Crónicas Del Filo Dracónico - Capítulo 51
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Capítulo 51: La insatisfacción del Titán
El mundo todavía no había terminado de sanar.
Las montañas que Tirano había destruido en la guerra anterior seguían abiertas como heridas gigantes en la tierra. Ríos desviados, cielos rasgados por energía residual, bosques que nunca volverían a crecer igual.
El equilibrio era frágil.
Pero el problema no era el mundo.
El problema era él.
Muy lejos de los reinos que comenzaban a reconstruirse, en un cráter tan profundo que la luz tardaba minutos en alcanzarlo, algo respiraba bajo capas de roca derretida.
Una respiración pesada.
Lenta.
Pero viva.
Los fragmentos de piedra comenzaron a moverse.
Primero uno.
Luego decenas.
Luego miles.
Un rugido silencioso recorrió la cavidad subterránea cuando una mano gigantesca emergió de entre los escombros.
La mano de Tirano.
El Titán.
La criatura que había estado a punto de morir… pero nunca lo hizo.
Su cuello todavía mostraba la cicatriz del golpe final que casi lo decapitó.
Pero ahora estaba completamente regenerado.
No quedaba ni una marca.
Sus ojos se abrieron lentamente.
Brillaban con una luz roja oscura.
Y lo primero que sintió no fue dolor.
Fue humillación.
—
El recuerdo
La escena volvió a su mente.
Los elementos rodeándolo.
Las armas levantadas.
La sensación de derrota.
Y después…
La clasificación.
MÍTICO.
La palabra retumbó en su cabeza como una burla.
Su respiración se volvió más pesada.
Las paredes del cráter empezaron a temblar.
—Mítico…
Su voz era profunda, grave, como si la montaña misma hablara.
—¿Eso es lo que creen que soy?
Golpeó el suelo.
El impacto hizo que todo el cráter colapsara hacia abajo varios metros.
Rocas gigantes se pulverizaron como polvo.
Tirano se levantó completamente.
Su tamaño era monstruoso.
Casi del tamaño de una fortaleza.
Su cuerpo parecía hecho de placas oscuras de energía sólida, como si la gravedad misma lo estuviera sosteniendo.
Pero no era su fuerza lo que lo enfurecía.
Era el sistema.
—Común… especial… épico…
Escupió las palabras con desprecio.
—Místico… mítico…
El suelo volvió a agrietarse.
—Legendario… Legenda… Maestro…
Sus ojos ardieron.
—¿Quién decidió eso?
El viento alrededor comenzó a girar violentamente.
Porque Tirano entendía algo que muchos no.
Los rangos no eran solo títulos.
Los rangos eran límites.
Y él jamás aceptaría tener uno.
—
El error del mundo
Durante siglos, Tirano había sido considerado una fuerza absoluta.
Un desastre natural con conciencia.
Algo que no debía ser provocado.
Pero el nuevo sistema había hecho algo peor que desafiarlo.
Lo había medido.
Y Tirano odiaba ser medido.
—¿Mítico…?
Su voz resonó otra vez.
—¿Difícil de matar… pero fácil de controlar?
La montaña completa explotó.
Una onda de choque recorrió kilómetros.
Bosques enteros se doblaron por el impacto.
Las nubes se partieron.
Tirano emergió del cráter caminando lentamente hacia la superficie.
Cada paso dejaba una grieta gigantesca en la tierra.
Su presencia alteraba la gravedad a su alrededor.
Piedras flotaban.
El aire vibraba.
La realidad misma parecía resistirse a su existencia.
Y sin embargo…
Para el sistema…
Eso solo lo hacía Mítico.
Sus ojos se dirigieron al horizonte.
Donde los nuevos reinos comenzaban a levantarse.
Reino del Fuego.
Reino del Agua.
Reino de la Luz.
Reino de la Sombra.
Todos reorganizando el mundo.
Todos creyendo que el equilibrio había regresado.
Tirano soltó una carcajada profunda.
Una risa que parecía venir del interior del planeta.
—Creen que ganaron.
Dio otro paso.
El suelo se fracturó.
—Creen que establecieron orden.
Otro paso.
La atmósfera se volvió pesada.
—Creen que pueden decidir quién es qué.
Sus ojos brillaron con una furia nueva.
No solo rabia.
Ambición.
—Entonces destruiré su sistema.
—
El plan del Titán
Tirano no era estúpido.
Había observado lo suficiente para entender la jerarquía.
Para ascender…
No bastaba con ser fuerte.
Había que romper el equilibrio.
Porque el equilibrio era lo que mantenía el sistema funcionando.
Si el mundo se volvía incontrolable…
Las categorías dejarían de importar.
Y entonces…
Solo quedaría el poder puro.
Tirano levantó su mano gigante hacia el cielo.
Las nubes comenzaron a girar.
El clima cambió.
Un pequeño gesto suyo provocó tormentas a cientos de kilómetros.
—No necesito convertirme en Maestro.
Apretó el puño.
Un relámpago golpeó el suelo frente a él.
—Necesito demostrar que el sistema es inútil.
Miró hacia los territorios de los elementos.
Donde cada uno estaba comenzando a construir su propio reino.
Eso lo hizo sonreír.
Porque sin saberlo…
Ellos ya habían comenzado su plan.
Dividirse.
Separarse.
Crear fronteras.
La unión que había derrotado al Titán ya no existía.
Y Tirano entendía perfectamente lo que eso significaba.
—Perfecto.
El viento se volvió violento.
—Si quieren reinos…
Les daré una guerra.
—
El primer movimiento
Tirano se inclinó hacia el suelo.
Colocó su mano gigante sobre la tierra.
Durante un segundo…
Nada pasó.
Luego…
Una vibración recorrió el planeta.
No era un terremoto normal.
Era algo más profundo.
Algo más antiguo.
Tirano estaba despertando cosas.
Criaturas enterradas.
Energías olvidadas.
Fragmentos de guerras pasadas.
Todo lo que el mundo había ocultado durante siglos.
—Levántense.
La tierra se abrió en múltiples lugares.
Sombras gigantes comenzaron a moverse bajo la superficie.
Monstruos elementales.
Entidades olvidadas.
Fuerzas que ni siquiera tenían nombre.
—El mundo volverá a aprender lo que significa temer.
El cielo se volvió rojo por un instante.
Un presagio.
Un aviso.
Una declaración.
—
Muy lejos de allí…
En el Reino del Fuego.
Una llama gigante se agitó de repente.
Fuego levantó la mirada.
—¿Sintieron eso?
Agua también lo sintió.
Aire dejó de moverse.
Tierra escuchó el temblor profundo del planeta.
Vacío… sonrió.
Porque todos entendieron lo mismo al mismo tiempo.
Tirano había regresado.
Y esta vez…
No buscaba sobrevivir.
Buscaba dominar el mundo entero.
—
Última escena
En una colina distante…
Alguien observaba todo.
Fábula.
Sus ojos brillaban con interés.
Una página invisible flotaba frente a él.
En ella escribió una nueva línea.
“Capítulo inicial del conflicto:
El Titán decide destruir el sistema.”
Cerró el libro imaginario.
Y sonrió.
—Las mejores historias empiezan con orgullo herido.
El viento sopló fuerte.
Los reinos apenas estaban naciendo.
Pero la guerra…
Ya había comenzado.
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