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Crónicas Del Filo Dracónico - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Las cenizas que no se apagan
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11: Las cenizas que no se apagan 11: Las cenizas que no se apagan El mundo no volvió a la normalidad.

Simplemente aprendió a respirar de otra manera.

Semanas después del Rugido Unido, los cielos de Aetherion ya no estaban resquebrajados, pero tampoco eran los mismos.

Líneas doradas recorrían la bóveda celeste como cicatrices selladas con fuego antiguo.

Los dragones —libres por primera vez en siglos— no gobernaban ni destruían.

Vigilaban.

Y eso inquietaba a muchos.

En la capital provisional de los Cinco Clanes, levantada en las terrazas del antiguo Santuario, se celebró el primer Consejo Abierto en generaciones.

Humanos y dragones vinculados compartían el mismo espacio sin sellos, sin cadenas.

Pero la paz siempre tiene enemigos.

Akira observaba el horizonte desde el balcón más alto de la torre restaurada.

Kazan no Ha descansaba en su espalda, silenciosa.

Desde la Ascensión Dracónica Unida, algo había cambiado.

El dragón ya no sonaba como una voz separada.

Sonaba como un eco dentro de su propio pensamiento.

—No te acostumbres a la calma —dijo Ryuzen, apareciendo a su lado—.

Las guerras no mueren.

Se transforman.

Akira asintió.

—Lo sé.

Abajo, los Ceniza Iluminada entrenaban.

Ya no como sobrevivientes, sino como símbolo.

Delegaciones de distintos clanes enviaban jóvenes para aprender el “Lazo Unido”.

Algunos lo admiraban.

Otros lo temían.

Ren aterrizó junto a ellos con un salto impulsado por el viento.

—Tenemos un problema.

No era un tono de alarma.

Era peor.

Era certeza.

—Habla —dijo Akira.

—Tres dragones han desaparecido.

No muertos.

No sellados.

Desaparecidos.

Mei dejó de practicar su técnica de sanación al escuchar eso.

—¿Desaparecidos cómo?

Ren miró al cielo.

—Como si alguien los hubiera arrancado del mundo.

El silencio se volvió denso.

Ryuzen frunció el ceño.

—Xibalba fue contenido, no destruido.

Akira sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—No fue él —murmuró el dragón carmesí dentro de su mente—.

Esto es distinto.

— Esa misma noche, una explosión sacudió la periferia de la ciudad.

No fue fuego.

No fue hielo.

Fue vacío.

Cuando los Ceniza Iluminada llegaron al lugar, encontraron un cráter perfectamente circular.

En el centro, un Filodragón partido en dos.

Sin energía.

Sin núcleo.

Como si le hubieran arrancado el alma.

Tetsu apretó los puños.

—Eso no lo hizo ningún dragón.

Una figura emergió del humo.

Vestía una armadura oscura sin símbolo alguno.

No pertenecía a Tenryō, ni a Aureth, ni a Noxra.

Sus ojos no reflejaban elemento.

Reflejaban ausencia.

—Así que este es el heredero que hizo rugir al mundo —dijo con voz neutra.

Akira dio un paso al frente.

—¿Quién eres?

La figura inclinó ligeramente la cabeza.

—Somos el Círculo Nulo.

Y ustedes… son un error que debe corregirse.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, la figura levantó la mano.

El aire se quebró.

No hubo explosión.

No hubo impacto visible.

Simplemente, Mei cayó de rodillas.

Su Filodragón perdió brillo.

—Mei —susurró Akira, corriendo hacia ella.

—No… puedo sentirlo… —murmuró ella—.

Es como si alguien estuviera… borrándolo.

La figura bajó la mano.

—El problema con la coexistencia —dijo con calma— es que mantiene con vida a ambas partes.

Extendió los brazos.

—Nosotros proponemos algo más eficiente.

Oscuridad blanca brotó del suelo, envolviendo el cráter.

No era sombra.

No era luz.

Era negación.

Ren atacó primero, una ráfaga de viento cortante que habría partido acero.

La energía atravesó al enemigo… sin tocarlo.

Daichi endureció su cuerpo y golpeó con fuerza sísmica.

Nada.

—No tiene elemento —gruñó Daichi.

—Exacto —respondió la figura—.

No somos portadores.

No somos dragones.

Somos la solución final al ciclo.

Akira sintió algo que no había sentido ni frente al Concilio.

Incertidumbre real.

—No lo enfrentes como a un dragón —susurró su dragón interior—.

No lo enfrentes como a un humano.

La figura dio un paso hacia él.

—El Rugido Unido alteró el equilibrio.

Despertó fuerzas que ustedes no comprenden.

Si humanos y dragones se fusionan… el mundo jamás volverá a ser estable.

—El mundo nunca fue estable —respondió Akira, encendiendo fuego carmesí en su mano—.

Solo estaba roto en silencio.

La figura extendió su mano hacia Kazan no Ha.

Por primera vez, Akira sintió miedo real.

El fuego carmesí titubeó.

—Interesante —dijo el enemigo—.

Tu dragón resiste la anulación.

El aire se comprimió.

Akira tomó una decisión.

No usaría la Ascensión Unida.

No aún.

En lugar de eso, extendió su otra mano hacia Ren.

Ren entendió sin palabras.

El viento envolvió el fuego.

Mei, aún débil, forzó una chispa de luz.

Daichi golpeó el suelo, creando una onda que alteró el equilibrio del enemigo por una fracción de segundo.

Fue suficiente.

Akira no lanzó fuego.

Lanzó vínculo.

La energía no golpeó al enemigo.

Golpeó el espacio que lo rodeaba.

El vacío vibró.

Por primera vez, la figura retrocedió.

—Interesante… —repitió.

La negación alrededor comenzó a deshacerse.

—Aún no están listos —dijo—.

Pero lo estarán.

Y desapareció.

No como sombra.

Como si nunca hubiera estado.

El cráter quedó en silencio.

Mei respiró con dificultad.

Su Filodragón volvió a latir débilmente.

Akira miró sus manos.

—Esto no terminó.

Ryuzen observaba el horizonte.

—No.

Acaba de empezar otra guerra.

Ren se acercó.

—¿Qué fue eso?

Akira apretó los puños.

—Algo que no quiere equilibrio.

Quiere vacío.

El dragón carmesí habló con gravedad: —Si Xibalba representaba el odio… el Círculo Nulo representa la ausencia de todo.

El viento sopló más frío que antes.

En lo alto de una montaña lejana, la figura sin símbolo observaba el cielo sanado.

—La era de los dragones terminó —susurró—.

Y la de los portadores… también.

Sus ojos brillaron con un resplandor blanco absoluto.

—Comienza la Era Cero.

En la torre del Santuario, Akira levantó la vista hacia las estrellas.

Por primera vez desde la victoria, entendió algo esencial: Salvar el mundo una vez no significa que permanezca salvado.

Aetherion estaba entrando en una nueva etapa.

Y esta vez, el enemigo no quería gobernar.

Quería borrar.

El fuego carmesí ardió más firme.

No por rabia.

Sino por decisión.

Fin del capítulo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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