Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Cronos: Tale of the dark adventurer - Capítulo 80

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Cronos: Tale of the dark adventurer
  4. Capítulo 80 - 80 La voluntad del débil
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

80: La voluntad del débil 80: La voluntad del débil La voluntad del débil El niño no tardó en despertar gracias al tratamiento de la sacerdotisa, ella había demostrado ser útil.

Sin embargo, lo importante era extraerle cuanta información fuese posible al joven, no sobre los motivos del Cavaliere, eso era fácil de deducir.

Si no, por qué lo dejaron con vida tanto tiempo.

La evidencia era clara, esos soldados no dejaba nada atrás, sin embargo, el pueblo no se veía maltrecho y el joven solo estaba inconsciente, estaba claro que un inicio no tenían planeado matarlo.

Para mi sorpresa, incluso estando débil, se acercó a mí y se aferró a mi gabardina.

—Quiero ser tan fuerte como tú —exclamó con voz débil.

Al ver su mirada embriagada en determinación, no pude evitar verme a mí mismo en su situación, por lo mismo, si él decidía seguirme, era meramente culpa suya.

Quizá con el tiempo se haría lo suficientemente fuerte como para seguirme el paso.

—Haz lo que quieras —comenté, volteando los ojos.

Pude escuchar a la sacerdotisa suspirando, continué caminando a mi propio ritmo, de nada servía apresurarme, con el tiempo que había perdido gracias al niño, los Cavaliere ya debían estar lo bastante lejos como para no poder alcanzarlos.

De paso, ni ella ni el niño podrían seguirme el ritmo si usaba la resonancia.

Incluso con la ayuda de ese noble corcel de la iglesia, el cual estaba seguro, no era cualquier simple montura.

El paso era lento y el trotar del caballo me distraía, el niño estaba dormido y, la sacerdote tenía mala cara.

Durante un par de horas se mantuvieron callados, la sacerdotisa estaba claro que me tenía miedo y, el niño simplemente dormía.

Podía escuchar de vez en cuando que ella le susurraba palabras bonitas al niño cuando este se movía por culpa de pesadillas, no entendía bien que le pasaba, pero, si él tenía esos ojos, es porque había perdido algo importante.

Esa voluntad lo haría volverse fuerte.

—Tú, no eres de aquí, ¿no?

Te ves como los ejecutores que protegen al emperador de Qin —comentó la sacerdotisa.

Ante ello me tomé algo de tiempo para pensar una respuesta adecuada, tampoco es que le fuese a contar toda mi vida, debía ser conciso.

—Vengo de la aldea fronteriza que fue quemada durante la rebelión, no soy un ejecutor, soy solo un aventurero.

Pude verla apartar la mirada.

—Pues menuda pinta traes, ¿acaso los aventureros no suelen ser más presumidos?

¿Más extravagantes?

—expresó descaradamente.

Me detuve por un momento, sus palabras me habían molestado un poco y, a juzgar por su reacción, era justo lo que ella se había propuesto.

—Sí, bueno.

Supongo que antes solía ser así, pero, en estos días, los aventureros ya no son almas libres, son mercenarios que arriesgan su vida solo por dinero.

Ella apartó la mirada.

—¿Ustedes también fueron afectados por la rebelión?

Qué irónico, ¿sabes?

En el pasado, los sacerdotes de Lumis ayudábamos a las personas, ahora somos simples trabajadores en busca de una paga.

—¿Tú también?

¿Acaso le cobrarás a ese niño por el tratamiento?

—cuestioné.

Ella no tardó en negarlo.

—Entonces no te deprimas, al menos tú mantienes viva esa esperanza —comenté.

Por un momento no encontró palabras, se notaba que esa carga, que sus ideales tenían un gran peso sobre sus hombros.

Me observó detenidamente y dijo: —¿Y tú?

¿Por qué cazas demonios?

Me pregunto que clase de rostro tuve cuando le respondí, seguro era uno sombrío.

—Venganza.

Perdí a alguien importante.

No, he perdido a demasiados por culpa de su invasión y por culpa de la guerra… Mis pasos son guiados por la ira y nada más que eso.

Obtuve un poder increíble a cambio de aquellos sacrificios, logré vivir.

Las nubes del cielo se oscurecieron conforme se condensaban.

—Y gracias a la fuerza que ahora poseo, es que puedo hacer algo tan egoísta como tratar de darle un propósito a sus muertes.

Con esas palabras, la conversación llegó a un punto muerto, tampoco es que me interesará demasiado hablar.

