Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Cronos: Tale of the dark adventurer - Capítulo 83

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Cronos: Tale of the dark adventurer
  4. Capítulo 83 - 83 Tribulaciones
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

83: Tribulaciones 83: Tribulaciones Tribulaciones Pese a que fue una solicitud repentina, el joven santo estuvo dispuesto a enseñarle a Liam, ambos se sentaron, uno a la espalda del otro y empezaron a meditar, sabía que, el proceso del despertar de un usuario de chi, era tedioso cuanto menos, también que se podía lograr de forma natural, pero, no traía beneficios, simplemente era más lento.

El poder se basaba en el potencial natural del cuerpo, no había una forma exacta de incrementar aquello, según Hideaki, una buena base era tener un cuerpo entrenado, personalmente no estaba seguro de aquello.

Mi comprensión del chi se limitaba al control de energía interna, claro que, yo dominaba el ether condensado que producía mi cuerpo, no era exactamente lo mismo.

Técnicamente, yo no era muy diferente de una bestia mágica.

Aproveché el tiempo a solas para entrenar, el verdadero santo de la espada volvería pronto, con su ayuda me encargaría de encontrar el paradero de cuantos apóstoles tuviese en la mira, los mataría uno por uno, si de esa forma podía vengarla… —¡Maestro, deténgase!

La voz del niño me hizo entrar en razón, todo lo que estuviese a no más de un metro de mí, había sido corroído por fuertes corrientes de viento presurizado, había perdido la noción del tiempo, los músculos me dolían, tenía tiempo sin entrenar de esa forma, entrenar hasta lastimar mi cuerpo.

Estaba claro que mi humanidad continuaba amainando, no recordaba haber visto a ningún otro mago actuar como yo, quizá era culpa de las enseñanzas de mi propio maestro, no tenía forma de saberlo con certeza.

Aunque lo disimulaban, pude vislumbrar más allá de los ojos de aquellos niños, su mente, su alma, estaban plagadas de miedo, me veían como un monstruo, como aquello en lo que finalmente me estaba transformando.

—Vaya, siento que el ether de la zona sufre, ¿qué está pasando?

—comentó un anciano con los ojos vendados y la cabeza rapada.

No pude evitar sentirme confuso, por su parte, el anciano observó de reojo a Liam y al joven santo, eso sin desviar su atención sobre mí, estaba siendo cauteloso, demasiado.

Algo normal para un mago.

—¿Asumo que eres el espectro?

Vaya qué eres joven, supongo que es cierto que ese viejo tan engreído… Merlín, qué impresionante, logró salvar un par de jóvenes de la aldea fronteriza.

Se dedicó a hablar solo, quejándose de Merlín tanto como pudo, como si lo conociera.

—En fin, entiendo por qué decidieron pedirte ayuda.

Eres bastante abominable, ¿no crees?

¿Eres un hombre o una bestia mágica?

De no ser porque conozco un par, incluso diría que eres un irregular.

Pese a sus palabras hirientes, el anciano tenía razón.

Los magos, pese a todo, eran bastante endebles, necesitaban apoyo en el combate, al menos hasta llegar a cierta etapa de su aprendizaje.

Dependían de la relación con sus espíritus y los conocimientos de estos.

Había dos cosas dentro de mí que, para un mago tradicional, se considerarían aberrantes.

La primera era Shyun, un espíritu artificial nacido de la experimentación y conocimientos de Merlín.

La segunda, se trataba de las runas engravadas dentro de mi alma y cuerpo.

El método de Yao para forzar la asimilación rúnica.

El viejo me estaba estudiando, de eso no había duda.

Pero no sentí sed de sangre, más bien parecía que aquel anciano tenía curiosidad.

—Esa espada, tiene el símbolo de los ejecutores, te queda bien, te pareces a ellos… No, supongo que eres uno de ellos, seguimos durante mucho tiempo al bastardo, ¿quién iba a creer que era cierto qué tuvo un hijo y lo dejó abandonado?

Todos creíamos que era solo un rumor.

El anciano parecía saber mucho, tanto de la aldea, como de Merlín, también sobre mi padre.

Era peligroso, demasiado peligroso, pero, era casi seguro que él tendría la información que buscaba.

—Sí, esta espada lleva consigo el símbolo de los ejecutores, la conseguí por una coincidencia del destino.

Sobre lo otro, realmente no me interesa, lo descubriré por mi cuenta cuando llegue el momento.

Posé mi mano sobre el mango de la espada.

»Dime, ¿sabes donde están los apóstoles del pecado?

¿Dónde está el de la melancolía?

El viejo suspiró.

