezó a rotar sobre su propio eje. Miles de aperturas hexagonales se abrieron en su superficie, liberando no solo naves, sino una Marea de Sincronización: una distorsión visual de ondas violetas que intentaba “formatear” el espacio que los rodeaba antes de que pudieran hacer contacto.
—¡Mantengan la frecuencia! —rugió Kai desde el núcleo de la formación—. ¡No permitan que sus sensores definan nuestra masa!
Kai estaba en el límite de su resistencia. El código imperial en su interior, aquel que había intentado purgar en el volcán, gritaba ante la proximidad de la Capital Madre. Sus venas de obsidiana brillaban con un violeta furioso, intentando obligar a sus músculos a obedecer al Arquitecto, pero Kai usaba la gravedad de la Tierra para aplastar esas señales eléctricas antes de que llegaran a su cerebro.
Vaelen, el Soberano del Aire, fue el primero en golpear las defensas externas. Con un gesto de su flauta, creó un vacío absoluto delante del grupo, eliminando la fricción y permitiendo que la esfera de agua de Lyraei se moviera a velocidades que el Imperio consideraba imposibles para entes biológicos. El impacto contra la primera línea de drones de silicio fue absoluto; no hubo explosiones de fuego, solo el sonido del metal siendo triturado por la presión hidrostática y gravitatoria.
—¡Escudo Lógico detectado! —advirtió el Soberano del Hierro, cuyos sentidos magnéticos estaban mapeando la estructura de la ciudad—. ¡Ancla, están proyectando un muro de ceros y unos! Si lo tocamos sin la densidad adecuada, seremos descompuestos en datos puros.
Frente a ellos, una barrera de luz blanca, translúcida y perfecta, se alzó desde el centro de la Capital. Era el Muro de Silicio, la defensa definitiva del Arquitecto. No era materia; era una sentencia matemática que dictaba que nada con vida orgánica podía existir más allá de ese punto.
—Lyraei, dame el vapor. Hierro, dame la estructura —ordenó Kai, cerrando sus ojos grises.
La Soberana de las Mareas evaporó la capa externa de su esfera, creando una nube supercalentada que refractaba la luz del muro, mientras el Soberano del Hierro proyectaba billones de nanofibras de metal que se entrelazaron con el Qi de Kai.
Kai extendió la Quebrantacielos. La espada, imbuida con la esencia de los cuatro elementos y la neblina del Olvido, empezó a vibrar a una frecuencia que desafiaba la lógica.
—¡Colapso Gravitatorio: Punto de Realidad Singular! —gritó Kai.
En la punta de su espada, Kai creó un punto de densidad infinita. El Muro de Silicio, que intentaba “borrar” al grupo, de repente se encontró con algo que no podía procesar: un objeto que pesaba más que toda la lógica del Imperio. El muro no se rompió; se curvó. La luz blanca fue succionada hacia el punto de gravedad de Kai, creando un agujero en la defensa imperial.
El grupo atravesó el muro como una bala de cañón. El choque de realidades provocó un estruendo que sacudió la Capital entera. Al cruzar, se encontraron en el interior de la metrópolis: un bosque de torres de cristal negro, puentes de luz sólida y fábricas automatizadas que procesaban el Qi robado del mundo. El aire aquí olía a ozono y a muerte fría.
—Anomalía 0-A ha penetrado el perímetro —la voz del Arquitecto resonó en cada rincón de la ciudad, desprovista de emoción pero cargada de una amenaza latente—. Procediendo a la Fragmentación del Sujeto. Si el Ancla desea ser pesada, le daremos el peso de toda la Capital sobre sus hombros.
De repente, la gravedad de la ciudad misma se invirtió. El suelo dejó de atraerlos y las torres empezaron a caer hacia ellos desde todas direcciones. El Arquitecto estaba manipulando el espacio-tiempo interno de la ciudad para convertirlos en el centro de una implosión masiva.
—¡Meilin, ahora! —gritó Kai, mientras usaba sus manos para sostener una torre de mil toneladas que caía sobre ellos.
Meilin, cuyos ojos verdes brillaban con la luz de la Raíz Madre, golpeó el suelo de la Capital con la palma de su mano.
—¡Despertar del Jade Original: El Jardín del Caos!
Desde las grietas del metal negro, raíces de jade puro estallaron con una ferocidad salvaje. No eran plantas normales; eran extensiones de la voluntad de la Tierra que se alimentaban del silicio imperial. Las raíces se enredaron en las torres que caían, deteniéndolas en el aire y convirtiéndolas en pilares de vegetación esmeralda. El orden del Arquitecto fue interrumpido por la imprevisibilidad del crecimiento orgánico.
—Sigan avanzando —dijo Kai, con sangre plateada brotando de sus labios por el esfuerzo—. El Trono del Arquitecto está en la torre central. Si logramos llegar allí antes de que reinicie el sistema, podremos desconectar la Sincronización Global de un solo golpe.
Pero el camino no estaba despejado. Frente a la torre central, les esperaba la guardia pretoriana del Imperio: los Sobrinos del Arquitecto. Eran doce figuras de luz líquida, cada una portando una versión sintética de las armas elementales de los Soberanos. Eran el reflejo oscuro de lo que Kai y sus aliados representaban.
—Son copias de nosotros… —murmuró Lyraei, apretando su báculo de coral—. Están intentando neutralizar nuestras frecuencias con sus opuestos.
—No son copias —dijo Kai, dando un paso al frente mientras su cabello blanco brillaba con una luz violeta y gris—. Son el pasado intentando detener el futuro. Soberanos, cada uno tome a su reflejo. Yo iré por el Arquitecto.
—¡Kai, espera! —gritó Meilin—. ¡No puedes enfrentarte a él solo! El código en tu interior… ¡si te acercas demasiado al núcleo, él podrá tomar el control total de tu cuerpo!
Kai la miró por encima del hombro, y por un momento, Meilin vio al hermano que solía hornear pan en Ojo de buey tras la máscara del Soberano del Vacío.
—Si me convierto en él, Meilin… tú sabes qué hacer. No dejes que el mundo pierda su peso, incluso si eso significa borrarme a mí también.
Sin esperar respuesta, Kai se lanzó hacia la torre central, convirtiéndose en un rayo de gravedad y sombras que dividió el campo de batalla en dos. El enfrentamiento final del Libro 2 había alcanzado su punto de no retorno.
¿Podrá Kai mantener su voluntad humana mientras se adentra en el corazón de la lógica imperial, o el Arquitecto revelará que Kai siempre fue la pieza final necesaria para completar el algoritmo de destrucción total del mundo?
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