Crónicas Del Filo Dracónico - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 El despertar de los siete sellos
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17: El despertar de los siete sellos 17: El despertar de los siete sellos La columna blanca dejó de brillar.
Comenzó a latir.
No era luz.
Era pulso.
Los nueve clanes principales —Fuego, Agua, Aire, Tierra, Planta, Luz, Sombra, Metal y Vacío— se habían reunido frente al portal, no como aliados, pero tampoco como enemigos.
El cielo estaba cubierto de grietas prismáticas que reflejaban colores imposibles.
Akira dio un paso al frente.
—No fue el Clan del Fuego quien los despertó —dijo con firmeza—.
Fue el desequilibrio que todos creamos.
Un temblor recorrió el suelo.
La columna se abrió verticalmente, como si el mundo fuera una herida que acababa de rasgarse.
Y de su interior emergió el primero.
— PRISMA Un ser cristalino descendió lentamente, fragmentado en miles de reflejos flotantes.
Cada fragmento mostraba una versión distinta del mundo: uno en guerra, otro en paz, otro sin humanos, otro sin dragones.
—Yo soy la bifurcación —dijo su voz, multiplicada—.
Donde hay elección, existo.
El Clan de Luz dio un paso atrás.
Incluso ellos no podían controlar aquella pureza.
— FÁBULA (LEGENDARIO) El aire se volvió antiguo.
Un dragón cubierto de runas doradas apareció caminando sobre el vacío mismo.
—Las historias crean poder —murmuró—.
Y ustedes han escrito demasiadas mentiras.
El Clan Planta sintió cómo sus raíces temblaban.
Las leyendas que sostenían sus tradiciones comenzaban a desmoronarse.
— PRIMITIVO El suelo se agrietó.
Una criatura cubierta de magma, hueso y tormenta emergió rugiendo.
No tenía lenguaje.
Solo instinto.
El Clan Tierra cayó de rodillas.
—Es la forma antes de la forma… —susurró Daichi.
— ANCESTRAL El tiempo pareció doblarse.
Un ojo gigantesco se abrió en el cielo.
No tenía cuerpo.
Solo mirada.
—Yo recuerdo lo que ustedes olvidaron.
El Clan Metal sintió cómo sus armas vibraban.
Todas provenían de pactos antiguos que jamás comprendieron del todo.
— DIVINIDAD La luz descendió como lluvia invertida.
Un ser humanoide, perfecto y sin expresión, apareció flotando.
Detrás de él se multiplicaban siluetas idénticas.
—La perfección requiere orden absoluto.
El Clan Luz palideció.
Nunca habían visto su elemento tan frío.
— TIEMPO El mundo se congeló.
Solo Akira pudo moverse.
Frente a él apareció una figura cubierta de relojes rotos.
—Veinte caminos.
Uno termina en extinción.
Uno en reinicio.
Uno en algo diferente.
—¿Y cuál elegimos?
—preguntó Akira.
La figura sonrió.
—El que puedas sostener sin romperte.
El mundo volvió a fluir.
— TIRANO (TITÁN) Entonces la montaña explotó.
Una silueta colosal emergió, cubriendo el horizonte.
No tenía alas.
No necesitaba volar.
Su presencia aplastaba el aire mismo.
—Yo soy el fin de las discusiones —retumbó—.
Cuando los débiles dudan, los fuertes deciden.
El Clan Vacío activó sus defensas instintivamente.
El Clan Fuego encendió sus armas.
El Clan Agua levantó muros líquidos.
Todos estaban listos para atacar.
Akira alzó la mano.
—¡No!
El Tirano lo miró.
—Tú fuiste el catalizador.
—No los desperté para que destruyeran el mundo —respondió Akira—.
Los desperté porque el mundo ya estaba muriendo dividido.
Prisma comenzó a girar.
Fábula inclinó la cabeza.
Tiempo observó en silencio.
Divinidad replicó tres clones.
Ancestral parpadeó.
Primitivo rugió.
Tirano dio un paso.
El suelo colapsó.
Los nueve clanes entendieron la verdad al mismo tiempo: La columna blanca no era una prisión.
Era una prueba.
Si los elementos principales no podían coexistir, los Primordiales decidirían reiniciar el sistema completo.
—Entonces que quede claro —dijo Akira, desenvainando Kazan no Ha—.
Su fuego no era solo rojo.
Tenía reflejos azules, verdes, dorados y oscuros.
—No lucharemos entre nosotros.
Lucharemos para demostrar que no necesitamos un reinicio.
Los líderes de los nueve clanes lo miraron.
Uno a uno, activaron sus fases superiores.
El cielo se llenó de viento cortante.
La tierra se levantó como muralla.
El agua flotó como constelación líquida.
Las sombras se extendieron como alas.
La luz se concentró como sol contenido.
El metal cantó.
El vacío absorbió el miedo.
La planta floreció incluso en roca.
Y el fuego ardió sin consumir.
Los Siete Primordiales observaron.
La guerra no comenzó.
Comenzó algo peor.
Una evaluación.
Y el primero en moverse fue Tirano.
El Titán levantó el puño.
El mundo contuvo el aliento.
Continuará…
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