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Crónicas Del Filo Dracónico - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Rugido Del Dragón
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10: Rugido Del Dragón 10: Rugido Del Dragón El cielo sobre Aetherion ya no era azul.

Estaba resquebrajado como cristal roto, y por las grietas se filtraba una luz negra y estridente que parecía quemar el aire.

Los demonios del odio habían invadido las tierras bajas, pero ahora se dirigían hacia las fortalezas de los clanes, convocados por un llamado que resonaba en el corazón de cada Filodragón.

Akira y los Ceniza Iluminada se encontraban en las afueras de la Ciudad de Escamas Negras, la fortaleza oculta del Concilio.

Sus Filodragón brillaban con energías diferentes, unidas en un solo brillo multicolor que contradecía la oscuridad que los rodeaba.

—El Concilio ha roto tres de los cuatro sellos celestiales —informó Kuro Ryuzen, su Filodragón de sombra proyectando imágenes en el aire—.

El último está en la cima de la torre central.

Si lo rompen, los dragones sellados en el cielo despertarán completamente.

Mei Tsukihana colocó sus manos sobre el pecho de un compañero herido, y su luz dorada sanó las heridas, aunque dejaba en sus ojos un cansancio profundo.

—Cada sanación me quita un recuerdo —murmuró—.

Ya no recuerdo cómo era mi aldea de origen.

Pero vale la pena, si puedo salvar a los demás.

Aoi Mizuryu, su Filodragón de agua creando un escudo protector alrededor del grupo, señaló hacia la torre: —Veo sus defensas.

Los clanes del Concilio están esperándonos.

Rei Tenryō está ahí, con el dragón celestial que heredó de su familia.

Akira cerró los ojos, sintiendo la voz de su dragón carmesí en su interior: El fuego primordial que controla el Concilio es mi hermano mayor.

Nos separaron cuando comenzaron los sellos.

Él cree que los humanos son una plaga que debe ser erradicada.

—Lo sé —murmuró Akira en voz baja—.

Pero también sé que él recuerda lo que fuimos antes de la Guerra del Rugido.

El grupo avanzó hacia la fortaleza, enfrentándose a las hordas de demonios y guerreros del Concilio que se interponían en su camino.

Tetsu Raiketsu se adelantó, su cuerpo cubierto de relámpagos: —¡Yo me encargo de la primera línea!

—gritó, lanzando un rayo que desvió a docenas de enemigos—.

Aunque cada ataque me quite un año de vida, ¡no los dejaré pasar!

Ren Kazehara se movió con la velocidad del viento, llevando mensajes entre los miembros del grupo y desviando los ataques enemigos: —Mantengámonos unidos —ordenó—.

Nuestro lazo es nuestra mayor fortaleza.

A medida que ascendían por la torre, encontraron a los líderes del Concilio uno por uno.

Hana Seishin enfrentó a la maestra de las ilusiones del Concilio, usando sus propios poderes para desvanecer las mentiras que ella proyectaba.

Daichi Ganseki se enfrentó al guerrero de tierra del enemigo, su cuerpo convirtiéndose en roca para resistir los ataques, aunque cada transformación le consumía parte de su voluntad.

Finalmente, llegaron a la cima de la torre, donde el último sello celeste brillaba débilmente en el centro de una plataforma circular.

Alrededor estaban los cuatro líderes del Concilio, y en el centro, Rei Tenryō, empuñando un Filodragón blanco como la nieve que emanaba una luz cegadora.

—Akira Nozomi —dijo Rei, su voz fría como el hielo—.

Tú que despertaste un dragón prohibido, ¿crees realmente que puedes detener lo que viene?

Los dragones son los verdaderos amos de este mundo.

Los humanos solo somos sus herramientas.

El líder del Concilio, un hombre vestido con ropas negras que parecían estar hechas de sombras, avanzó: —El rugido final resonará en todo el mundo.

Los sellos se romperán, y los dragones despertarán para reclamar lo que les pertenece.

La humanidad será purgada por el fuego primordial, el hielo celestial, la oscuridad abisal y las sombras eternas.

Akira avanzó, separándose del grupo.

Su Filodragón carmesí se alzó en el aire, manifestándose parcialmente en forma de alas y garras de fuego.

—No todos los dragones piensan igual —respondió Akira—.

Mi dragón me ha enseñado que el poder no es para dominar, sino para proteger.

Los humanos y los dragones podemos coexistir, como lo hicieron antes de la guerra.

El líder del Concilio rio a carcajadas: —¡Coexistir!

¿Después de que los humanos sellaron a sus propios protectores como armas?

¡No habrá perdón!

Con un movimiento de su mano, ordenó a los demás líderes que atacaran.

Rei se lanzó hacia Akira, su dragón celestial creando ráfagas de hielo que congelaban el aire mismo.

Akira se defendió con su fuego carmesí, y el impacto de ambos poderes hizo temblar la torre.

Mientras tanto, los Ceniza Iluminada se enfrentaban a los otros líderes del Concilio.

Cada uno daba lo mejor de sí, pagando el precio de su poder con recuerdos, años de vida y voluntad, pero nunca soltando la mano de sus compañeros.

En un momento de descuido, el líder del Concilio alcanzó el sello celeste y comenzó a romperlo con sus poderes de sombra.

Las grietas en el cielo se ampliaron, y se escuchó un rugido que hacía temblar el mundo entero.

—Es demasiado tarde —gritó el líder—.

El último rugido ha comenzado.

Akira vio cómo el sello se rompía en mil pedazos, y en ese instante tomó una decisión.

Cerró los ojos y permitió que su dragón carmesí se manifestara por completo, en su forma verdadera: un gigantesco dragón de fuego carmesí con ojos de oro.

Pero esta vez, no consumió sus recuerdos ni sus emociones.

En cambio, la energía del lazo que había tejido con sus compañeros fluyó hacia él, uniendo sus poderes en uno solo.

—No serás el único en rugir —gritó Akira, montado en la espalda de su dragón—.

¡Ascensión Dracónica Unida!

Los Filodragón de todos los Ceniza Iluminada se manifestaron al mismo tiempo, sus formas dracónicas uniéndose a la de Akira, creando una criatura de múltiples colores que brillaba con una luz más fuerte que el sol.

El rugido que emitieron no era de destrucción, sino de esperanza.

Y en ese momento, los dragones sellados en el cielo y en la tierra comenzaron a moverse, respondiendo no al llamado del Concilio, sino al de la unión entre humanos y dragones.

El líder del Concilio retrocedió, horrorizado: —Imposible… no pueden controlar tanto poder… Pero era posible.

Porque no lo estaban controlando solos.

El cielo comenzó a sanarse lentamente, y los demonios del odio comenzaron a desvanecerse como humo.

Los líderes del Concilio, derrotados por la fuerza de la unión, cayeron de rodillas, sus poderes debilitándose.

Rei Tenryō miró a Akira, y en sus ojos de hielo apareció un destello de confusión y esperanza.

—¿Es realmente posible?

—susurró—.

Vivir juntos… Akira asintió, y su dragón carmesí extendió una pata hacia el guerrero blanco: —Sí.

Pero depende de todos nosotros construir ese futuro.

En ese momento, un nuevo rugido resonó en el mundo, pero esta vez no era de guerra ni de destrucción.

Era el rugido de un acuerdo antiguo, que volvía a cobrar vida.

Los dragones despertados no atacaron a los humanos.

En cambio, se posaron en las montañas, los ríos y los cielos, como guardianes que habían vuelto a su lugar.

El mundo de Aetherion había cambiado para siempre.

Fin del capítulo

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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