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Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 8

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  3. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 El mapa de las venas del mundo
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8: Capítulo 8: El mapa de las venas del mundo 8: Capítulo 8: El mapa de las venas del mundo ​El silencio volvió a descender sobre el arroyo, interrumpido solo por el murmullo del agua y los gemidos amortiguados de los mercenarios atrapados entre las raíces.

Kai permanecía inmóvil, con el pergamino en la mano.

La textura del papel era extraña; no era piel de animal ni fibras de celulosa común, sino algo que se sentía como seda endurecida, vibrando levemente bajo sus dedos impregnados de energía esmeralda.

​ La joven lo observaba con una mezcla de asombro y terror.

Se apartó un mechón de cabello oscuro de la cara, revelando unos ojos dorados que parecían estudiar cada centímetro del nuevo físico de Kai.

​ —Tú…

tú no eres un mercenario —logró decir ella, recuperando el aliento—.

Pero tampoco eres un espíritu del bosque.

Tu Qi es denso, como el de una montaña, pero tiene el aroma de la vida silvestre.

​ Kai bajó la mano, relajando la tensión en el suelo.

Las raíces que inmovilizaban a los agresores se apretaron un poco más, asegurándose de que no intentaran nada estúpido.

​ —Soy lo que queda de un panadero —respondió Kai, y su voz hizo que la chica diera un respingo—.

¿Qué es este mapa y por qué el Clan de la Llama Blanca enviaría hombres a morir por él en territorio prohibido?

​ La joven, a quien Kai decidió llamar Rina mentalmente (antes de que ella misma se presentara), se puso de pie con cautela.

Se sacudió el polvo de sus ropas de viaje y extendió la mano, no para quitarle el pergamino, sino para señalar los símbolos que empezaban a brillar en respuesta al contacto de Kai.

​ —Me llamo Lyra —corrigió ella, como si leyera su duda—.

Soy una cartógrafa de la Academia de los Susurros.

Ese mapa no muestra caminos, muestra las arterias del mundo.

Muestra dónde el Dragón de Esmeralda dejó su última voluntad antes de ser fragmentado.

Lo que tienes en las manos es la ubicación de la Glándula de Ámbar, el núcleo de poder que podría hacer que la tierra se levante contra los cielos.

​ Kai miró el pergamino.

Bajo su toque, las líneas de tinta negra comenzaron a transformarse en surcos de luz verde.

Vio una representación detallada de la cordillera que rodeaba la aldea Velo de Piedra, pero extendiéndose mucho más allá, hacia regiones que él nunca había soñado visitar.

​ —El Protector me habló de una gruta —dijo Kai, casi para sí mismo—.

Dijo que debía encontrar el corazón del dragón.

​Lyra palideció.

—¿El Protector?

¿Has hablado con el Anciano de la Raíz?

—Ella retrocedió un paso, cubriéndose la boca con la mano—.

Las leyendas decían que él solo se mostraría ante el heredero del linaje prohibido.

Pensé que eran cuentos para asustar a los recolectores de hierbas.

​ —No son cuentos —intervino la voz profunda del Protector, emergiendo de entre los árboles con una lentitud que helaba la sangre—.

Y el tiempo de las leyendas se está agotando, pequeña buscadora de verdades.

​ Lyra se arrodilló de inmediato, bajando la cabeza hasta casi tocar el suelo húmedo.

El respeto que mostraba era absoluto, mucho mayor que el que cualquier aldeano mostraba ante el líder del clan.

El Protector ignoró la pleitesía y fijó sus ojos de madera en Kai.

​ —El mapa ha llegado a ti porque la tierra lo ha llamado —dijo el anciano—.

Pero no creas que eres el único que puede leerlo.

Los Ancianos del Fuego tienen astrónomos que ya han detectado el cambio en las mareas espirituales.

Si no nos movemos ahora, el mapa solo servirá para guiar a tus verdugos hacia el corazón de tu poder.

​ De repente, un estruendo sordo sacudió el aire.

No venía del suelo, sino de arriba.

Kai miró hacia el cielo y vio una estela de fuego azul cortando las nubes.