—Tan propio de ellos, ¿acaso solo piensan en cazar demonios?

Bueno, no es que los santos sean tan diferentes en ese aspecto… ¿Apóstoles?

¿Heraldos?

¿Siquiera importa?

Llevan muchos nombres, pero, básicamente, son las manos izquierdas o derechas de algún comandante.

»Son pocos, su fuerza varía, pero, no son algo que tomarse a juego.

La última vez que la orden dejó escapar a uno, regresó como una temible diosa de la guerra que arrasó todo a su paso, solo logramos repeler su asedio a duras penas, y ahora ella está atacando esta ciudad, por eso es que el santo del sol vino a este lugar, incluso trajo a su aprendiz.

Se detuvo, me observó directamente a los ojos y el ether de la zona comenzó a deformarse, parecía cristal siendo resquebrajado.

—Al mundo le queda poco tiempo, niño.

¿Estás listo para cazar a seres que sobrepasan la lógica?

No lo creo.

Si quieres tener una oportunidad, acepta la preciosa oferta que te haremos en la reunión por venir.

A cambio, dejaré que ese niño continué aprendiendo, tiene talento.

Me acerqué al anciano, el ether pareció estabilizarse, para luego transformarse en remolinos que concentraban grandes cantidades de poder, torbellinos que representaban al “espectro”, el viento acompañado por el vacío que dejó Shizu en mi corazón.

—Hablas mucho, anciano.

Pero, tienes razón, estoy seguro de que no podría enfrentarme siquiera a dos apóstoles a la vez, al menos no sin quedar medio muerto o sencillamente morir en el intento —respondí.

El anciano casi cae de espaldas, mago o no, sabio o no, ¿a quién no le costaría reconocer que un simple joven era tan fuerte como él?

Sin importar como hubiese obtenido esa fuerza, para aquel mago, el miedo ya había sido sembrado en su corazón.

Ya había perdido.

—Liam.

—¿Sí, maestro?

—Liam respondió algo exaltado.

—Despiértame cuando sea la hora de la reunión, estoy aburrido —ordené.

—Claro… Cerré los ojos y me aislé del mundo, solo quedaba un oscuro vacío, uno al que conocía como mi propia mente.

Estando en ese lugar, observé los extraños cielos que trataban de simular estrellas.

—Shyun, ¿puedes venir?

—cuestioné.

—Estoy aquí —musitó ella.

Del vacío un pilar de luz creció y con él apareció un trono de piedra, en el cual estaba sentada la regente del lugar, Shyun, el espíritu artificial con el que había hecho un pacto.

—Bueno, necesito que hagas un escenario, quiero entrenar mentalmente un rato.

Temo que, no aprovecho tus capacidades al máximo nunca.

Ella asintió, moviendo el brazo, apareció un ejército entero de demonios, solo un par de alto rango, también había uno que otro par de quimeras.

—¿Cuánto crees que me tome vencerlos a todos?

¿Son como unos cuantos miles no?

Con un suspiro, ella comentó: —¿Quizá dos muertes?

Eso sin la resonancia, no sé si quieras usarla, aunque no tendría caso en un escenario simulado.

—No te preocupes, si solo abusara de ella, no sería satisfactorio mi reencuentro con ese bastardo.

Ella entrecerró los ojos como si estuviese asintiendo, desapareciendo en un parpadeo.

Observé el campo de batalla simulado, en verdad, no sería tan complicado acabar con una buena parte de ellos con solo un par de formulaciones rúnicas.

—Viento, obedéceme.

Moviendo las corrientes de viento, invoqué al tornado como de costumbre, atrapando a cuantos fuese posible antes de prenderlo en fuego con una flecha de Ifrit, generalmente pocos sobrevivirían a eso.

Pero no subestimaría a Shyun, sin pensarlo demasiado, disparé una lluvia de flechas hacia el campo de batalla, los enemigos se acercaron a gran velocidad.

Gracias a la bendición del viento, esquivar las flechas y ataques que se aproximaban no era complicado, podía sentirlos mucho antes de que me tocaran.

Los enemigos se acercaban cada vez más, desenvainé la espada, preparándome para atacar.

Una lanza de miasma negro salió volando en mi dirección, mientras aún estaba en el aire, la tomé para lanzarla de vuelta.

Sin embargo, para mi sorpresa, la misma se deformó y las espinas se clavaron en mi mano.

El tiempo perdido fue suficiente como para que me atacaran.

Coloqué la espada en el suelo y, usando el viento y un par de runas de condensación, creé un vacío que empujó al enemigo, impidiendo su ataque.

