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Cronos: Tale of the dark adventurer - Capítulo 94

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  4. Capítulo 94 - 94 Colmillos de plata
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94: Colmillos de plata 94: Colmillos de plata Colmillos de plata Nos reunimos dentro de la cabaña, estábamos sentados sobre una manta de tono celeste mortecino, al parecer habían estado comiendo en el suelo todos los días y usaban el trozo de tela para asimilarse a algo que llamaban “picnic”.

Por lo que entendí, era una especie de junta en la que comían cosas que traía cada quién.

Kai había traído unos panes recién horneados, Nagisa algo de carne y su acompañante verduras.

Supe, en ese momento, que Liam había estado derrochando todo el vino que habíamos comprado, solo quedaba un barril a la mitad.

Decidí no reaccionar, si bien sentía una especie de mezcolanza entre ira y agobio, entendía que no podía enojarme con el niño, de todas formas todo lo que llevábamos se lo iba a quedar él.

Si hubiese muerto tal como planeaba, claro está.

Ahora, la única preocupación rondando mi mente, fuera de lo incómodo que se sentía estar tan cerca de Nagisa.

Juro que ese olor perfumado me estaba volviendo loco, tanto que necesitaba distraer mi mente de vez en cuando, lo suficiente como para que Shyun se burlase de mí cada vez que lo hacía.

Era el contrato que Kaito había propuesto, una petición formal para crear un grupo consolidado de aventureros.

Claro, esos generalmente eran de una sola misión, pero solo en papel, estaba casi implícito que los grupos se solían mantener juntos.

Algunos los tomaban como familias postizas, otros como simples grupos de amigos.

Hasta ahora, no había tomado a ningún grupo al que perteneciese como algo semejante, quizá ello también me había ganado mala reputación en la comunidad del gremio.

Sería la segunda vez que firmaba uno de esos contratos, usualmente solo era un agente libre que iba y venía sin nada formal.

No había visto uno de esos desde aquella vez en la aldea a la que alguna vez pertenecimos.

Revisé los términos, no había nada especial.

Era justo lo que sospechaba, un simple contrato para formar un grupo temporal, uno para cumplir un cierto encargo, petición u objetivo.

Tras terminar de leer, pude notar que el ambiente estaba algo tenso.

Tanto Nagisa como su acompañante seguían en estado de shock por haber sido ignoradas.

Lo cual no entendí del todo, era normal ser dejado fuera de alguna que otra conversación de vez en cuando.

Al caso, como noté que el aire estaba extraño, se me ocurrió algo que no pensé mucho.

—¿Colmillos de plata?

¿Es el mejor nombre que se te ocurrió?

—solté al aire.

Nada más escucharlo, Kai pegó una carcajada.

—Sí, también lo pensé.

Pero, es algo que decidió el gremio, no yo.

Ya sabes que suelen poner nombres pretenciosos —me señaló— ¿No es así?

Aventurero oscuro Sonreí tenuemente, hacía mucho que alguien me llamaba por ese título.

—Supongo.

Antes de que la conversación se diluyera en las bromas pasivo-agresivas que Kai y yo solíamos decir, Nagisa tomó el valor de intervenir en la conversación.

—¿Y, cuál es el objetivo de este grupo?

Kai, que parecía estar a punto de decir algo catastrófico, afiló los ojos y tomó un tono más serio.

—Esa, es una buena pregunta.

Gracias, Le Eris.

Ella refunfuñó.

—Es Na-gi-sa.

Grábatelo, plateadito.

—Sí, sí, lo que digas.

Aproveché el momento para servirme algo de vino, gesto que no pasó desapercibido para la acompañante de Nagisa.

En cuanto se dio cuenta de que terminé de servirme el vaso, extendió uno para que le sirviese de paso.

Me sorprendí un poco, después de todo, no la conocía.

¿Cómo era que se llamaba?

¿Merry?

Honestamente, no me lo había aprendido.

Tras un segundo incómodo en el que me miró con seriedad a los ojos, decidí ceder a su petición y servirle el vino.

A lo que, tanto Kai como Nagisa aprovecharon la situación para pedir el mismo favor.

¿Por qué todos tuvieron ganas de beber nada más me serví el vaso?

Esa era una muy buena pregunta.

Una que, estaba claro, nadie me iba a responder.

—Oigan, ¿al final para qué era el grupo?

—cuestioné.

Kaito reaccionó.

—Cierto, se me había olvidado —tomó un trago del vino y luego su mirada se tornó hacia nosotros—.

Lo cierto es, que son dos trabajos.

¿Están familiarizados con la mazmorra que había cerca de la aldea, no?

