Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 La Gruta de los Suspiros y el eco del ámbar
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9: Capítulo 9: La Gruta de los Suspiros y el eco del ámbar 9: Capítulo 9: La Gruta de los Suspiros y el eco del ámbar La entrada a la Gruta de los Suspiros no era una simple cueva; era la garganta abierta de una montaña que parecía respirar.
A medida que Kai y Lyra se adentraban, el aire se volvía pesado, saturado de un polen luminiscente que flotaba como luciérnagas moribundas.
Las paredes de roca no eran lisas, sino que estaban cubiertas de formaciones cristalinas que vibraban con un tono bajo, una frecuencia que hacía que los dientes de Kai castañearan involuntariamente.
—Mantente cerca de mí —advirtió Lyra, cuya voz sonaba extrañamente distorsionada, como si hablara a través de un muro de agua —.
Este lugar es un nexo.
El tiempo y el espacio aquí no siguen las reglas de los cielos.
Lo que ves no siempre es lo que tocas.
Kai asintió, aunque sus sentidos estaban enfocados en algo mucho más profundo.
Desde que cruzó el umbral, la esfera de ámbar en el pomo de su daga emitía un calor pulsante.
No era un calor que quemara, sino que se sentía como un corazón latiendo en sintonía con el suyo.
Cada paso que daba, el eco de sus botas sobre el suelo de obsidiana era respondido por un susurro que parecía venir de las paredes mismas.
—¿Lo escuchas?
—preguntó Kai, deteniéndose en seco.
—¿Escuchar qué?
Solo oigo el viento entre las grietas —respondió Lyra, mirando a su alrededor con nerviosismo.
—No es el viento.
Son voces.
Miles de ellas.
Kai cerró los ojos y activó su visión esmeralda.
El mundo cambió.
Ya no estaba en una cueva oscura; estaba en medio de una red infinita de nervios espirituales.
Vio que la gruta era en realidad un órgano vital del antiguo Dragón de Tierra, una cámara de memoria donde cada suspiro de la criatura moribunda había quedado atrapado en el cristal.
De repente, el suelo bajo sus pies desapareció.
No cayeron, sino que quedaron suspendidos en una neblina de color ocre.
Frente a ellos, la niebla comenzó a tomar forma, solidificándose en figuras que Kai reconoció con un nudo en la garganta.
Apareció el Maestro Grog, con su rostro rojo de ira y su bastón en alto.
Apareció Chen, envuelto en llamas azules, riendo con arrogancia.
Pero la figura que más dolió fue la de una mujer cansada, con las manos manchadas de harina y una sonrisa triste: su madre.
—Es una prueba mental —susurró Lyra, agarrando el brazo de Kai—.
La gruta está extrayendo tus miedos y remordimientos para alimentarse.
Si cedes a la ilusión, te convertirás en una de esas estatuas de cristal que vimos en la entrada.
¡No los mires!
—¡Kai!
—gritó la imagen de Grog, su voz resonando con una potencia sobrenatural—.
¡Vuelve a la panadería!
¡Eres un gusano, un error de la naturaleza!
¡Naciste para servir y morirás en la oscuridad!
La imagen de Chen dio un paso adelante, su fuego azul lamiendo el aire.
—Mírate, panadero.
¿Crees que un par de raíces te hacen un dios?
Solo eres un ladrón de energía prohibida.
El Clan de la Llama Blanca borrará tu nombre de la historia.
Kai sintió que el Qi esmeralda en su interior vacilaba.
La duda era un veneno lento.
Por un momento, volvió a sentirse como el chico asustado que se escondía bajo la escalera.
La presión de la montaña parecía querer aplastarlo de nuevo, no para entrenarlo, sino para sepultarlo para siempre por su arrogancia.
—No son reales…
—masculló Kai, apretando los puños hasta que sus nudillos blanquearon.
—¡Claro que somos reales!
—intervino la visión de su madre, extendiendo una mano hacia él—.
Vuelve conmigo, Kai.
