Cronos: Tale of the dark adventurer - Capítulo 84
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84: Ouroboros 84: Ouroboros Ouroboros Caminamos hacia un salón con una mesa redonda en el centro, allí Liam y yo nos sentamos de frente al santo de la espada y el joven aprendiz de santo.
También estaban presentes los sabios, uno era el anciano, el otro, una mujer cuyos ojos estaban tapados por vendas.
El ambiente era tenso, tanto como para que el nerviosismo de Liam se diese a denotar por su respiración descontrolada, junto a las palpitaciones descontroladas de su corazón que escucharía cualquiera con un oído entrenado.
El santo sonrió, colocando una bolsa llena de piezas doradas, unas cincuenta como mucho.
—Me han contado de vuestra hazaña, señor Hayato, ¿creo que esta es una recompensa adecuada para los estándares del gremio?
—comentó mientras estudiaba mi reacción.
Tomé una de las piezas de oro, la observé y luego la regresé a la bolsa.
—Ciertamente —remarqué —.
Sin embargo, no creo que esta reunión trate sobre ese asunto, de lo contrario, no habría sido necesario que el venerable santo del sol se tomase el tiempo de venir a este lugar.
El santo parecía estar satisfecho con mi respuesta.
—Es usted muy asertivo —dijo —.
Lo cierto es que la situación en la frontera es apremiante, apenas y con mucho esfuerzo, logramos repeler, a duras penas, las fuerzas enemigas y, sin embargo, hemos estado perdiendo territorio de a poco.
El santo juntó las manos.
—Entenderá, pues, que cualquier ayuda es bienvenida.
Tampoco ha de preocuparse por remuneración, he de asegurar por mi orgullo que cada aporte será bien pagado.
Tampoco ha de temer por su joven protegido o seguridad, pese a todo, tenemos sacerdotes entrenados e incluso asignaré instructores de renombre para aprovechar el talento de ese joven.
Crucé los brazos, estudiando al santo a mi manera.
—Suena demasiado bueno, incluso si es que usted fuese consciente de mi fuerza como mago, el trato es demasiado desproporcional para su parte y, he de denotar, que usted no ha reaccionado en absoluto a mi aspecto, pese a que el otro santo con el que me encontré, trató de matarme solo por ello.
El buen humor del santo pareció desvanecerse.
—La espada bermellón, ¿eh?
Es solo un niño mimado, no entiende nada del mundo de los adultos.
Será usted consciente, dentro de poco, que el odio no vale nada, no durante una era tan agobiante para la humanidad como lo es esta.
La afirmación del santo no fue en vano, tras un tiempo, entró una chica que llevaba un vestido negro con bordados de estrellas, un abanico de mano tan natural del imperio Qin y un semblante elegante.
En su cintura llevaba una espada con el mismo símbolo que la mía, una ejecutora.
No volteó a verme, toda su atención estaba centrada en el santo del sol, era como una bestia estudiando a su presa.
Se sentó a mi lado y, repentinamente, pude sentir sed de sangre dirigiéndose en mi contra.
La chica tenía su mirada clavada sobre la espada que sostenía, era obvia su razón, después de todo, para ella sería un símbolo de su familia.
—Tiene usted un don para reunir gente peculiar, señor santo —comentó sin apartar la mirada.
El santo asintió.
—Dudo que se conozcan, la información es algo que pocos se pueden permitir hoy en día, por suerte, yo tengo mucha.
Eso atrae muchos intereses, incluido mi título en ello, claro está —afirmó mientras pedía a la santa de vendas que se acercara.
—Es un honor, vidente —comentó la ejecutora.
—No, es un honor tenerla a usted aquí, señorita Min-Ji.
¿O preferiría que la llame por su título?
—respondió la vidente.
—No, así está bien.
Es un nombre algo cursi, si se me permite decirlo —replicó ella.
El santo dejó caer un mapa de la zona sobre la mesa.
—Volviendo a mi oferta, tanto para usted, señor espectro, como para usted, Siden.
El territorio del duque es un baluarte de suma importancia para el imperio, si lo perdemos, temo que perderemos nuevamente el control sobre la frontera.
Colocó una figura de madera sobre el mapa, era la de un hombre que montaba una especie de dragón.
»Los criadores de bestias voladoras han sido erradicados, contábamos con su apoyo, pero resultó ser en vano.
Las pérdidas fueron altas, no solo ellos, todo el equipo de respuesta fue aniquilado.