Nagisa y yo tragamos saliva, apartamos la mirada y tratamos de mostrarnos indiferentes.

Kaito continuó.

—Lo cierto es, que quiero conseguir algo dentro de ese lugar.

Se dice que incluso los aventureros de rango dorado tenían problemas avanzando.

Por suerte, ustedes están en ligas mayores.

Azoté la mesa.

—Ese lugar se alimenta de las personas, con el tiempo, es capaz de usar a tus aliados en tu contra.

¿Tienes confianza de no retrasarme el paso?

Ni siquiera pudiste con un simple líder de escuadrón.

Kai no mostró reacción, aún se notaba confiado.

—Sí, la tengo.

¿La tienes tú?

No dije nada.

Por su parte, Nagisa expresó su opinión.

—Incluso sí, llegaremos a regresar a ese lugar, toda la frontera está controlada por el ejército invasor, por no hablar de los rebeldes.

Sería imposible para nosotros avanzar hasta la mazmorra.

Kai sonrió.

—Tengo contactos.

Conocidos.

Tanto humanos, como gente de Makzror—posó un brazo sobre el hombro del niño—.

Este chico me ha ayudado con eso.

Lo cierto es que: han surgido facciones rebeldes dentro del propio ejército Makzrordiano, algunos solo querían tierras fértiles, decidiendo apartarse de la guerra —continuó explicando—.

Antes de adentrarnos en la mazmorra, solo tenemos que cumplir dos simples tareas —contó con los dedos—.

Primero, acabar con una asentación de “Alas negras” y rescatar a los semi-demonios que son usados como esclavos —levantó otro dedo—.

Y segundo, asediar el escondite del heraldo de la ira.

Matar al heraldo.

No hubo conmoción, más bien, un silencio incómodo.

—¿Matar a un heraldo?

—cuestioné—.

Claro, matemos a un heraldo.

¿Muy fácil no?

Si es que eso lo puede hacer cualquiera —mencioné haciendo gestos exagerados.

Nagisa estaba conmocionada.

—Sé que soy una santa, pero incluso así… ¿Cómo puedes decir algo así con semejante confianza?

Kai bufó.

—Porque el idiota del parche mató a uno en una rabieta.

Confío en él.

Aparté la mirada al ver a Shizu siendo reflejada nuevamente sobre Nagisa.

El simple hecho de mencionar a Melancolía hacía que la sangre se me subiera a la cabeza.

Tuve ganas de azotar la mesa debido a lo confiado que estaba Kai, él no sabía lo que significaba enfrentarse a uno de ellos.

Él ni siquiera había podido ni con un simple jefe de escuadrón.

—¿Por qué tan arrogante?

¿No recuerdas como perdiste el brazo?

—mencioné Por primera vez desde que llegó, pude ver molestia reflejada en su semblante.

—Sí, lo recuerdo.

No hay forma de que lo olvide —su cuerpo temblaba—.

Pero sé que ustedes tampoco han olvidado.

Lo recuerdan, ¿no?

Las llamas del pueblo ardiendo, los gritos de la gente… —presionó con fuerza su hombro con el rostro algo consternado.

—No, no lo he olvidado —repliqué con tono grave— Llamas, fuego, cuerpos, sangre, muerte.

Cada cicatriz que dejaron aquellos que ya no están siguen engravadas dentro de mi cuerpo y mente.

Nagisa bajó la mirada, sosteniendo uno de sus brazos con fuerza.

—Eso… es imposible que lo olvidemos.

Hubo otro silencio incómodo en la sala, ninguno tuvo palabras que decir.

Nadie había superado nada, no podríamos, no mientras la guerra continuase.

—Entonces, pueden entenderme, ¿no?

¿Acaso alguno de ustedes no siente odio por el ejército rebelde?

Nagisa interrumpió.

—Pero aun así, un heraldo es… Decidí interrumpirla, un sentimiento extraño recorría mi cuerpo.

Era como ira, sí, pero no exactamente eso.

Era un calor similar al que uno siente cuando come sopa picante o algo por el estilo, sangre hirviendo como fuego ardiente.

—Lo haré —comenté de forma seca.

Los presentes se quedaron paralizados, quizá era la primera vez que Nagisa y Kai me escuchaban hablar como le hablaba a los demás.

Fue su primer encuentro con aquel al que llamaban “Espectro”.

—¿Estás seguro?

¿Así de fácil?

—cuestionó Kai.

Aquella decisión no fue sencilla de tomar, tuve que registrar cada recuerdo que tenía sobre mis encuentros con aquellos invasores, recordé a Melancolía acabando con mi nueva vida y contemplé nuevamente aquellos recuerdos de la aldea que alguna vez fue.