Deja esta carga.
El poder del dragón solo trae dolor.
Mira lo que le pasó al Protector por tu culpa.
Está muriendo mientras tú juegas a ser un héroe.
Ese fue el error de la ilusión.
Al mencionar al Protector, el vínculo de Kai con la tierra se disparó.
El Protector no era un sacrificio; era un pilar.
Y Kai no era un ladrón; era un heredero.
—Mi madre nunca me pediría que me rindiera —dijo Kai, y su voz cortó la niebla como una espada de jade—.
Ella sabía que incluso el pan más humilde necesita el fuego y la presión para ser nutritivo.
Ustedes no son mis recuerdos.
Son solo parásitos del pasado.
Kai no atacó a las figuras con sus manos.
En lugar de eso, golpeó el suelo con su voluntad.
Expandió su Dantian, liberando una onda de choque de Qi esmeralda que no buscaba destruir, sino “reclamar”.
—¡YO SOY LA TIERRA!
—rugió.
La niebla ocre estalló en mil pedazos.
Las visiones de Grog, Chen y su madre se desintegraron como arena al viento.
El escenario cambió de nuevo, y Kai y Lyra se encontraron frente a un puente de piedra natural que cruzaba un abismo sin fondo.
Al otro lado del puente, una estructura colosal de ámbar brillaba con una luz dorada y pura: el Corazón de la Raíz.
Sin embargo, el puente no estaba vacío.
Un guardián de piedra, de cinco metros de altura y con armadura hecha de placas de basalto, bloqueaba el camino.
No tenía rostro, solo una gran gema verde en el centro de su pecho que latía con una intensidad aterradora.
—El Guardián de Basalto —susurró Lyra, retrocediendo—.
Las crónicas dicen que nadie ha pasado de aquí en tres mil años.
Está hecho de la misma piedra que el núcleo del mundo.
No puedes cortarlo, no puedes quemarlo…
—No necesito cortarlo —dijo Kai, dando un paso firme sobre el puente.
Las grietas bajo sus pies se cerraron instantáneamente al sentir su autoridad—.
Solo necesito que me reconozca.
El guardián levantó un mazo de piedra que pesaba más que un carruaje y lo descargó contra Kai.
El joven no se movió.
Levantó su mano izquierda y, en lugar de bloquear, “permitió” que la energía del mazo fluyera a través de él y se descargara directamente en el suelo del puente.
El impacto fue masivo, pero Kai no retrocedió ni un milímetro.
La gema en el pecho del guardián parpadeó.
Kai extendió su mano derecha y tocó la superficie fría del gigante de piedra.
—Hermanos de la misma raíz —murmuró Kai—.
Déjame pasar.
Mi sangre es la savia que te dio forma.
Por un segundo, el tiempo se detuvo.
El guardián se inclinó, sus articulaciones de piedra crujiendo como un terremoto lejano.
El mazo fue depositado a un lado y el gigante se partió por la mitad, no por un golpe, sino abriéndose como una puerta de honor.
Lyra miró a Kai con una expresión que rozaba la adoración religiosa.
Ya no era solo una guía o una cartógrafa; estaba presenciando el nacimiento de una deidad terrenal.
Cruzaron el puente y llegaron ante el núcleo de ámbar.
Dentro de la resina gigante, se podía ver una esfera de energía pura que giraba lentamente.
Era el Corazón de Ámbar, la fuente del poder absoluto sobre el elemento tierra.
—Tómalo —dijo Lyra en un susurro—.
Pero recuerda, Kai: una vez que lo hagas, el equilibrio del mundo se romperá.
Los cielos no podrán ignorarte más.
Kai extendió la mano hacia el ámbar.
Su destino, el contrato con la eternidad y las 12,000 palabras de su historia estaban a solo un centímetro de distancia.
¿Qué transformación sufrirá Kai al absorber el Corazón de Ámbar y qué pasará cuando los Ancianos del Fuego descubran que el sello final ha sido roto?
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