Soldados de élite, aventureros dorados, incluso un aprendiz de santo.
Ante tal situación, me planteaba que clase de labor podría tener yo, el santo era más fuerte que yo, se notaba a simple vista, sobre la ejecutora “Min-ji”, no tenía idea, no podía sentir ether de su parte, ni percibía esa extraña aura que emitían los usuarios de chi, de hecho, no sentía nada.
—Entiendo —dijo ella —.
Pero, teniendo esto en consideración, ¿no debería ser mi hermano el que sea citado?
¿Por qué escogerme a mí por sobre un general del imperio Qin?
—Ha de estar consciente de los rumores que circulan, su hermano, no colaboraría conmigo a menos que el propio emperador se lo encomendase.
Ni hablemos de vuestro padre, por eso he citado a la más razonable de entre los suyos.
Por un momento, sentí que su mirada se clavó sobre mí.
La vidente, que permaneció en silencio durante toda aquella oferta, marchó hasta un pequeño cofre de madera, en su interior, había una pluma hecha de cristales oscuros, adamantina, papiros oscuros, pero brillantes, y tinta similar a los diamantes.
—Esto, es un contrato oficial de la santa sede —comentó el santo, escribiendo las condiciones sobre el papel —como podrán leer, su apoyo será requerido para ayudar a repeler por completo el ataque que sucederá mañana, durante el ocaso —sonrió —.
A cambio, el espectro recibirá toda la información sobre los apóstoles que guardamos, Siden, por su parte, obtendrá la ubicación de los supervivientes a la masacre en la frontera.
Ante aquella oferta, no pude evitar comentar algo, se me escapó durante el momento.
—¿Y por qué un ejecutor querría información sobre los pétalos caídos?
La sed de sangre anterior no fue nada en comparación a la que le siguió, podía sentir que el aire en la habitación parecía amainar, su mirada se clavó sobre mí de forma indiscreta, observándome de reojo.
—Lo he soportado ya mucho —dijo —.
Pero, ¿no cree que me debe una explicación?
¿No se suponía que esta sería una reunión privada?
El sabio asintió.
—Y así lo es, este individuo, verá, es el famoso espectro, uno que vaga por estas tierras matando invasores, o como les dice la muchedumbre, “demonios”.
Estoy consciente de todo rumor cercano a mi jurisdicción.
Observó expectante hasta el brazo de Min-Ji, haciendo que esta soltase el mango de su espada.
—Este hombre posee una fuerza que me resultó valiosa, eso es todo.
Además, aunque ninguno de ustedes lo sepa, deberían llevarse bien, Hayato Endou, Kim Min-Ji.
Después de todo, no creo que este sea su último encuentro.
No son tan diferentes después de todo —comentó.
Suspiré, quizá solo él y yo sabíamos lo que pasaba, no tenía idea de como, pero ese hombre quizá sabía más sobre mí, incluso más que yo mismo, después de todo, su organización estaba al pendiente de mi supuesto padre, sería natural.
—Entiendo —respondí a secas —Mientras me cuentes información sobre los apóstoles y no hagas anda innecesario, te prestaré mi ayuda por un tiempo.
Tras decir aquello firmé el contrato, aunque fuese solo una formalidad, sabía que incumplir implicaría enemistarme con una de las entidades más poderosas del imperio Acadiano, cosa que era claro, no podría permitirme.
—Maravilloso —comentó con una gran sonrisa grabada en su rostro —.
¿También contaremos con vuestro apoyo, Siden?
—cuestionó.
Ella suspiró.
—No hubiese venido aquí, si así fuese.
Tienes la información, de eso estoy segura.
Si vale la pena o no, eso lo decidiré yo.
El santo dobló el mapa y se lo entregó a la sabia.
—Bueno, eso sería todo, nos reuniremos en la frontera durante el amanecer, los carros del ejército saldrán hoy, por la noche, si es que desean ahorrar fuerzas y acompañarnos desde un inicio.
La ejecutora se marchó, yo también me levanté, Liam y el joven santo estaban dormidos, solo quedábamos despiertos los adultos.
Antes de abandonar la sala, llevando a Liam a cuestas, observé hacia atrás una última vez.
—Dime, ¿todo se prenderá en fuego nuevamente?
¿Lo has visto no?
¿Su poder?
Hay poco que nosotros, meros humanos, podamos hacer —comenté.
