Crónicas Del Filo Dracónico - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Juramento En La Ceniza
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6: Juramento En La Ceniza 6: Juramento En La Ceniza El refugio olía a piedra quemada y luz rota.
Nadie habló durante largo rato.
El amanecer llegó sin ceremonia, iluminando los restos del ataque: muros partidos, símbolos Tenryō aún humeando, y marcas de combate que no desaparecerían con facilidad.
Akira estaba sentado contra una columna caída.
No sentía cansancio.
Sentía peso.
—Te pasaste del límite —dijo Ryuzen, rompiendo el silencio.
Akira alzó la vista.
—Si no lo hacía, se la llevaban.
—Y si seguías un segundo más —respondió Ryuzen—, te habrías llevado a todos contigo.
El dragón no intervino.
Esa ausencia dolía más que un reproche.
Mei se arrodilló frente a Akira y revisó sus manos.
La piel estaba intacta, pero la energía residual aún vibraba.
—No fue una Ascensión —dijo en voz baja—.
Fue algo peor.
—Fue miedo —respondió Akira.
Sora los observaba desde unos pasos atrás.
No se acercó.
—No fue solo miedo —dijo ella—.
Fue elección.
Eso lo golpeó más fuerte que cualquier ataque.
Ryuzen reunió al grupo cuando el sol estuvo alto.
—Escuchen bien —dijo—.
El refugio ya no es seguro.
Después de hoy, esto dejó de ser entrenamiento.
Ren cruzó los brazos.
—¿Entonces qué somos ahora?
Ryuzen los miró uno a uno.
—Objetivos.
Un murmullo recorrió al grupo.
—Los clanes ya saben que el heredero Giunin vive —continuó—.
Tenryō movió ficha, pero no será el último.
Aureth observa.
Noxra espera.
Pyrelux recuerda.
Akira sintió un escalofrío.
—¿Y nosotros?
—preguntó Daichi—.
¿Huimos?
Ryuzen negó.
—Marchamos.
Señaló hacia el norte, donde las montañas se abrían en un valle cubierto de nubes bajas.
—Allí está el Camino de las Pruebas.
Un territorio que ningún clan reclama abiertamente.
Si sobreviven ahí… el mundo tendrá que tomarlos en serio.
Tetsu sonrió, nervioso.
—Suena mortal.
—Lo es —respondió Ryuzen sin emoción.
Esa noche, antes de partir, Akira se alejó del campamento improvisado.
Encendió una pequeña llama carmesí frente a él.
No temblaba.
—Hoy casi los pierdo —dijo en voz baja.
El dragón respondió, profundo.
—Hoy entendiste por qué existen.
Akira cerró los ojos.
—No voy a usarlos como escudos.
No voy a arrastrarlos por mi culpa.
La llama creció un poco.
—Entonces jura.
Akira apoyó la mano sobre Kazan no Ha.
—Juro que, mientras recuerde sus nombres… ninguno será sacrificado en silencio.
El fuego se estabilizó.
A lo lejos, uno a uno, los demás se acercaron.
No hablaron.
No fue necesario.
Catorce sombras se alinearon bajo un cielo herido.
No como clanes.
No como armas.
Sino como algo nuevo.
Y muy pronto, el mundo aprendería a temerlo.
Fin del capítulo.
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