Crónicas Del Filo Dracónico - Capítulo 32
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Capítulo 32: Fragmentos que susurran
No hubo impacto.
No hubo suelo.
Solo separación.
Fuego abrió los ojos y no había cielo.
Solo rojo.
Un rojo oscuro, profundo, que no iluminaba… quemaba desde adentro. El aire sabía a hierro caliente. El suelo era una extensión infinita de piedra agrietada, pero ninguna grieta terminaba de romperse.
Intentó usar su llama.
La llama apareció.
Pero no proyectaba sombra.
Eso lo inquietó más que el silencio.
—
Agua despertó flotando.
Pero no estaba en el océano.
Estaba suspendida dentro de una esfera líquida perfecta.
Fuera de ella, el mundo era negro.
Dentro, el agua no fluía.
Estaba inmóvil.
Intentó expandirse.
La esfera se contrajo.
Intentó calmarla.
La esfera latió.
No era una prisión.
Era… una medición.
—
Aire cayó.
Pero nunca tocó nada.
Un cielo infinito se extendía en todas direcciones, pero no había horizonte. Intentó impulsarse, crear corrientes, formar presión.
El viento se fragmentó en pequeñas corrientes que no le obedecían.
Escuchó algo.
Un susurro.
No palabras.
Respiraciones.
Millones.
—
Tierra despertó enterrado.
Pero no bajo suelo.
Dentro de una estructura perfecta de piedra blanca lisa.
Sin grietas.
Sin imperfecciones.
Intentó expandirse.
La estructura se volvió más densa.
Intentó romper.
La piedra absorbió el impacto.
Era como golpear el concepto de “resistencia”.
—
Luz estaba en un reino brillante.
Demasiado brillante.
No podía distinguir forma alguna.
Intentó intensificarse.
La claridad aumentó hasta volverse dolorosa.
Intentó apagarse.
La luz permaneció.
No controlaba la iluminación.
Era iluminado por algo más.
—
Sombra estaba sola.
Pero no en oscuridad.
En una penumbra constante donde no existía origen de luz.
Intentó dividirse.
Las copias no respondieron.
Intentó ocultarse.
No había dónde.
Escuchó pasos.
Pero no proyectaban sombra.
—
Vacío estaba en la nada.
Pero esa nada tenía textura.
Intentó absorber.
No había qué absorber.
Intentó expandirse.
La nada retrocedió.
Como si también fuera un ser consciente.
—
Metal estaba rodeado de espadas.
Miles.
Clavadas en un suelo inexistente.
Cada espada vibraba.
Algunas tenían nombres grabados.
Intentó invocarlas.
Las espadas giraron.
Y apuntaron hacia él.
—
Cobre estaba en un palacio mineral.
Perfectamente geométrico.
Pero cada vez que intentaba moverse, los muros cambiaban.
No era laberinto.
Era adaptación.
—
Sangre escuchaba latidos.
No propios.
Ajeno.
Intentó rastrear la fuente.
El latido cambió de ritmo.
Imitó el suyo.
Luego lo superó.
—
Belleza caminaba en un jardín perfecto.
Cada flor era una obra maestra.
Pero ninguna tenía aroma.
Intentó crear una ilusión.
El jardín la imitó.
Mejor.
Más perfecto.
Más hermoso.
Y por primera vez…
Sintió celos.
—
Energía abrió los ojos en un espacio blanco fragmentado.
Como si estuviera dentro de un cristal roto flotando en vacío.
Intentó expandirse para rastrear a los demás.
Cada fragmento reflejaba una versión distinta de él.
En una, estaba arrodillado.
En otra, sangraba.
En otra… sonreía como Tirano.
La imagen desapareció.
—
Una voz recorrió todos los escenarios.
No era fuerte.
No era dominante.
Era inevitable.
—No están peleando contra mí.
En cada reino, el entorno comenzó a moverse.
Las grietas en el mundo rojo de Fuego comenzaron a formar símbolos.
La esfera de Agua comenzó a mostrar imágenes borrosas.
El cielo infinito de Aire empezó a cerrarse como un ojo.
La piedra blanca de Tierra comenzó a latir.
La luz excesiva comenzó a parpadear.
Las espadas alrededor de Metal comenzaron a oxidarse.
El jardín de Belleza empezó a marchitarse… pero solo cuando ella lo miraba.
—Están peleando contra lo que creen que son.
El susurro era Tirano.
Pero no lo veían.
No estaba presente físicamente.
Estaba en el entorno.
En la presión.
En la arquitectura.
—El equilibrio los protegía.
Ahora no hay equilibrio.
Ahora solo están ustedes.
Agua intentó romper la esfera con una presión absoluta.
La esfera se agrietó.
Dentro de la grieta… vio algo.
Una versión de sí misma… ahogando a alguien.
Cerró la grieta.
Aire gritó, generando una tormenta imposible.
Las respiraciones alrededor comenzaron a sincronizarse con la suya.
Fuego lanzó una explosión masiva.
El mundo rojo no explotó.
Absorbió.
Tierra concentró toda su masa en un punto.
La piedra blanca respondió creando un espejo frente a él.
El golpe regresó.
Metal intentó forjar una espada nueva.
La hoja salió… torcida.
Imperfecta.
Vacío intentó devorar la textura de la nada.
La nada lo observó.
Belleza intentó alterar la perfección del jardín.
El jardín la superó otra vez.
—No morirán aquí —susurró la voz—.
La presión aumentó.
Los mundos comenzaron a cerrarse.
Como cajas.
Como ataúdes.
Pero nadie moría.
Solo se comprimían.
Desesperación.
Fuego empezó a dudar de su intensidad.
Agua empezó a temer su profundidad.
Aire sintió asfixia por primera vez.
Tierra sintió fragilidad.
Luz sintió ceguera.
Sombra sintió exposición.
Metal sintió inutilidad.
Vacío sintió miedo.
Energía gritó.
No hacia afuera.
Hacia adentro.
Los fragmentos a su alrededor comenzaron a vibrar violentamente.
En uno de ellos vio algo diferente.
No Tirano.
No un Pilar.
Una grieta en la estructura blanca.
Muy pequeña.
Casi invisible.
—No es prisión… —susurró.
Los otros no lo escucharon.
Pero sintieron algo.
Un mínimo cambio.
En el mundo rojo de Fuego, una grieta no absorbió su llama.
En la esfera de Agua, una gota cayó fuera del límite.
En el cielo de Aire, una corriente escapó.
En la piedra blanca, una microfractura no sanó.
La voz volvió.
Por primera vez… menos segura.
—Interesante.
La presión no desapareció.
La desesperación no terminó.
Pero algo había cambiado.
No entendían dónde estaban.
No sabían si era un dominio de Tirano.
Un experimento de Prisma.
Un juicio de Divinidad.
O una prueba creada por el propio mundo.
Lo único claro…
Era que la sonrisa del Titán no había sido victoria.
Había sido invitación.
Y ahora…
Algo más estaba observando.
No desde arriba.
Desde dentro de los escenarios.
Desde las grietas.
Desde los errores.
Un latido distinto.
Más antiguo.
Más profundo.
El capítulo termina con todos sintiendo lo mismo al mismo tiempo:
No estaban siendo atacados.
Estaban siendo medidos.
Y quien los medía…
No era Tirano.
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