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Cultivación prohibida (+18) - Capítulo 271

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  4. Capítulo 271 - 271 Operación venganza II
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271: Operación venganza (II) 271: Operación venganza (II) A la mañana siguiente, Mei va a coger sus píldoras.

Le toca.

También adquiere todos los créditos que tenía en la secta.

Donde estaban seguros.

Después de ello, obtiene un par de cuadernos prestados.

Y saqueamos su cabaña.

La dejamos totalmente vacía.

También la de Dai Quon.

De alguna forma, le obligaron a darle permiso a Mei para entrar.

Tras ello, sale de la secta para no volver nunca más.

Me esperará en la casa que su ex nos cedió amablemente.

Con las chicas y nuestro traidor.

De esa forma, parecerá que ha huido.

Las desapariciones de su ex y de Dai Quon deberían atribuírsele.

Ser la principal sospechosa.

Desviar la atención de mí.

Yo sigo con mi agenda habitual, además de echar de menos a las que están fuera.

Cuando salgo de hacer copias, veo a Di Tao.

La sigo.

Cuando llega cerca de un almacén, la asalto.

Le tapo la boca.

Le susurro al oído.

La empujo hacia la puerta.

Es un lugar poco transitado.

Como esclavo, a veces tenía que entrar.

Veo que no han cambiado la formación de entrada.

Tampoco es que haya nada muy valioso dentro.

Tan solo objetos un tanto voluminosos que pueden necesitarse en construcción o algunos eventos.

No se resiste.

Cierro la puerta tras entrar.

La empujo contra unos sacos.

Le subo la falda.

Le bajo las bragas.

Acaricio sus nalgas con qi con una mano.

Con la otra, uso el lubricante en su ano.

Ella se estremece.

–Aaaaahhh… Kong…~ intenta contener la voz.

–Puedes gritar.

He aislado el sonido.

Dime, ¿cómo lo quieres?– le vuelvo a susurrar al oído.

–¡Destrózame!

¡Lléname!

¡Hazme olvidar todo lo demás!

¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHH!!!

Ya me ha parecido que estaba cabizbaja.

Supongo que los problemas con su prometido.

Puede que también con su familia.

Quizás, con la amante del prometido.

Así que hago lo que me pide.

La cojo firmemente de las caderas y la penetro.

Toda la extensión de mi miembro llena su ano.

Lo libero y lo vuelvo a reclamar.

Una y otra vez.

Ella gime con pasión.

Con desesperación.

Aunque el volumen se va atenuando a medida que pasa el tiempo y los orgasmos.

A medida que la lleno una y otra vez.

A medida que sus fuerzas se agotan.

Cuando salgo de ella, apenas puede moverse.

Su cuerpo aún está convulsionado.

El agujero de su ano sigue expandido.

Solo una barrera de qi impide que el semen gotee por sus piernas y manche su ropa.

Le subo las bragas y le pongo bien la falda.

La hago girarse mientras la cojo.

Impidiendo que se caiga.

Sus piernas aún están débiles.

La beso.

Me corresponde con pasión.

Nos separamos.

Me mira con ojos llorosos, producto de la intensa sesión de placer.

–Gracias, Kong.

Lo necesitaba– me agradece.

–¿Estás bien?

¿Necesitas mi ayuda?– me ofrezco.

–No, estoy bien.

La misma mierda de siempre.

Es un capullo.

Pero lo tengo que aguantar.

Es mi futuro marido– responde con tristeza.

Acaricio su pelo y la vuelvo a besar.

La verdad es que siento lástima por ella.

Estoy tentado de llevármela en cuanto tenga la suficiente cultivación.

Pero ella no quiere.

Es devota a su familia.

Por mucho que la hayan vendido.

Que la usen para establecer alianzas.

Sin importarle su situación.

Yo solo puedo hacerle olvidar durante un rato.

Sumergirla en el placer.

Me la quedo abrazando.

Con más de un largo y húmedo beso.

Ella llena de mi semen.

Totalmente entregada.

Salgo yo primero.

Me aseguro de que no haya nadie.

La aviso.

Nos vamos en direcciones contrarias.

————— Por la noche, salgo de la secta.

Quizás hubiera sido prudente esperar más tiempo, pero también sospechoso.

Estamos seguro de que pueden averiguar que salgo cada semana.

Aunque no siempre a la misma hora.

A veces, vamos a hacer compras antes de visitar a mis mamás.

Esta vez, voy a la casa que nos regaló el ex de Mei.

Me aseguro de que no me siguen.

Incluso me escondo para cambiarme el disfraz y cambiar de dirección.

Me abren en cuando llego.

Se cierra la puerta tras de mí.

Song me abraza y me besa apasionadamente.

–¡Eh!

¡No lo acapares!– oigo quejarse a Hong.

–Solo si luego no lo acaparas tú– le responde Song durante un breve respiro.

–Acapáralo– rectifica Hong.

–Je, je.

Punto para Song– ríe Shi.

