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Crónicas Del Filo Dracónico - Capítulo 28

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28: Realidad 28: Realidad El silencio duró exactamente tres segundos.

Luego… Se escuchó una risa.

No venía del cielo.

No venía del suelo.

Venía de todas partes.

Grave.

Profunda.

Antigua.

Las murallas de Cobre comenzaron a agrietarse.

La tierra que habían estabilizado volvió a vibrar.

Y el cráter… volvió a respirar.

Sangre retrocedió un paso.

—No… yo lo sentí dispersarse… La risa se hizo más fuerte.

Las partículas que habían absorbido comenzaron a elevarse del suelo como polvo invertido, reuniéndose en el centro del cráter.

Fragmento tras fragmento.

Pulso tras pulso.

Reconstruyéndose.

La figura colosal de Tirano volvió a formarse, más alta que antes, más densa, más compacta.

Sus ojos ardían con un rojo oscuro.

—¿De verdad creyeron… —su voz retumbó como placas tectónicas rompiéndose— que podían debilitar la Destrucción?

Energía abrió los ojos con comprensión tardía.

—No lo debilitamos… Belleza sintió un escalofrío recorrer su espalda.

La ilusión que ella había tejido… comenzó a desvanecerse como humo bajo lluvia.

Tirano inclinó ligeramente la cabeza.

—La ilusión no fue tuya.

El cráter se transformó.

Las murallas de cobre desaparecieron.

La dispersión nunca ocurrió.

El sello jamás se ejecutó.

Todo lo que habían hecho… Nunca pasó.

Sombra habló en un susurro tenso.

—Manipulación perceptiva… Vacío completó la idea.

—Distorsión absoluta del entorno.

Tirano dio un paso adelante.

Esta vez el impacto fue real.

El suelo se partió en líneas que se extendieron kilómetros.

—Yo soy el Titán de la Destrucción —dijo con calma monstruosa—.

Pero antes de destruir… pruebo.

Fuego apretó los dientes.

—Nos puso a prueba.

—No —corrigió Tirano—.

Me aseguré de que entendieran algo.

Alzó la mano.

El aire se comprimió brutalmente.

Belleza intentó activar su Tercera Fase — Éxtasis Cegador.

Pero la energía no respondió.

Sangre intentó sentir el pulso.

No encontró circulación.

Cobre buscó anclar minerales.

El suelo se negó.

Energía sintió la verdad primero.

—No estamos en el mundo físico.

El paisaje cambió de golpe.

El cráter desapareció.

El cielo se volvió negro absoluto.

No había tierra.

No había aire.

Solo un espacio gris suspendido.

Tirano flotaba frente a ellos.

—La Destrucción no siempre rompe materia —dijo—.

A veces rompe la realidad.

Un movimiento de su mano.

Fuego sintió su cuarta fase colapsar.

Agua perdió cohesión.

Luz titiló.

Sombra se fragmentó.

Vacío se distorsionó.

Tirano habló sin elevar la voz.

—Mi única fase no es fuerza bruta.

Es inevitabilidad.

El espacio comenzó a comprimirse alrededor de ellos.

No podían estabilizar.

No podían sincronizar.

No podían tocar el suelo.

Energía intentó expandirse en Explosión Energética total.

Tirano simplemente cerró el puño.

La explosión se apagó antes de nacer.

—Ustedes luchan combinando —dijo el Titán—.

Yo existo solo.

Belleza cayó de rodillas en el vacío.

—Entonces… ¿por qué no nos destruyes ahora?

Tirano la miró.

Y por primera vez, su expresión no fue arrogante.

Fue curiosa.

—Porque si no pueden superarme cuando estoy completo… no podrán enfrentar a Divinidad.

El nombre resonó diferente.

Más pesado.

Más antiguo.

Tirano dio otro paso.

El espacio se fracturó detrás de él.

—Regresen cuando comprendan la diferencia entre poder… y concepto.

El gris colapsó.

El cráter volvió.

El cielo volvió.

El suelo volvió.

Y ellos estaban exactamente donde comenzaron.

Sin heridas.

Sin murallas rotas.

Sin dispersión.

Nunca habían debilitado a Tirano.

Nunca habían sellado nada.

Todo fue una ilusión creada por él.

Una simulación perfecta.

Sombra respiró con dificultad.

—Nos dejó ir… Energía miró al Titán, que ahora permanecía inmóvil en el centro del cráter.

—No.

Nos permitió retirarnos.

Tirano cerró los ojos.

—Crecen… o mueren.

El suelo dejó de temblar.

No los atacó.

No los persiguió.

Simplemente permaneció allí.

Inmenso.

Completo.

Indestructible.

Belleza habló en voz baja.

—Su Destrucción no es rabia… es ley.

Vacío entendió.

—No podemos matar una ley.

Energía miró a los demás.

—Entonces tendremos que cambiar las reglas.

A lo lejos, el Templo Celeste brilló más intensamente.

Divinidad había sentido todo.

Y estaba sonriendo.

Muy lejos, en la Ciudad Congelada… Tiempo avanzó un segundo más de lo que debería.

Y en la Columna Blanca rota… Un pulso residual comenzó a formarse.

El mundo acababa de entender algo aterrador: Los Pilares no eran enemigos comunes.

Eran fundamentos.

Y si querían destruirlos… Primero tendrían que superar la realidad misma.

Continuará…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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