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Crónicas Del Filo Dracónico - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Cuando los humanos cazan
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5: Cuando los humanos cazan 5: Cuando los humanos cazan El ataque no llegó con gritos.

Llegó con silencio.

Akira lo sintió primero.

No como peligro inmediato, sino como una presión incómoda, similar a cuando el dragón se agitaba en sueños.

Abrió los ojos antes del amanecer.

El refugio estaba en calma… demasiado.

—Despierta —susurró la voz antigua—.

No es abismo lo que se acerca.

Akira se incorporó.

Entonces lo vio.

Runas.

Marcas de sellado grabadas alrededor del refugio, ocultas entre piedras y raíces.

No eran demoníacas.

No eran antiguas.

Eran humanas.

—Ryuzen… —murmuró.

No alcanzó a levantarse cuando el aire se partió con un chasquido seco.

Una barrera de luz descendió desde el cielo, encerrando el refugio como una jaula.

—¡Todos afuera!

—rugió Ryuzen desde el patio—.

¡Formación inmediata!

El caos estalló.

Mei salió corriendo, medio dormida, seguida por Nami.

Daichi tomó posición al frente sin preguntar.

Ren apareció en un parpadeo, ya con el viento girando a su alrededor.

Akira llegó al centro del patio justo cuando las figuras descendieron.

No eran muchas.

Cinco.

Vestían armaduras blancas con símbolos dorados grabados en el pecho: un sol atravesado por una espada.

Tenryō.

—En nombre del orden del cielo —dijo el que iba al frente—, reclamamos al portador del Filo Carmesí.

Akira sintió cómo varias miradas se clavaban en él.

—No —respondió Ryuzen, dando un paso al frente—.

Aquí no reclaman nada.

El hombre sonrió.

—Entonces morirá alguien que no necesita morir.

La luz explotó.

El combate fue inmediato y desigual.

No porque fueran débiles.

Sino porque los atacantes sabían exactamente a quién golpear.

Uno de ellos se deslizó entre sombras falsas y apareció frente a Mei.

Akira reaccionó sin pensar, interponiéndose.

El impacto lo lanzó varios metros atrás.

El dolor fue seco, preciso.

—No pierden el tiempo —gruñó Daichi, bloqueando un golpe que habría partido una roca.

Akira se levantó tambaleante.

Kazan no Ha ardía con fuerza… pero algo no encajaba.

El enemigo no estaba luchando con todo.

Estaba midiendo.

—¿Por qué no atacan a matar?

—pensó.

Entonces lo entendió.

Querían capturarlo.

—¡No se separen!

—gritó Akira.

Demasiado tarde.

Una cadena de luz atravesó el aire y envolvió a Sora.

—¡Akira!

—gritó ella, forcejeando.

El mundo se detuvo.

El Fuego Carmesí rugió dentro de él.

El dragón despertó con violencia.

—Si avanzas así —advirtió—, perderás más de lo que imaginas.

Akira no escuchó.

Avanzó.

El suelo se resquebrajó bajo sus pies.

Las llamas carmesí se elevaron, envolviendo su cuerpo.

No era una Ascensión.

Era algo incompleto.

Desesperado.

—¡Suéltala!

—gritó.

El portador de luz abrió los ojos, sorprendido.

—Así que este es el fuego que temen… No terminó la frase.

Akira lo atravesó.

No con la espada.

Con el fuego.

La explosión lanzó a todos al suelo.

La barrera tembló.

Las runas comenzaron a romperse.

Silencio.

Los atacantes retrocedieron.

Dos de ellos estaban heridos.

Uno inconsciente.

El líder levantó la mano.

—Retirada.

Antes de desaparecer, miró directamente a Akira.

—El Concilio no es el único que te quiere, heredero Giunin.

Recuerda eso.

La barrera se deshizo.

El refugio quedó en ruinas parciales.

Nadie habló durante varios segundos.

Sora se soltó de la cadena caída, respirando con dificultad.

Mei corrió hacia Akira.

—Estás sangrando —dijo.

Akira miró sus manos.

No era sangre.

Era luz quemada.

Ryuzen se acercó lentamente.

—Ahora lo entienden —dijo—.

Los demonios cazan por hambre.

Hizo una pausa.

—Los humanos… cazan por poder.

Akira apretó el mango de Kazan no Ha.

El dragón murmuró, grave.

—Bienvenido a la guerra real.

Fin del capítulo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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