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Cronos: Tale of the dark adventurer - Capítulo 93

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93: Renacer 93: Renacer Renacer No había pasado mucho desde que me adentré en el reino del alma por última vez.

Sin embargo, se sintió como una eternidad A diferencia de muchas otras veces, las sensaciones no se habían desvanecido.

Podía percibir un leve aroma a rosas y jazmín, escuchar agua corriendo desde manantiales y sentir como la arena negra del lugar acariciaba mis pies.

Por un momento, me detuve a inspeccionar la zona.

Aquel lugar me era desconocido, no era aquel reino lleno de pilares que tanto amaba Shyun.

No, era diferente.

Algo había cambiado, y no tenía claro que era.

Era quizá la primera vez, después de mucho tiempo, en el que sentía que aquel reino era un lugar desconocido.

Con cada paso respiraba profundamente, apreciando el aire tan fresco y puro que me ofreció aquel lugar.

Era extraño… pacífico.

Decidí sentarme a esperar, quizá no era la mejor decisión.

Usualmente, la vida me obligaba a moverme, pero, sabía que mi cuerpo estaba a salvo.

Y el ambiente del lugar no estaba nada mal, tanto así, que por un momento, mi mente dejó de atacarme.

—Mírate, tan cómodo —comentó una voz familiar.

Abrí los ojos de a poco, aquella vieja compañera había cambiado nuevamente.

¿Qué había cambiado exactamente?

No lo tenía claro, su aspecto parecía ser el mismo.

Pero, ¿cómo decirlo?

Lo podía sentir.

—Tardaste más de lo esperado —repliqué.

Ella me ofreció una mano y la acepté sin dudarlo.

—Así que… ¿Por qué querías verme?

Sabes que estoy enojada, ¿no?

Ante su afirmación, me limité a asentir.

—Mira, sé que lo que hice estuvo mal.

Pero, en este momento, lo único que quiero es alguien con quien charlar.

Ella mostró una sonrisa, una que no había visto en mucho tiempo.

—¿No buscas poder ni nada del estilo?

Eso es nuevo.

La observé de reojo, tenía ganas de cubrirme el rostro.

—Bueno, hasta yo puedo aprender.

Ella se cubrió el rostro con la mano mientras se burlaba.

A lo que solo pude arrugar la cara.

—Sí, sí.

Incluso tú, ¿eh?

Me gustaría ver eso.

Su mirada desafiante solo logró que mi rabia creciera de a poco.

No podía hacer más que preguntarme de donde había aprendido a ser tan agobiante.

—Como sea, solo quería hablar un rato… —contemplé los alrededores—.

¿No tienes un lugar mejor?

Ya sabes, ¿para hablar?

Ella entendió al instante.

Caminamos hasta una cabaña que supuse había hecho ya hace un tiempo.

No entendía bien por qué no se limitó a controlar el reino, pero, con todo lo que pasó.

Tampoco me sorprendería que hubiese perdido cualquier control sobre el lugar.

—Mira, yo… siendo honesto, quiero morir.

La sonrisa fue borrada de su rostro casi al instante, bajó la mirada y contempló el suelo.

Jugueteaba con sus manos, incluso podía sentir algo extraño en el aire.

—Sí, lo sé.

La cabaña parecía estar vacía, solo había una pequeña mesa de noche con dos tazas de té y unos bancos de madera.

Su respuesta fue corta, pude oír como se le escapaba el aire y cada fibra de mi ser tembló, expectante a la respuesta.

—Pero, sabes que no podemos —comentó mientras posaba una mano sobre su cuello—.

Si hiciésemos eso, estaríamos deshonrando su sacrificio —salió de la cabaña y se colocó frente al portal de su humilde morada.

—Dime —musitó con voz quebradiza—.

¿Puedes verlos?

Una lágrima cayó desde su rostro, al caer creó un charco.

En sus aguas, pude ver los rostros de aquellos a los que había perdido, estaban sonriendo.

Cada sacrificio, cada muerte.

Muy en el fondo, sabíamos que ninguno de ellos nos culpó.

Pero, aun así… ¿Por qué yo?

De todos ellos, ¿por qué solo yo había sobrevivido?

—No habrá respuesta —explicó Shyun—.

Sabes que nunca habrá una.

Cerré los ojos una vez más.

—Lo sé.

Las aguas me engulleron, me encontré nuevamente en el mundo real.

Esta vez estaba solo, no podía sentir ninguna presencia dentro de la cabaña.

—Hayato, ¿puedes sentirlo?

¿Ese olor?

—alertó Shyun.

—Sí —respondí—.

Huele a ellos… demonios.

No sabía donde estaban mis cosas, así que simplemente salí y corté una rama del bosque por si acaso.