El santo observó un anillo dorado sobre su dedo brevemente, tocando su rostro quemado poco después.
—Eso lo sé mejor que nadie, Espectro, pero incluso ellos pueden morir, no dejaré que arrasen con este lugar.
Protegeré este aire fresco, las sonrisas, la vida, no dejaré que todo se vuelva un páramo en el que los Cavaliere hagan de las suyas.
—Está bien, santo, espero que esas palabras sean más que meras ilusiones.
El santo suspiró.
—Yo también —musitó.
[…] El metal chocando resonaba por el claro donde esperaban los carruajes, Liam se enfocaba en dominar los movimientos básicos de la espada que estaba enseñándole, tenía un talento natural para ello, incluso se barría para desestabilizarme y, de fallar un tajo, embestía, protegiendo sus puntos vitales mientras realizaba aquel movimiento.
Por mero instinto, trataba de aprovechar cada parte de su cuerpo a la hora de combatir.
No usaba solo sus brazos para blandir la espada, cintura, piernas, rodillas, peso.
Se estaba tornando lentamente en un arma, sus golpes eran pesados, para un niño, al menos, cada tajo de la fría espada de acero que le presté tenía la fuerza suficiente para quebrarle un hueso a un hombre adulto.
—Estás mejorando, pero todavía eres muy lento.
Recuerda en todo momento controlar tu respiración, no te enseñé mi manera porque ya tienes la tuya, con el tiempo, incluso dejarás atrás mi estilo de espada.
Liam estaba emocionado.
—Muchas gracias, maestro —comentó.
—¿En serio irá a la frontera?
¿No me prometió que encontraríamos a Cerez?
—continuó, su mirada apagándose de a poco.
—Ten paciencia —respondí.
—Cuando vuelva, retomaremos nuestro viaje, como mucho estaré fuera un mes, si para entonces no regreso, eres libre de tomar tu propio camino.
Continué entrenando a Liam lo mejor que pude, la noche fue acercándose de a poco y conforme la luna se alzó sobre las nubes, los carruajes marcharon hasta la frontera.
Liam se despidió algo desanimado, pero era un buen niño, dudaba que incumpliera mi petición.
—¿Está listo, señor espectro?
—cuestionó el santo.
—Eso espero —respondí a secas.
[…] El aire olía a azufre, la tierra era negra y toda fauna que ahí hubiese se había marchitado hace ya mucho, había caminos rocosos empinados en los que apenas cabría una persona, y caídas a las que no sobreviviría ni la más robusta de las bestias.
Del otro lado, al menos según el mapa, había un claro que llevaba hasta el territorio de un noble rebelde e impedía el acceso al resto del imperio, el paso era uno de los pocos en los que no anidaban dragones.
Ni comerciantes, ni bandidos, ni fuerzas aliadas podía cruzar.
A menos que quisiesen terminar empalados por las lanzas de miasma oscuro enemigas.
Nuestros adversarios eran, según lo informado, un comandante que usaba el miasma del orgullo y un apóstol, aunque de ese no se sabía nada.
El ejército del duque, los sabios y la armada personal de la ejecutora conformamos unos dos mil soldados.
Y tendríamos suerte si unos cientos lograban sobrevivir.
Ya lo había visto pasar más de una vez, el pueblo fronterizo, bueno, la aldea.
¿Cuántos quedábamos vivos desde entonces?
No lo tenía claro, también había presenciado la masacre que generaron meros apóstoles.
Incluso los dragones parecían palidecer ante la fuera de aquellos adversarios, los relatos no eran una exageración, un solo invasor, Jilk u otra raza, tenía el poder suficiente para arrasar sin esfuerzos con cualquier persona común.
Eso sin entrenamiento, había visto a hombres talentosos caer bajo sus manos, yo mismo estuve a punto de morir por culpa de un soldado común y corriente, ¿quién iba a decir que el espectro moriría así hoy en día?
Sería una locura, pero fue una realidad.
En el carruaje, la señorita Siden, Kim Min-Ji me observaba con cierta curiosidad y una ceja arqueada.
—¿Entonces, cúal es la historia?
—preguntó.
—¿Perdón?
—repliqué casi al instante.
Ella señaló mi espada, el parche y las cicatrices de mi cuerpo.
—Todo eso, ¿cómo lo conseguiste?
¿Cuál es la historia?
Aparté la mirada, estábamos cada vez más cerca de llegar al campamento.
—Supongo que todo empezó, el día que murió mi madre.
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