Pero, sabía de sobra que era bueno para la mente hacerlo, en especial desde que ahora no hablaba mucho Shyun, siempre estaba ocupada ayudando a mantenernos a salvo.

Continué caminando hasta que vi a la sacerdotisa, sufrir dificultades para mantenerse despierta, como era útil, me encargué de encontrar algún lugar para descansar y guíe al corcel hasta ahí.

Había bastantes granjas abandonadas en los alrededores, pastizales y campos de trigo que alguna vez rebosaron vida.

Los ayudé a ocultarse en el granero, el niño se acostó sobre un montón de heno, la sacerdotisa por su parte encontró un colchón viejo.

El imperio Acadiano era un lugar completamente desconocido para mí, solo sabía lo básico gracias al comercio.

El pueblo, aunque fronterizo, interactuaba más con el continente oriental, cosa que no era de extrañar considerando quién era el gobernador.

Por mi parte, no sentí que estuviese cansado o que siquiera necesitase dormir en ese momento, una prueba más de que mi humanidad se estaba desvaneciendo de a poco.

¿Era culpa del experimento de Yao?

¿Le pasaba a todos los magos?

Decidí hacer guardia hasta que ellos despertaran, uno nunca podía estar seguro de lo que podría pasar.

Sabía de sobra que si no se trataba de algún invasor o soldado rebelde, alguna bestia errante sería problema suficiente.

Por suerte no parecía que algo así se fuese a presentar, la noche era silenciosa y nada se acercó al rango de mi viento.

De ser así lo hubiese sentido o Shyun me hubiese avisado.

La mañana no tardó en llegar y con ella, el niño y la sacerdotisa despertaron.

Apenas salió, el niño decidió que era buen momento para bombardearme con preguntas, como no había comido en un tiempo, la sacerdotisa decidió preparar algo de comida mientras me encargaba de lidiar con el pequeño.

—Señor, ¿cómo le hace para volar?

¿Yo también podré hacerlo?

¿Por qué sus músculos están tan definidos?

¿No es usted un mago?

—continuó balbuceando.

Lo primero que hice fue tocarle la frente con el dedo para calmarlo.

—Primero lo primero, niño.

Dime tu nombre.

Él sonrió saltando de un lado a otro frenéticamente.

—Mi nombre es Liam, tengo doce años.

Tengo una hermana menor que se llama Cerez, es la niña más bonita y amable del mundo, solo tiene diez años, pero a veces siento como si ella fuese más madura que yo, Cerez… «¿Es que este niño no sabe como callarse?».

Algo molesto, volví a tocarle la frente para que se callara.

—Así que, dime, ¿por qué quieres ser fuerte?

El chico se quedó pensando un poco, aunque, bueno, verlo me hizo recordar un poco del pasado, así que, en cuanto tratase de responder, estaba listo para soltar una broma.

Sin embargo, en cuanto estuvo listo para dar su respuesta, no pude hacer más que retractarme.

—Para ver a Cerez otra vez —dijo con tono frío.

Su mirada estaba vacía, casi tanto como la mía.

El niño era bueno escondiendo su odio, eso le sería útil en el futuro.

Esa interacción dejó en claro que no me había equivocado, el niño ocultaba sus demonios tras una sonrisa, no era impulsivo, tenía su objetivo claro.

De cierta forma era triste pensarlo, quizá por eso la sacerdotisa tenía el ceño fruncido.

Después de todo, no era más que un niño.

Pero, ese niño ya había decidido su camino, solo quedaba guiarlo al punto de partida, solo entonces él decidiría si caminar por aquel sendero.

—Bien, Liam.

Tengo muchas preguntas para ti, pero solo hay dos importantes entre ellas y, por lo tanto, serás las únicas que te haré de momento.

El pequeño esperó expectante.

—¿Por qué crees que tu hermana está viva?

Sería la primera incógnita.

La segunda, por su parte, sería: ¿Por qué los Cavaliere se tardaron tanto en su deber?

Ante estas cuestiones, al joven se le vació la mirada y dado su semblante, asumí que estaba pensando fríamente una respuesta, lo más probable es que él mismo no estuviese seguro de sus conocimientos, lo cual no era de extrañar dada su edad.

—Bueno, creo que ambas preguntas tienen que ver con Cerez.

Ella… bueno, era especial por así decirlo —comentó, dudando un poco sobre contar el resto —.

Cuando éramos pequeños, antes de que nuestros padres murieran, ella fue sanada por un viajero extraño, él se quedó con nosotros y nos enseñó un par de cosas.

»A mí me enseñó una forma de respirar que ayudaba a soportar el dolor y calmar la mente.