Lo siguiente fue cubrir el filo de mi arma con fuertes corrientes de viento presurizado, las cuales liberaba con cada tajo, sus armaduras se destruían de a poco y logré abrirme paso entre aquellos capaces de sobrevivir al tornado con solo un par de rasguños.

Ni siquiera necesitaba el arma del todo, quizá sería más apropiado tener un escudo que una espada, ya que mayormente la usaba para desviar ataques.

Sin embargo, no sentí que debiese cambiar mi arma en ningún momento, había algo sobre ella que, de alguna manera, me daba fuerzas.

Sentía que no era capaz de usar su verdadero potencial, en especial siendo un arma del que es llamado “demonio” pese a ser humano, tras ver a los santos y presenciar aquel poder proviniendo de un simple objeto, recordé las palabras de Hideaki.

“Debes cuidar bien tus armas, deben ser tu orgullo”.

¿Quizá la espada no me había aceptado como su dueño?

No hubo un solo momento en el que fuese capaz de notar alguna clase de poder proviniendo de ella, excepto quizá, por el hecho de que mi sangre reaccionaba al usar cualquier espada.

Pero sabía bien que eso era una capacidad innata de mi parte, después de todo, el hombre que no consideraban humano era mi padre.

¿quizá lo que mantenía a raya aquel instinto era la amabilidad de mi madre?

Nada de eso importaba de todas formas, quizá nunca vería a ese hombre y, de verlo, lo primero que haría sería tratar de matarlo, después de todo él la había abandonado y por su culpa ella murió con un rostro lleno de tristeza.

Con el tiempo, la incógnita de mi padre hizo que perdiese por completo el interés de la batalla simulada, era un tema que solía ignorar con frecuencia desde joven, pero no es que no me interesase, simplemente me gustaba convencerme de que no lo hacía.

Ese hombre era, sin duda, odiado por el mundo.

Y temía estarme transformando lentamente en algo similar a él.

Mi descuido llevó a que fuese atravesado por un centenar de lanzas, recuperándome lejos del alcance del ejército simulado, decidí para mí mismo que era mejor no pensar demasiado en aquellas cosas, no sería bueno confiarse.

Lo siguiente fue derrotarlos, no fue sencillo, en absoluto, cuando llegué hasta los demonios de élite, tuve que morir una o dos veces para lograr ganarles, era una buena forma de estudiar sus tácticas y la función de sus poderes, por suerte los espíritus tenían una memoria perfecta.

Tornados volaban de un lado a otro, yo usaba el viento para moverme como un ave rapaz, apenas y se lograría ver mi sombra sin un ojo entrenado, quizá por ello la gente decidió llamarme espectro.

Mis manos manchadas de sangre ansiaron más combate conforme el entrenamiento se prolongaba, no era fácil acabar con los demonios de élite, incluso si se trataban de meras alucinaciones creadas por un espíritu.

Miles de brazos dorados se extendían y de a poco trataban de destrozarme el cuerpo; cientos de lanzas, flechas y cadenas de miasma oscuro trataban de atravesarme con facilidad.

El abrazo de la muerte siempre estaría al paso, aunque quizá esas ilusiones exageraban la fuerza de aquellos demonios.

Eran solo recuerdos, después de todo.

Pero había uno solo, al que nunca podía vencer.

Aquel que usaba carne, sangre y huesos de su cuerpo como armadura, controlando cada mínimo aspecto de ello.

En un parpadeo, tan simple como eso, mi cuerpo era destrozado de un solo golpe, sin dejar un solo residuo.

Entonces despertaba en el mundo real, esa era la forma de Shyun para terminar con la ilusión, era la segunda vez que la usaba sin que ella preparase algo que considerase apropiado, claro que, últimamente no le sobraba el tiempo para aquello.

Al volver al mundo real, lo primero que hice fue ver la condición de Liam, no podía sentir el chi, pero por mera experiencia podía decir que se había vuelto considerablemente más fuerte.

Aunque no demasiado, si lo comparaba con otros usuarios que había conocido, era más fuerte que una persona promedio, pero no nada destacable.

Me acerqué a él para darle una palmada en el hombro.

—Ya tienes las bases, el entrenamiento se volverá más complicado a partir de ahora —comenté.

La puerta de la habitación fue abierta poco después, un hombre con la mitad del rostro quemado y un traje marfil brillante entró a la habitación, su presencia era cuanto menos intimidante, y llevaba una espada cimitarra colgando de su cintura.

—Es un gusto, señor Hayato —mencionó, como si me conociera de antes.

—Igualmente, sacro santo de la espada —respondí algo incómodo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo