Cronos: Tale of the dark adventurer - Capítulo 89
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89: Camino 89: Camino Camino Logré robarme un carruaje de aspecto decente, pese a la insistencia de Liam, no le di ni un centavo al comerciante que trató de estafarme.
Su caballo era obediente, con suerte llegaríamos a la frontera en un par de días, eso si manteníamos un ritmo decente.
Como no tenía ganas de hacer mucho, le enseñé al niño a manejar las riendas del cuadrúpedo y me recosté en una de las paredes.
Tras todo lo ocurrido, solo me importaba terminar con mi venganza.
Eso y, darle un golpe o dos a mi padre, tras aquello no sabía bien qué hacer.
¿Quizá esperar a que la noche eterna cayera y morir de una vez?
Claro, no sin asegurarme de entrenar al niño y hacer que sobreviva.
El mundo necesitaba héroes brillantes, símbolos de esperanza.
No espectros.
Liam poseía las cualidades para ser uno, él no sería apodado aventurero oscuro, no se rompería tan fácilmente.
Bastaba con conocerlo un poco para darse cuenta, su mente era un baluarte capaz de protegerse de todo el dolor del mundo.
Suspiré de solo pensarlo, era un fastidio cuidar de uno mismo, peor aún encargarse de un niño.
En especial de uno tan testarudo como él.
Muchas veces me había obligado a detenerme en el camino a ayudar personas, incluso me detenía a medio camino cuando estaba por cobrarles.
Como no estaba haciendo nada y Shyun destacaba por su silencio, me aburrí.
Decidiendo que era mejor contemplar el paisaje, me asome al asiento del conductor, la brisa del viento acarició mi piel y las llanuras verdosas llenas de rocas y toda clase de plantas que no había visto en mi vida me deslumbró.
Me senté al lado de Liam, el cual parecía estar nervioso por conducir bien el carruaje.
—Dime, ¿cómo era tu hermana?
—cuestioné.
Fue mera curiosidad, ni siquiera había pensado en aquella pregunta, mucho menos en sí afectaría o no al niño que tenía al lado.
Él simplemente pensó un poco, luego volvió en sí y continuó manejando el carruaje.
—Amable, demasiado amable.
Usted lo sabe maestro, uno tiene que ensuciarse las manos de vez en cuando, le guste o no.
Pero, ella no era esa clase de persona, incluso cuando se veía obligada a robar comida o pelear por algo, siempre lloraba y se le quedaba en la cabeza por días —se detuvo, parecía nostálgico—.
Por eso decidí ensuciar mis manos.
Antes robaba, estafaba e incluso peleaba por comida.
No quiero volver a cometer actos tan viles.
Siendo honesto, no me gustó para nada.
Pero sé que si se da la oportunidad, tendré que volver a ensuciarme las manos—expresó.
Ante aquello sonreí, no solo había logrado hacerlo hablar de un tema tan delicado, también podía entender un poco de su mentalidad.
—Bueno, te entiendo.
¿Sabes?
Yo tuve una novia, se llamaba Shyun.
La amé como nadie más en el mundo pudo hacerlo, no paraba de pensar en ella.
Incluso se me pasó por la mente hacer todo formal y casarme.
Todo fue espontáneo, y siendo sincero, ella fue la que sé acercó a mí para empezar —comenté, haciendo algún que otro gesto exagerado para entretener al pequeño—.
Pero, un día, salí de mi hogar para cumplir un deber que nadie me impuso, quise jugar a ser el “héroe” —hubo una pausa, todavía era difícil hablar sobre ello.
Mi mente no quería dejarme, pero logré reunir fuerzas para terminar mi pequeña historia—.
Y entonces, cuando regresé, todo estaba marcado por un fuerte olor a hierro, mi nuevo hogar se había prendido en llamas, y mi amada, yacía inerte bajo mis brazos.
Liam se quedó estupefacto, perder a un ser querido nunca era fácil.
Podía entenderme, y a su vez no, tan grave le pareció el asunto.
—Maestro, yo no sa- Lo detuve.
—Un relato es un relato, no te estoy contando mi vida para que reflexiones o seas mejor persona —suspiré —.
Solo soy un hombre amargado y aburrido que trata de vengarse, eso es todo.
Pero, incluso así, no puedo evitar el querer sentir humano —Alboroté el cabello del chico—.
Agradezco la compañía, pequeño héroe.
Continuamos hablando, le contaba tonterías y alguna que otra historia improvisada que se me ocurría cuando el chico tocaba un tema sensible.
En un momento incluso pude escuchar a Shyun queriendo unirse a la conversación, pero como no tenía forma física, no podría hacerlo sin hacerme parecer un loco.
Aunque bueno, parecerlo ya lo parecía.
No dejaba de preguntarme el cómo Merlín logró manifestar a su espíritu, supuse que era un proceso natural y que tarde o temprano Shyun estaría atormentándome incluso en el mundo físico.