A Cerez, le transmitió su método de curación tras darle de beber unas gotas de su sangre.

No estoy seguro de como funciona, pero desde entonces Cerez ha ayudado a unos cuantos en secreto.

Con lo dicho, quedaba claro que los hermanos se vieron involucrados en la influencia de aquel viajero, pero, lo extraño era lo críptico que sonaba aquel hombre, no me quedaba claro si era un humano o un invasor.

Pero, al ver la expresión de horror dibujada sobre el rostro de la sacerdotisa, no me quedó más que asumir que se trataba de algún demonio.

Después de todo, los rituales de Lumis se basaban enteramente en rezar y bendecir.

Hasta donde tenía entendido, no había sacrificios más allá del propio.

Era sencillo deducir que, la técnica de curación de la chica tenía un gran valor, en especial si se heredaba con un pacto de sangre.

No era de extrañar, entonces, que se tomasen la molestia de llevarse a la niña como prioridad.

Lo más seguro es que el resto de sus fuerzas estuviesen esperando un tiempo designado para terminar con el resto de víctimas, manteniendo un perfil bajo para evitar meterse en problemas y perjudicar la misión principal.

Estaba claro que esa tal Cerez poseía algo de gran valor para los demonios, lo cual era desalentador conociendo de lo que eran capaces estos.

Después de todo, un curandero era extremadamente valioso en el campo de batalla.

—Bien, entonces vale la pena entrenarte, niño.

Pero, trata de no hablar, me gusta el silencio.

Si quería que el niño no estorbara, lo principal era enseñarle un estilo de combate con el que pudiese defenderse.

En lugar de tomar el enfoque de Hideaki en aprender a usar varias armas, creía que lo mejor para él sería dominar una sola, o quizá dos armas a la vez.

Tras pensarlo un rato, no había una herramienta más confiable que una espada a la hora de batirse en duelos, al combinar el arma con un escudo se volvía una buena defensa a corto alcance.

El niño era demasiado pequeño como para sostener una lanza o un espadón, los arcos requerían de maestría y precisión, las ballestas eran difíciles de obtener y las dagas eran más para asesinato que otra cosa.

Corté una rama de los árboles cercanos, de a poco la tallé usando viento comprimido, dispersando de a poco las impurezas y astillas, uno creería que un artesano había sido trabajada con dedicación, pero solo fue cuestión de un minuto o dos.

Tras terminar, una espada corta de medio metro o quizá menos.

El niño aceptó el arma encantado, pero, lo primero que hizo fue balancearla como loco.

Me tomé el tiempo para enseñarle un par de técnicas básicas: movimientos de pies, como balancear la espada y en qué momento dar los golpes.

Nos iríamos cuando el sol se pusiera, durante el día éramos demasiado visibles y la sacerdote destacaba demasiado.

El chico, por suerte, era bueno aprendiendo.

Me limité a enseñarle mero conocimiento técnico.

Su cuerpo era fuerte y su técnica de respiración era incluso superior a la mía, seguramente por la influencia de aquel extraño viajero, pero, era sorprendente que un simple niño pudiese aprender aquello.

«No sé mucho sobre chi, pero, este niño podría llegar a despertarlo».

Cuando llegó la tarde, la Sacerdotisa rompió el silencio llamando a su corcel con un silbido.

Liam estaba cansado por todo el entrenamiento, así que se encargó de ayudarlo a subir y lo dejó dormir en su lomo.

Decidió caminar en vez de cabalgarlo, llevando las riendas para guiarlo.

—¿Crees que ese niño tenga idea?

Es la primera vez que escucho de un ritual que cure a otros, incluso viviendo en el centro de la guerra —comentó.

—No lo sabe, pero lo presiente.

El niño tiene un instinto fuerte, por eso está seguro de que su hermana está viva.

Pero, si lo que nos contó es cierto… dudo que lo que encuentre valga la pena —expliqué.

—¿Por qué lo dices?

—Cuestionó.

Ante esa incógnita, guarde silencio un momento.

—¿Nunca has visto lo que hacen con la gente?

—respondí.

Tenía sentido que ella no lo supiera, por muy útiles que fueran, los sacerdotes generalmente no veían de primera mano lo que pasaba en los combates.

Las quimeras eran seres aterradores, había visto ya un par, matarlas era un dolor de cabeza.

La única esperanza restante para el niño, es que su hermana tuviese que conservar una consciencia para poder usar su poder, de lo contrario, solo encontraría a una marioneta de carne sin vida.

… Claro que eso no era mi problema.

Después de todo, tanto el chico como la Sacerdote, no eran más que herramientas que usaría sin dudar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo