Crónicas Del Filo Dracónico - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 El santuario de los cinco clanes
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9: El santuario de los cinco clanes 9: El santuario de los cinco clanes La ciudad antigua se alzaba como un sueño de piedra y cristal.
Sus torres se perdían en las nubes altas, y sus calles estaban pavimentadas con minerales que brillaban como estrellas bajo el sol.
No había rastro de vida a simple vista, pero el aire vibraba con una energía antigua y vigilante.
—El Santuario fue construido cuando los clanes aún eran una sola gente —explicó Ryuzen, mientras avanzaban por la calle principal—.
Aquí se tomaban las decisiones que marcaban el destino del mundo.
Hasta que la guerra los dividió.
De repente, una voz clara y fría resonó en todo el lugar: —Heredero Giunin.
Portadores del nuevo lazo.
Bienvenidos al Santuario que vosotros mismos olvidasteis construir.
Se giraron para encontrar a cinco figuras vestidas con túnicas de colores diferentes, cada una correspondiendo a un clan: azul, verde, negro, rojo… y una quinta de color dorado, que nadie reconocía.
—Somos los Guardianes del Santuario —dijo la figura de túnica dorada, dando un paso adelante—.
Nosotros mantenemos viva la memoria de lo que fue, para poder decidir lo que será.
La figura de túnica azul (Tenryō) se adelantó: —Hemos visto lo que hiciste en el refugio, Akira.
Usaste un poder que fue prohibido cuando los clanes se separaron.
Un poder que puede destruir el mundo o reconstruirlo.
—¿Y qué pretendéis hacer al respecto?
—preguntó Ren, colocándose al lado de Akira.
La figura de túnica verde (Aureth) respondió: —No pretendemos hacer nada.
El mundo ha cambiado.
Los viejos acuerdos ya no sirven cuando las tinieblas vuelven a avanzar.
Akira frunció el ceño: —¿Qué tinieblas?
Nos han dicho que los clanes somos los enemigos unos de otros.
La figura de túnica negra (Noxra) rio bajo su aliento: —Eso es lo que quisieron que creyerais.
Los verdaderos enemigos no son los clanes, sino lo que se esconde detrás de ellos.
Lo que se alimenta de nuestras divisiones.
La figura de túnica roja (Pyrelux) dio un paso adelante, y su voz se hizo cálida como el fuego: —Tu poder, Akira, no es un mal.
Es la llama que puede iluminar el camino de nuevo.
Pero para usarlo, debéis entender su origen.
La figura dorada levantó sus manos, y el suelo a sus pies se abrió, revelando una entrada a un sótano subterráneo.
—Abajo encontraréis la verdad que los clanes ocultaron.
La verdad sobre el origen del poder Tenryō, Aureth, Noxra, Pyrelux… y Giunin.
El grupo bajó las escaleras de piedra, entrando en una sala circular donde las paredes estaban cubiertas de relieves que contaban una historia que nadie conocía: – Hombres y mujeres usando todos los poderes al mismo tiempo, construyendo ciudades y sanando tierras.
– Un ser oscuro que descendió del cielo, buscando consumir toda la energía del mundo.
– Cinco líderes que unieron sus poderes para detenerlo, sellándolo en el corazón de la tierra.
– Y la promesa de que cuando el ser comenzara a despertar de nuevo, un heredero reuniría a los clanes para enfrentarlo.
—El ser se llama Xibalba —explicó la figura dorada, que ahora había quitado su capucha, revelando un rostro que parecía estar hecho de estrellas—.
Está a punto de despertar.
Los ataques de Tenryō, las tensiones entre clanes… todo es obra de sus seguidores, que buscan debilitar el mundo antes de su regreso.
Akira miró a sus compañeros, y vio en sus ojos la misma comprensión que sentía en su interior.
—Entonces no somos objetivos —dijo—.
Somos la única esperanza.
La figura azul también quitó su capucha: era un hombre mayor con ojos serios, pero con una mirada de esperanza.
—Yo soy Takeshi, líder de Tenryō —dijo—.
Fui quien ordenó el ataque al refugio, creyendo que el poder Giunin era una amenaza.
Me equivoqué.
—Yo soy Elena, de Aureth —continuó la figura verde, quitándose la capucha—.
Sabíamos de la existencia de Xibalba, pero creímos que podíamos detenerlo solas.
Estábamos equivocadas.
Uno a uno, los guardianes se descubrieron, revelándose como los líderes de cada clan.
—Los juramentos que hicisteis bajo ceniza —dijo Takeshi—.
El lazo que habéis tejido entre vosotros… es exactamente lo que necesitamos.
Un nuevo clan, formado por todos los poderes, unidos como antes.
Akira miró a sus catorce compañeros, luego a los líderes de los clanes, y finalmente al símbolo Giunin que brillaba en su mano.
—No seremos un nuevo clan —dijo con firmeza—.
Seremos algo diferente.
Un puente entre los clanes, unidos por un solo propósito: proteger el mundo.
Los líderes asintieron, y cada uno extendió su mano hacia el centro de la sala.
Akira hizo lo mismo, junto con sus compañeros.
Cuando todas las manos se tocaron, una luz multicolor envolvió toda la sala, y el símbolo de los cinco clanes se fusionó con el de Giunin, creando uno nuevo.
—A partir de hoy —anunció Akira, con la voz fuerte y clara—, nos llamaremos los Ceniza Iluminada.
Y juraremos que Xibalba no volverá a amenazar a nadie.
En ese momento, el suelo tembló, y un rugido profundo se escuchó desde las profundidades de la tierra.
—Ha comenzado —dijo la figura de Pyrelux—.
Xibalba se está despertando.
El grupo se preparó para salir, ahora no como jóvenes entrenándose, ni como objetivos huyendo, sino como guardianes con un destino claro.
El camino hacia la batalla final había comenzado…
Fin del capítulo
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