Dejé que la corriente del viento me guiara hacia el nauseabundo olor a Jilk que se extendía en el ambiente.

Los bosque eran pacíficos, podía escuchar el cantar de los grillos y la respiración de las bestias.

Mientras volaba como un ave rapaz en busca de cazar a su presa, logré finalmente percibir el perímetro de donde emanaba aquel olor.

Me oculté tras unas ramas, asegurando que ni una pizca de mi presencia fuese detectada.

Detuve mi respiración y controlé el viento para evitar desprender cualquier olor, vigilando desde la sombras.

Al contemplar con cuidado la escena, pude bajar la guardia.

Nagisa, su compañera y Liam estaban hablando con dos figuras encapuchadas, pero me fue sencillo reconocer a una de ellas, pues le faltaba un brazo.

Bajé de un salto, solo Liam pareció estar sorprendido por mi entrada.

—¿Qué haces aquí?

¿Kai?

—cuestioné.

Él suspiró, quitándose la capucha antes de responder.

—Te estaba buscando —replicó.

Liam se asustó al ver a Kai, quien a diferencia de mí, tenía sus cicatrices a vista de todos.

—Son unos maleducados —comentó la compañera de Nagisa.

—Bueno, Hayato siempre ha sido así —explicó Nagisa.

—¿Perdón?

—comenté indignado.

Kai se apresuró a ocultar a su acompañante a espaldas.

—Veo que todavía caminas con ese niño —comenté.

A lo que Kai relajó su postura aliviado.

—Pensé que ibas a ser más hostil, señor espectro.

Solo pude arrugar el rostro.

—¿Me ves como una especie de monstruo?

Tengo un amigo que también es mitad Jilk.

Él se mostró interesado, tenía una mirada maliciosa.

—¿En serio?

¿Tienes amigos?

Suspiré.

—Sorprendentemente.

Él sonrió.

—Bueno, fue fácil encontrarte gracias a uno de tus amigos.

—¿Uno de mis amigos?

¿A qué te refieres?

Hizo un gesto con la mano.

—Ese niño —dijo mientras señalaba a Liam—.

Mientras indagaba sobre tu paradero, escuché rumores, decían que vagabas con un niño de ojos azules y vestiduras rojas.

De paso, me encargué de rastrear al demonio que buscabas.

»Tomó tiempo, pero al final logré encontrarte gracias a las habilidades de mi compañero.

Todavía no tenía claro como lo había logrado, si bien su información parecía convincente, el continente era demasiado grande como para que fuese coincidencia.

—Vamos, Kai.

Dime la verdad —musité.

Kai suspiró.

—Es cierto, este niño tiene un ritual bastante útil, aunque no para el combate… puede sentir donde está cualquier persona de la que haya tomado sangre.

Aunque es algo problemático lidiar con los síntomas posteriores.

Retrocedí un poco.

—No recuerdo haberte dado mi sangre —comenté.

A lo que él apartó la mirada.

—No, no lo hiciste.

Pero no tenías que hacerlo.

Condensé el ether de la zona.

—…

Dame una buena razón para no golpearte ahora mismo.

El no mostró hostilidad, más bien subió las manos para demostrar que no era hostil.

—No te enojes, es una manera útil para saber si ustedes están vivos o no.

—¿Ustedes?

Kai sonrió.

—Hasta ahora, solo he podido confirmar que tú e Hiyori están vivos.

Escuché rumores sobre otros pétalos caídos, pero nada más que eso.

Nagisa intervino.

—Ya me cansé de que nos ignoren, Kaito, ¿de donde conoces a Hayato?

—¿Ustedes se conocen?

—pregunté desconcertado.

Nagisa apartó la mirada.

—Algo así… es mi primo.

Kai hizo un gesto con la mano para que su acompañante se quitara el manto.

—Lo cierto es que mi padre es un pariente lejano de su madre.

Hospedamos tanto a Nagisa como a su Akira cuando su padre los envío con nosotros.

—Ya veo —respondí perplejo.

Kai sacó un trozo de papel de su bolsillo, lo enrolló y me lo lanzó directo al rostro.

Por supuesto, pude atraparlo antes de que me golpeara.

Al verlo me di cuenta de que era una solicitud para formar un grupo.

—Tengo mucho sin ir a un gremio, ¿cuál es la gran idea?

—cuestioné.

Kai explicó: —Necesito aliados poderosos, por eso decidí buscarte.

Encontrarme a la mismísima santa del colmillo divino solo fue un agregado.

Le devolví la solicitud.

—He pasado por mucho últimamente, no tengo ganas de ir ayudando a gente a recuperar sus gatos… ni siquiera de comprobar si hay más supervivientes.