–Bueno, por una vez que tiene razón…– se encoge de hombros Hong.

–¡Eso no es cierto!

Tuvo razón otra vez, hace tiempo… creo…– Shi también se burla, queriendo parecer seria.

Song las oye, pero las ignora.

Está demasiado ocupada con mi lengua y mi culo.

Lo ha cogido con sus manos.

Aprieta su pecho contra mí.

Cuando finalmente se separa un poco, entre Hong y Shi la obligan a alejarse de mí.

–¡Traidoras!– las acusa.

Hong es la siguiente.

También es apasionada.

Y también la acaban separando en una pausa.

–¿Nos has echado de menos?– pregunta Shi cuando es su turno.

–Mucho– le aseguro antes de tomar de nuevo sus labios.

Aunque, poco después, acaba sufriendo el mismo destino.

Es separada como las otras dos.

Se ríen, antes de volver a ponerse serias.

–Por aquí– me guía Song.

Me lleva a una habitación casi vacía.

El único mueble es una mesa robusta.

Atado a ella, está Dai Quon.

Desnudo.

Su ano siendo penetrado por un consolador.

Su espalda cubierta de latigazos y moratones.

Su boca amordazada, con sangre en la mordaza.

Lo han estado torturando.

Rui y Mei están vigilando.

Me ven, pero no se mueven.

Solo se me quedan mirando.

–Después– les aseguro con los labios.

Ellas asienten.

Incluso sonríen.

Me muevo frente a su cara.

Le quito la mordaza.

Abre los ojos.

–¡Kong!– exclama, entre sorpresa y terror.

–Hola, viejo amigo.

En mi caso, sí es personal.

No deberías haberme traicionado y vendido.

Es hora de que mueras– le sentencio.

Intento no mostrar emoción.

Incluso parecer amigable.

–¡Espera!

¡Es todo un error!

¡Yo no quería!

¡Me obligaron!

¡De verdad!– suplica a gritos.

No es tan satisfactorio como esperaba oírlo suplicar miserablemente.

Pero no cambia que tiene que morir.

Llamo a Mei.

Parece ser que estaba molesta con él.

Algo le dijo cuando lo trajo hasta aquí.

No me cuesta nada satisfacer sus deseos.

Puedo ver una sonrisa de desdén en ella cuando lo mira.

–¿Hay algo que quieras de él?– le pregunto.

–Amo… Este gilipollas quiso meterme mano.

¿Puedo castrarlo?– me pide sumisamente.

No esperaba eso.

Normalmente, es mucho más sumisa y temerosa que Rui.

Muy comedida.

Miro a las chicas.

Están tan sorprendidas como yo.

Shi y Hong se encogen de hombros, diciéndome que haga lo que quiera.

Song asiente con la cabeza, casi animándola.

–Claro– le aseguro.

Le doy una daga afilada.

Ella la coge sonriendo.

–¡Gracias, Amo!

Se va hacia detrás.

Donde está su culo siendo penetrado.

Y el pene colgando poco antes de llegar a la mesa.

–¡NO!

¡No lo hagas!

¡Fue un error!

¡Yo no quería!

¡Por favor!

¡Todo menos eso!– suplica Dai Quon.

–¡No debería haberme tocado!

¡Soy solo de Amo!– grita ella, llegando al otro lado.

Oh, es realmente devota.

En muy poco tiempo.

Con Rui me costó más.

Sin duda, la ayuda de las chicas al principio fue esencial.

Quizás, también su personalidad.

Y Rui también ha colaborado.

Al principio, la miraba con algo de celos, como una competidora.

Ahora, es su subordinada.

La mascota de mi mascota.

–¡Por favor, no!

¡Suéltalo!

¡No, no, no!

¡Para!

¡Haré lo que quieras!

¡¡¡AAAAAAAAaarrrrggghhh!!!– suplica primero y grita de dolor después.

Miro a Mei.

Parece satisfecha.

Con su mano ensangrentada.

Sosteniendo el trozo de pene que ha cortado.

Resulta un tanto escalofriante.

No puedo evitar estremecerme.

Dai Quon grita y maldice hasta que no puede más.

Sus ojos húmedos y enrojecidos.

Su cuerpo debilitándose a medida que pierde sangre.

–Acabemos ya.

No quiero que perdamos más tiempo con esta basura– sentencio.

–Claro, es todo tuyo.

Nosotras ya nos hemos divertido lo suficiente.

Ha sido instructivo– asiente Song.

Las demás también están de acuerdo.

Sé que no solo lo han torturado.

También han practicado con diferentes puntos de su cuerpo.

Para causar dolor.

O inmovilizar.

Su brazo izquierdo parece intacto, pero no lo ha movido en ningún momento.

A pesar de estar suelto.

Probablemente, ni lo sienta.

Aparte de latigazos, puedo ver cortes y punzadas en varios puntos concretos.

Ha servido de conejillos de indias.

–No… Sálvame… Perdóname… No quiero…– balbucea entre sollozos.

Son sus últimas palabras.

Un golpe seco lo acalla para siempre.

Recojo su cuerpo, la mesa y la cubierta de madera que pusieron para evitar ensuciar el suelo de sangre.

No quiero perder más tiempo.

Personas más importantes para mí me están esperando.

————— A pesar de retrasarme por el asunto del traidor, he llegado más pronto de lo habitual.

Apenas han cerrado la tienda.

No parece que se hayan dado cuenta de que he llegado.

Subo las escaleras.

Oigo el sonido del agua caer.

Diría que están en la ducha.

Es un dispositivo que hace caer el agua usando el propio qi o una gema de qi.

O el núcleo de una bestia.

La de Guo Xua además tiene un purificador.

No sé cómo funciona, pero limpia el agua.

De esa forma, no tienen que traer nueva.

En la secta, también las hay, aunque usan el agua canalizada desde el río.

Hay unas muy sencillas para los esclavos.

Cuando tenemos… tienen que hacer trabajos en los que necesitan estar limpios.

Como en la cocina.

En las de los estudiantes, se puede incluso calibrar la temperatura.

La de Guo Xua es incluso más lujosa.

Además de la temperatura, también puede cambiar el chorro del agua.

Y la purificación, claro.

Me acerco despacio.

Puedo ver sus cuerpos sensuales siendo acariciadas por regueros de agua.

Guo Xua cierra los ojos hacia arriba mientras las gotas impactan en su rostro.

El agua baja por sus llenos pechos.

Recorre su abultada barriga sensualmente, para bajar por sus piernas.

Entre ellas, su vello púbico gotea tentador, llamándome.

Lin Tao, también sensualmente mojada, está enjabonando la espalda de Guo Xua.

Es extraño verlas sin maquillaje, en especial a Guo Xua.

Está preciosa bajo el agua.

Tentadora.

Su cabello mojado le da un toque irresistible.

Me las quedo mirando un rato, mientras Hong me muerde la oreja, me desnuda y me provoca.

Finalmente, me divido en dos y voy hacia ellas.

Las cojo a las dos de sus pechos por la espalda.

Con suavidad.

Se sobresaltan por un momento.

–Hola preciosa– la saludo.

–¡Kong!

¡Has llegado pronto!

¡Me has asustado!

¡Espera a que acabemos de…!

¡Aaaaaaah!– gime Guo Xua cuando reclamo su entrepierna y añado qi.

–Esposo… ¡Aaaaaahh!~ Lin Tao gime también, entregada.

–Ni hablar.

Estás demasiado sensual~ me niego.

–Pero… Ni siquiera estoy maquillada y… ¡¡AAAaaaaaaaaahhhHH!!~ quiere protestar Guo Xua.

–Estás preciosa.

No pienso soltarte~ vuelvo a negarme, apretando su pezón con suavidad y qi.

Mi cuerpo se moja con el contacto con ella, y del agua que cae de la ducha.

Mis manos se deleitan con su suave piel mojada.

No tarda en rendirse.

En inclinarse hacia delante entre gemido y gemido.

La penetro por detrás, como mi otro yo está haciendo con Lin Tao.

Aunque por la vagina en lugar del culo.

Sus manos se apoyan en la pared mientras el agua no deja de caer sobre ella.

Recorre su cuerpo, mientras yo entro y salgo de ella.

Sus gemidos se mezclan con los de Lin Tao, que está a su lado.

En la misma posición.

Puedo ver sus pechos rebotando mientras mi otro yo la folla.

Y puede mirar los de Guo Xua.

Resulta estimulante su cuerpo embarazado y mojado.

Sentir el agua caer sobre mí mientras la hago mía de nuevo.

Acariciar su redondeada barriga mientras gime sin parar.

Hacerla incorporarse para besar su cuello, su pelo mojado, su oreja sus labios.

Su reticencia inicial ha sido sustituida por pasión.

Por lujuria.

Por placer.

No puedo dejar de disfrutarla.

De devorarla.

De llevarla al clímax una y otra vez.

Hasta que yo también me dejo llevar.

Llenándola.

Sosteniéndola primero y luego cogiéndola en brazos.

Para dejarla en una bañera contigua llena de agua caliente.

Necesita descansar.

Por suerte, es suficientemente grande para que quepan las dos.

–Creo que también necesito una ducha~ oigo decir a mi espalda.

Me giro para encontrarme con Hong.

Me abraza.

Mientras el agua cae sobre ella.

Sobre mí.

Entre nuestros cuerpos desnudos que pronto se pegan.

–Es una envidiosa– oigo decir a Guo Xua.

–Ha sido increíble– musita Lin Tao.

Yo sonrío.

La beso.

Ella envuelve mi cintura con sus piernas.

Deja que lleve su cuerpo contra la pared.

Donde pronto es empujado una y otra vez.

Entre gemidos de placer.

La devoro sin tregua.

La he echado de menos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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