Como todavía era temprano, di un vistazo a nuestras provisiones, no sabía si serían suficientes para el viaje o no.
Lo cierto es que había sido una compra impulsiva de varias hogazas de pan y carne seca, frutos secos, barriles de vino y agua, junto con algo de la mercancía robada al mercader.
Tomé una hogaza de pan, partiéndola en la mitad y dándole un poco a Liam.
—Tú eres de aquí, ¿sabes cuánto falta para llegar al ducado de Conrad?
Él negó con la cabeza.
—Lo único que sé es que está al Oeste siguiendo este camino, no mucho más.
Yo no era exactamente un trotamundos, maestro.
Negué con la cabeza, era obvio que él no sabría.
De hecho, hubiese sido un milagro que conociera todo el imperio.
—Bueno, yo tampoco sería un buen guía dentro del imperio Qin, siéndote honesto.
Tampoco es nada de lo que avergonzarse.
Me detuve a pensar un poco, si nos estábamos acercando a un territorio hostil, lo más natural sería tratar de pasar desapercibidos.
En el imperio Acadiano acostumbraban llevar cascos, gabardinas, capuchas y máscaras para ocultarse.
Claro que la persona común no andaría así, serían sobre todo: los aventureros, mercenarios y soldados.
Sabía que Liam no iba a resaltar, pero en mi caso, la cosa no sería tan sencilla.
No me parecía a los locales, mi acento resaltaba incluso en lengua común y mi parche, armadura y espada llamaban mucho la atención.
Rebusqué entre los productos del comerciante, había una suerte de trapos que de seguro vendería en algún pueblucho como ropa de calidad, entre ellos encontré una gabardina con capucha de color blanco.
No era de mi preferencia usar algo tan ostentoso, el negro pasaba más desapercibido.
Pero la idea era que no me asociaran con mi sobrenombre de espectro, así que no tenía más opción que quitarme la gabardina azul oscuro roída que siempre cargaba y reemplazarla temporalmente.
La guardé junto al parche, que me había quitado tras mucho tiempo.
Sentía el viento acariciando el agujero que quedó tras mi ojo izquierdo.
Liam medio volteó a ver hacia atrás y casi vuelca el carruaje del susto.
Decidí reemplazarlo por unas vendas que había encontrado, pasarían más desapercibidas.
La historia sería simple, éramos unos aventureros perseguidos por el ejército de los mártires y buscábamos refugio dentro del terreno del duque.
Claro, eso si todo resultaba bien.
Cosa que nunca solía pasar.
Me resigné, acompañando a Liam durante el resto del camino, él tarareaba una canción molesta que se me quedó en la mente durante el resto del viaje.
Solo por eso había decidido secretamente aumentar su régimen de entrenamiento, nunca habría imaginado que alguien me introduciría una canción de cuna en la cabeza y haría que no pudiese pensar tranquilo sin escucharla.
El día se sintió eterno, el calor hacía notar su presencia y no parecía querer marcharse.
Entre más al Oeste íbamos, peor se hacía.
No solo eso, la tierra se volvía cada vez más árida y el viento permanecía casi inerte.
Por supuesto, yo podía cambiar eso a conveniencia, sería un desperdicio de energía para cualquier mago común, un mago tradicional se preocupaba más por sus estudios y comprensión sobre los elementos, a guiarse por instinto.
Se podría decir que ellos tenían algo que a mí me faltaba desde hace mucho, “sentido común”.
Sin embargo, yo no era como ellos, si algo me era molesto me haría cargo de ello y luego estaría preocupándome en el consumo de energía del éter.
Así que condensé humedad e hice una especie de esfera rodeando el carruaje, en ella el aire se veía obligado a tornarse frío, era más cómodo.
A Liam, sin embargo, parecía incomodarle más el frío que el calor, cosa que no entendía del todo.
¿A quién le gustaría asarse bajo el sol en lugar de estar bajo una sombra, fría y serena, cubriéndolo en su manto?
Durante el resto del viaje, no solo tarareó canciones molestas, también se estuvo quejando del frío.
Además, continuó regañándome por haber robado el carruaje y dando mil razones por las cuales hubiese sido más humanitario dejarle, aunque sea un par de piezas de oro o plata.
No le hice ni caso, aburriéndome de sus balbuceos y con el humor arruinado por culpa de todas sus bobadas.
Shyun, por supuesto, aprovechaba aquellas situaciones para burlarse de mí, ahora pasaba más tiempo cerca, algo me decía que el momento de mis pesadillas en que ella fuese como una hermana molesta llegaría pronto.
Pasaron unos minutos, fuera del calor creciendo a los alrededores, había una sensación extraña en el ambiente.
No fui el único en sentirla, Shyun me advirtió sobre ello, el viento gritaba y al salir afuera pude ver el terror siendo grabado en el rostro de Liam.
Había un estrecho cruce que rodeaba unas montañas y sobre él se cernía una fortaleza en la que descansaba un dragón parecido a aquellos de cuentos infantiles, tenía más de cien ojos y en su mandíbula había cientos de comisuras asemejando bocas.
Sus alas eran como de cartílago y tenían cientos de pliegues que ocultaban lo que parecía ser brasas de un horno.
Tenía cicatrices por todo su cuerpo y su atención estaba fija en todo lo que rodease aquel paso.
No solo eso, se extendían hasta cubrir la vastedad de la luz solar.
Mi viento fue dispersado y el calor que irradiaba aquella bestia golpeó mi cuerpo de lleno.
Cuando creí que no podría estar más maravillado por el poder de aquella cosa, pude escuchar una voz resonando en mi cabeza.
—¿A qué habéis venido, hijos del hombre?
Dado que no hubo respuesta, sus alas batieron y se elevó en los aires, deteniéndose enfrente nuestra.
Sin pensarlo usé toda mi fuerza para proteger el carruaje, el suelo a nuestro alrededor se prendió en llamas y el temblor causado por el aterrizaje de la bestia estuvo a punto de destrozar las ruedas del vehículo.
—¿A qué habéis venido, hijos del hombre?
Shyun se apareció, no podía alejarse más allá de la esfera de protección improvisada que habíamos hecho.
—Hayato, tenemos que escapar.
No podremos hacerle ni cosquillas ni con nuestro mejor hechizo.
Pude escuchar una risa tenue.
—¿Osarían cazarme?
—dijo entre risas—.
Los humanos han crecido mucho en este milenio —su voz retumbaba, haciendo temblar tanto el viento como la tierra.
Pude sentir como la infinidad de ojos centraba su atención tanto en mí como en Shyun.
—Hablad, hijos del hombre.
¿A qué habéis venido a este lugar?
Estaba temblando, sudando frío y mis manos temblaban, no podía concebir siquiera luchar con aquella bestia, tendría más suerte combatiendo con la comandante del ejército invasor.
—Y-yo quiero cruzar la frontera.
El dragón dudó.
—¿Bajo qué propósito?
Tragué saliva, estaba nervioso.
Intenté decir aquella historia improvisada, pero una corriente de viento casi arrastra todo el vehículo junto a nosotros, tuve que aferrarme a Liam para que no saliese volando fuera del área protegida.
—¡Mientes!
No sabía como pudo notar la mentira, pero aquella criatura logró hacerlo.
Recordé a mi madre hablar sobre ello cuando me contaba cuentos, solo los nobles dragones, los que estaban por encima de los dragones inferiores y superiores, tenían su consciencia intacta y poseían gran sabiduría.
Hice una reverencia sin pensarlo demasiado.
—Oh, noble dragón.
Estoy cazando a un apóstol del pecado.
Pude sentir que el ambiente se calmaba un poco.
—Así que no eres un traidor, pues cruza, hijo del hombre.
Caza, halcón solitario.
Pero, antes de que te vayas, necesito que hagas algo.
Dijo, centrando toda su atención en Shyun.
—¿Qué sería eso?
—cuestioné.
Él bufó.
—Espirítu que nació del hombre, jura lealtad a tu dios.
Shyun se extrañó.
—¿Qué dios?
¿De qué hablas?
La mirada se notó más intensa, caí de rodillas sin pensarlo.
Nunca había sentido tanto miedo en mi vida.
—Reza.
Clama al nombre de Kumiho.
Shyun reaccionó, parecía estar asustada, conocíamos el nombre por mera mención, pero una imagen invadió mi cabeza.
No podría describir a aquel ser etéreo, solo podría decir lo que creí haber visto.
Era como una luz mortecina, un ser que reposaba en una oscuridad absoluta, cuyos ojos permanecían cerrados y no pareció percatarse de nuestra presencia.
Pero aquella abrumadora entidad, con meramente una imagen de lo que podría ser, revolvió nuestras mentes y nos envió a un estado de inconsciencia.
Era la primera vez, sí, la primera en que tanto Shyun como yo despertábamos con la misma confusión en el reino del alma.
Sin embargo, aquel no era el reino gobernado por Shyun, no se trataba de mi alma, de nuestra alma.
No, estábamos parados sobre un campo, sentía el cuerpo raro y al observar con detenimiento pude notar que estaba joven, casi tan joven como cuando empecé mi viaje como aventurero.
Contemplando los alrededores pude darme cuenta de que no conocía el lugar, Shyun estaba igual que la primera vez que la vi, solo un ente de luz con una forma medio humanoide.
No sabía bien de que se trataba todo, pero una cosa estaba segura, tenía un mal presentimiento.
Entonces, escuche aquella voz.
—Bienvenido a casa, Hayato.
Era la voz de mi madre.
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