—Sí, como te dije: No conoces el verdadero terror de un apóstol —me quité el parche del ojo y mostré la cicatriz de cuando melancolía logró tener la ventaja en nuestro encuentro—.

Sin embargo, yo sí lo sé.

Kai mostró cierta emoción, quizá felicidad.

Parecía estar a punto de decir algo, pero yo lo detuve.

—Solo tengo una condición —expliqué mientras volvía a colocarme el parche—.

Nagisa no debe estar en peligro en ningún momento.

Nagisa se indignó.

—¿Perdona?

Soy una santa de la espada, sobre todo una aventurera —comentó observándome a los ojos con furia—.

¡No soy una damisela en peligro!

Creí que eras mejor que esto, Hayato.

Aparté la mirada, todavía podía ver el reflejo de Shizu.

—No, tú no lo entiendes, Nagisa —extendí la mano hacia Kai—.

Dame la ubicación del heraldo… iré solo.

Kai obedeció, aunque estando algo anonadado.

Por mi parte, tomé el mapa que me entregaron y caminé hasta la salida.

—No… no puedo perder a nadie más.

Abandoné la habitación, recuerdo que Liam trató de aferrarse a mí.

Le golpeé la cabeza con el mango de mi espada y terminó cayendo inconsciente.

Él no estaba listo, y quizá yo tampoco.

Pero, esta vez, no pretendía morir.

—¿Estás seguro de esto?

—dijeron Kaito y Nagisa al unísono.

Me detuve en seco, ¿estaba verdaderamente seguro?

Lo cierto es que no, tenía miedo y estaba cometiendo el mismo error que cometí una y mil veces.

—Por favor, no me sigan —comenté mientras ocultaba mi rostro, no quería que vieran la lágrima que salía de mis ojos, mucho menos la nariz enrojecida.

—En verdad, nunca aprendo —comenté en voz baja para mí mismo.

Decidí no llevar carruaje, de todas formas volar era mucho más rápido, el viento me guiaría, nunca había fallado en hacerlo.

—Así que, debo volver a la frontera… Ha pasado tanto tiempo.

Me preguntaba si alguien más que Shyun comprendería como me sentía en ese momento.

Esta vez no era un intento suicida, no era una venganza.

Simplemente, no quería poner a mis amigos en peligro.

Y aunque ellos trataran de detenerme, no podrían lograrlo, al menos no lo creía.

El viaje tardaría unos días.

Durante el primer día, hice una fogata y me lamenté sobre mi decisión, ¿era lo correcto o no?

¿Seguía siendo el mismo cobarde de siempre?

¿Habría lastimado a mis amigos con mi decisión?

¿Por qué estaba haciendo esto?

En el segundo día, Shyun me informó sobre una presencia siguiéndome, no le presté atención y me centré en el objetivo.

Ella se mostró preocupada por mi actitud, le dije que no se preocupara con una sonrisa tan falsa que ni siquiera necesito de nuestro conexión para darse cuenta.

El tercer día logré ver una nube de humo que parecía estar siguiéndome.

Durante el atardecer de ese mismo día, sobrevolaba una llanura y estaba a punto de llegar a la frontera, podía reconocer el yermo lejano por el que viajé alguna vez.

La nube de polvo se acercaba, aceleré el paso y logré contemplar cuerpos de dragones de tierra esparcidos por la zona.

Decidí investigar los cadáveres y pude darme cuenta de que muchos de ellos estaban casi en los huesos, ¿quién sabe cuanto tiempo llevaban muertos?

Contemplé el bosque quemado que alguna vez se alzó con hermosos pétalos de tono rosa, incluso tuve una visión sobre mi juventud.

Gell y Aoi estaban acompañándome.

Los niños de esa visión cantaban, saltaban y jugaban con inocencia.

Ahora, solo quedaba un cascarón vacío y dos desaparecidos, una amistad que fue apagada por la mazmorra y la maldita aventura que tan obstinadamente decidí seguir.

Recordé aquella noche en la que decidieron abandonar todo y yo cobardemente no acepté su decisión.

Sentí el firme agarre del demonio que estuvo a punto de matarme el día de la invasión, también una canción de cuna que mi madre solía cantar.

El sabor del sake que el tío Yamato me había dado durante el festival, la animosidad del pueblo.

Todo eso que había sido reducido a la nada, un bosque quemado y una fortaleza de acero resguardada por demonios era lo único que se alzaba.

No había rastro del legado que alguna vez se trató de perpetuar.

Cuando me detuve a observar el paisaje nostálgico, justo cuando el sol se ocultaba y el páramo se tornaba frío: La santa del colmillo divino me alcanzó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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