Era un carruaje volador, tirado por bestias aladas envueltas en llamas.

El Clan de la Llama Blanca no estaba enviando rastreadores esta vez; estaban enviando una fuerza de ocupación.

​ —¡Nos han encontrado!

—gritó Lyra, poniéndose de pie de un salto—.

El sello del mapa…

al activarse con tu energía, debió emitir una señal.

​ —Llévala contigo, Kai —ordenó el Protector, plantando su cayado en el suelo con una fuerza que hizo brotar chispas de piedra—.

Ve hacia la Gruta de los Suspiros.

Yo detendré el avance de esos pájaros de fuego el tiempo que pueda.

​ —¡No puedo dejarte aquí!

—protestó Kai, sintiendo una punzada de lealtad hacia el ser que lo había salvado de la tumba.

​ —No me dejas, muchacho.

Me devuelves a mi función original.

Soy un protector, y hoy protegeré el futuro de la tierra.

¡Corre!

​ Kai agarró a Lyra del brazo.

Su fuerza era tal que casi la levantó del suelo.

Sin mirar atrás, se lanzó hacia la espesura del bosque.

Ya no se sentía pesado ni torpe.

Sus pies encontraban el apoyo perfecto en cada raíz, en cada piedra.

Era como si el bosque estuviera desplegando una alfombra de energía para que él se deslizara a una velocidad que ningún humano normal podría alcanzar.

​ A sus espaldas, escuchó el rugido de las llamas encontrándose con la madera.

El cielo se volvió de un color violeta enfermizo mientras el fuego azul de los Inmortales intentaba purgar el verde sagrado.

Kai apretó los dientes, sintiendo el dolor del Protector a través de la red de raíces que aún los conectaba.

​ —¿A cuánto está la gruta?

—preguntó Kai mientras esquivaban un tronco caído con un salto prodigioso.

​ —Según el mapa, debemos cruzar el Valle de los Espejos de Barro —respondió Lyra, aferrándose al hombro de Kai para no caer —.

Es un lugar traicionero.

La tierra allí no es sólida, es una ilusión que devora a los impuros.

​ —La tierra no me devorará —sentenció Kai con una seguridad que lo sorprendió a él mismo—.

Yo soy el que decide qué es sólido en este mundo.

​ Caminaron y corrieron durante lo que parecieron horas, adentrándose en zonas donde la luz del sol apenas lograba filtrarse.

El ambiente se volvió más frío y el aire empezó a vibrar con un susurro constante, como miles de voces hablando al unísono bajo sus pies.

Eran los suspiros de la gruta que se acercaba.

​ Kai se detuvo en la entrada de un desfiladero estrecho.

Las paredes de roca estaban cubiertas de un musgo esmeralda que brillaba con luz propia.

El mapa en su mano ahora ardía de calor, indicando que habían llegado al punto de no retorno.

​ —Si entramos ahí —dijo Lyra, mirando la oscuridad de la gruta—, ya no habrá vuelta atrás para ti, Kai.

El mundo exterior sabrá que el Dragón de Esmeralda ha regresado, y enviarán ejércitos, no solo clanes locales.

¿Estás listo para ser el enemigo de todos los que miran al cielo?

​ Kai miró sus manos, luego miró hacia la dirección de su antigua aldea, donde el humo de los incendios aún era visible en el horizonte.

Pensó en el pan de miel, en los golpes de Grog y en la arrogancia de Chen.

Luego pensó en la majestuosidad del dragón de jade en sus visiones.

​ —Ya era un enemigo cuando nací pobre —respondió Kai, dando el primer paso hacia la oscuridad—.

Ahora, al menos, soy un enemigo que puede devolver el golpe.

​ Entraron en la gruta, y el mapa se cerró sobre sí mismo, transformándose en una pequeña esfera de ámbar que se incrustó en el pomo de la daga de Kai.

La verdadera prueba para alcanzar su contrato con el destino estaba a punto de comenzar.

​ ¿Qué horrores aguardan en la Gruta de los Suspiros y podrá Kai reclamar el corazón del dragón antes de que el Protector caiga ante el poder devastador de los Ancianos del Fuego?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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