—Me lo esperaba —comentó Kai—.

Por desgracia, no puedo dejar que te pudras.

Nagisa me lo contó, Hayato —explicó con algo de disgusto—.

Aunque admiro que hayas matado a un heraldo por tu cuenta… tú, ¿trataste de morir no es cierto?

Hubo un breve silencio incómodo.

—Sí, ¿y qué si así fue?

La entonación de Kai se hizo más grave.

—Morir, no tienes derecho a hacerlo —dijo—.

No, ¿y sabes por qué?

Porque tu vida ha sido prologanda a costa de muchas otras.

—Justamente ese es el problema —repliqué.

—No, esa es la razón —explicó.

Lo cierto es que Kai tenía la razón.

Era una conclusión a la que incluso Shyun había llegado, pero yo me negaba a aceptarla del todo.

¿Cómo iba a vivir en un mundo así?

Primero fue mi madre, luego la catastrofe del pueblo y por último Shizu.

No lograba entenderlo.

Pero, la persona que estaba enfrente mía, y la mujer que tenía al lado, incluso el niño que había decidido ayudar.

Todos habían perdido algo, ¿qué me daba el derecho a mí de rendirme?

—Quizá, pero no es momento.

Ante mi señalamiento, Kai se señaló el brazo.

—¿Y cuándo será el momento?

Volteé a ver de reojo.

—…

Está bien, dime que tienes planeado.

Nagisa y su compañera tenían la vista perdida.

—¿Oye?

¿Cuánto tiempo crees que nos van a ignorar?

—preguntó la santa.

—No sé, es la primera vez que nos pasa —replicó su compañera.

Pese a la aparente decepción de las chicas, regresamos hasta la cabaña tomando el camino que uno transitaría normalmente.

Yo había llegado volando, así que de no ser por Nagisa y el resto me hubiese perdido un par de horas.

—Así que, ¿hace cuanto se encontraron?

—cuestionó Kai.

El camino era largo, el ambiente se sentía húmedo y frío.

Encima, no tenía forma de responderle, así que solo me quedo esperar a que Nagisa respondiera por nosotros.

O quizá Liam, yo estaba perdido.

—Un mes, casi dos —comentó Nagisa—.

Encontramos a Hayato lleno de heridas abiertas y con quemaduras en todo el cuerpo, pasó inconsciente durante mucho tiempo, no despertó hasta hace poco —explicó.

—Debió ser una batalla dura —replicó Kai.

—No tengo idea —terminó Nagisa, volteando hacia mí en busca de una respuesta.

Por un momento, pude ver la silueta de Shizu reflejarse.

Fue incómodo, tuve que apartar la mirada y el corazón empezó a palpitar a mil por hora.

Podía sentir como mis pupilas se dilataban y los recuerdos de aquel combate aparecían como breves imágenes transitorias.

—Bueno… podría decirse que lo fue —expliqué por encima—.

Pero, al final, ¿siquiera importa?

Todos los que se opusieron a mí en esa fortaleza terminaron muriendo.

Ya es cosa del pasado.

Kai me observó de reojo.

—Quizá tú e Hiyori sean los únicos que pueden presumir matar a tantos invasores tan a la ligera.

Nagisa asintió.

—Incluso los santos estamos conscientes de ellos, los heraldos no son poca cosa.

A lo que solo pude responder: —Los muertos están muertos, no quiero hablar más de eso.

Kai se burló.

—Al menos deberías ver a Nagisa a los ojos cuando dices eso.

Retrocedí un poco.

—¿A qué te refieres?

La compañera de Nagisa replicó.

—Sí, cada vez que cruzan miradas, veo que te muestras nervioso.

¿No será?

Nagisa replicó nerviosa.

—¡Oye!

¿Qué estás diciendo Merry?

Ni siquiera me había dado cuenta de cuando, pero el filo de mi espada estaba amenazando el cuello de Kai.

En cuanto entre en razón, envainé el arma y continué caminando en silencio.

—…

No me gustan, esas bromas —comenté.

Kai se acarició el cuello, se le notó nervioso.

—Está bien.

¡Por Lumis!

Cómprate un sentido del humor, hombre.

No sentí ganas de ver atrás, probablemente mi acción había causado un par de reacciones que me serían desagradables de ver.

Pude escuchar a Shyun regañándome desde el centro de mi alma.

Sin embargo, hice caso ajeno.

Me preocupaban más las intenciones de Kai, si él quería formar un grupo, seguramente tenía un plan arriesgado.

Y, como no podía detenerlo, creí que, quizá, podría ayudarlo a que se realizara.

Quizá Shyun tenía razón, quizá no puedo aprender.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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